Categoría: Creatividad cali

  • Entre los algoritmos y desinformación masiva.  Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Entre los algoritmos y desinformación masiva. Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Vivimos ahogados en píxeles. El algoritmo no te muestra lo que buscas, sino lo que te retiene. Y lo que retiene es el grito, el miedo, el fragmento fuera de contexto. Una noticia falsa viaja seis veces más rápido que una real. No es ruido: es estrategia. Pregunta.  Esto ayuda a la polarización mediática? Por eso tanto los extremos?

    Entonces, ¿cómo distinguir el dato sólido del espejismo? Primera ley: desconfiar de la ira inmediata. Si un titular te induce odio o pánico, respira.

    Segundo: rastrear la fuente original. Una captura de pantalla no es prueba; un enlace roto, tampoco. Tercero: contrastar en medios con líneas editoriales distintas, incluso las que te incomoden. La verdad no es cómoda, es verificable.

    Pero el problema no es solo técnico. Es comunitario. Por eso el encuentro de medios en Cartagena no es un evento más. Es un acto de resistencia. Allí, periodistas locales, verificadores y audiencias se sientan en la misma mesa. Sin cámaras de eco. Sin likes. Con preguntas incómodas: ¿cómo informamos sin pánico? ¿cómo consumimos sin cinismo? Y lo más increíble de todo…. Desde las artes se puede hacer algo más allá del algoritmo? Al tiempo ser visible?

    En Cartagena se aprende lo que ningún algoritmo replica: el oficio de dudar. La práctica de contrastar. El valor de un archivo, de un testigo, de una redacción sin prisa. La desinformación masiva no se combate con más datos, sino con más vínculos. Con medios que se nombran entre sí, con lectores que exigen transparencia, con espacios donde la palabra no compite por clics, sino por verdad.

    Si hoy te sientes perdido entre bulos y titulares histéricos, no es tu culpa. Es el diseño. Pero la salida existe: es lenta, colectiva y se construye en encuentros como el de Cartagena. Apúntate. Tu atención es el último territorio por liberar y ayudar a los periodistas a la transición? Transición de que? De adaptación a las redes rompiendo al tiempo el algoritmo y decir sin censura las cosas.

     

  • Vuela alto, Viejo Gus: Adiós a un maestro del arte caleño.

    Vuela alto, Viejo Gus: Adiós a un maestro del arte caleño.

    Cali despide con cariño a Gustavo Hincapié Reyes, el querido “Viejo Gus”, artista plástico y declamador que nos dejó físicamente estos días la velación fue  el 7 y las exequias el 8 de junio en el Campo Santo Metropolitano del Sur.

    Nacido en 1944, dedicó más de 50 años al arte espontáneo con tinta china y tintas de color, plasmando rincones, personajes y el alma cotidiana de nuestra ciudad. Sus ilustraciones forman parte de la memoria colectiva de miles de caleños.

    Desde Mirá Leé el recuerdo es personal. Hace más de 22 años tuve el privilegio de conocerlo y compartir largas charlas sobre arte que marcaron mi camino.

    Lo consideré un amigo: un conversador generoso, lleno de sabiduría callejera y una pasión contagiosa por la creación que transmitía en cada encuentro.

    Hoy la comunidad artística lo honra con mensajes como “Vuela alto, Viejo Gus” y “Gracias por tus mariposas”.

    Que su legado nos inspire a seguir amando y pintando Cali con el mismo corazón. Gracias por las charlas y por recordarnos que el arte es un acto de amor por nuestra tierra.

    Que vuelves alto maestro Gus!

  • Opinión.  El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Opinión. El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Por Óscar Alberto García.  

    Hoy, 5 de junio de 2026, se apagó la voz que durante medio siglo supo traducir la rabia, la ternura y la lucidez de toda una generación.

    Carlos Alberto “El Indio” Solari partió de este mundo a los 77 años en su refugio de Parque Leloir, dejando un vacío que duele en el pecho de millones que crecimos cantando sus metáforas como oraciones laicas.

    No se fue un cantante más: se fue el artífice de un universo propio donde el rock dejó de ser mero entretenimiento para convertirse en refugio, espejo y arma contra la mediocridad.

    Su partida nos obliga a mirar de frente lo que siempre nos enseñó: que la verdadera rebeldía es la de seguir siendo uno mismo en un mundo que premia la obediencia.

    Solari construyó con Los Redonditos de Ricota y luego con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado una obra que trasciende géneros y fronteras.

    Sus letras, densas de literatura beat, simbolismo y crítica filosa, fueron banda sonora de dictaduras, crisis y resistencias cotidianas. “Jijiji”, “La Bestia Pop”, “Un Ángel para tu Soledad” no eran solo canciones: eran himnos que nos daban permiso para sentir rabia, para soñar y para no arrodillarnos.

    En un continente que a veces se olvida de sus propios poetas, el Indio nos recordó que la música puede ser territorio de dignidad y belleza salvaje.

    Su retiro por la enfermedad de Parkinson no lo silenció del todo. Siguió creando, honrando su compromiso con la autonomía creativa lejos de las lógicas del mercado.

    El Doctor Honoris Causa que le otorgó la Universidad de Buenos Aires en mayo pasado fue apenas el reconocimiento tardío de una academia que, por fin, se inclinó ante quien nunca necesitó sus diplomas.

    Ese gesto, como sus recitales multitudinarios que se convertían en misas ricoteras, confirma que su legado no está en los charts ni en las listas de éxitos, sino en la forma en que miles de personas encontraron en sus versos las palabras que ellos mismos no lograban pronunciar.

    Hoy, mientras el Río Cali sigue corriendo como testigo silencioso de nuestras propias luchas, desde Mirá Leé rendimos homenaje al Indio con gratitud profunda.

    Su partida nos deja la responsabilidad de seguir cuidando esa llama contracultural que él alimentó con maestría. Gracias, Carlos Alberto. Gracias por enseñarnos que la poesía puede ser rock, que la rebeldía puede ser amor y que, incluso cuando la bestia parece dormida, siempre queda un último aullido capaz de despertar conciencias. Que tu vuelo sea liviano, maestro. La ricota sigue rodando.

     

  • El festival de teatro callejero de mesitas del colegio ya está aquí!

    El festival de teatro callejero de mesitas del colegio ya está aquí!

    El viento que baja de la montaña trae un eco distinto. Ya no es el murmullo de la rutina provincial, sino el estruendo de los cueros que empiezan a templarse.

    Del 5 al 8 de junio, Mesitas del Colegio deja de ser solo un mapa de fin de semana para convertirse en el epicentro de una insurrección pacífica, poética y necesaria.

    Llega el XXI Festival de Teatro Callejero, y con él, una certeza: la calle no le pertenece a los escritorios ni a los decretos; la calle es de quien la camina, la sueña y la actúa.

    El arte no pide permiso, recupera su derecho.  

    Mesitas se prepara para una metamorfosis. No es un festival más en el calendario burocrático de la cultura oficial.

    No hay palcos VIP, ni cintas de seguridad que alejen al espectador del actor. Aquí, el escenario es el andén, la plaza pública, la esquina olvidada del barrio.

    Durante cuatro días, más de 39 agrupaciones teatrales y artísticas, llegadas de distintas geografías de Colombia y del mundo, transformarán el cemento en un lienzo vivo de comparsas, zancos, tambores y máscaras.

    El teatro callejero no es un espectáculo que se consume pasivamente; es un encuentro cara a cara, una interpelación directa al alma de la comunidad.

    Esta vigesimoprimera edición llega con una carga simbólica profunda. No nace de los grandes presupuestos estatales ni de los patrocinios corporativos que lavan conciencias.

    Nace de abajo. Es la respuesta digna, estética y contundente a la infamia institucional.
    La respuesta al prejuicio: autogestión y memoria.  

    La memoria es el arma de los pueblos libres. En diciembre, el alcalde Diego López lanzó un dardo envenenado desde la comodidad de su cargo, pretendiendo reducir este patrimonio colectivo a un burdo espacio de «consumo de sustancias».

    La infamia, sin embargo, en lugar de apagar el fuego, avivó las brasas de la dignidad comunitaria. El prejuicio oficial se estrelló contra la muralla de la organización popular.

    ¿Cómo se financia la resistencia cultural cuando el poder le da la espalda? Con las uñas, con el corazón y con la mística del barrio. Este festival es un milagro de la autogestión:

    * Se sostiene a punta de «viejo teca».
    * Se levanta con el sudor de las «coca-colas bailables».
    * Se financia con la venta de bonos solidarios.
    * Se alimenta gracias al banco de alimentos que los mismos vecinos y comerciantes han levantado.

    El pueblo se ha unido para abrazar a los artistas que, en un acto de generosidad inmensa, han donado su trabajo.

    Aquí nadie viene a hacerse rico; se viene a enriquecer el espíritu colectivo. Frente al intento de criminalizar el arte callejero, Mesitas responde con solidaridad, ollas comunitarias y hospitalidad popular.

    El artista no es un peligro; es el espejo donde la sociedad se mira y se reconoce.

    El asfalto como trinchera del diálogo. 

    En tiempos donde los territorios colombianos cargan con las cicatrices del conflicto y el aislamiento, el espacio público necesita desesperadamente imaginación, diálogo y encuentro humano.

    El teatro en la calle es la antítesis del miedo. Cuando un zanquero se eleva sobre la multitud o cuando un payaso arranca la risa de un niño descalzo, se fractura el orden impuesto.

    Las más de 39 agrupaciones que se darán cita en el municipio no solo traen técnicas escénicas; traen memoria y resistencia. Los desfiles, talleres y funciones programadas son un grito de libertad en un espacio que le pertenece legítimamente a la ciudadanía.

    La dignidad no se negocia.  

    La invitación que hoy se lanza desde Mesitas del Colegio es un llamado a la defensa activa de lo público.

    No se trata solo de aplaudir un espectáculo; se trata de defender la calle como un territorio de paz, libre de la censura moralista del gobernante de turno.

    El XXI Festival de Teatro Callejero ya es una victoria antes de que caiga el primer telón imaginario.

    Es la demostración de que el arte hecho desde los territorios es indestructible cuando el pueblo lo asume como propio.

    Mientras las calles se llenen de tambores y las miradas se crucen sin intermediarios, la dignidad seguirá marchando firme sobre el asfalto. ¡Que rujan los tambores y que viva el teatro callejero!

  • Reseña crónica el rio de las memorias: temas de memoria y literatura.

    Reseña crónica el rio de las memorias: temas de memoria y literatura.

    Hola.  Hoy tenemos una reseña sobre la memoria sobre el rio de las memorias de José arcilla.

    José ardilla. Escritor, guionista y editor colombiano. Tiene dos libros de cuentos publicados: Divagaciones en el interior de una ballena (2012) y Libro del tedio (2017).

    Ha sido ganador de numerosos premios literarios, como el premio a novela inédita de la Alcaldía de Medellín y la beca para la escritura de libro de cuentos del Instituto de Cultura de Antioquia.

    Textos suyos han aparecido en medios como Universo CentroEl Malpensante y El País. En 2021, la revista Granta lo incluyó en la lista de las veinticinco voces más prometedoras de la literatura en español.

    Empezamos con el rio Atrato.

    El río no tiene prisa en recordar, pero tampoco olvida. En las llanuras donde el agua se confunde con el barro, el tiempo se mide en crecientes y sequías, no en calendarios.

    Allí, donde la modernidad llega tarde o simplemente prefiere no pasar, la memoria es un ejercicio de resistencia contra el flujo constante del olvido.

    Y es precisamente en esa orilla, la de las palabras que no se dejan arrastrar por la corriente, donde se planta la escritura de José Ardila.

    No es una coincidencia que la literatura colombiana más punzante de los últimos años huela a humedad y a fango.

    En un país obsesionado con mirar hacia el asfalto de las capitales, Ardila mira hacia el cauce. Su pluma, que la revista Granta catalogó con acierto entre las más vigorosas de una generación que no le pide permiso a los viejos cánones para existir, se ha convertido en una suerte de bitácora de navegación por el interior del país físico y mental.

    Se fracturan forman afluentes

    de memoria y una

    sola cosa no es

    una sola cosa

    sino muchas

    que

    cambian que se dispersan

    que se contraen

    que se funden en la espera

    en los pendientes de todos los calibres.

    A través de las páginas de la revista Gaceta, la indagación del autor no se queda en la superficie del paisaje idílico. El agua aquí no es postal de turismo; es un contenedor de ausencias.

    enmarcada en el centenario de Delia Zapata Olivella, el río se revela como el gran cementerio y el gran escenario de la espera nacional. En Colombia, esperar a la orilla del agua es casi una condición existencial:

    se espera que baje el nivel de la inundación, se espera que el pescado regrese, se espera el cuerpo de un ausente que la corriente arrastró en las noches de espanto.

    Ardila entiende que narrar el río es, fundamentalmente, narrar el trauma y la paciencia de un pueblo suspendido en el tiempo.

    Pero la corriente no solo arrastra mitologías colectivas; también golpea los cimientos de la casa propia.

    La memoria, para este cronista, es un asunto de primer orden que se desarma en la mesa del comedor. Lo demuestra cuando se sumerge en las dinámicas domésticas con textos como «A mi hermano no le gusta llamarse Juan Gabriel».

    Aquí el territorio ya no es la cuenca hidrográfica, sino el árbol genealógico, ese otro río de herencias, nombres impuestos y pequeñas neurosis familiares que nos dan forma.

    Al mapear las tensiones íntimas, el autor logra algo que la gran historia oficial siempre pasa por alto: entender que los grandes dolores de una nación se incuban y se sufren en el silencio de los hogares, en el peso de un nombre que se arrastra como una condena o como un escudo.

    La prosa de Ardila, conocida por títulos como Divagaciones en el interior de una ballena y Libro del tedio, opera bajo una premisa implacable: la realidad es un monstruo que nos ha tragado a todos y la única forma de no morir de asfixia es contar lo que vemos en la oscuridad de sus entrañas.

    Por eso, cuando escribe sobre «Un mar sin horizonte», no busca la inmensidad romántica del océano, sino la claustrofobia de los paisajes que habitan al hombre.

    Es el reflejo de una geografía humana que, a fuerza de encierro o violencia, ha perdido la capacidad de mirar el futuro, conformándose con sobrevivir al oleaje del día a día.

    Esta literatura no busca la complacencia del lector de suplementos dominicales. Es una crónica de la tierra que late, que incomoda y que exige atención.

    Las historias rescatadas en Gaceta funcionan como diques efímeros ante un país que padece de amnesia crónica institucionalizada.

    Mientras el poder insiste en pavimentar los recuerdos para borrar las huellas del conflicto y del abandono, la narrativa de este guionista y editor se empeña en desenterrar el lodo de los recuerdos.

    Al final, leer a José Ardila es aceptar que somos agua que corre y que se estanca. Sus relatos nos devuelven una imagen incómoda pero profundamente real de nosotros mismos: una sociedad que sigue buscando sus certezas en las orillas de un territorio que todavía no termina de descifrar, esperando que alguna vez el río traiga respuestas en lugar de más preguntas.

    Recordemos que el rio es memoria, es acordarnos de quienes somos.  Y recordar a los sobrevivientes de la guerra y el olvido. Es parte de recordar con el arte y cultura se puede crear memoria e ir sanando.

  • Las ventas de los libros online está creciendo en colombia? Y está creciendo está forma de ventas en periodismo?

    Las ventas de los libros online está creciendo en colombia? Y está creciendo está forma de ventas en periodismo?

    El clic de una tarjeta de crédito en Bogotá y el pago electrónico a un portal independiente en Cali no hacen ruido.

    Sin embargo, detrás de la pantalla, mueven una maquinaria colosal. La industria editorial en Colombia consolidó ventas netas por $1,06 billones de pesos, un crecimiento del 7,5% apalancado por la circulación de 39,4 millones de ejemplares.

    El país ya no solo lee en el silencio de las bibliotecas; compra en la invisibilidad de las redes y las interfaces web, dividiendo su devoción entre las grandes autopistas corporativas y las trincheras de la prensa independiente.

    El gigante invisible del e-commerce.  

    El comercio electrónico tradicional ha dejado de ser un canal alternativo para convertirse en una fuerza corporativa masiva. Aunque las librerías físicas (independientes y de cadena)

    retienen el liderato comercial con un 39,7% de la participación total, las plataformas virtuales de distribución y los canales digitales propios de las editoriales ya canalizan una porción crucial del mercado, especialmente en el subsector de ficción y no ficción, que encabeza los ingresos nacionales con $425.679 millones de pesos.

    Este ecosistema funciona bajo la lógica de la inmediatez logística y el algoritmo puro:

    – Inventario virtual absoluto: Catálogos infinitos que pulverizan el límite físico de cualquier estante de madera tradicional.

    – Optimización transaccional: El usuario compara precios, calcula fletes intermunicipales y gestiona el pago en menos de tres minutos.

    – Logística centralizada: Furgonetas que procesan paquetes sellados al vacío desde grandes centros de distribución urbana para entregarlos directamente en la puerta del lector.

    La trinchera digital del medio alternativo.  

    A unos cuantos clics de distancia, en los márgenes del internet corporativo, la compra de libros adquiere un carácter político y comunitario.

    Los periódicos digitales alternativos y los portales periodísticos de nicho en Colombia han transformado sus páginas web en plataformas de resistencia cultural.

    Aquí no operan los algoritmos de recomendación masiva; opera la afinidad ideológica y la curaduría crítica.

    > El lector de un medio alternativo no busca la novela más vendida del semestre; compra el ensayo de investigación censurado, la crónica de territorio o la poesía autopublicada que los canales tradicionales marginan de sus góndolas.

    Aunque el libro físico sigue rigiendo el mercado masivo, el formato estrictamente digital (e-book) defiende una cuota estable de entre el 8% y el 9% de las ventas totales de la industria en Colombia.

    En las tiendas virtuales de la prensa alternativa, este formato se convierte en una herramienta de democratización: elimina los sobrecostos de impresión y distribución, permitiendo que un texto sobre derechos humanos o memoria histórica llegue a un teléfono celular en el Guaviare o el Catatumbo por una fracción de lo que costaría enviarlo físicamente.

    Además, los ingresos generados por estas ventas online no alimentan fondos de inversión extranjeros; se reinvierten directamente en la financiación del periodismo independiente del propio medio.

    Es un circuito cerrado de economía solidaria: el suscriptor compra un libro digital para sostener la línea editorial del periódico y, a cambio, recibe un contenido analítico que rara vez circula en las grandes superficies.

    Dos lógicas para la misma página.  

    El nuevo orden de la lectura en Colombia no se define por el soporte, sino por la intención detrás del clic. Mientras las grandes plataformas de comercio electrónico optimizan la experiencia de compra masiva basándose en el comportamiento de datos y la facturación a escala.

    las librerías virtuales de los medios alternativos rescatan el valor del libro como un artefacto de debate social.

    Ambos mundos coexisten en el ecosistema digital de un país que, paso a paso, eleva su promedio de lectura apoyado en la comodidad de una pasarela de pagos.

    Está es la esencia de nuestra tienda…. Las ventas de todos nuestros libros van en aumento y quisimos darle las gracias a todos uds por el crecimiento de nuestra tienda.

    Si les interesa pueden ver nuestra tienda por acá y muchas gracias por apoyar el periodismo alternativo!

    https://miraleeperiodicocultural.com/miralee-tienda/

     

  • El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    Hay festivales que son vitrinas de vanidades, pasarelas de alfombra roja donde el cine se consume como si fuera comida rápida.

    Y luego están las trincheras. Esas esquinas del mapa donde hacer una película no es una cuestión de ego, sino un acto de pura supervivencia cultural.

    En este 2026 de pantallas saturadas y algoritmos dictando qué debemos ver, el Bogotá International Film Festival (BIFF) acaba de activar sus motores para su duodécima edición.

    Pero no lo hace con fuegos artificiales vacíos. Lo hace con una declaración de intenciones que huele a asfalto, a oficina, a café trasnochado y a la búsqueda obsesiva de la próxima gran historia iberoamericana.

    La metamorfosis ha comenzado: el viejo *BIFF LAB* ha muerto. En su lugar, emerge el BIFF Producers Club.

    El cambio de nombre no es un mero capricho de marketing; es un giro estratégico hacia el corazón del problema. En el cine, el guion es el mapa, pero el productor es el que consigue la gasolina.

    La letra chica del talento: Un filtro para sobrevivientes.  

    Bogotá no está buscando soñadores ingenuos; está buscando cirujanos del celuloide. La convocatoria, abierta desde el 25 de mayo hasta el 20 de junio, no es apta para aficionados.

    Las reglas del juego son claras, estrictas y transparentes, como debe ser cualquier convocatoria pública que se respete:

    – Trayectoria real: Empresas productoras con mínimo tres años de constitución legal.

    – Espalda financiera: Demostrar un portafolio de al menos tres largometrajes ya estrenados.

    – Proyectos sólidos: Ficciones de mínimo 70 minutos, con un guion maduro (mínimo en tercera versión) y el 10% de la financiación ya amarrada.

    – El criterio del jurado: Aquí no se premian las buenas intenciones. Un comité riguroso evaluará la originalidad del tratamiento visual, la coherencia del desarrollo y una viabilidad financiera que garantice que la película sea una realidad en un plazo máximo de tres años. Cine posible, no promesas rotas.

    Este blindaje institucional no es un esfuerzo aislado. Detrás del blindaje del *Producers Club* se teje una red donde se encuentran la Secretaría de Cultura, el Macrosector de Industrias Creativas de la Cámara de Comercio y la Comisión Fílmica de Bogotá (Idartes). Cooperación pública y privada real, lejos de la burocracia paralizante.

    Tres días de octubre en el epicentro del caos creativo.  

    Quienes logren pasar el filtro no irán a Bogotá a pasear. En octubre, bajo el ala del Bogotá Creative Connect, los seleccionados se encerrarán durante tres días en una maratón de supervivencia profesional.

    No habrá conferencias aburridas de manual. La agenda está diseñada como un campo de entrenamiento de alto nivel: Think Tanks para repensar el negocio, paneles de discusión sectorial, Fam Trips para entender la ciudad como un set vivo, y las siempre cruciales reuniones One-to-one.

    Citas a ciegas pero con inversores, distribuidores y expertos del audiovisual mundial programadas al milímetro.

    El objetivo colateral es claro: consolidar a Bogotá no solo como una locación bonita, sino como el verdadero cerebro creativo de la región.

    El reloj ya corre. Hay tres semanas para postular, para demostrar que el cine iberoamericano tiene los dientes afilados y que las historias de este lado del mundo no necesitan pedir permiso para ser universales. Las bases están en la web del festival; la suerte, para los que se atrevan, ya está echada.

  • Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    En el vertiginoso mercado de la atención, donde la comunicación suele reducirse a un ruido blanco de algoritmos y métricas vacías, existe un refugio en Bogotá que opera bajo una lógica distinta.

    No es una oficina, aunque allí se trabaje con la precisión de un relojero; no es una fábrica de contenido, aunque sus productos circulen por las venas de la cultura continental.

    Se trata de Casa ARC, un colectivo donde se han unido saberes que, tras dos décadas de existencia y consolidada este año, ha logrado lo que parece imposible en la era de la obsolescencia programada: construir un legado basado en el rigor y la honestidad.

    Fundada en 2005, pero consolidada este año, Casa ARC no nació para seguir tendencias, sino para fundar desde una ética del acompañamiento.

    Mientras el mundo se obsesionaba con lo efímero, el equipo liderado por Nicolás Acosta Alarcón, Litza Alarcón Romero y Samuel Acosta Alarcón decidió que la comunicación estratégica debía ser.

    ante todo, un acto de fe compartido además de un saber compartido entre comunicación, publicidad y producción audiovisual dónde todas las formas de saberes son bienvenidas.

    Su premisa es tan simple como radical: *»El legado no se hereda, se construye»*. (En este caso es generacional: las historias que están construyendo Lizbeth con sus hijos) lo han hecho ladrillo a ladrillo, habitando ese espacio gris —y a menudo ignorado— entre la intención de una marca y la sensibilidad de su audiencia.

    Entrar en la narrativa de Casa ARC es recorrer una arquitectura de «Portones». No son secciones departamentales en el sentido burocrático, sino habitaciones especializadas donde los proyectos respiran. El Portón de Cine quizás su faceta más romántica y a la vez técnica, ha sido el útero de más de cien películas.

    En un país como Colombia, donde hacer cine es un acto de heroísmo cotidiano, Casa ARC se ha erigido como el aliado silencioso que sabe transformar un guion en un fenómeno cultural.

    No se limitan a «vender» una película; la habitan, comprenden su pulso y la traducen para un público que busca algo más que entretenimiento.

    Pero el santuario no se queda en la oscuridad de la sala de proyección. Se expande hacia el Turismo y la Cultura, entendiendo que viajar y crear son formas gemelas de la curiosidad humana.

    Aquí, la comunicación abandona el tono transaccional para convertirse en un relato de identidad. Y en su Sala de Prensa el ejercicio periodístico recupera su sello editorial, ese criterio que se ha perdido en la carrera por el clic fácil.

    Hay una elegancia casi anacrónica en su forma de gestionar la información: prefieren la claridad al estruendo, la esencia al artificio.

    Lo que hace a Casa ARC un fenómeno digno de análisis no es solo su longevidad, sino su capacidad para mantenerse como un «Santuario» en medio del caos corporativo. Es una anomalía saludable en el ecosistema bogotano.

    En sus oficinas, el concepto de «cocreación» no es una palabra de moda en un PowerPoint, sino una metodología donde el cliente deja de ser un emisor para convertirse en parte de un ecosistema vivo.

    Al final, la trayectoria de estos veinte años nos deja una lección sobre la sostenibilidad del pensamiento crítico aplicado a la empresa.

    Casa ARC demuestra que la comunicación, cuando se ejerce con criterio y alma, es capaz de sobrevivir a las crisis de modelo y a las mutaciones digitales. No solo han gestionado marcas; han custodiado historias.

    Y en un mundo que parece haber olvidado cómo escucharse, tener un lugar donde el ruido se transforma en claridad es, posiblemente, el mayor acto de vanguardia que podemos presenciar.

    ¿Es posible comunicar sin traicionar la esencia? En Bogotá, detrás de unos portones que miran al futuro con la calma de quien sabe lo que ha construido, la respuesta es un rotundo y creativo sí.

  • De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    Hay historias que el poder prefiere mantener bajo el polvo del olvido, pero hay memorias que tienen la mala costumbre de no callarse nunca.

    En 1966, mientras el país miraba hacia otro lado, 800 quijotes con tiza en mano decidieron que ya no aguantaban más el hambre, el desprecio y el olvido institucional. No pedían lujos; pedían lo elemental: dignidad para enseñar.

    El rugido de los estómagos vacíos.  

    Imagina la escena: Santa Marta, un calor que quema hasta las ideas y un grupo de docentes que no han recibido su sueldo en nueve meses.

    La respuesta del Estado, como suele ser costumbre, fue el silencio. Entonces, la indignación se transformó en asfalto.

    Lo que comenzó como una protesta local se convirtió en La Marcha del Hambre, una epopeya de 1.600 kilómetros que atravesó la geografía de un país que históricamente le ha dado la espalda a sus aulas.

    No fue un camino de rosas. Fue un calvario de ampollas, sed y persecución. De los 800 que salieron, solo 86 valientes lograron pisar la fría Bogotá para mirar a los ojos al presidente Carlos Lleras Restrepo.

    Esos 86 no solo llevaban sus cuerpos agotados; cargaban con la esperanza de todo un gremio que entendió que, si el Gobierno no escucha las razones, tendrá que escuchar el eco de los pasos en la calle.

    La pantalla como trinchera de memoria. 

    Hoy, sesenta años después, esa gesta no se queda en los libros de historia que nadie lee. La directora y docente Sorany Marín Trejos ha decidido que el cine es la mejor herramienta para desenterrar la verdad.

    Su documental, *La Marcha del Hambre*, no es solo una película; es un acto de reparación.
    «Esta obra es el espejo de una lucha que aún no termina. Es justicia poética para quienes sembraron las bases del Estatuto Docente con el sudor de su frente.»

    La cinta ya está haciendo ruido en el exterior, cosechando premios en festivales de Uruguay, demostrando que la lucha por la educación pública es un lenguaje universal.

    Mientras algunos se empeñan en romantizar la precariedad, este documental nos recuerda que los derechos no se mendigan, se conquistan.

    ¿Por qué esta historia nos quema las manos hoy?

    Ver este documental no es un ejercicio de nostalgia. Es una bofetada de realidad para entender de dónde venimos:

    – El origen de la carrera: Sin esos kilómetros recorridos, el Estatuto Docente que hoy protege a miles de maestros sería una fantasía.

    – La unión como músculo: Demuestra que cuando el magisterio se une, no hay distancia ni frío que lo detenga.

    La deuda eterna: Nos recuerda que el Estado colombiano sigue teniendo una cuenta pendiente con la educación rural y la dignidad de quienes forman el futuro. (Aunque ahora con este gobierno se está subsanando).

    El veredicto de la calle
    Desde este 14 de mayo, las salas de cine se convierten en aulas de resistencia. No es solo cine para maestros; es cine para cualquier colombiano que crea que la educación es el único camino real hacia la libertad.

    No permitamos que el sacrificio de esos 86 héroes se pierda en el ruido de la política barata de siempre.

    Que se llenen las salas, que se incomoden los de arriba y que se escuche fuerte el grito que todavía resuena desde 1966: ¡Dignidad para el maestro, educación para el pueblo!

    La memoria es el único antídoto contra la repetición de las injusticias. Nos vemos en el cine, porque un pueblo que olvida sus marchas está condenado a caminar en círculos.
    ¡Hasta la victoria de la inteligencia! ✊📽️

    Puedes ver el trailer aquí.   https://youtu.be/X5ZrTn-5QG4?si=XE_8JxI8qBuvIBO5

     

  • Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali no solo baila; ahora, se piensa y se proyecta desde la entraña. Mientras el mundo observa a las grandes metrópolis de concreto y cristal, la capital del Valle ha decidido apostar por lo que nadie más tiene:

    la sangre y el barrio. Esta apuesta, arriesgada y genuina, la tiene hoy sentada en la mesa de los finalistas de los Premios Iberoamericanos de Turismo Inteligente, cuya gala final hará vibrar a Río de Janeiro este 27 de abril.

    No es una nominación de oficina ni un galardón de escritorio. Es el reconocimiento a una ciudad que ha entendido que la «inteligencia» en el turismo no es solo tener Wi-Fi en las plazas, sino saber leer el ADN de su gente.

    El susurro de los ancestros en el asfalto.  

    En la categoría de Inclusión Social, Cali compite con un proyecto que rompe cualquier molde convencional: ‘Territorios Ancestrales’.

    Es, en esencia, la reivindicación del turismo indígena urbano. ¿Quién dijo que lo ancestral solo vive en la selva o la montaña?

    En las calles caleñas laten ocho comunidades que han decidido abrir sus puertas bajo un modelo de gobernanza real, basado en el consentimiento y el respeto.

    Con 35 emprendimientos validados y el eco de siete idiomas nativos resonando entre el ruido del tráfico, Cali le está diciendo a Iberoamérica que la inclusión no es un favor, sino una estrategia de mercado consciente.

    Es turismo con rostro, con historia y con una metodología que pone la dignidad de la comunidad por encima de la foto del visitante.

    El Obrero: Donde el patrimonio se suda y se baila. 

    Por otro lado, en la categoría de Patrimonio, la ciudad ha puesto sus fichas en un nombre que es pura mística: el Barrio Obrero.

    Aquí, la salsa no es un disco que suena de fondo; es un patrimonio vivo que respira en cada esquina. El proyecto nominado es una oda a la renovación urbana que no busca desplazar, sino potenciar.

    Con una inversión que roza los $20.000 millones y más de 9.000 metros cuadrados intervenidos, el Obrero se ha convertido en un museo a cielo abierto donde la economía local se dinamiza al ritmo del timbal.

    Se trata de proteger el alma de la ciudad para que el turista no solo vea, sino que entienda por qué Cali es la capital mundial de este género. Los 39 emprendimientos locales fortalecidos son la prueba de que la cultura, cuando se gestiona con inteligencia, es el motor económico más potente que existe.

    Un sello de validación internacional.  

    La presencia de Cali en el Foro Iberoamericano de Destinos Turísticos Inteligentes (FIDI) no es casualidad.

    Bajo la directriz del alcalde Alejandro Eder y la ejecución de la Secretaría de Turismo y casa ternario la ciudad está validando un modelo que mezcla la innovación con la raíz.

    Como bien dice María Fernanda Campuzano, secretaria de Turismo, se trata de demostrar que el turismo inteligente se construye desde las comunidades.

    Cali llega a Brasil no como una invitada más, sino como una referente de sostenibilidad e inclusión. Estas dos nominaciones son un mensaje claro para la Red Iberoamericana: el futuro del turismo no está en replicar modelos europeos, sino en profundizar en la identidad propia.

    Cali está demostrando que el turismo inteligente también se construye desde las comunidades y desde el patrimonio vivo que nos identifica ante el mundo.

    El próximo 27 de abril, en el corazón de Río, se sabrá si estos proyectos se traen el oro. Pero, más allá del metal del trofeo, Cali ya ganó.

    Ganó el respeto de sus pares y, sobre todo, reafirmó que su mayor riqueza no está en las vitrinas, sino en la fuerza de su gente indígena y el repique de sus barrios populares. Cali está lista para el mundo, pero bajo sus propios términos.