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  • Opinión.  El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Opinión. El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Por Óscar Alberto García.  

    Hoy, 5 de junio de 2026, se apagó la voz que durante medio siglo supo traducir la rabia, la ternura y la lucidez de toda una generación.

    Carlos Alberto “El Indio” Solari partió de este mundo a los 77 años en su refugio de Parque Leloir, dejando un vacío que duele en el pecho de millones que crecimos cantando sus metáforas como oraciones laicas.

    No se fue un cantante más: se fue el artífice de un universo propio donde el rock dejó de ser mero entretenimiento para convertirse en refugio, espejo y arma contra la mediocridad.

    Su partida nos obliga a mirar de frente lo que siempre nos enseñó: que la verdadera rebeldía es la de seguir siendo uno mismo en un mundo que premia la obediencia.

    Solari construyó con Los Redonditos de Ricota y luego con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado una obra que trasciende géneros y fronteras.

    Sus letras, densas de literatura beat, simbolismo y crítica filosa, fueron banda sonora de dictaduras, crisis y resistencias cotidianas. “Jijiji”, “La Bestia Pop”, “Un Ángel para tu Soledad” no eran solo canciones: eran himnos que nos daban permiso para sentir rabia, para soñar y para no arrodillarnos.

    En un continente que a veces se olvida de sus propios poetas, el Indio nos recordó que la música puede ser territorio de dignidad y belleza salvaje.

    Su retiro por la enfermedad de Parkinson no lo silenció del todo. Siguió creando, honrando su compromiso con la autonomía creativa lejos de las lógicas del mercado.

    El Doctor Honoris Causa que le otorgó la Universidad de Buenos Aires en mayo pasado fue apenas el reconocimiento tardío de una academia que, por fin, se inclinó ante quien nunca necesitó sus diplomas.

    Ese gesto, como sus recitales multitudinarios que se convertían en misas ricoteras, confirma que su legado no está en los charts ni en las listas de éxitos, sino en la forma en que miles de personas encontraron en sus versos las palabras que ellos mismos no lograban pronunciar.

    Hoy, mientras el Río Cali sigue corriendo como testigo silencioso de nuestras propias luchas, desde Mirá Leé rendimos homenaje al Indio con gratitud profunda.

    Su partida nos deja la responsabilidad de seguir cuidando esa llama contracultural que él alimentó con maestría. Gracias, Carlos Alberto. Gracias por enseñarnos que la poesía puede ser rock, que la rebeldía puede ser amor y que, incluso cuando la bestia parece dormida, siempre queda un último aullido capaz de despertar conciencias. Que tu vuelo sea liviano, maestro. La ricota sigue rodando.