
Señoras y señores, distinguido público académico: llegó a nuestras manos un pergamino digital que, cual partitura de instrumento informal, convoca a propios y extraños.
El texto anuncia, con bombos y platillos —aunque sin bombos ni platillos—, que las inscripciones al Doctorado en Comunicación están abiertas.
La noticia nos tomó por sorpresa. Estábamos allí, con nuestras preguntas guardadas en el bolsillo, cuando leímos: «Es tiempo de llevar tus preguntas, experiencias y saberes a otro nivel».
Y uno se pregunta: ¿a qué nivel? ¿Al nivel del mar? ¿Al nivel de la estratósfera? ¿Al nivel de aquel profesor que hablaba en latín sin saber latín?
El documento, hay que decirlo, es persuasivo. Invita a «investigar, escribir y producir conocimiento desde nuestras realidades latinoamericanas».
Uno imagina a los aspirantes, lápiz en mano, produciendo conocimiento como quien produce empanadas: con paciencia, con amor, y con la esperanza de que no se desarmen.
«Piensa la comunicación para comprender y transformar nuestras sociedades», dice. Y uno piensa, comunica, comprende y transforma. Todo al mismo tiempo. Como malabarista de circo pobre, pero con título doctoral.
La comunidad académica, esa entidad misteriosa que se reúne en congresos y toma café en vasitos de plástico, extiende la invitación. «¡Te esperamos!», exclama.
Y uno siente el peso de la espera. Una espera doctoral. Una espera que dura, según los cánones, entre cuatro y siete años, o hasta que el director de tesis responda el correo.
El anuncio concluye con un llamado impostergable: «Inscríbete al Doctorado en Comunicación».
Y uno, que venía a informarse, termina con el formulario abierto en otra pestaña, preguntándose si sus preguntas, experiencias y saberes alcanzan el nivel requerido. O si, como en todo buen espectáculo, lo importante no es el nivel, sino animarse a subir al escenario.
Porque al final, señores, de eso se trata: de investigar, escribir, producir conocimiento. Y si de paso uno comprende y transforma algo, bienvenido sea.
Ahora, si me disculpan, tengo que llenar una solicitud.