En las grietas de un sistema que insiste en cuantificarlo todo, hay un rumor que se convierte en grito: la vida no se sostiene sola.
No es el mercado, con sus frías gráficas de oferta y demanda, el que pone el plato en la mesa o el que cura la herida; es una red invisible, tejida por manos que conocen el ritmo de la tierra y el peso de los cuidados.
Este marzo, ese rumor toma cuerpo en los «Diálogos Feministas 8M», una convocatoria que no busca decorar la agenda, sino sacudir los cimientos de nuestra organización social.
El asfalto de Puebla y la frialdad de las pantallas de Google Meet se preparan para ser el escenario de una insurgencia pacífica pero radical.
Bajo el lema «Economías para sostener la vida», del 6 al 28 de marzo, la academia y la calle se funden en un solo abrazo.
No estamos hablando de microfinanzas o de cómo encajar en el molde del éxito patriarcal; hablamos de economías alternativas que huelen a comunidad, a antirracismo y a un antiespecismo que reconoce que no somos dueños de nada, sino parte de un todo.
El Cuerpo como Primer Territorio.
La crónica de este encuentro comienza en la piel. Se escuchan voces que hablan de la geopolítica del cuerpo, ese primer territorio que habitamos y que tantas veces nos ha sido ajeno.
En los conversatorios programados, la memoria territorial no es un dato histórico, es una herramienta de lucha.
Se trata de entender que defender el agua o la semilla es, en última instancia, defender la posibilidad de seguir existiendo.
Saberes que Transforman.
En el Tianguis Alternativo de Puebla o en los pasillos de la Ibero, la teoría se vuelve práctica. Las experiencias de la organización Masehual nos recuerdan que la ciencia no solo nace en laboratorios asépticos; nace en la comunidad que observa, que prueba y que transforma su realidad para que nadie se quede atrás.
Es el feminismo comunitario recordándonos que el «yo» es una ilusión si no existe un «nosotras» que lo sostenga.
Este 8 de marzo, la invitación es a desaprender la escasez y abrazar la reciprocidad. Registrarse en estos diálogos es, en realidad, inscribirse en una escuela de resistencia donde lo más revolucionario es, simplemente, poner la vida en el centro.
Mientras el mundo sigue su marcha frenética hacia el consumo, aquí nos detenemos a preguntar: ¿qué es lo que realmente nos mantiene en pie?
La respuesta, sospechamos, está en el diálogo, en el cuidado y en la terca insistencia de que otra economía no solo es posible, sino que ya está ocurriendo.









