
La cita no era en un estadio, pero tenía algo de ritual. Luces, sillas, expectativa. En el lanzamiento de la 2ª Edición de Publicaciones CCINEC, el séptimo arte bajó del pedestal y se sentó en la esquina del barrio. Bajo el lema “Barrio Adentro”, la jornada reunió a cineclubistas, vecinos y curiosos que llegaron a ver, oír y leer cine hecho desde la comunidad.
Primero fue la socialización de la revista. Sobre la mesa, textos que suenan a manifiesto: “Cine Clubismo en Latinoamérica” y “Perspectivas Globales sobre Cine”. No eran papers fríos; eran cartas de navegación para entender cómo se proyecta, se discute y se resiste desde una sala comunitaria. Los ejemplares se vendieron ahí mismo, casi como merchandising de una causa.
El momento más intenso llegó con la muestra documental. La pantalla mostró el territorio y su gente en el contexto del terremoto. No hubo golpes bajos, sino memoria y resiliencia. El público quedó en silencio, ese silencio que pesa más que cualquier discurso. Ahí se entendió que el cine comunitario no compite con Hollywood: compite con el olvido.
Luego vino la charla. Pablo Anaya, Leandro Pérez —Discursador CCINEC— y Mari Lu Arango se sentaron frente al público a hablar de procesos creativos, de cámaras prestadas, de ideas que se graban con las uñas. No dieron cátedra: compartieron trinchera. Hablaron del cine como herramienta de transformación social, de tejer comunidad cuadro a cuadro.
La organización de Corrinche Creativo puso el cuerpo y el alma. Y quedó claro que esta segunda edición no es un punto final, sino un riff que sigue. Porque en los barrios también se hace cine, se escribe crítica y se construye memoria. La función continúa. Y el público, ahora, es protagonista.
Y colaboramos juntos para lograr la visibilidad de la revista adelante.
Deja una respuesta