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  • Última reseña del año: fracasados y optimistas más metas literarias.

    Última reseña del año: fracasados y optimistas más metas literarias.

    Terminamos este año con el último ensayo de Martin caparros: fracasados y optimistas.

    Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957) es un reconocido escritor, periodista y cronista argentino con una extensa carrera en medios internacionales.

    conocido por su estilo incisivo y su exploración de temas sociales y humanos, que ha publicado más de 30 libros y ganado múltiples premios, destacando su obra «El Hambre» y su participación en medios como El País, además de haber estudiado historia y vivido en varias ciudades del mundo.

    Primeros años y formación:

    Nació en Buenos Aires en 1957, hijo del psiquiatra Antonio Caparrós.

    Comenzó el periodismo a los 16 años en el diario Noticias en Argentina.

    Se licenció en Historia en París, donde se exilió en 1976 debido a la situación política en Argentina, vinculada a su pasado en Montoneros, aunque luego se distanció críticamente de la organización.

    Carrera Profesional:

    Trabajó en prensa escrita, radio y televisión, y dirigió revistas de libros y cocina.

    Sus artículos aparecen en periódicos de gran repercusión como El País, The New York Times, y The Guardian.

    Es un maestro de la Fundación Gabo y miembro de su Consejo Rector.

    Obra y Reconocimientos:

    Novela y Ensayo: Publicó obras notables como La noche anterior, Valfierno (Premio Planeta Latinoamérica 2004), Los Living (Premio Herralde 2011), Comí y Echeverría.

    Crónica: Sus tomos de crónicas, como La Voluntad y su libro El Hambre, han tenido gran impacto mundial, y su trabajo es estudiado en universidades.

    Premios: Ha recibido el Premio Rey de España, la Beca Guggenheim, el Premio Nacional de Periodismo Miguel Delibes y el Premio María Moors Cabot, entre otros.

    Estilo: Se le conoce por su periodismo existencialista, que ilumina la realidad con un estilo propio y una mirada crítica, abordando la vida y la muerte con una voz autoral fuerte.

    Dejo acá la sinopsis del ensayo decepcionado y optimistas.

    Caparrós está de regreso en Buenos Aires, donde amigos y colegas se han organizado para homenajearlo.

    El martes recibió el doctorado honoris causa en la UBA. Allí, entre la alegría del reencuentro y el espanto que le provoca la Argentina de Milei, volvió sobre el papel de una generación que luchó, huyó y vivió como pudo entre las dictaduras, el sueño democrático y la pesadilla de las extremas derechas.

    En Anfibia recuperamos sus palabras mientras nos preparamos para el segundo encuentro este jueves en el Teatro Alvear.

    Este texto es muy realista, muy bien construido y empieza con la historia de como creció en argentina en medio de dos doctores (doctores en medicina) y como el era conocido con simplemente caparros..

    Ahora con el honoris causa se puede sentar con los dos doctores.  También escribió la historia de como estuvo en la uba y por qué decidió renunciar a la universidad en los 70s.

    También hablo de lo que pasa en la argentina actual y lo que pasaba 50 años atrás.  Lo dejamos en estas palabras:

    yo he fracasado con la discreción con que puede hacerlo una persona; la Argentina fracasó con ese estrépito con que sólo un país puede hacerlo.

    Los datos son demasiado claros. A fines de 1968, cuando yo entraba aterrado por primera vez en el Colegio, uno de cada 30 argentinos estaba ‘bajo la línea de pobreza’, y ahora es uno de cada tres: diez veces más.

    Y aquella pobreza, solía suponerse, era un estado transitorio hacia una situación mejor, un empleo en una fábrica que permitiera hacerse una casita, mandar a los hijos a la escuela, ganar un poco más, ser mejor explotado, ‘progresar’.

    Esa reconversión –esta vuelta atrás– es la decisión más importante que se tomó en todos estos años, y no la discutimos nunca, nunca la decidimos. Total, teníamos democracia.

    Sin ideas, sin debate, sin futuros, la Argentina, en nuestros años, se volvió un país reaccionario: uno donde cada gobierno hace tantos desastres que el siguiente asume para reaccionar contra ellos, deshacerlos.

    Cada vez más conductas anormales nos parecen normales: nos parece normal que tantos coman poco, que tantos vivan mal, que tantos mueran antes, que la violencia –verbal o física– sea nuestra manera; nos parece normal que nos engañen.

    Y en medio de todo esto, en el puto pináculo de todo esto, hay un señor que –parece– entendió este clima social y decidió aprovecharlo.

    Definió que el odio y el rencor y el desprecio y el maltrato eran las herramientas que le ganarían el apoyo de millones y millones de personas que, como él, se sentían justa o injustamente relegadas.

    Por desgracia no se equivocó: sus seguidores le festejan que festeje sus supuestas sodomías de monos –o sodomonías–, y las alientan, piden más, se esfuerzan cuando él les dice que no odian suficiente. 

    Así que las descripciones increíbles que hizo en el ensayo le doy un 5 sobre 5.

    Dejo por acá mis metas literarias por acá:

    – una es leer más libros de periodismo literario.

    – más análisis de crónicas y reportajes.

    Y por último dejar tres reseñas en cada mes en 2026.

    Le agradecemos muchísimo por continuar leyendonos por acá y nos estaremos viendo en 2026.

  • El Arte de Contar la Verdad: Cuando el Periodismo se Vuelve Literatura.

    El Arte de Contar la Verdad: Cuando el Periodismo se Vuelve Literatura.

    El periodismo y la literatura parecen ser disciplinas separadas, pero en la práctica, sus fronteras a menudo se difuminan.

    El periodismo tiene como misión principal informar sobre hechos reales de manera objetiva. La literatura busca explorar la condición humana, a menudo a través de la ficción.

    Sin embargo, cuando el periodismo adopta técnicas narrativas propias de la literatura, surge un género poderoso: el periodismo narrativo o nuevo periodismo. Aquí, contar la verdad se convierte en un arte.

    El núcleo de esta fusión radica en la investigación rigurosa y la narración profunda. Un reportaje que se eleva a la categoría de literatura no sacrifica la veracidad por la belleza del lenguaje.

    Al contrario, utiliza la estructura, el detalle, el ritmo y la caracterización literaria para hacer que la verdad sea más accesible, memorable e impactante para el lector.

    Uno de los pilares de este enfoque es el trabajo de campo extenso. Los periodistas que practican esta forma invierten tiempo en el lugar de los hechos, observan los detalles, graban diálogos y sumergen al lector en la atmósfera.

    Esta inmersión permite construir escenas vívidas y desarrollar a los personajes (que son personas reales) con una complejidad psicológica que va más allá de un simple nombre y una cita.

    El estilo es crucial. El periodista/escritor emplea recursos como la descripción sensorial, el flashback, el monólogo interior y la construcción de clímax, elementos que normalmente se asocian a la novela o el cuento.

    Al aplicar estas técnicas a un reportaje, el lector no solo aprende sobre un evento, sino que lo vive. Se establece una conexión emocional más fuerte con los protagonistas y las circunstancias.

    Este género ha producido obras fundamentales, donde la realidad se presenta con la intensidad de la ficción.

    Autores como Truman Capote, con A Sangre Fría, o Gabriel García Márquez, con Noticia de un Secuestro, demostraron que una investigación meticulosa, combinada con una prosa brillante, puede trascender el periódico y convertirse en un documento cultural perdurable.

    La principal contribución del periodismo que se vuelve literatura es su capacidad para ofrecer contexto y significado.

    Un simple titular informa; una narración literaria explica el porqué y el cómo de los hechos, ofreciendo una comprensión más rica de la realidad social, política o humana que se está cubriendo.

    Este periodismo, por lo tanto, no solo cumple su deber de informar, sino que también enriquece la cultura y la memoria colectiva al transformar los hechos en relatos significativos.