Etiqueta: turismo

  • Sinfonía Verde: El Turismo Ancestral como Acto de Resistencia.

    Sinfonía Verde: El Turismo Ancestral como Acto de Resistencia.

    El rugido del motor fuera de borda se apaga, y con él, muere el último vestigio de la civilización del ruido. Lo que queda es un silencio vibrante, una frecuencia verde que no se escucha con los oídos, sino con los poros.

    Estamos en el corazón del Amazonas colombiano, un territorio que por décadas fue un punto ciego en el mapa, devorado por la bruma del conflicto armado. Pero hoy, la selva ya no es un escondite; es un destino de paz.

    El turismo indígena no es aquí una puesta en escena para el extranjero con cámara al cuello. Es un acto de soberanía.

    Al bajar de la lancha en una comunidad a orillas del río Vaupés, la bienvenida no la da un recepcionista, sino el aroma del mambe y la mirada profunda de un abuelo que ha visto la selva sangrar y, ahora, la ve sanar.

    El Retorno a la Maloka. 

    Durante años, la «paz» fue un concepto abstracto que se firmaba en oficinas con aire acondicionado a miles de kilómetros de aquí.

    Para las comunidades locales, la paz tiene una forma física: la Maloka. Este espacio circular, representación del cosmos, estuvo cerrado o bajo la sombra del miedo. Hoy, es el centro neurálgico del turismo de paz.

    El intercambio es radicalmente distinto al turismo de masas:

    La Palabra de Vida: Los sabedores comparten historias sobre el origen del mundo, transformando el relato de la guerra en un tejido de mitología y respeto ambiental.

    La Gastronomía del Territorio: Probar la quinhapira (un caldo de pescado con ají) o el casabe no es solo nutrirse; es validar una economía lícita que reemplaza la sombra de los cultivos ilícitos.

    La Medicina Ancestral: El uso de plantas no es un espectáculo, sino una invitación a entender la salud como un equilibrio con el entorno.

    De la Trinchera al Sendero. 

    Lo que antes eran rutas de escape para combatientes o senderos para el tráfico de pasta de base de coca, hoy son rutas de avistamiento de aves y senderos de interpretación botánica.

    Es una alquimia geográfica. El guía, un joven que quizás en otra década habría tenido un fusil en las manos, ahora sostiene un binocular y señala con orgullo un tucán pechiblanco.

    Este «Turismo de Paz» funciona como un escudo protector. Cuando una comunidad recibe viajeros, el territorio se ilumina.

    La presencia del visitante internacional y nacional obliga al Estado a existir y a los actores remanentes a retroceder. El turismo se convierte en una vigilancia pasiva, pero poderosa.

    El Desafío de la Autenticidad.

    No todo es color de rosa en el dosel selvático. El riesgo de la «folklorización» acecha. ¿Cómo recibir al turista sin convertir la cultura en una mercancía de estante?

    La respuesta de los pueblos indígenas es la autonomía. Ellos deciden qué mostrar, hasta dónde pueden entrar los ojos extraños y qué secretos pertenecen solo a la selva.

    El destino de paz no es solo un lugar sin balas; es un lugar con dignidad. El dinero del turismo llega directamente a las manos de la guardia indígena, de las tejedoras de fibras naturales y de los pescadores, saltándose los intermediarios que históricamente han sangrado a la Amazonía.

    El Silencio Final.  

    Al caer la noche, bajo un cielo que parece desplomarse por el peso de tantas estrellas, uno comprende que el Amazonas no necesita ser «descubierto».

    Necesita ser escuchado. El turismo indígena de paz es, en última instancia, una lección de humildad para el mundo moderno.

    Caminamos por una tierra que aprendió a perdonar. La selva, densa y antigua, ha borrado las huellas de las botas de caucho para dejar espacio a las huellas de quienes vienen a aprender.

    Al final del viaje, el visitante no se lleva una artesanía; se lleva la certeza de que la paz, cuando brota de la raíz, es el árbol más alto de la selva.

  • La Revolución no se Toma Fotos, se Camina.

    La Revolución no se Toma Fotos, se Camina.

    El asfalto se rinde y da paso a la tierra batida, ahí donde el GPS suele perder los estribos y la señal del móvil se convierte en un mito urbano.

    No llegamos aquí buscando un buffet de hotel con piñas de plástico ni un brazalete de colores que te da derecho a ignorar al vecino.

    Aquí se llega para entender que el mapa no es el territorio y que, a veces, la verdadera hospitalidad tiene callos en las manos.

    El Corazón de la Comuna. 

    El turismo comunitario no es un producto; es un pacto de caballeros (y de doñas, sobre todo de doñas). Imaginen una aldea en la montaña o un barrio en la periferia donde el beneficio no se lo lleva una multinacional con sede en un paraíso fiscal, sino la cooperativa de mujeres que muelen el café al alba.

    Aquí, la plusvalía se queda en el plato de quien te sirve y en el pupitre de la escuela local. Es el comercio justo llevado a la experiencia del viaje: tú pones el asombro y ellos ponen la dignidad.

    No hay guiones ensayados. Si el guía se detiene a saludar a su tía a mitad del sendero, no es un retraso, es la esencia del trayecto.

    El turismo comunitario es la antítesis del fast-food antropológico. Es sentarse en una mesa larga, de madera tosca, a escuchar cómo la comunidad decidió que su bosque valía más vivo que talado, y que su cultura no era un disfraz para el carnaval de los cruceros, sino el aire que respiran.

    De la Resistencia al Plato. 

    Lo que el turista promedio llama «exótico», aquí se llama «resistencia». Cada bocado de ese guiso ancestral tiene el sabor de siglos de supervivencia.

    El modelo es claro: la comunidad es la dueña, la gestora y la protagonista. No son empleados de uniforme; son los anfitriones de su propia historia.

    «El territorio no se vende, se comparte bajo nuestros términos».

    Esa es la consigna invisible que flota en el aire. Es una forma de decirles a los de afuera que el mundo no es un parque de diversiones, sino un tejido humano que merece respeto antes que un like en redes sociales.

    El Impacto: La Moneda que Importa

    Mientras el turismo de masas erosiona los suelos y vacía las almas, el comunitario siembra. El dinero no se evapora en cuentas opacas; se transforma en el acueducto que faltaba, en el fondo para emergencias médicas o en la beca del chico que ahora estudia biología para cuidar el río. Es economía circular antes de que los expertos en marketing inventaran el término.

    Al final del día, cuando el sol se esconde tras los cerros y te queda el aroma a leña pegado a la ropa, entiendes que no has sido un cliente.

    Has sido un testigo. Un aliado. Te vas con los bolsillos vacíos de souvenirs de plástico, pero con la cabeza llena de nombres propios y la certeza de que otro mundo es posible, si te atreves a caminarlo sin prisas.

     

  • El Latido de la Montaña: Donde el Agua se Vuelve Pluma.

    El Latido de la Montaña: Donde el Agua se Vuelve Pluma.

    No hace falta irse al fin del mundo para encontrar el principio de todo. A solo trece kilómetros de los semáforos impacientes y el afán del asfalto caleño, el aire cambia de textura.

    Se vuelve denso, fresco, casi masticable. Estamos en Villacarmelo, el pulmón verde que custodia a Cali desde las sombras de los Farallones, y aquí, el tiempo no se mide en minutos, sino en el aleteo frenético de un colibrí.

    Llegar a Bosque Colibrí es asistir a un milagro de paciencia. Lo que hoy es un santuario de biodiversidad, hace dieciséis años era un lienzo de fe que Paola Andrea Dradá comenzó a trazar con la tenacidad de quien sabe que la tierra es un préstamo de los hijos.

    No es solo un destino turístico; es un acto de resistencia poética frente a la depredación urbana.

    El Retorno a lo Esencial.  

    Al cruzar el umbral del bosque, el ruido de la ciudad se disuelve en el murmullo constante de la quebrada El Carmen. Es un sonido pedagógico:

    nos recuerda que cada gota que corre por aquí terminará, tarde o temprano, calmando la sed de la gran urbe allá abajo. Aquí la conservación no es un eslogan, es un estilo de vida que se respira en cada sendero.

    El recorrido es una inmersión sensorial. Los visitantes caminan con la mirada elevada, buscando los destellos metálicos de las aves que han regresado a casa gracias a la restauración del ecosistema.

    En este rincón, la observación de aves deja de ser un hobby para convertirse en una meditación activa. Ver un ejemplar en total libertad, sin jaulas ni artificios, es entender que la verdadera riqueza no se acumula, se contempla.

    Bienestar que Oxigena el Alma.  

    Pero el bosque ofrece algo más que fotos bonitas para el feed de Instagram. Hay una intención profunda de sanación.

    Los talleres de cuidado emocional y las caminatas conscientes proponen un pacto: tú cuidas la montaña y la montaña te devuelve el eje. Como bien dicen quienes recorren sus trochas, aquí se viene a «oxigenar el alma».

    La experiencia es integral:

    * El Ritual del Café: Un encuentro con el aroma de nuestra tierra.

    * La Sabiduría de las Abejas: Entender que sin esos pequeños seres, el ciclo de la vida se detiene.

    * Fuego y Estrellas: Fogatas nocturnas donde la palabra vuelve a ser el vínculo principal entre humanos.

    Un Modelo de Futuro

    Este proyecto, que ha cruzado fronteras hasta llegar a misiones internacionales en Costa Rica, demuestra que el turismo sostenible es la única moneda válida para el siglo XXI.

    Al elegir Villacarmelo sobre el centro comercial, el ciudadano se convierte en un aliado de las fuentes hídricas. Es un voto por la vida, por el agua y por la permanencia de nuestra biodiversidad.

    Bosque Colibrí es, en esencia, un recordatorio de que somos parte de un tejido invisible. Al final del día, cuando el sol se oculta tras los cerros y el frío de la montaña empieza a bajar, uno comprende que proteger este paraíso no es una opción, sino un deber con nosotros mismos.

    Cali tiene un tesoro a la vuelta de la esquina; solo hace falta el coraje de desconectarse para volver a conectar.

     

  • ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    En las laderas de Siloé, en Cali, o en las calles empinadas de Ciudad Bolívar, en Bogotá, el silencio no es ausencia de ruido; es la pausa antes de que una historia sea escrita.

    Durante décadas, los autores emergentes de Colombia —esos que escriben en cuadernos de contabilidad o en las notas de un celular barato— han buscado un «lobby», una sala de espera que finalmente les abra la puerta al gran salón de la literatura.

    Hoy, esa sala de espera ha dejado de ser un espacio físico de mármol y recepcionistas distantes para convertirse en un ecosistema digital.

    Libby, más que una aplicación, ha surgido en el panorama cultural como el puente de plata para quienes no tienen apellido de linaje editorial pero sí una urgencia visceral por contar su territorio.

    El Eco de las Bibliotecas de Cuadra.  

    Mientras la tecnología avanza, en la base de la pirámide resisten los guardianes del saber: las bibliotecas comunitarias.

    Estos espacios, a menudo levantados con ladrillos de autogestión y voluntad pura, son el corazón del sistema circulatorio de la lectura en Colombia.

    No son solo depósitos de libros donados con hojas amarillentas; son laboratorios de paz. En una biblioteca comunitaria de un barrio popular, un joven no solo lee a García Márquez; ahí, gracias a la integración con plataformas digitales, descubre que sus propios versos sobre la realidad del «rebusque» y la esquina pueden ser publicados.

    «La biblioteca del barrio es el puerto, y la app es el barco que lleva nuestras voces a mares que nunca imaginamos», dice un tallerista de Quibdó mientras desliza el dedo por la pantalla de una tablet compartida.

    La Revolución de los Emergentes.  

    La magia ocurre cuando estos dos mundos colisionan. La aplicación Lobby actúa como un curador democrático.

    Permite que el autor que vive en el rincón más alejado de la Amazonía o en el bullicio de una plaza de mercado en Medellín, cargue su manuscrito, reciba feedback de una comunidad que entiende su contexto y, finalmente, conecte con lectores que buscan autenticidad por encima de marketing.

    Es una crónica de resistencia. En un país donde publicar un libro físico puede costar lo que una familia gasta en comida durante tres meses, la digitalización de la narrativa emergente es un acto de justicia poética.

    Las bibliotecas comunitarias se convierten en los nodos de esta red, ofreciendo el Wi-Fi y el café necesarios para que la inspiración no se apague por falta de datos.

    El Mañana Escrito a Mano y en Código. 

    Estamos siendo testigos de un cambio de guardia. La literatura colombiana ya no solo huele a tinta fresca en las ferias elegantes; huele a barrio, a selva y a ciudad real.

    Las bibliotecas comunitarias y las herramientas digitales como Libby están derribando los muros del clasismo literario.

    Al final del día, cuando el sol se oculta tras la cordillera, miles de autores emergentes cierran sus pestañas de navegación o sus libretas, sabiendo que su crónica ya no se quedará en un cajón.

    El lobby está lleno, la puerta está abierta y Colombia, por fin, se está leyendo a sí misma desde adentro.

     

  • El Retorno a la Tierra: Crónica de una Fuga Necesaria.

    El Retorno a la Tierra: Crónica de una Fuga Necesaria.

    El asfalto tiene una memoria estéril. Bajo las suelas de los zapatos citadinos, la tierra gime silenciada por el progreso que todo lo mide en cifras de consumo.

    Sin embargo, en las grietas de esa modernidad asfixiante, está brotando un susurro que no pide permiso: el buen vivir.

    No es una moda de catálogo, ni el último grito del marketing de hoteles con sábanas de hilo; es una rebelión silenciosa contra el reloj y la jerarquía del capital.

    La Geografía del Desaprendizaje.  

    Hoy, el viajero ya no busca conquistar la cima para plantar una bandera de ego. El nuevo turismo de bienestar —ese que realmente entiende el pulso de la vida— se ha convertido en una práctica de desaprendizaje.

    Al cruzar las fronteras hacia los santuarios del ecoturismo mundial, desde las selvas nubladas del Sur hasta los fiordos que aún resisten la huella humana, el objetivo es la horizontalidad.

    En estas comunidades, la relación no es de dueño y objeto, sino de apoyo mutuo. El visitante no llega a «consumir» un paisaje; llega a integrarse en un ecosistema que funciona sin patrones ni capataces.

    Aquí, el bienestar no se compra en una sesión de spa de mil dólares; se cultiva en la reciprocidad de la huerta, en la asamblea del bosque y en el silencio compartido que no necesita mediadores.

    Contra el Turismo de Vitrina.  

    El ecoturismo, despojado de sus adornos corporativos, es un acto de soberanía. Es entender que la naturaleza no es un recurso a explotar, sino un tejido del cual somos apenas un hilo más.

    En los rincones del mundo donde el buen vivir se practica como una ética de existencia, se rechaza la lógica de la acumulación.

    El bienestar real surge cuando se rompe la cadena de mando del estrés productivo y se abraza la libertad de ser, simplemente, un animal humano en armonía con su entorno.

    * Autogestión del tiempo: El reloj deja de ser un grillete.

     * Reciprocidad: Se toma solo lo necesario, se devuelve con cuidado.

    * Comunalidad: El espacio es de todos porque no es de nadie.

    El Horizonte es la Vida. 

    Mientras el sistema intenta empaquetar la «paz» en frascos de plástico, el verdadero movimiento hacia lo natural es una fuga hacia la autonomía.

    Viajar para sanar es, en última instancia, un acto político: es decidir que nuestra salud mental y la salud de la Pachamama son una sola e indivisible.

    El buen vivir es la brújula de quienes han decidido que no hay mayor riqueza que la libertad de respirar un aire que no pertenece a ninguna empresa. Es el turismo que no deja cicatrices, sino que cura las que la ciudad nos tatuó en el alma.

    Es algo importante para nosotros. Que el turismo tenga una base comunitaria sin tanto adorno, no desde lo visible, sino lo invisible.

  • Cultura viva, buen vivir y turismo comunitario.

    Cultura viva, buen vivir y turismo comunitario.

    La cultura viva se define como el conjunto de saberes y prácticas que las poblaciones mantienen vigentes en su cotidianidad.

    Estas manifestaciones incluyen el idioma la vestimenta la organización social y las técnicas de producción de alimentos.

    No son elementos del pasado sino formas actuales de existencia que se transforman con el tiempo sin perder su esencia original.

    El concepto de buen vivir es un sistema de pensamiento que propone una relación equilibrada entre las personas y el entorno natural.

    Este modelo rechaza la idea de que el progreso depende exclusivamente del consumo de objetos o del crecimiento del dinero.

    En cambio el buen vivir se centra en la estabilidad de los ecosistemas y en el fortalecimiento de los vínculos sociales dentro de una comunidad.

    Su aplicación práctica implica que las actividades humanas deben respetar los ciclos de regeneración de la tierra y buscar el bienestar colectivo por encima del beneficio individual.

    El turismo comunitario surge como una herramienta para aplicar estos principios. En esta modalidad los habitantes de una localidad son los dueños y gestores de los servicios que se ofrecen a los visitantes.

    Esto significa que la población local toma las decisiones sobre cuántas personas pueden ingresar al territorio y qué tipo de actividades se pueden realizar.

    El objetivo principal es que el intercambio cultural sea respetuoso y que los ingresos económicos se distribuyan de forma equitativa entre las familias residentes.

    Por otro lado el ecoturismo se enfoca específicamente en la observación y el estudio de la naturaleza sin causar daños al medio ambiente.

    Cuando el ecoturismo se combina con la gestión comunitaria se crea un modelo de conservación muy eficiente.

    Los residentes locales se convierten en los principales protectores de la flora y la fauna porque su sustento depende directamente de la salud de su ecosistema.

    La integración de la cultura viva el buen vivir y el turismo responsable permite que las tradiciones locales se mantengan fuertes.

    Los jóvenes de las comunidades encuentran motivos para conservar sus lenguas y sus oficios al ver que son valorados por personas de otros lugares.

    Además este tipo de turismo evita la destrucción de los recursos naturales porque no requiere de grandes infraestructuras hoteleras que alteren el paisaje.

    En conclusión estos modelos representan una alternativa real al turismo masivo y proponen una forma de viajar que prioriza la vida y la cultura sobre la explotación comercial.

     

  • Cómo aprender a salir de tu zona de confort con el turismo de bienestar y ecoturismo.

    Cómo aprender a salir de tu zona de confort con el turismo de bienestar y ecoturismo.

    A inicios del año 2026, llevamos a cabo un recorrido por una ruta de senderismo, una actividad que consistió en el desplazamiento físico a través de un entorno natural preservado.

    Este evento ocurrió en una zona geográfica próxima a los límites urbanos, lo cual permitió un contraste inmediato entre la infraestructura construida por el ser humano y los sistemas biológicos originales.

    La experiencia resultó de gran interés porque confirmó una inclinación personal hacia el desplazamiento pedestre, la observación directa de la flora y fauna, y la elección de trayectos que no coinciden con las rutas turísticas estandarizadas por la industria global.

    Desde una perspectiva filosófica, el acto de caminar por la naturaleza se vincula con la necesidad de confrontar la realidad sin los filtros de la tecnología o la comodidad doméstica.

    Al elegir viajes poco convencionales, se rechaza la estructura predecible de la vida cotidiana para entrar en contacto con la incertidumbre del entorno natural.

    Esta elección es una herramienta para abandonar la zona de confort, que puede definirse como el conjunto de hábitos y entornos donde el individuo no experimenta retos a su capacidad de adaptación.

    Salir de la zona de confort mediante el ecoturismo y las prácticas de bienestar es una acción que busca la expansión de la consciencia sobre el propio cuerpo y el entorno.

    En este contexto, el bienestar no se entiende como una búsqueda de placer pasivo, sino como un estado de equilibrio dinámico que se alcanza al superar las resistencias físicas del terreno.

    La zona de confort suele ser un espacio de estancamiento donde el pensamiento se vuelve circular y repetitivo debido a la falta de estímulos externos variables.

    Por el contrario, el ecoturismo obliga al individuo a observar leyes biológicas y climáticas que no puede controlar, lo que genera una comprensión más profunda de la posición humana en el ecosistema.

    La filosofía del bienestar en la naturaleza propone que la salud mental se fortalece cuando el individuo reconoce su interdependencia con el medio ambiente.

    Al caminar por senderos no urbanizados, se produce una desconexión de las presiones sociales temporales y se conecta con procesos naturales de largo plazo.

    Este tipo de viaje es poco convencional porque no busca el consumo de servicios, sino la interacción directa con el espacio físico.

    La salida de la zona de confort es necesaria en este caso para evitar la atrofia de las capacidades de asombro y de resolución de problemas.

    En conclusión, el senderismo a principios de este año representó una decisión voluntaria de enfrentar la complejidad del mundo natural para obtener una claridad mental y una fortaleza física que no se encuentran en la seguridad de lo conocido.

    Por eso quisimos hacer esta reflexión sobre como vas creando claridad y además vas creando un bienestar emocional y físico.

     

  • Cali como Destino de Turismo Étnico: Impacto y Resultados del Programa CaliAfro en 2025.

    Cali como Destino de Turismo Étnico: Impacto y Resultados del Programa CaliAfro en 2025.

    Cali se consolida en 2025 como un referente del turismo cultural y étnico en Colombia. La administración del alcalde Alejandro Eder ha informado que más de 10.000 personas de la población afro han sido beneficiadas por la oferta integral de la Alcaldía.

    Este fortalecimiento de la base social y cultural no solo beneficia a los residentes, sino que potencia el atractivo de la ciudad para visitantes nacionales e internacionales interesados en la herencia del Pacífico.

    CaliAfro Conecta: Fortaleciendo la Identidad en el Territorio.  

    El servicio territorial CaliAfro Conecta ha sido un motor fundamental en esta estrategia, logrando impactar a más de 5.000 personas directamente en sus comunidades.

    Desde una perspectiva turística, este programa es vital porque preserva y profesionaliza las manifestaciones que los viajeros buscan experimentar.

    Dentro de las acciones ejecutadas, destacan los talleres de sabiduría ancestral. Estos espacios permiten que los conocimientos sobre medicina tradicional, gastronomía y artes sonoras se mantengan vigentes y se conviertan en productos turísticos sostenibles.

    Al fortalecer estos procesos, Cali ofrece una experiencia auténtica y respeta los saberes de sus portadores de tradición.

    Una Oferta Integral que Atrae al Visitante.  

    La gestión de este año ha integrado a las secretarías de Salud, Cultura y Deporte para mejorar la calidad de vida de las comunidades que reciben al turista.

    Programas como AfroCuidarte y los procesos de inclusión social garantizan que los barrios con vocación turística cuenten con una población sana y organizada.

    La articulación intersectorial ha permitido resultados concretos:

    * Prevención y Bienestar: La reducción de la mortalidad infantil y el enfoque en salud aseguran comunidades más fuertes y resilientes.

    * Cultura Viva: El apoyo de la Secretaría de Cultura convierte las calles de Cali en escenarios de aprendizaje y exposición constante de la herencia afro.

    * Deporte e Integración: La actividad física se utiliza como herramienta para el uso del tiempo libre y la cohesión social en los sectores intervenidos.

    Compromiso con la Inclusión y la Transformación. 

    Bajo la directriz del alcalde Alejandro Eder, el programa CaliAfro ejecuta una intervención integral, orgánica y territorial.

    El objetivo es claro: fortalecer el diálogo y la participación ciudadana para construir una ciudad más incluyente.

    Un destino turístico es más atractivo cuando su estructura social es sólida y sus ciudadanos participan activamente en la toma de decisiones.

    Estos resultados demuestran que, a través de procesos colectivos, la administración está recuperando a Cali.

    El fortalecimiento de la población afro no es solo un indicador social; es el pilar que sostiene la oferta de turismo étnico, posicionando a la ciudad como un destino donde la cultura se vive, se respeta y se protege.

    Queremos darle a uds este post de turismo y despedirnos hasta 2026! Felices fiestas!

  • En La Buitrera se respira ‘azul clarito’: Fortalecimiento del Turismo Comunitario Rural en Cali.

    En La Buitrera se respira ‘azul clarito’: Fortalecimiento del Turismo Comunitario Rural en Cali.

    La Alcaldía de Cali, a través de la Secretaría de Turismo y en cumplimiento del mandato del alcalde Alejandro Eder, está impulsando el fortalecimiento de las comunidades rurales mediante iniciativas turísticas.

    El corregimiento La Buitrera fue el escenario de una activación reciente, enmarcada en el proyecto de Presupuesto Participativo. La actividad se caracterizó por la presencia de color, sonidos naturales y aire puro.

    Hubo una amplia participación de la comunidad. Los asistentes realizaron caminatas que tuvieron como destino el Bosque de Roble Negro, ubicado dentro del Parque Nacional Natural Farallones.

    Durante los recorridos, los participantes estuvieron rodeados de vegetación nativa, avistaron aves como el Barranquero y observaron una microfauna diversa.

    La experiencia comenzó en la zona urbana del corregimiento y culminó en la Vereda El Otoño. En este punto, se llevaron a cabo presentaciones y un reconocimiento formal del territorio por parte de los asistentes y organizadores.

    Turismo de Resiliencia y Orgullo Local.  

    Durante el desarrollo de la jornada, los habitantes de La Buitrera ofrecieron y vendieron refrigerios, souvenirs y otros productos que elaboran, lo cual contribuye directamente al fortalecimiento de sus emprendimientos locales.

    El grupo turístico comunitario del corregimiento también experimentó avances en su consolidación. Se les entregaron nuevos uniformes e implementos.

    Estos elementos nuevos buscan reflejar su identidad específica y su labor dentro del proyecto de turismo local.

    Según la información proporcionada, Cali se posiciona como un lugar para vivir experiencias auténticas que combinan naturaleza, cultura y el desarrollo de las comunidades locales.

    César Augusto Valencia Espinosa, quien participó en la actividad, comentó sobre la experiencia: “visitar el bosque de roble negro es algo fantástico; te recargas de vida en ese baño de bosque, respiras aire puro y ves aves hermosas como el Barranquero, además de una microfauna espectacular”.

    Por su parte, María Alejandra Quiroga destacó el efecto de estas iniciativas en la población: “agradecemos a la Secretaría de Turismo por promover procesos comunitarios que nos permiten conocer el territorio desde la vivencia”.

    Con el desarrollo de estas acciones, La Buitrera está consolidándose como un destino que integra el turismo con su riqueza natural y la participación de la comunidad.

    Se extiende una invitación a los residentes de Cali y a los visitantes para que descubran el lugar y formen parte de experiencias que buscan transformar positivamente el entorno.

  • Cali y Toluca Firman Acuerdo de Cooperación para Intercambio Cultural.

    Cali y Toluca Firman Acuerdo de Cooperación para Intercambio Cultural.

    La Alcaldía de Santiago de Cali, a través de la Secretaría de Cultura, y la Dirección General de Educación, Cultura y Turismo del Municipio de Toluca, México, han sellado un Acuerdo de Cooperación Internacional.

    Este convenio busca impulsar proyectos conjuntos y fortalecer las relaciones culturales entre ambas ciudades.

    El acuerdo se firmó el 13 de noviembre de 2025, en el marco de la Feria del Dulce de Alfeñique celebrada en Toluca.

    Una delegación de Cali, liderada por el subsecretario de Patrimonio, Biblioteca e Infraestructura Cultural, Julián Arteaga, y siete artesanas del azúcar de la ciudad, participaron en el evento.

    Los asistentes mexicanos tuvieron la oportunidad de conocer y disfrutar de las tradicionales macetas caleñas. La feria contó también con la presencia de Japón como país invitado.

    El objetivo principal de este convenio es promover el intercambio técnico en los procesos de producción, organización y gestión de ferias y festivales.

    Además, se centra en la salvaguardia y proyección internacional del patrimonio inmaterial, con especial énfasis en el Festival de Macetas de Cali.

    La secretaria de Cultura de Cali, Leydi Higidio, explicó que el acuerdo busca fortalecer los lazos institucionales y comunitarios, implementar mecanismos para la protección del patrimonio, y desarrollar proyectos de capacitación, promoción turística y apoyo a los portadores culturales.

    Según Higidio, esto contribuye a la recuperación de Cali, fortaleciendo la tradición y compartiendo la identidad caleña con el mundo.

    El subsecretario Julián Arteaga señaló que la firma del acuerdo permitirá profundizar lazos y brindar apoyo mutuo en la gestión cultural y el desarrollo de políticas en beneficio de las artesanas.

    El convenio establece canales formales y sostenibles para el flujo de prácticas, conocimientos y estrategias de gestión cultural entre las dos ciudades.

    Estas acciones tienen el propósito de generar un fortalecimiento institucional, mejorar las condiciones de los portadores de tradición y aumentar la visibilidad internacional de las manifestaciones culturales de Cali.

    Magda Ivonne Vargas, presidenta de Asomacetas, destacó el valor del encuentro para tejer y fortalecer lazos que trascienden fronteras.

    Este acuerdo es parte de la estrategia del alcalde Alejandro Eder para internacionalizar la cultura de Cali mediante alianzas que permitan compartir el talento y las tradiciones.

    Tras la firma, las macetas de dulce de alfeñique de las artesanas caleñas serán exhibidas temporalmente en el área de Turismo de Toluca como símbolo del intercambio.

    Adicionalmente, durante la feria en Toluca se establecieron contactos iniciales con la ciudad de Saitama, en Japón, con el fin de explorar futuros convenios de cooperación que expandan la red internacional de la capital del Valle.