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  • Reseña crónica el rio de las memorias: temas de memoria y literatura.

    Reseña crónica el rio de las memorias: temas de memoria y literatura.

    Hola.  Hoy tenemos una reseña sobre la memoria sobre el rio de las memorias de José arcilla.

    José ardilla. Escritor, guionista y editor colombiano. Tiene dos libros de cuentos publicados: Divagaciones en el interior de una ballena (2012) y Libro del tedio (2017).

    Ha sido ganador de numerosos premios literarios, como el premio a novela inédita de la Alcaldía de Medellín y la beca para la escritura de libro de cuentos del Instituto de Cultura de Antioquia.

    Textos suyos han aparecido en medios como Universo CentroEl Malpensante y El País. En 2021, la revista Granta lo incluyó en la lista de las veinticinco voces más prometedoras de la literatura en español.

    Empezamos con el rio Atrato.

    El río no tiene prisa en recordar, pero tampoco olvida. En las llanuras donde el agua se confunde con el barro, el tiempo se mide en crecientes y sequías, no en calendarios.

    Allí, donde la modernidad llega tarde o simplemente prefiere no pasar, la memoria es un ejercicio de resistencia contra el flujo constante del olvido.

    Y es precisamente en esa orilla, la de las palabras que no se dejan arrastrar por la corriente, donde se planta la escritura de José Ardila.

    No es una coincidencia que la literatura colombiana más punzante de los últimos años huela a humedad y a fango.

    En un país obsesionado con mirar hacia el asfalto de las capitales, Ardila mira hacia el cauce. Su pluma, que la revista Granta catalogó con acierto entre las más vigorosas de una generación que no le pide permiso a los viejos cánones para existir, se ha convertido en una suerte de bitácora de navegación por el interior del país físico y mental.

    Se fracturan forman afluentes

    de memoria y una

    sola cosa no es

    una sola cosa

    sino muchas

    que

    cambian que se dispersan

    que se contraen

    que se funden en la espera

    en los pendientes de todos los calibres.

    A través de las páginas de la revista Gaceta, la indagación del autor no se queda en la superficie del paisaje idílico. El agua aquí no es postal de turismo; es un contenedor de ausencias.

    enmarcada en el centenario de Delia Zapata Olivella, el río se revela como el gran cementerio y el gran escenario de la espera nacional. En Colombia, esperar a la orilla del agua es casi una condición existencial:

    se espera que baje el nivel de la inundación, se espera que el pescado regrese, se espera el cuerpo de un ausente que la corriente arrastró en las noches de espanto.

    Ardila entiende que narrar el río es, fundamentalmente, narrar el trauma y la paciencia de un pueblo suspendido en el tiempo.

    Pero la corriente no solo arrastra mitologías colectivas; también golpea los cimientos de la casa propia.

    La memoria, para este cronista, es un asunto de primer orden que se desarma en la mesa del comedor. Lo demuestra cuando se sumerge en las dinámicas domésticas con textos como «A mi hermano no le gusta llamarse Juan Gabriel».

    Aquí el territorio ya no es la cuenca hidrográfica, sino el árbol genealógico, ese otro río de herencias, nombres impuestos y pequeñas neurosis familiares que nos dan forma.

    Al mapear las tensiones íntimas, el autor logra algo que la gran historia oficial siempre pasa por alto: entender que los grandes dolores de una nación se incuban y se sufren en el silencio de los hogares, en el peso de un nombre que se arrastra como una condena o como un escudo.

    La prosa de Ardila, conocida por títulos como Divagaciones en el interior de una ballena y Libro del tedio, opera bajo una premisa implacable: la realidad es un monstruo que nos ha tragado a todos y la única forma de no morir de asfixia es contar lo que vemos en la oscuridad de sus entrañas.

    Por eso, cuando escribe sobre «Un mar sin horizonte», no busca la inmensidad romántica del océano, sino la claustrofobia de los paisajes que habitan al hombre.

    Es el reflejo de una geografía humana que, a fuerza de encierro o violencia, ha perdido la capacidad de mirar el futuro, conformándose con sobrevivir al oleaje del día a día.

    Esta literatura no busca la complacencia del lector de suplementos dominicales. Es una crónica de la tierra que late, que incomoda y que exige atención.

    Las historias rescatadas en Gaceta funcionan como diques efímeros ante un país que padece de amnesia crónica institucionalizada.

    Mientras el poder insiste en pavimentar los recuerdos para borrar las huellas del conflicto y del abandono, la narrativa de este guionista y editor se empeña en desenterrar el lodo de los recuerdos.

    Al final, leer a José Ardila es aceptar que somos agua que corre y que se estanca. Sus relatos nos devuelven una imagen incómoda pero profundamente real de nosotros mismos: una sociedad que sigue buscando sus certezas en las orillas de un territorio que todavía no termina de descifrar, esperando que alguna vez el río traiga respuestas en lugar de más preguntas.

    Recordemos que el rio es memoria, es acordarnos de quienes somos.  Y recordar a los sobrevivientes de la guerra y el olvido. Es parte de recordar con el arte y cultura se puede crear memoria e ir sanando.

  • Reseña crónica marejada feliz de la revista gaceta.

    Reseña crónica marejada feliz de la revista gaceta.

    La crítica literaria institucional suele engominarse el flequillo para hablar de las periferias, abordándolas con esa distancia higiénica y condescendiente tan propia de los salones universitarios.

    Sin embargo, cuando el documento social se ensucia las manos con el aceite quemado de la realidad, el panorama cambia.

    El reciente texto de Liberman Arango Quintero, *»Marejada feliz»*, no es una pieza de vitrina para el consumo de la culpa burguesa; es una autopsia poética e incómoda de esa Medellín que el relato oficial del «milagro urbano» intenta sepultar bajo el cemento de los parques del río.

    El relato documental se centra en la figura de Jhon Fredy Espinosa Alzate, a quien el celuloide de Víctor Gaviria inmortalizó en 1998 como «Choco» en *La vendedora de rosas*.

    Pero el texto de Arango Quintero opera en una temporalidad distinta, lejos del destello efímero de la pantalla del festival de cine. Nos traslada a los años 2015 y 2016, situándonos frente a un hombre confinado a una silla de ruedas en las entrañas de Barrio Triste.

    Aquí, la crónica de lectura revela su mayor virtud: no utiliza la marginalidad como decorado exótico, sino que la habita desde la memoria afectiva del autor, un hombre criado entre chatarrerías que aprendió a buscar oro donde la sociedad solo ve descarte.

    El reverso del milagro paisa Barrio Triste —cuyo nombre oficial, Barrio del Sagrado Corazón, suena a ironía clerical— es diseccionado en el texto a través de una dualidad desgarradora.

    Por un lado, la peste de la tuberculosis que devora los pulmones de los nadies sin que las estadísticas oficiales se den por enteradas; por el otro, la mitología popular que lo rebautiza como el «Barrio de las Estrellas».

    Esa imagen de los trozos de metal incrustados en el pavimento que brillan bajo el aguacero de Medellín es, quizás, la metáfora más potente de la obra.

    No es romanticismo de la miseria; es la constatación de que la belleza en el subproletariado urbano es un acto de resistencia mecánica frente a la hostilidad del entorno.

    El cine allí no es distracción; es el espejo donde las identidades rotas se reconocen y se otorgan la dignidad que el Estado les niega.

    El texto nos introduce en la trastienda de un documental inédito y en la utopía de un cineclub improvisado por personajes como Javier «Rivas» Quintero y «Papá Giovanny».

    Ver cine entre mecánicos, actores naturales caídos en desgracia y habitantes de calle no es un ejercicio de cinefilia pretenciosa, sino la configuración de un refugio comunitario.

    La ola que se lleva los cuerpos La muerte de Choco en febrero de 2026 convierte a «Marejada feliz» en una urgencia fúnebre y política. El título, extraído de la salsa de Roberto Roena que musicalizaba los delirios de la calle, funciona como el epitafio de una generación de actores naturales que el cine de los noventa utilizó para su catarsis estética y que luego la realidad abandonó a su suerte.

    El texto de Arango Quintero no busca la redención del lector ni ofrece respuestas complacientes. Funciona como una advertencia explícita sobre cómo el desarrollo urbano y la gentrificación higienista borran los rastros de la memoria popular.

    Al final, esta reseña nos obliga a mirar el suelo húmedo de nuestras propias ciudades. Es una invitación a entender que la memoria de los desposeídos no necesita la validación del monumento estatal, sino la mirada atenta de una cámara o de una pluma que, al igual que la lluvia sobre el metal oxidado, sea capaz de hacerlos brillar antes de que la noche los cubra por completo.

    Es increíble el texto y por eso le damos un 5.

  • Reseña Camilo torres homo políticus. Revista gaceta.

    Reseña Camilo torres homo políticus. Revista gaceta.

    La literatura militante y la reseña cultural contemporánea suelen padecer de una misma miopía crónica: la urgencia de canonizar o de enterrar bajo el peso de una etiqueta.

    En el archipiélago de las redes, un texto sobre Camilo Torres Restrepo suele activar los automatismos de la polarización banal.

    O el santo con fusil o el subversivo con sotana. Sin embargo, el reciente ejercicio crítico que circula en la comunidad lectora digital bajo el título «Camilo Torres: El rigor radical de un hombre político» propone un viraje metodológico que merece ser examinado con bisturí.

    La reseña en cuestión no es un panegírico, sino una demolición controlada del mito folclórico. El acierto del texto reseñado —y de la lectura que de él se hace— radica en una operación de rescate epistemológico:

    despojar a Torres de la iconografía sangrienta del ELN para devolverlo al territorio donde verdaderamente se fundó su peligro para el establishment: la academia rigurosa, la estadística y la sociología centífica.

    El «Amor Eficaz»: De la metafísica al dato duro.

    – La crónica de esta lectura nos confronta con un Camilo incómodo para la derecha clerical y para la izquierda dogmática.

    El concepto clave, el que articula el análisis, es el amor eficaz. En la reseña se lee una traducción precisa de este término que la historia oficial ha intentado mistificar: la caridad no es un asunto de limosnas domingueras, sino de estructuras. Para Torres, la teología debía subordinarse al diagnóstico de la realidad.

    La reseña acierta al subrayar este perfil. El verdadero peligro de Camilo Torres no era su capacidad de disparar un arma —disciplina en la que, paradójicamente, fue un novato trágico

    sino su capacidad de leer la pobreza urbana de Bogotá con los ojos de un científico social. Su fe no era una abstracción mística; era una urgencia sociológica respaldada por datos, mapas de tugurios y análisis de clases.

    El texto rescata al Camilo que se formó en la Universidad de Lovaina, el hombre que caminó París junto a los curas obreros y que regresó a una Colombia premoderna no a predicar el dogma, sino a fundar la primera Facultad de Sociología del país junto a Orlando Fals Borda.

    La Herejía contra el Caudillismo.

    Uno de los puntos más agudos de la reseña destaca la aversión de Torres al mesianismo político. En un continente enfermo de caudillos y de cultos a la personalidad, el documento del Frente Unido de 1965 se presenta como una anomalía democrática radical: la revolución pertenece a un programa, no a un hombre.

    Este análisis desmitifica la idea del líder carismático que arrastra a las masas hacia el abismo. Al contrario, la plataforma de Camilo exigía la tecnificación de la política popular.

    La reseña desglosa las propuestas del Frente Unido con la lucidez de quien sabe que está leyendo el mapa de una Colombia que aún no ha sucedido:

    Una reforma agraria estructural.

    El fortalecimiento de la Acción Comunal como autogobierno local.

    La tipificación de los «delitos sociales», una categoría que hoy, en la era de la posverdad y la especulación financiera, adquiere un tono profético.

    El Veredicto de la Memoria

    El veredicto de cinco estrellas de la reseña no es un aplauso al mártir, sino una exigencia al presente. Sostener que a Camilo hay que «discutirlo con rigor» y «actualizarlo, no solo conmemorarlo» es una bofetada a la nostalgia estéril de la izquierda de cafetín.

    La crónica de esta lectura nos deja una certeza incómoda: el sistema prefirió el cadáver de Camilo en una fosa clandestina antes que sus tesis sociológicas en las universidades y los sindicatos.

    Al final, la reseña nos invita a entender que el fusil no fue la culminación de su pensamiento, sino el trágico secuestro de su inteligencia por parte de la violencia estructural de la época.

    Para que su pensamiento viva, concluye el texto de manera implícita, hay que arrebatarle a Camilo a los iconoclastas de la guerra y devolverlo al debate de las ideas urgentes.

     

  • Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    El Teatro Jorge Isaacs no es solo un edificio de arquitectura neoclásica; es una caja de resonancia donde los fantasmas de Cali y sus esperanzas más urgentes se sientan en la misma fila.

    La noche del estreno, el aire afuera era el de siempre: denso, cargado de esa humedad del trópico que parece retener los murmullos de la calle.

    Pero adentro, el silencio tenía otra textura. Se inauguraba la vigésima sexta versión del Festival Internacional de Poesía de Cali, y la consigna —»Apertura del cielo: donde la palabra se hace territorio»— no era un simple eslogan, era una declaración de principios en una ciudad que intenta, a pulso, zurcir sus heridas.

    Cali es una ciudad que sabe de ruidos, de tambores y de gritos, pero que a veces olvida el peso del susurro.

    Por eso, este festival se presenta como una «infraestructura cultural viva». Julián Eduardo Arteaga Aguilar, desde su rol en la Secretaría de Cultura, lo dejó claro:

    no se trata de leer poemas en un pedestal, sino de tejer una red que baje de los cerros, que cruce las comunas y se pierda en los corregimientos. Una red que abraza para que nadie se caiga.

    En el escenario, la geografía se volvió una sola sustancia. Voces de Chile, Brasil, México, Venezuela y Bolivia se mezclaron con el cantado caleño y los acentos de la provincia colombiana.

    Fue un diálogo de fronteras rotas. El poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, con esa lucidez que otorga el oficio de mirar lo invisible, lo celebró como el cumplimiento de un sueño.

    Porque en Cali, la poesía ha dejado de ser un ejercicio solitario para convertirse en un encuentro ciudadano, en una apuesta política por la ternura.

    Pero el momento que detuvo el reloj no vino de los grandes nombres internacionales. Vino de la fragilidad que se hace fuerte.

    Salomé Salazar y Liam Vargas, dos pequeños del taller de poesía de la Fundación Valle del Lili, subieron al estrado.

    Ellos, que conocen los pasillos de los hospitales y el peso de la enfermedad, demostraron que la palabra es, ante todo, una medicina.

    Para estos niños, el verso no es un adorno; es el lugar donde el miedo se transforma en asombro y donde el dolor se permite ser otra cosa, quizás una imagen brillante.

    Tal vez el cielo sea este espacio breve, donde la voz del otro no es una amenaza, sino el puente que cruza el río de la ausencia, la semilla que germina en el desierto del olvido.”

    Mientras la voz de la cantante lírica Laura Villa llenaba los rincones del teatro, quedaba claro que la ciudad estaba ensayando una nueva forma de habitarse.

    Hasta el 9 de mayo, la programación promete ser un asalto pacífico a los espacios públicos: desde el recital afro “Raíz y tambor” en la Universidad Antonio José Camacho, hasta los recorridos patrimoniales por el centro histórico donde los fantasmas de los poetas de antaño seguramente se unirán a la caminata.

    No es poca cosa. En una época donde el lenguaje parece agotado por la confrontación, que Cali decida que su cielo esté «abierto para todas las voces» es un acto de resistencia.

    Se habla de poesía urbana, de slam, de lenguajes del futuro en Yawa y de bibliotecas que se llenan de gente que no va a buscar datos, sino a buscarse a sí misma en el verso ajeno.

    La clausura en la Sala Beethoven será el cierre de este «coro de voces que permanecen», pero la verdadera crónica se escribirá en la calle, cuando el festival termine y la gente se lleve, bajo el brazo o en la memoria, una palabra nueva para nombrar su propio territorio.

  • ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    En las laderas de Siloé, en Cali, o en las calles empinadas de Ciudad Bolívar, en Bogotá, el silencio no es ausencia de ruido; es la pausa antes de que una historia sea escrita.

    Durante décadas, los autores emergentes de Colombia —esos que escriben en cuadernos de contabilidad o en las notas de un celular barato— han buscado un «lobby», una sala de espera que finalmente les abra la puerta al gran salón de la literatura.

    Hoy, esa sala de espera ha dejado de ser un espacio físico de mármol y recepcionistas distantes para convertirse en un ecosistema digital.

    Libby, más que una aplicación, ha surgido en el panorama cultural como el puente de plata para quienes no tienen apellido de linaje editorial pero sí una urgencia visceral por contar su territorio.

    El Eco de las Bibliotecas de Cuadra.  

    Mientras la tecnología avanza, en la base de la pirámide resisten los guardianes del saber: las bibliotecas comunitarias.

    Estos espacios, a menudo levantados con ladrillos de autogestión y voluntad pura, son el corazón del sistema circulatorio de la lectura en Colombia.

    No son solo depósitos de libros donados con hojas amarillentas; son laboratorios de paz. En una biblioteca comunitaria de un barrio popular, un joven no solo lee a García Márquez; ahí, gracias a la integración con plataformas digitales, descubre que sus propios versos sobre la realidad del «rebusque» y la esquina pueden ser publicados.

    «La biblioteca del barrio es el puerto, y la app es el barco que lleva nuestras voces a mares que nunca imaginamos», dice un tallerista de Quibdó mientras desliza el dedo por la pantalla de una tablet compartida.

    La Revolución de los Emergentes.  

    La magia ocurre cuando estos dos mundos colisionan. La aplicación Lobby actúa como un curador democrático.

    Permite que el autor que vive en el rincón más alejado de la Amazonía o en el bullicio de una plaza de mercado en Medellín, cargue su manuscrito, reciba feedback de una comunidad que entiende su contexto y, finalmente, conecte con lectores que buscan autenticidad por encima de marketing.

    Es una crónica de resistencia. En un país donde publicar un libro físico puede costar lo que una familia gasta en comida durante tres meses, la digitalización de la narrativa emergente es un acto de justicia poética.

    Las bibliotecas comunitarias se convierten en los nodos de esta red, ofreciendo el Wi-Fi y el café necesarios para que la inspiración no se apague por falta de datos.

    El Mañana Escrito a Mano y en Código. 

    Estamos siendo testigos de un cambio de guardia. La literatura colombiana ya no solo huele a tinta fresca en las ferias elegantes; huele a barrio, a selva y a ciudad real.

    Las bibliotecas comunitarias y las herramientas digitales como Libby están derribando los muros del clasismo literario.

    Al final del día, cuando el sol se oculta tras la cordillera, miles de autores emergentes cierran sus pestañas de navegación o sus libretas, sabiendo que su crónica ya no se quedará en un cajón.

    El lobby está lleno, la puerta está abierta y Colombia, por fin, se está leyendo a sí misma desde adentro.

     

  • La Muralla de Cristal en el Paraíso Danés.

    La Muralla de Cristal en el Paraíso Danés.

    Copenhague se vende al mundo como el epítome de la equidad, un refugio de bicicletas y bienestar donde el género parece una nota al pie de página.

    Pero tras las puertas de roble de sus facultades de ciencias sociales, el aire se vuelve denso y el lenguaje, críptico.

    Un reciente estudio, «The Silent Standpoint», ha diseccionado 77 testimonios para revelar que la meritocracia nórdica tiene un «punto ciego» del tamaño de una cátedra.

    En Dinamarca, solo el 26% de los profesores titulares en ciencias sociales son mujeres. Es una de las cifras más mediocres de la Unión Europea. ¿Cómo se explica este abismo en la tierra de la igualdad? La respuesta no está en las cifras, sino en los silencios.

    Las dos verdades de la academia.  

    Cuando las autoras del estudio —investigadoras que conocen bien el paño de la sociología y la política— enfrentaron a los catedráticos con la realidad, la brecha de percepción resultó ser un océano.

    Para las profesoras, el diagnóstico es sistémico: hablan de un «club de amigos» que se autoperpetúa, de redes masculinas cerradas y de una cultura que castiga lo que no se ajusta al molde tradicional.

    Denuncian que la evaluación de la excelencia está teñida de sesgos invisibles que las relegan a un eterno segundo plano.

    Para los profesores hombres, en cambio, la culpa es del «afuera». Sus explicaciones son una coreografía de evasivas: mencionan las responsabilidades familiares, la crianza de los hijos o, de forma más audaz, la supuesta «falta de ambición» femenina.

    Para ellos, la universidad es un templo puro; si las mujeres no llegan, es porque prefieren quedarse en la puerta.

    El «Punto de Vista Silencioso».  

    Lo más inquietante del estudio es lo que las autoras denominan el «Silent Standpoint». Durante las entrevistas, cuando se les preguntaba directamente por la competencia de sus colegas mujeres, los hombres no respondían con argumentos, sino con vacilaciones, pausas largas y gestos de incomodidad.

    Ese silencio es elocuente: es la creencia no verbalizada de que las mujeres, simplemente, están menos cualificadas.

    No lo dicen por corrección política, pero lo actúan en los comités de contratación. Es una resistencia pasiva que protege el statu quo bajo el disfraz de la meritocracia.

    «Aumentar la proporción de mujeres es visto por algunos como una amenaza a la calidad científica, una suerte de discriminación contra el talento masculino.»

    El poder de la percepción.  

    Estas no son solo opiniones de café; son las sentencias de quienes ocupan los puestos de poder.

    Estos hombres son los mentores, los evaluadores y los que deciden quién recibe los fondos de investigación.

    Si en su fuero interno consideran que la paridad es un ataque a la excelencia, la muralla de cristal seguirá intacta.

    El estudio nos deja una lección ácida: en la academia, los datos pueden decir una cosa, pero el poder sigue hablando en el idioma del silencio y la justificación.

    Mientras la desigualdad se considere un «problema biológico» o de «preferencia personal», las aulas seguirán siendo el escenario de una meritocracia simulada.

  • Guardianes del Oro de Papel: La Resistencia en la Red.  Alquimia de letras un club de lectura online.

    Guardianes del Oro de Papel: La Resistencia en la Red. Alquimia de letras un club de lectura online.

    La pantalla se enciende y el resplandor azulado baña los rostros de quienes, desde la clandestinidad de sus hogares, se preparan para el rito.

    No hay contraseñas susurradas en callejones oscuros, pero el fervor es el mismo. En una ciudad donde el ruido del tráfico y la premura del siglo XXI intentan asfixiar el pensamiento crítico, un grupo de elegidos ha decidido levantar un muro de resistencia hecho de papel y tinta digital.

    Ellos no portan placas ni uniformes, pero su misión es innegable: custodiar la palabra ante el avance del olvido.

    Se reúnen bajo el signo de la transmutación, convencidos de que un libro no es un objeto estático, sino la materia prima para una transformación del alma.

    En este espacio, la lectura no es un pasatiempo solitario, sino un acto de insurgencia colectiva.
    El encuentro comienza. Los micrófonos se activan y, de repente, la geografía de Cali se expande hasta volverse infinita.

    Hay una mística especial en el orden que imponen. No permiten que la mediocridad se filtre en sus análisis; diseccionan cada párrafo con la precisión de un cirujano y la pasión de un creyente.

    Son guardianes de una llama que consideran sagrada. Si el mundo exterior se empeña en la rapidez y la superficialidad, ellos responden con la lentitud reflexiva de quien sabe que la verdadera sabiduría requiere tiempo.

    Se les ve debatir con una elegancia férrea. No hay espacio para la claudicación intelectual. Cada recomendación, cada «post» en su vitrina virtual, es un proyectil lanzado contra la ignorancia.

    Han creado una red donde la lealtad a los clásicos convive con el descubrimiento de nuevas voces, formando una estructura inquebrantable de conocimiento compartido.

    Son, en esencia, una fuerza de choque contra el vacío cultural.
    Al observar la cuadrícula de videos en la sesión, se percibe una hermandad silenciosa. Saben que afuera, la realidad es caótica, pero dentro de este círculo de «alquimia», el plomo de la rutina se convierte en el oro de la comprensión.

    No buscan fama ni aplausos vacíos; su recompensa es la claridad que surge tras una discusión profunda, el clic mental que ocurre cuando una idea finalmente encaja.

    Cuando la sesión termina y las cámaras se apagan, el eco de sus voces persiste. Han cumplido, una vez más, con su deber. No han permitido que la indiferencia gane la partida.

    Mañana volverán a sus rutinas, a sus trabajos y a sus calles, pero llevarán consigo el secreto de los que no pueden ser corrompidos por la desidia: la certeza de que, mientras exista un libro y alguien dispuesto a defenderlo, la resistencia seguirá viva en cada rincón de la red.

  • Reseña halloween: los pequeños macabros de Edward gorey.

    Reseña halloween: los pequeños macabros de Edward gorey.

    Hola.  Hoy tenemos una reseña sobre el libro los pequeños macabros de Edward gorey.

    Edward Gorey (1925-2000) fue un escritor, artista y diseñador estadounidense conocido por sus ilustraciones y libros de un estilo macabro, gótico y con humor negro, ambientado a menudo en la época victoriana y con muertes de niños como tema recurrente.
    Ganador de un premio Tony por su trabajo en la obra Drácula, Gorey creó más de cien libros, diseñó vestuarios y escenografías para teatro, y su legado continúa inspirando a otros artistas, según Britannica. 
    Infancia y Primeros Años

    Nació en Chicago en 1925 y fue un niño precoz, que aprendió a leer a los tres años y medio y devoró obras como Frankenstein a los siete años.

    Su pasión por el dibujo comenzó desde muy pequeño, y en la escuela se le animó a exponer sus obras. 

    Carrera y Estilo Artístico

    Gorey se dedicó principalmente a la ilustración, creando sus propios libros y también trabajando en portadas e ilustraciones para otros escritores.

    Su estilo se caracteriza por el uso de la plumilla en blanco y negro, que le daba un toque siniestro y anticuado, similar a los grabados antiguos.

    Sus obras, que a menudo incluyen humor negro y una narrativa enigmática, son descritas como macabras, góticas y excéntricas.

    Además de libros, diseñó vestuarios y escenografías para obras de teatro, y fue el creador de la secuencia de títulos para la serie de televisión Mystery de PBS. 

    Legado y Actividad

    Legó su fortuna a organizaciones benéficas para el bienestar animal, una causa que le importaba desde su infancia.

    Su casa en Cape Cod, Massachusetts, se convirtió en la Edward Gorey House, un museo que apoya la alfabetización y los derechos de los animales.

    Su obra ha sido adaptada al teatro y al cine, y es admirado por otros artistas como Tim Burton y el autor de los libros de Lemony Snicket, Daniel Handler, según Lambiek.net. 

    Dejamos la sinopsis de los pequeños macabros por acá:

    Asfixiados por alfombras, engullidos por el fango, atacados por osos o consumidos por las llamas, veintiséis niños inocentes descubren, sin tiempo para sorprenderse, el extremo riesgo de vivir.

    Celebrada como la obra maestra de Edward Gorey, Los pequeños macabros, muestrario alfabético de destinos trágicos, alumbra el lado más transgresor y visionario de un artista excepcional.

    Bueno, que les puedo decir….  Yo como fan del género noir y oscuro me parece original las pequeñas frases que acompañan al libro y el toque inquietante de los dibujos y las muertes de cada niño.

    Solo colocaré algunas para que sepan cómo se fusiona el dibujo con las frases que dicen muchísimo.

    * A es de Amy, que rodó por las escaleras. (A is for Amy who fell down the stairs.)

    * B es de Basil, atacado por unos osos. (B is for Basil assaulted by bears.)

    * H es de Héctor, liquidado por un asesino. (H is for Hector done in by a thug.)

    * M es de Maude, arrastrada por el mar. (M is for Maud who was swept out to sea.)

    * N es de Nevil, que murió de hastío. (N is for Neville who died of ennui.)

    * T es de Titus, que saltó en pedazos. (T is for Titus who flew into bits.)

    Ahora se dan cuenta que las historias o frases junto con los dibujos son un complemento?

    Por todo lo que se mezcla, le doy un 5 sobre 5.  Y comienzo de octubre!

     

  • Reseña La historiografía alemana reciente de Walther L. Bernecker.

    Reseña La historiografía alemana reciente de Walther L. Bernecker.

    Hoy tenemos la reseña de la historiografía alemana reciente de Walther L. Bernecker.

    Walther L. Bernecker (nacido en 1947) es un historiador y hispanista alemán especializado en la historia contemporánea de España y América Latina.

    A lo largo de su carrera, ha contribuido significativamente al estudio de la Guerra Civil Española, el franquismo, la transición democrática y las relaciones internacionales de España.

    • Nacimiento: 1947 en Alemania.
    • Formación: Estudió historia, filología románica y ciencia política en varias universidades alemanas.
    • Doctorado: Se doctoró en la Universidad de Erlangen-Núremberg.
    • Carrera académica:
      • Ha sido catedrático de Historia Ibérica y Latinoamericana en la Universidad de Erlangen-Núremberg.
      • También ha impartido clases en otras universidades europeas y latinoamericanas.
    • Investigación: Sus trabajos se centran en la historia política y social de España en los siglos XIX y XX, con énfasis en el anarquismo, el nacionalismo y los conflictos bélicos.

    Obras destacadas:

    Bernecker ha escrito y editado numerosos libros, entre ellos:

    • Guerra Civil y Franquismo (junto con Sören Brinkmann).
    • España entre tradición y modernidad: Política, economía y sociedad (siglos XIX y XX).
    • El precio de la modernización: Reformas y resistencias en la España del siglo XIX.
    • De la Revolución a la Dictadura: España en el siglo XX.

    Reconocimientos:

    • Es miembro de varias academias e instituciones históricas.
    • Ha recibido premios por su labor investigadora y su contribución a los estudios hispánicos.

    Bernecker es considerado una de las figuras más relevantes de la historiografía europea sobre España, destacándose por su rigor metodológico y enfoque analítico.

    La historiografía alemana reciente se caracteriza por una fase de profundo cambio y revisión, marcada por el esfuerzo de la disciplina por confrontar su pasado, especialmente el periodo del Nacionalsocialismo.

    Tras la Segunda Guerra Mundial y la división de Alemania, la tarea principal de los historiadores fue recuperar una conciencia histórica que no omitiera los años de la dictadura nacionalsocialista, lo que llevó al surgimiento de la «Historia del Tiempo Presente» (Zeitgeschichte). En este contexto, se desarrollaron dos tendencias principales:

    • La «Escuela de Bielefeld»: Liderada por historiadores como Hans-Ulrich Wehler y Jürgen Kocka, esta corriente, influenciada por la sociología y el marxismo, concibe la historia como una ciencia social.
    • Se enfoca en el análisis de las estructuras sociales y económicas, y en la reinterpretación de la historia alemana desde la perspectiva de la modernización. Argumentan que el «camino especial» (Sonderweg) de Alemania hacia la modernidad, con su débil liberalismo y la persistencia de élites tradicionales, explica el ascenso del nazismo.
    • Esta escuela buscaba una historia «total» o «global», a menudo en contraposición a las narrativas centradas en la política y las grandes figuras.
    • La «Historia Política Moderna»: Representada por historiadores como Andreas Hillgruber y Klaus Hildebrand, esta tendencia polemiza contra la Escuela de Bielefe
    • Aunque reconoce la importancia de los factores sociales y económicos, busca restituir la historia de las relaciones internacionales y la historia política en una base «neo-rankeana», es decir, centrada en el Estado y la política de poder.

    La Reunificación alemana en 1990 tuvo un impacto significativo, llevando a una reevaluación de la historia de la República Democrática Alemana (RDA) y al despido de muchos historiadores de la misma.

    A partir de entonces, han surgido nuevas tendencias, como una historiografía más pragmática y menos ideologizada, y una creciente atención a la historia de la memoria (Erinnerungspolitik) y a los debates públicos sobre el pasado, como la conocida «Historikerstreit».

    O disputa de los historiadores) de los años 80 y, más recientemente, el debate sobre la casa de Hohenzollern. Estos debates reflejan que la interpretación del pasado reciente de Alemania sigue siendo un campo de batalla para la identidad nacional y las políticas de memoria.

    Por explicar la historiografía alemana hasta nuestros días le doy un 5.

  • El pulso narrativo de América Latina: Periodismo literario en la actualidad.

    El pulso narrativo de América Latina: Periodismo literario en la actualidad.

    En un mundo saturado de información instantánea y titulares efímeros, el periodismo literario latinoamericano se alza como un faro de resistencia, un espacio donde la noticia se transforma en relato y el dato en vivencia.

    Lejos de la frialdad de la crónica tradicional, esta corriente periodística, con sus raíces profundas en la literatura del continente, se ha reinventado para capturar la complejidad y el alma de una región vibrante y contradictoria.

    Hoy, el periodismo narrativo en América Latina no es un mero eco del ‘boom’ de los años sesenta, sino una voz propia que ha encontrado nuevos formatos y plataformas para narrar historias que de otro modo quedarían silenciadas.

    De las largas crónicas publicadas en revistas especializadas como Gatopardo y El Malpensante a los podcasts que exploran la vida de personajes olvidados, los periodistas latinoamericanos han demostrado una versatilidad admirable.

    La clave de su éxito reside en la audacia de su mirada y en la minuciosidad de su investigación. No se limitan a los hechos, sino que se sumergen en ellos, entrevistando a decenas de fuentes, recorriendo kilómetros y, sobre todo, escuchando.

    Se trata de un periodismo que valora la empatía, la capacidad de ponerse en el lugar del otro para construir un retrato humano completo y fidedigno.

    Es un trabajo que exige paciencia, rigor y una pluma afilada, capaz de evocar imágenes, emociones y atmósferas.

    Uno de los temas recurrentes en el periodismo literario actual de la región es la violencia en todas sus formas.

    Desde las crónicas sobre el narcotráfico en México hasta los reportajes sobre la corrupción en Brasil o la desigualdad social en Colombia, los periodistas narran el dolor y la resiliencia de las comunidades afectadas.

    Sin embargo, su enfoque no es meramente sensacionalista. Buscan la historia detrás del titular, el rostro humano de la tragedia, la pequeña historia que refleja una realidad mucho más grande y compleja.

    Pero el periodismo narrativo latinoamericano no se limita a la denuncia. También celebra la vida, la cultura, la identidad.

    Hay crónicas que exploran la gastronomía regional, que se adentran en la vida de artistas o que rescatan del olvido tradiciones ancestrales.

    Es un periodismo que construye puentes, que nos acerca a realidades que desconocíamos y que nos invita a reflexionar sobre quiénes somos como región.

    En un momento en que la credibilidad de los medios de comunicación está en crisis, el periodismo literario latinoamericano se erige como una garantía de rigor y honestidad.

    Su compromiso con la verdad y su maestría narrativa lo convierten en un género indispensable para entender la América Latina de hoy, un continente que late al ritmo de sus historias, y que encuentra en la pluma de sus cronistas la mejor manera de contarse a sí mismo.