
Caminar hoy por calles que antes vibraban con visitantes es presenciar el colapso de un ecosistema económico y social.
No se trata solo de hoteles vacíos o restaurantes cerrados. Se trata de pescadores, vendedores, artesanos y familias enteras que ven evaporarse su sustento.
Cuando el turismo se ausenta, no se va solo el dinero. Se rompe el tejido social, se profundiza la desigualdad y queda en evidencia, una vez más, la ausencia estructural del Estado.
Taganga y Santa Marta no son solo postales para el Caribe colombiano: son territorios vivos, habitados por gente que sostiene paraísos con esfuerzo diario.
La reactivación no puede reducirse a discursos de oficina ni a promesas de temporada. Necesita acompañamiento real, rutas de empleo, apoyo al comercio local y políticas que entiendan que el turismo, para estas comunidades, no es un lujo: es oxígeno económico y social.
Como profesionales, periodistas o ciudadanos, tenemos la responsabilidad de mirar más allá de las cifras frías.
Documentar, denunciar y proponer también es construir país. Porque un territorio que olvida a su gente termina olvidando su propia alma.
¿Qué estamos haciendo realmente por quienes sostienen estos destinos? Los leo. 👇y por favor: consuman local.