Categoría: Creatividad

  • Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    El Teatro Jorge Isaacs no es solo un edificio de arquitectura neoclásica; es una caja de resonancia donde los fantasmas de Cali y sus esperanzas más urgentes se sientan en la misma fila.

    La noche del estreno, el aire afuera era el de siempre: denso, cargado de esa humedad del trópico que parece retener los murmullos de la calle.

    Pero adentro, el silencio tenía otra textura. Se inauguraba la vigésima sexta versión del Festival Internacional de Poesía de Cali, y la consigna —»Apertura del cielo: donde la palabra se hace territorio»— no era un simple eslogan, era una declaración de principios en una ciudad que intenta, a pulso, zurcir sus heridas.

    Cali es una ciudad que sabe de ruidos, de tambores y de gritos, pero que a veces olvida el peso del susurro.

    Por eso, este festival se presenta como una «infraestructura cultural viva». Julián Eduardo Arteaga Aguilar, desde su rol en la Secretaría de Cultura, lo dejó claro:

    no se trata de leer poemas en un pedestal, sino de tejer una red que baje de los cerros, que cruce las comunas y se pierda en los corregimientos. Una red que abraza para que nadie se caiga.

    En el escenario, la geografía se volvió una sola sustancia. Voces de Chile, Brasil, México, Venezuela y Bolivia se mezclaron con el cantado caleño y los acentos de la provincia colombiana.

    Fue un diálogo de fronteras rotas. El poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, con esa lucidez que otorga el oficio de mirar lo invisible, lo celebró como el cumplimiento de un sueño.

    Porque en Cali, la poesía ha dejado de ser un ejercicio solitario para convertirse en un encuentro ciudadano, en una apuesta política por la ternura.

    Pero el momento que detuvo el reloj no vino de los grandes nombres internacionales. Vino de la fragilidad que se hace fuerte.

    Salomé Salazar y Liam Vargas, dos pequeños del taller de poesía de la Fundación Valle del Lili, subieron al estrado.

    Ellos, que conocen los pasillos de los hospitales y el peso de la enfermedad, demostraron que la palabra es, ante todo, una medicina.

    Para estos niños, el verso no es un adorno; es el lugar donde el miedo se transforma en asombro y donde el dolor se permite ser otra cosa, quizás una imagen brillante.

    Tal vez el cielo sea este espacio breve, donde la voz del otro no es una amenaza, sino el puente que cruza el río de la ausencia, la semilla que germina en el desierto del olvido.”

    Mientras la voz de la cantante lírica Laura Villa llenaba los rincones del teatro, quedaba claro que la ciudad estaba ensayando una nueva forma de habitarse.

    Hasta el 9 de mayo, la programación promete ser un asalto pacífico a los espacios públicos: desde el recital afro “Raíz y tambor” en la Universidad Antonio José Camacho, hasta los recorridos patrimoniales por el centro histórico donde los fantasmas de los poetas de antaño seguramente se unirán a la caminata.

    No es poca cosa. En una época donde el lenguaje parece agotado por la confrontación, que Cali decida que su cielo esté «abierto para todas las voces» es un acto de resistencia.

    Se habla de poesía urbana, de slam, de lenguajes del futuro en Yawa y de bibliotecas que se llenan de gente que no va a buscar datos, sino a buscarse a sí misma en el verso ajeno.

    La clausura en la Sala Beethoven será el cierre de este «coro de voces que permanecen», pero la verdadera crónica se escribirá en la calle, cuando el festival termine y la gente se lleve, bajo el brazo o en la memoria, una palabra nueva para nombrar su propio territorio.

  • El ocaso de las pasarelas de papel: Miranda Priestly en la era del clic.

    El ocaso de las pasarelas de papel: Miranda Priestly en la era del clic.

    El eco de los tacones de aguja sobre el mármol de Elias-Clarke ya no suena a poder, sino a nostalgia. En la secuela que nadie pidió pero que la realidad nos impuso, *El diablo viste a la moda* ha dejado de ser un manifiesto sobre el azul cerúleo para convertirse en la autopsia de una industria que se desangra entre algoritmos y muros de pago.

    Miranda Priestly no está luchando contra una nueva diseñadora de vanguardia; está luchando contra un adolescente en TikTok que tiene más relevancia que una portada de setecientas páginas.

    El prestigio no paga el servidor. 

    La premisa es cruda. Aquella redacción blindada, donde una mirada de Miranda podía hundir una colección entera, ha sido invadida por la tiranía de las métricas en tiempo real.

    El periodismo, ese que se cocía a fuego lento entre contactos exclusivos y fuentes de alto nivel, ha sido desplazado por el engagement.

    En esta nueva crónica de supervivencia, el conflicto central no es si Andy Sachs puede encontrar un manuscrito inédito de Harry Potter, sino si puede salvar una cabecera histórica de convertirse en una granja de contenido. La moda es el decorado; el verdadero villano es la obsolescencia del intermediario.

    Las nuevas reglas del juego informativo.  

    Lo que esta historia nos susurra al oído es que el periodismo ya no se dicta desde un despacho en la Quinta Avenida.

    Se ha democratizado hasta la anarquía. Veamos cómo han cambiado las fuerzas:

    – Del Gran Editor al Influencer: Antes, Miranda filtraba la realidad para las masas. Hoy, las masas eligen su propia realidad a través de nichos. La autoridad ha sido sustituida por la afinidad.

    – La Dictadura del Clic: Ya no importa la profundidad de la crítica, sino la velocidad del titular. Si no genera un impacto en los primeros tres segundos, no existe.

    – Contenido vs. Información: La línea se ha borrado. El periodismo de moda ahora compite con el lifestyle patrocinado, donde la ética se negocia por un código de descuento.

    «En mis tiempos, nosotros decidíamos qué era importante. Ahora, un logaritmo decide qué es verdad.» — Una Miranda Priestly enfrentada a su tablero de Google Analytics.

    La rebelión de las sombras. 

    Andy Sachs ya no es la joven ingenua que despreciaba el sector. Ahora es la profesional que entiende que el periodismo de calidad es un lujo que pocos pueden costear.

    Su lucha representa la de miles de cronistas que intentan mantener el rigor en un mar de fake news y contenido efímero.

    La película nos plantea una pregunta incómoda: ¿Qué queda de la verdad cuando la estética es lo único que vende? La respuesta no está en las pasarelas, sino en la capacidad de adaptación. El nuevo periodismo no es solo informar; es curar el caos.

    El veredicto de la redacción. 

    El cierre de esta crónica no es un «adiós», sino un «actualizar página». La moda pasará, las revistas físicas terminarán como objetos de colección en mesas de café pretenciosas, pero la necesidad de contar historias seguirá ahí.

    Miranda Priestly, con su cabello plateado y su voluntad de hierro, se da cuenta de que para seguir siendo la reina, tiene que aprender a hablar el lenguaje de los datos sin perder el alma de la narrativa.

    Porque al final del día, no importa si vistes de Prada o de una tienda de segunda mano; lo que importa es si lo que tienes que decir es capaz de detener el *scroll* infinito de una sociedad anestesiada.

    El diablo ya no viste a la moda. El diablo ahora gestiona tu flujo de información, y si no tienes cuidado, te hará creer que el ruido es música. Eso es todo.

    Porque decidimos hacer esto? Por qué el buen periodismo es una trinchera de calidad frente al click constante.  Si logras un buen contenido y más si es de calidad, te das cuenta que vas creando un manifiesto, con tus reglas.

    Y eso es lo que mantenemos aquí.  Los valores y las reglas que compartimos tanto nosotros como uds como comunidad.

    Esto es lo que nos mantiene.  Tener la calidad que la cantidad constante.

  • El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El pasado 14 de abril no fue un domingo cualquiera en el calendario de la burocracia estatal colombiana.

    Mientras las cámaras en los sets de rodaje descansaban, una pulsión distinta se cocinaba en las oficinas del Ministerio TIC.

    Allí, donde las frecuencias se reparten y los presupuestos se firman con la frialdad de quien nunca ha cargado un trípode bajo el sol del mediodía, se gestó un encuentro que muchos han tildado de histórico.

    No fue una reunión de cortesía, fue un careo necesario entre quienes crean la identidad visual del país y quienes administran sus recursos.

    La ministra Carina Murcia Yela y los gerentes de la televisión pública —esa red que va desde RTVC hasta los rincones de Telecafé, Canal Trece, Capital y Telecaribe— se sentaron a la mesa.

    Al otro lado, no había solo delegados; había el peso de más de 400 firmas. Cuatrocientas rúbricas que representan a directores, técnicos, guionistas y productores que, cansados de ser el eslabón más débil de la cadena, decidieron que el silencio ya no era una opción narrativa válida.

    El detonante es una verdad que se sabe a voces en los pasillos de las productoras: la crisis de financiación y la precarización laboral han dejado al sector audiovisual en un estado de anemia creativa.

    Durante años, el «talento colombiano» ha sido el eslogan favorito de los gobiernos, pero detrás del brillo de los premios y las alfombras rojas, se esconde un gremio que lucha contra contratos leoninos y presupuestos que se desvanecen antes de llegar a la etapa de postproducción.

    Sin embargo, el encuentro arrojó luces de esperanza, o al menos, una hoja de ruta que parece menos abstracta que las promesas de antaño.

    El acuerdo principal se traduce en la creación de dos Mesas Técnicas que prometen ser el campo de batalla de las ideas.

    La primera, denominada «ABRE CÁMARA», tiene una misión casi de urgencia médica: proteger, restaurar y aumentar el presupuesto.

    No se trata solo de dinero, se trata de dignidad. La premisa es clara: no puede haber cultura robusta si el trabajador que la produce vive en la incertidumbre.

    La segunda mesa apunta al corazón de la industria: RTVC y el Mercado de Coproducción. Aquí se busca reactivar un mecanismo que debería ser el motor del fomento público, pero que a menudo se atasca en el fango de la tramitología.

    Si este mercado se convierte en un flujo continuo y transparente, el cine y la televisión colombiana podrían dejar de ser un ejercicio de supervivencia para convertirse en una industria sostenible.

    Pero el diablo está en los detalles normativos. Por ello, la revisión de la Resolución 3556 de 2024 se presenta como el gran hito técnico. El gremio ha exigido que los recursos del FUTIC no se queden en el aire, sino que garanticen condiciones laborales justas.

    A esto se suma el compromiso de los canales regionales para respetar los tiempos de ley en las convocatorias.

    Parece un tecnicismo, pero para un creativo que debe presentar un proyecto sólido, el tiempo es el único capital que no se puede reponer.

    A pesar de las sonrisas para la foto oficial, el ambiente que queda es de una «vigilancia armada» de argumentos.

    El gremio sabe que los cambios de gobierno suelen ser los verdugos de los acuerdos previos. Reconocen la apertura al diálogo, pero el mensaje es contundente: no bajarán la guardia. La unidad lograda no es un evento fugaz, sino una nueva forma de articulación política.

    La crónica de este sector ya no se escribe solo en los guiones de ficción; se está escribiendo en las actas de compromiso.

    El 14 de abril fue el primer plano de una nueva escena donde los trabajadores del audiovisual colombiano han decidido que, por fin, ellos también tienen el control del montaje final.

  • El Pulso de los Bits: Donde el Pincel Encuentra al Algoritmo.

    El Pulso de los Bits: Donde el Pincel Encuentra al Algoritmo.

    El aire en Yawa no era el de una oficina común; olía a esa mezcla particular de ozono, café recién colado y la electricidad estática que surge cuando las ideas chocan.

    No era una reunión más. Bajo el techo del Centro de Ciencia, Arte y Tecnología, se estaba gestando un mapa, no de territorios, sino de voluntades.

    Frente a frente, los pinceles de la Secretaría de Cultura, la estructura de CoCrea y la visión de los agentes artísticos de la región se sentaron a la mesa para hablar del desarrollo de la región desde la creatividad.  El invitado de honor, invisible pero omnipresente, era el algoritmo.

    Hubo un tiempo en que el arte se medía por el cansancio del brazo y la mancha de óleo en la mejilla. Hoy, el lienzo es un prompt y el pincel, una secuencia de ceros y unos. (Aunque a veces se muestra de una mezcla entre lo análogo y digital como en la peli llueve sobre Babel).

    La crónica de este encuentro no habla de máquinas reemplazando humanos, sino de la metamorfosis de la herramienta. (Cómo utilizarla, como adaptarla a nosotros mismos, se puede decir que hay una ética también impuesta? O algo más orgánico).

    Los agentes creativos, esos guardianes de la sensibilidad local, no llegaron con miedo, sino con preguntas afiladas. ¿Dónde termina la autoría y empieza el procesamiento de datos? ¿Cómo se protege el alma de una obra cuando su arquitectura es generativa?

    El diálogo fue un ejercicio de transparencia radical una disección necesaria sobre cómo la Inteligencia Artificial está permeando el ecosistema.

    Lo que CoCrea y la Secretaría buscaban no era solo retórica. En un mundo saturado de especulaciones, los datos son el único suelo firme. La jornada se convirtió en una mina de oro de perspectivas:

    – La IA como co-creadora: La capacidad de expandir los límites de la imaginación humana.

    – El dilema ético: El respeto por los derechos de autor en el entrenamiento de modelos. (Importante que debimos haber desarrollado más en la investigación sobre la política de la IA el año pasado).

    – El impacto regional: Cómo Cali y su entorno pueden liderar la narrativa tecnológica sin perder su esencia rítmica y ancestral.

    Se buscaba consolidar métricas reales y orga. No basta con decir que la tecnología «está aquí»; es vital entender cómo afecta el bolsillo del artista, la velocidad de producción y la democratización del acceso a herramientas de vanguardia. Fue un escaneo profundo a la salud digital de nuestro sector.

    A medida que avanzaba la tarde, la tensión entre lo analógico y lo digital se disolvió en una síntesis estratégica.

    El espacio de diálogo en Yawa funcionó como un laboratorio de políticas públicas en tiempo real. Los artistas, acostumbrados a la soledad del taller, se descubrieron como nodos de una red más grande.

    La conclusión silenciosa que flotaba en el ambiente era clara: no se trata de resistir a la corriente, sino de aprender a navegarla con el timón en manos humanas.

    La inteligencia artificial en la región ya no es una promesa futurista en un libro de ciencia ficción; es el presente que se está codificando hoy mismo en las mesas técnicas.

    Al salir de Yawa, el atardecer caleño parecía tener un brillo distinto, casi pixelado por la intensidad de la jornada. Lo que se logró en esa acción conjunta no fue solo un informe de gestión; fue el acta de nacimiento de una nueva forma de entender la cultura.

    El ecosistema creativo ha sido mapeado. Los datos ahora tienen rostro y las métricas, propósito. En este diálogo estratégico, se entendió que la tecnología solo es poderosa si está al servicio de la identidad.

    Porque, al final del día, detrás de cada línea de código que genera una imagen o una melodía, sigue habiendo una mano humana buscando conectar, expresar y, sobre todo, permanecer.

  • La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La semana pasada estuvimos viendo el estreno de la peli llueve sobre Babel.  Antes de dar nuestra reseña sobre la peli queremos detallar 3 cosas importantes sobre la película.

    La primera es como sin tantos recursos técnicos (pues sin tanto cgi o algo sobre desarrollo de tecnología en la película) el desarrollo del guión y de la creatividad de la directora fueron clave.

    La construcción del relato no fue un ejercicio de caligrafía mansa, sino un forcejeo constante contra el silencio de una ciudad que se fragmenta.

    El guión se gestó en el centro de un torbellino donde la palabra no busca adornar, sino morder la realidad; se trató de capturar el eco de las voces que se pierden entre el cemento y la desidia, transformando el caos cotidiano en una estructura sólida de tensión y significado.

    Cada línea fue depurada con la obsesión de quien sabe que la verdad solo aparece cuando se despoja al lenguaje de sus máscaras habituales.

    La creatividad, por su parte, emergió como un acto de resistencia frente a los moldes predecibles del cine convencional.

    No hubo espacio para la complacencia visual, sino para una estética del desgarro que obligó a reinventar la forma de mirar el conflicto.

    Fue un proceso de alquimia urbana donde el desencanto se convirtió en potencia narrativa, logrando que el guión no solo contara una historia, sino que funcionara como un espejo incómodo, devolviendo una imagen cruda y vibrante de un mundo que se deshace bajo su propio peso.

    La creatividad de la historia misma, más el desarrollo del guión y desarrollo de personajes fue muy importante, fue una forma única de desarrollar la historia de cada uno de los personajes.

    La estética retrofutirista también logro un equilibrio junto con la historia tanto de los personajes como del guión.  El vestuario es un complemento potente sobre la estética retrofutirista también y personajes como María (la lagartija) fueron también dignos de mostrar con la estética.

    Por último los personajes y sus historias se fueron desarrollando de forma orgánica a la historia.

    Lo dejamos así para que si te gustan las historias bien contadas, con un guión atrapante (como dicen alguna de las reseñas), una estética única y desarrollo de personajes sin igual…. Vayan a verla que está en la cinemateca la tertulia, Unicentro y Chipichape.

  • Cali se está consolidando como un destino multifacético.

    Cali se está consolidando como un destino multifacético.

    Un destino de bienestar, cultural, comunitario, hasta de media arts….  E incluso cinematográfico (Y te estarás preguntando que es media arts y crearemos pronto una investigación de cali como un destino conematografico).

    Detengamonos un momento en este caso particular y centremonos en cali como una ciudad cultural y de media arts….. Para que puedan entender como están relacionadas.

    Cali no es solo el epicentro del ritmo; es la única ciudad en Suramérica que ostenta con orgullo el sello de Ciudad Creativa de las Artes Mediales por la UNESCO, una medalla ganada no por decreto, sino por el pulso de sus 876 empresas de medios digitales y software que hoy hackean la nostalgia para proyectar el futuro.

    En la «Sucursal del Cielo», el algoritmo se rinde ante el tambor: solo en la última edición del Sucursal Fest 2025, más de 12.000 asistentes fueron testigos de cómo 635 artistas locales y globales fusionaron el mapping y la IA con la identidad del barrio, demostrando que aquí la tecnología no es una herramienta de consumo, sino un arma de resistencia cultural.

    Este ecosistema no se detiene en la estética, sino que se blinda con una inversión histórica de $13.000 millones de pesos inyectados en 2026 para fortalecer la creación y circulación de estas nuevas narrativas.

    Con festivales que ya movilizan a más de 2.2 millones de personas al año, Cali ha dejado de ser solo una referencia geográfica para convertirse en un nodo de exportación creativa, donde obras de arte digital nacidas en la Sultana del Valle hoy conquistan escenarios en Karlsruhe y Braga.

    La ciudad no solo consume cultura; la procesa en código, la baila en 3D y la protege como el patrimonio vivo que es: un laboratorio indómito donde la memoria se pixeliza para no morir jamás.

    Está es la esencia de cali como un destino cultural y al tiempo de media arts: donde el arte, la tecnología y los algoritmos se han fusionado…. Y por eso hay una alianza con braga (en Portugal) para mostrarse como un destino de artes mediales que lo estaremos detallando por acá.

    Estos días llegó el director de FAZ cultura en braga, Portugal.  Es una organización que trabaja en el desarrollo de iniciativas culturales en el campo de las artes digitales y contemporáneas.

    Este director ha creado proyectos de braga media arts (en Portugal) como una oportunidad de ampliar vínculos entre ambas ciudades y explorar nuevas rutas de cooperación de muchos sectores culturales.

    Cali fortalece muchos lazos ente dos sectores importantes que le apuestan a la innovación, la creación y diálogo entre sectores culturales y ampliando las oportunidades para artistas y gestores.

    Así que cali se esta convirtiendo en un destino versátil para las diversas muestras culturales a nivel nacional e internacional.

     

  • Tu libertad creativa empieza donde termina tu miedo: El salto del papel a la red.

    Tu libertad creativa empieza donde termina tu miedo: El salto del papel a la red.

    ¡Qué onda! Si estás leyendo esto, es porque el algoritmo —o el destino— sabe que tenés una idea quemándote las manos y un miedo que te frena los pies.

    Vamos a hablar de frente, sin vueltas, al hueso: tu zona de confort no es un refugio, es una jaula con Wi-Fi.

    Para levantar un negocio creativo y online en este ecosistema donde todos gritan pero pocos dicen algo, no necesitás más tutoriales de YouTube. Necesitás romper el vidrio de emergencia y saltar.

    El mito del «momento perfecto.  

    Esperar a que el diseño de tu logo sea impecable, a que tengas la cámara de mil dólares o a que el mercado «se estabilice» es la forma más elegante de procrastinar.

    La zona de confort se disfraza de perfeccionismo. Nos dice que estamos siendo «detallistas», cuando en realidad estamos aterrados de que alguien vea nuestra primera versión y nos juzgue.

    En el mundo digital, lo hecho es mejor que lo perfecto. Si lanzás algo y no te da un poquito de vergüenza un año después, es porque lanzaste demasiado tarde.

    Salir de la zona de confort significa publicar ese primer post con errores, ofrecer ese servicio cuando todavía sentís el «síndrome del impostor» respirándote en la nuca y entender que el aprendizaje real ocurre en el barro, no en el pizarrón.

    Desaprender para emprender.  

    La mayoría venimos formateados por un sistema que premia la obediencia y castiga el error. En un negocio creativo, ese chip es veneno.

    Dejá de ser espectador: Consumir contenido de otros creadores te da una falsa sensación de progreso. «Estoy estudiando la competencia», decís mientras hacés scroll por tercera hora consecutiva. Error. Salir de la zona de confort es cerrar la pestaña de los demás y abrir la hoja en blanco propia.

    Monetizá tu rareza: Tu negocio online no va a funcionar si intentás copiar la estética de la cuenta que ya es exitosa.

    Lo que te hace «raro», tus obsesiones, tu forma de hablar, ese ángulo incómodo… eso es lo que se vende. Exponer tu verdadera identidad es el acto de mayor valentía y salida de confort posible.

    La hoja de ruta para el salto digital.  

    Si querés transmutar tu creatividad en un activo real, tenés que aceptar tres verdades incómodas:

    1. Vas a ser invisible un tiempo: Publicar y que nadie dé «like» es el entrenamiento necesario. Te enseña a crear por convicción, no por validación externa.

    2. La tecnología es un medio, no el fin: No te escondas detrás de la configuración técnica del sitio web. Una landing page sencilla con un mensaje potente vende más que una obra de ingeniería digital sin alma.

    3. Vender es ayudar: Si creés que vender es «molestar», seguís en tu zona de confort moral. Si tu propuesta creativa soluciona algo o inspira a alguien, tenés la obligación ética de cobrar por ello para que sea sostenible.

    El costo de no moverse.  

    Miralo de esta forma: el riesgo de emprender online es que te vaya mal y tengas que volver a lo que hacés ahora.

    Pero el riesgo de quedarte donde estás es mucho peor: es despertarte dentro de diez años preguntándote qué hubiera pasado si te hubieras animado a apretar el botón de «Publicar».

    La red ya está tejida, pero solo aparece cuando saltás. Tu negocio creativo no es un plan de negocios en un PDF, es una extensión de tu libertad. Y la libertad, amigos, nunca se encontró sentada en el sofá de lo conocido.

    Menos análisis, más parálisis rota. El mundo online no espera a los que están listos, premia a los que se atreven a empezar mientras todavía están temblando.

     

  • El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El asfalto todavía guarda el calor de los aplausos y las tablas de los teatros parecen vibrar con un eco que no se apaga.

    Si usted ha caminado por estos días entre la multitud, habrá notado que algo cambió: la ciudad dejó de ser un mapa de afanes para convertirse en un organismo que respira, grita y baila.

    El Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) no es solo un evento; es un asalto a la cotidianidad que nos recuerda que estamos vivos, aunque a veces se nos olvide entre tanto trámite y semáforo.
    Hasta este 12 de abril, el país se ha transformado en un epicentro de lo que llaman «artes vivas». ¿Y qué es eso?

    Para los puristas, una amalgama de teatro, danza, performance y circo. Para el que pasa por la plaza y se queda con la boca abierta, es simplemente la magia de lo irrepetible.

    Porque a diferencia del cine o de la pantalla del celular que nos tiene hipnotizados, aquí el error es parte del arte y el sudor del actor se siente desde la primera fila.

    Crónica de un rito colectivo.  

    La descentralización ha sido la gran protagonista. No se trata solo de las grandes salas con terciopelo rojo; el arte se ha filtrado por las grietas de 15 territorios, desde el Teatro Santander en Bucaramanga hasta los rincones de Quibdó y las calles de Riohacha.  Hemos visto de todo:
    Espectáculos de gran formato:

    Esas estructuras gigantes que desafían la gravedad y que hacen que hasta el más escéptico mire al cielo con asombro.

    La fuerza de lo local: Agrupaciones nacionales como el *Matacandelas* o *El Colegio del Cuerpo* demostrando que aquí la creatividad sobra, aunque a veces falte el presupuesto.

    El diálogo global: Compañías de China, Nueva Zelanda y Ruanda que, sin hablar nuestro idioma, nos han contado historias que entendemos perfectamente porque el dolor, la alegría y la resistencia son lenguajes universales.

    ¿Por qué importa quedarse hasta el último aplauso?

    En un mundo que parece desmoronarse en fragmentos digitales, el FIAV propone el encuentro físico.

    Es la política del cuerpo presente. La ministra lo ha dicho y el público lo confirma: la cultura no es un lujo de pocos, es un derecho de todos.

    Estos «Circuitos Vivos» han demostrado que el arte es el mejor antídoto contra la indiferencia.
    Si usted no ha ido, le quedan las últimas funciones para ser testigo de cómo una calle se convierte en un ring de boxeo poético o cómo un teatro patrimonial recupera su alma con una obra contemporánea.

    No busque el festival en los libros de texto; búsquelo en el brillo de los ojos de la gente que sale de una función sintiéndose un poco menos sola.

    El 12 de abril se cerrará el telón, las luces se apagarán y los artistas empacarán sus bártulos. Pero el rastro de lo que vimos se queda. Porque cuando el arte es «vivo», no muere cuando se acaba la función; se queda a vivir en la memoria de los que se atrevieron a mirar de frente.

    Mirá, leé y, sobre todo, viví. Que para eso es la vida, y para eso es el festival.

  • Estanislao Zuleta: El elogio de la dificultad en tiempos de algoritmos.

    Estanislao Zuleta: El elogio de la dificultad en tiempos de algoritmos.

    No era un hombre de academia acartonada, aunque las universidades se rindieran a sus pies. Era, más bien, un provocador del pensamiento, un tipo que entendía que leer no es consumir datos, sino dejarse devorar por la pregunta.

    Hoy, décadas después de que su voz se apagara, cabe preguntarse frente al espejo de esta modernidad líquida: ¿Sigue en pie el legado de Estanislao Zuleta o es solo un eco romántico en bibliotecas vacías?

    Para nosotos, de la mente, la respuesta no es un sí complaciente. El legado de Estanislao no es una estatua que cuidar, sino un incendio que mantener vivo.

    La seducción de la armonía (El peligro actual). 

    Zuleta nos advirtió sobre la «idealización del paraíso». Esa tendencia humana —hoy potenciada por redes sociales y burbujas de filtros— de desear un mundo sin conflictos, una paz de cementerio donde todos piensen igual.

    «Deseamos un mundo donde el pensamiento sea innecesario porque ya tenemos todas las respuestas.»

    En el 2026, donde la Inteligencia Artificial nos ahorra el «suplicio» de redactar y donde el pensamiento crítico a veces se siente como un estorbo para la productividad, el Elogio de la Dificultad de Estanislao resuena como un grito de guerra.

    Él nos enseñó que la democracia no es la ausencia de conflicto, sino la capacidad de tramitarlo sin recurrir a la violencia. Si hoy cancelamos al que piensa distinto en lugar de debatirlo, le estamos fallando a Estanislao.

    ¿Se mantiene en pie?

    Si miramos la superficie, el panorama es gris. La educación se ha volcado hacia la técnica, hacia el «saber hacer» para el mercado, olvidando el «saber ser» para la libertad.

    Sin embargo, en las grietas del sistema, el viejo maestro sigue respirando:

    En los colectivos de base:

    Donde el pensamiento se usa para desarmar la mano y armar el argumento.
    En la lectura sospechosa: Esa que Zuleta practicaba con Nietzsche, Marx y Freud, y que hoy algunos jóvenes retoman para no ser marionetas del algoritmo.

    En la duda metódica: En quienes prefieren la angustia de la pregunta a la seguridad de la mentira dogmática.

    El reto de miralee.

    Ser fiel a Zuleta no es repetir sus frases como mantras; es ejercer la ética de la interpretación. Estanislao no quería seguidores, quería interlocutores.

    Su legado se mantiene en pie cada vez que alguien decide no ser «un objeto de la historia», sino un sujeto que la cuestiona.

    La vigencia de su pensamiento se mide en nuestra capacidad de resistir a la simplificación. El mundo nos quiere binarios (blanco o negro, izquierda o derecha), pero Zuleta nos exige la complejidad.

    Él sabía que la verdad no es un destino, sino un camino lleno de baches, y que la madurez de un pueblo se mide por su capacidad de soportar la incertidumbre.

    Crónica de una resistencia necesaria
    Caminar hoy por una librería y encontrar sus textos es hallar un manual de resistencia. Mientras el mundo corre hacia la respuesta inmediata, Estanislao nos invita a sentarnos, a fumar un cigarrillo mental y a desconfiar de nuestras propias certezas.

    ¿Está en pie su legado? Sí, pero está amenazado por la pereza intelectual. No se mantiene solo por la inercia del tiempo, sino por la voluntad de quienes aún creen que pensar es la forma más alta de la rebeldía.

    Zuleta sigue vivo mientras existan humanos dispuestos a defender el derecho a la dificultad, a la contradicción y, sobre todo, a la libertad de no ser unánimes.

    Al final, como él decía, la cuestión no es si el legado se mantiene, sino si nosotros somos lo suficientemente valientes para sostenerlo. Porque una democracia sin pensamiento crítico es solo una escenografía, y un hombre sin preguntas es solo un engranaje. Estanislao no es pasado; es la tarea pendiente.

    Decidimos crear está crónica debido a que el sábado antes de semana santa estuvimos en un evento sobre la educación con Estanislao Zuleta.

    Estaremos reseñando sobre los textos más importantes de Estanislao Zuleta y su revolución educativa en el siglo xx en colombia.

  • ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    En las laderas de Siloé, en Cali, o en las calles empinadas de Ciudad Bolívar, en Bogotá, el silencio no es ausencia de ruido; es la pausa antes de que una historia sea escrita.

    Durante décadas, los autores emergentes de Colombia —esos que escriben en cuadernos de contabilidad o en las notas de un celular barato— han buscado un «lobby», una sala de espera que finalmente les abra la puerta al gran salón de la literatura.

    Hoy, esa sala de espera ha dejado de ser un espacio físico de mármol y recepcionistas distantes para convertirse en un ecosistema digital.

    Libby, más que una aplicación, ha surgido en el panorama cultural como el puente de plata para quienes no tienen apellido de linaje editorial pero sí una urgencia visceral por contar su territorio.

    El Eco de las Bibliotecas de Cuadra.  

    Mientras la tecnología avanza, en la base de la pirámide resisten los guardianes del saber: las bibliotecas comunitarias.

    Estos espacios, a menudo levantados con ladrillos de autogestión y voluntad pura, son el corazón del sistema circulatorio de la lectura en Colombia.

    No son solo depósitos de libros donados con hojas amarillentas; son laboratorios de paz. En una biblioteca comunitaria de un barrio popular, un joven no solo lee a García Márquez; ahí, gracias a la integración con plataformas digitales, descubre que sus propios versos sobre la realidad del «rebusque» y la esquina pueden ser publicados.

    «La biblioteca del barrio es el puerto, y la app es el barco que lleva nuestras voces a mares que nunca imaginamos», dice un tallerista de Quibdó mientras desliza el dedo por la pantalla de una tablet compartida.

    La Revolución de los Emergentes.  

    La magia ocurre cuando estos dos mundos colisionan. La aplicación Lobby actúa como un curador democrático.

    Permite que el autor que vive en el rincón más alejado de la Amazonía o en el bullicio de una plaza de mercado en Medellín, cargue su manuscrito, reciba feedback de una comunidad que entiende su contexto y, finalmente, conecte con lectores que buscan autenticidad por encima de marketing.

    Es una crónica de resistencia. En un país donde publicar un libro físico puede costar lo que una familia gasta en comida durante tres meses, la digitalización de la narrativa emergente es un acto de justicia poética.

    Las bibliotecas comunitarias se convierten en los nodos de esta red, ofreciendo el Wi-Fi y el café necesarios para que la inspiración no se apague por falta de datos.

    El Mañana Escrito a Mano y en Código. 

    Estamos siendo testigos de un cambio de guardia. La literatura colombiana ya no solo huele a tinta fresca en las ferias elegantes; huele a barrio, a selva y a ciudad real.

    Las bibliotecas comunitarias y las herramientas digitales como Libby están derribando los muros del clasismo literario.

    Al final del día, cuando el sol se oculta tras la cordillera, miles de autores emergentes cierran sus pestañas de navegación o sus libretas, sabiendo que su crónica ya no se quedará en un cajón.

    El lobby está lleno, la puerta está abierta y Colombia, por fin, se está leyendo a sí misma desde adentro.