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  • El amor no duele de Doly Enriquez.

     

    El amor no debería hacerte sentir pequeña-o. Léelo otra vez. Si en esa relación te sientes sin voz, con miedo de hablar, con la sensación de que siempre tienes que adaptarte para evitar el conflicto… eso no es amor. Eso es dominación disfrazada de cariño.

    El amor sano te da espacio, no te lo quita. Te deja ser quien eres sin reducirte para encajar. Si estar con alguien significa callarte por miedo a su reacción, sentir que nunca tienes la razón, que tus emociones no importan… ahí no hay amor, hay control.

    Y lo peor es que empieza sutil. Primero cedes en pequeñas decisiones. Luego vienen los comentarios que minan tu confianza. Hasta que un día despiertas y descubres que en esa relación solo hay un protagonista, y tú te convertiste en espectador-a de tu propia vida.

    El amor que vale la pena es el que te hace sentir grande. No superior, sino pleno. Un amor donde te sientes visto, escuchado, valorado. Donde puedes expresarte sin miedo, donde tu opinión importa, donde no tienes que moldearte constantemente para no incomodar.

    Desde la psicología lo sabemos: una relación saludable se basa en equidad, respeto mutuo y seguridad emocional. Las relaciones donde uno domina y el otro se anula deterioran la autoestima, desequilibran el poder y confunden la dependencia emocional con amor.

    Si el amor te hace sentir pequeña-o, algo no está bien. Y aunque duela admitirlo, no es tu trabajo hacerte más fuerte para soportarlo. Es cuestionarte por qué sigues ahí.

    El amor no debería ser una lucha constante por ser visto. Si tienes que pedir reconocimiento, si cada palabra tuya pesa menos que las del otro, si el vínculo te consume en vez de nutrirte… eso no es amor. Es sometimiento emocional.

    Mereces un amor que te haga sentir grande. No porque te endiose, sino porque te respete. Un amor donde puedas hablar sin calcular cada palabra. Donde no tengas que luchar por un espacio que debería ser tuyo desde el principio. Alguien que te valore sin que tengas que demostrar nada. Que no te pida achicarte para brillar más.

    Porque el amor de verdad no te reduce. Te expande.