
Señores: la reconstrucción de Santa Marta avanza a un ritmo alegremente geométrico. El Intercambiador Vial La Piragua, con sus $68.360 millones, promete reducir la congestión en un 70 %. El otro 30 % se distribuirá democráticamente entre el tráfico, la brisa y un señor que vende mango.
Paralelamente, la playa de Cabo Tortuga —que había desaparecido por erosión, como un calcetín en la lavadora— será restaurada con 14.000 metros cúbicos de sedimento.
La draga llegará entre el noviembre y diciembre. Si llega el 5, no se preocupen: habrá una draga suplente tocando el bolarmonio.
En cuanto a las alianzas de marketing con operadores turísticos, Cotelco Magdalena celebró un Fam Trip con diez agencias minoristas y la búsqueda de community managers para trabajar juntos y no se sienta el hueco de lo que ha pasado durante estos últimos meses.
Los operadores recorrieron hoteles, el Centro Histórico y Taganga, y quedaron tan maravillados que prometieron volver… con sus familias y sus comisiones pero el problema ahora es que se encuentran vacíos.
Se esperan 2.000 citas comerciales y alianzas estratégicas entre mayoristas, minoristas y operadores para poder ver de nuevo como Santa Marta llega al esplendor cuando fue el país de la belleza.
Es decir: un matrimonio por conveniencia donde todos firman, nadie lee y el testigo es un catamarán.
La lógica es impecable: se reconstruye la playa para que los turistas tengan dónde no meter los pies, y se reconstruye la vía para que lleguen más rápido a no meter los pies.
Mientras tanto, la draga, ese instrumento informal de 14.000 metros cúbicos, ejecutará un solo de sedimentos en clave de sol.
Queda aprobado. Se ruega a los asistentes no confundir el box culvert con un dactilófono y lograr la autosuficiencia de la región.
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