Categoría: Noticias de arte colombia

  • La legislación es muy importante para evitar la gentrificacion en zonas residenciales para nómadas digitales en colombia.

    La legislación es muy importante para evitar la gentrificacion en zonas residenciales para nómadas digitales en colombia.

    El aire de la tarde en San Fernando Viejo se siente espeso, cargado con el olor a café de especialidad y ese murmullo constante de teclados que ha comenzado a suplantar la vieja salsa de los barrios tradicionales.

    Caminar hoy por Miraflores o Tequendama es asistir a una mutación silenciosa pero implacable. En las fachadas de las antiguas casas republicanas ya no cuelgan los avisos de «Se arrienda»; ahora brillan cajetines con claves digitales para huéspedes que pagan en dólares y miran la ciudad a través del filtro de una pantalla.

    Cali se ha convertido en el nuevo edén del nomadismo global. Una geografía idílica donde el bajo costo de vida y el clima tropical atraen a una legión de trabajadores remotos armados con laptops y pasaportes fuertes.

    Sin embargo, detrás de la romántica narrativa de la «libertad digital» y el intercambio cultural, se esconde una fractura urbana profunda.

    El mercado inmobiliario local ha entrado en una espiral de distorsión feroz: los contratos de arrendamiento tradicionales desaparecen para dar paso a la dictadura de las plataformas de hospedaje por días.

    Para el habitante de siempre, el caleño que vive en pesos, habitar su propio vecindario se ha transformado en un lujo prohibitivo.

    La gentrificación no es un proceso abstracto; tiene nombres, rostros y dinámicas de exclusión muy concretas. Cuando los propietarios descubren que una semana de alquiler a un diseñador de software extranjero genera los mismos ingresos que un mes entero de un inquilino local, el tejido comunitario se rompe.

    Las panaderías de barrio se transforman en barras de *brunch* hiperestilizadas y los vecinos de toda la vida se ven empujados hacia las periferias urbanas.

    La identidad de Cali —arraigada en la vecindad, el encuentro en la acera y la memoria popular— corre el riesgo de convertirse en un decorado temático para el consumo de paso.

    Ante este panorama, la inacción ya no es una opción de mercado; es una negligencia social. La urgencia de una legislación estricta y de vanguardia se vuelve el único dique de contención posible.

    No se trata de prohibir la llegada de nuevas economías, sino de subordinarlas al bienestar colectivo.

    Urgen herramientas de planificación urbana que pongan límites claros: cuotas máximas de viviendas destinadas al uso turístico por manzana, impuestos progresivos a las rentas de corta estancia que financien fondos de vivienda social, y la exigencia de licencias comerciales estrictas dentro de las zonas netamente residenciales.

    Regular este fenómeno es defender el derecho a la ciudad. Las experiencias de otras capitales globales demuestran que, sin una intervención estatal firme, los barrios residenciales pierden su alma y se vacían de ciudadanos para llenarse de clientes hiperconectados.

    Cali necesita blindar su territorio antes de que los mapas de la especulación inmobiliaria redibujen de forma irreversible sus fronteras afectivas.

    La legislación no es una traba burocrática; es el pacto social indispensable para garantizar que el progreso de la ciudad no se traduzca en el destierro de sus propios habitantes.

  • Día internacional de los museos.  Cuáles son las implicaciones de este día?

    Día internacional de los museos. Cuáles son las implicaciones de este día?

    El guardia de la entrada bosteza con la parsimonia de quien custodia siglos de polvo, pero adentro, el aire quema.

    No es el aire acondicionado; es la reverberación de una ciudad que se niega a ser un cementerio de objetos bellos.

    Durante décadas, nos vendieron la falsa premisa de que el museo era un templo de la pureza, un mausoleo para el deleite de las élites que podían descifrar el misterio de un lienzo abstracto mientras el mundo exterior se caía a pedazos. Qué soberbio error. Hoy, los muros han dejado de contener la respiración.

    El desarrollo cultural de una comunidad no se mide por el grosor del lomo de sus enciclopedias, sino por la porosidad de sus instituciones.

    Cuando un museo decide romper el cristal de su vitrina y mezclarse con el barro de la calle, deja de ser un depósito de nostalgia para convertirse en un motor de transformación irreversible.

    El quiebre del espejo sagrado.  

    Caminar por la sala principal de este recinto ya no se siente como una procesión silenciosa. En la esquina derecha, un grupo de jóvenes de la periferia discute sobre una instalación de arte contemporáneo que utiliza restos de chatarra industrial.

    No buscan la aprobación académica; buscan su propio reflejo. Uno de ellos señala un engranaje oxidado y dice: Eso estaba en el taller de mi viejo. En ese preciso instante, el arte cumple su verdadera función política: validar la existencia de los invisibles.

    El verdadero desarrollo cultural ocurre cuando el ciudadano común no va al museo a admirar el pasado de otros, sino a construir la dignidad de su propio presente.

    Cuando los museos asumen este rol, las implicaciones sociales se disparan como esquirlas. Ya no son meros atractivos turísticos para llenar estadísticas gubernamentales o folletos de agencias de viajes.

    Se transforman en laboratorios de resistencia simbólica. Al democratizar el acceso a la belleza y al pensamiento crítico, estas instituciones liman las asperezas de la desigualdad más violenta: la desigualdad del saber y del sentir.

    La memoria como trinchera. 

    Un pueblo sin museos vivos es un pueblo con amnesia programada, listo para ser moldeado por el consumo rápido y la amargura del olvido.

    Pero el desarrollo cultural a través de estos espacios no es un proceso pacífico ni complaciente.

    Es incómodo. Implica que el guion curatorial ya no lo escriben tres intelectuales encerrados en una oficina con olor a naftalina; ahora lo tensiona la comunidad, que exige ver sus dolores, sus revueltas y sus utopías colgadas en las paredes principales.

    El museo moderno, si quiere sobrevivir a la irrelevancia, debe ser impuro. Debe oler a asfalto, a debate, a contradicción.

    Debe ser el lugar donde las infancias descubren que la historia no es un libro cerrado con candado, sino una arcilla blanda que ellos también tienen derecho a moldear.

    Al caer la tarde, la luz se cuela de soslayo por los ventanales, tiñendo de oro las esculturas y los rostros de los visitantes que se resisten a marchar.

    El valor real de este espacio no se calcula en el precio de sus pólizas de seguro, sino en las conversaciones incómodas que la gente se lleva anotadas en los ojos al salir a la calle.

    Mientras el portón pesado se cierra lentamente, queda claro que la cultura no se desarrolla guardando las cenizas en vasijas sagradas, sino manteniendo el fuego encendido en medio de la tormenta. Y aquí dentro, por fortuna, todavía hay madera para arder.

  • De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    Hay historias que el poder prefiere mantener bajo el polvo del olvido, pero hay memorias que tienen la mala costumbre de no callarse nunca.

    En 1966, mientras el país miraba hacia otro lado, 800 quijotes con tiza en mano decidieron que ya no aguantaban más el hambre, el desprecio y el olvido institucional. No pedían lujos; pedían lo elemental: dignidad para enseñar.

    El rugido de los estómagos vacíos.  

    Imagina la escena: Santa Marta, un calor que quema hasta las ideas y un grupo de docentes que no han recibido su sueldo en nueve meses.

    La respuesta del Estado, como suele ser costumbre, fue el silencio. Entonces, la indignación se transformó en asfalto.

    Lo que comenzó como una protesta local se convirtió en La Marcha del Hambre, una epopeya de 1.600 kilómetros que atravesó la geografía de un país que históricamente le ha dado la espalda a sus aulas.

    No fue un camino de rosas. Fue un calvario de ampollas, sed y persecución. De los 800 que salieron, solo 86 valientes lograron pisar la fría Bogotá para mirar a los ojos al presidente Carlos Lleras Restrepo.

    Esos 86 no solo llevaban sus cuerpos agotados; cargaban con la esperanza de todo un gremio que entendió que, si el Gobierno no escucha las razones, tendrá que escuchar el eco de los pasos en la calle.

    La pantalla como trinchera de memoria. 

    Hoy, sesenta años después, esa gesta no se queda en los libros de historia que nadie lee. La directora y docente Sorany Marín Trejos ha decidido que el cine es la mejor herramienta para desenterrar la verdad.

    Su documental, *La Marcha del Hambre*, no es solo una película; es un acto de reparación.
    «Esta obra es el espejo de una lucha que aún no termina. Es justicia poética para quienes sembraron las bases del Estatuto Docente con el sudor de su frente.»

    La cinta ya está haciendo ruido en el exterior, cosechando premios en festivales de Uruguay, demostrando que la lucha por la educación pública es un lenguaje universal.

    Mientras algunos se empeñan en romantizar la precariedad, este documental nos recuerda que los derechos no se mendigan, se conquistan.

    ¿Por qué esta historia nos quema las manos hoy?

    Ver este documental no es un ejercicio de nostalgia. Es una bofetada de realidad para entender de dónde venimos:

    – El origen de la carrera: Sin esos kilómetros recorridos, el Estatuto Docente que hoy protege a miles de maestros sería una fantasía.

    – La unión como músculo: Demuestra que cuando el magisterio se une, no hay distancia ni frío que lo detenga.

    La deuda eterna: Nos recuerda que el Estado colombiano sigue teniendo una cuenta pendiente con la educación rural y la dignidad de quienes forman el futuro. (Aunque ahora con este gobierno se está subsanando).

    El veredicto de la calle
    Desde este 14 de mayo, las salas de cine se convierten en aulas de resistencia. No es solo cine para maestros; es cine para cualquier colombiano que crea que la educación es el único camino real hacia la libertad.

    No permitamos que el sacrificio de esos 86 héroes se pierda en el ruido de la política barata de siempre.

    Que se llenen las salas, que se incomoden los de arriba y que se escuche fuerte el grito que todavía resuena desde 1966: ¡Dignidad para el maestro, educación para el pueblo!

    La memoria es el único antídoto contra la repetición de las injusticias. Nos vemos en el cine, porque un pueblo que olvida sus marchas está condenado a caminar en círculos.
    ¡Hasta la victoria de la inteligencia! ✊📽️

    Puedes ver el trailer aquí.   https://youtu.be/X5ZrTn-5QG4?si=XE_8JxI8qBuvIBO5

     

  • Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    Una noche de versos, música y encuentro dio inicio al Festival Internacional de Poesía de Cali.

    El Teatro Jorge Isaacs no es solo un edificio de arquitectura neoclásica; es una caja de resonancia donde los fantasmas de Cali y sus esperanzas más urgentes se sientan en la misma fila.

    La noche del estreno, el aire afuera era el de siempre: denso, cargado de esa humedad del trópico que parece retener los murmullos de la calle.

    Pero adentro, el silencio tenía otra textura. Se inauguraba la vigésima sexta versión del Festival Internacional de Poesía de Cali, y la consigna —»Apertura del cielo: donde la palabra se hace territorio»— no era un simple eslogan, era una declaración de principios en una ciudad que intenta, a pulso, zurcir sus heridas.

    Cali es una ciudad que sabe de ruidos, de tambores y de gritos, pero que a veces olvida el peso del susurro.

    Por eso, este festival se presenta como una «infraestructura cultural viva». Julián Eduardo Arteaga Aguilar, desde su rol en la Secretaría de Cultura, lo dejó claro:

    no se trata de leer poemas en un pedestal, sino de tejer una red que baje de los cerros, que cruce las comunas y se pierda en los corregimientos. Una red que abraza para que nadie se caiga.

    En el escenario, la geografía se volvió una sola sustancia. Voces de Chile, Brasil, México, Venezuela y Bolivia se mezclaron con el cantado caleño y los acentos de la provincia colombiana.

    Fue un diálogo de fronteras rotas. El poeta chileno Héctor Hernández Montecinos, con esa lucidez que otorga el oficio de mirar lo invisible, lo celebró como el cumplimiento de un sueño.

    Porque en Cali, la poesía ha dejado de ser un ejercicio solitario para convertirse en un encuentro ciudadano, en una apuesta política por la ternura.

    Pero el momento que detuvo el reloj no vino de los grandes nombres internacionales. Vino de la fragilidad que se hace fuerte.

    Salomé Salazar y Liam Vargas, dos pequeños del taller de poesía de la Fundación Valle del Lili, subieron al estrado.

    Ellos, que conocen los pasillos de los hospitales y el peso de la enfermedad, demostraron que la palabra es, ante todo, una medicina.

    Para estos niños, el verso no es un adorno; es el lugar donde el miedo se transforma en asombro y donde el dolor se permite ser otra cosa, quizás una imagen brillante.

    Tal vez el cielo sea este espacio breve, donde la voz del otro no es una amenaza, sino el puente que cruza el río de la ausencia, la semilla que germina en el desierto del olvido.”

    Mientras la voz de la cantante lírica Laura Villa llenaba los rincones del teatro, quedaba claro que la ciudad estaba ensayando una nueva forma de habitarse.

    Hasta el 9 de mayo, la programación promete ser un asalto pacífico a los espacios públicos: desde el recital afro “Raíz y tambor” en la Universidad Antonio José Camacho, hasta los recorridos patrimoniales por el centro histórico donde los fantasmas de los poetas de antaño seguramente se unirán a la caminata.

    No es poca cosa. En una época donde el lenguaje parece agotado por la confrontación, que Cali decida que su cielo esté «abierto para todas las voces» es un acto de resistencia.

    Se habla de poesía urbana, de slam, de lenguajes del futuro en Yawa y de bibliotecas que se llenan de gente que no va a buscar datos, sino a buscarse a sí misma en el verso ajeno.

    La clausura en la Sala Beethoven será el cierre de este «coro de voces que permanecen», pero la verdadera crónica se escribirá en la calle, cuando el festival termine y la gente se lleve, bajo el brazo o en la memoria, una palabra nueva para nombrar su propio territorio.

  • El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El pasado 14 de abril no fue un domingo cualquiera en el calendario de la burocracia estatal colombiana.

    Mientras las cámaras en los sets de rodaje descansaban, una pulsión distinta se cocinaba en las oficinas del Ministerio TIC.

    Allí, donde las frecuencias se reparten y los presupuestos se firman con la frialdad de quien nunca ha cargado un trípode bajo el sol del mediodía, se gestó un encuentro que muchos han tildado de histórico.

    No fue una reunión de cortesía, fue un careo necesario entre quienes crean la identidad visual del país y quienes administran sus recursos.

    La ministra Carina Murcia Yela y los gerentes de la televisión pública —esa red que va desde RTVC hasta los rincones de Telecafé, Canal Trece, Capital y Telecaribe— se sentaron a la mesa.

    Al otro lado, no había solo delegados; había el peso de más de 400 firmas. Cuatrocientas rúbricas que representan a directores, técnicos, guionistas y productores que, cansados de ser el eslabón más débil de la cadena, decidieron que el silencio ya no era una opción narrativa válida.

    El detonante es una verdad que se sabe a voces en los pasillos de las productoras: la crisis de financiación y la precarización laboral han dejado al sector audiovisual en un estado de anemia creativa.

    Durante años, el «talento colombiano» ha sido el eslogan favorito de los gobiernos, pero detrás del brillo de los premios y las alfombras rojas, se esconde un gremio que lucha contra contratos leoninos y presupuestos que se desvanecen antes de llegar a la etapa de postproducción.

    Sin embargo, el encuentro arrojó luces de esperanza, o al menos, una hoja de ruta que parece menos abstracta que las promesas de antaño.

    El acuerdo principal se traduce en la creación de dos Mesas Técnicas que prometen ser el campo de batalla de las ideas.

    La primera, denominada «ABRE CÁMARA», tiene una misión casi de urgencia médica: proteger, restaurar y aumentar el presupuesto.

    No se trata solo de dinero, se trata de dignidad. La premisa es clara: no puede haber cultura robusta si el trabajador que la produce vive en la incertidumbre.

    La segunda mesa apunta al corazón de la industria: RTVC y el Mercado de Coproducción. Aquí se busca reactivar un mecanismo que debería ser el motor del fomento público, pero que a menudo se atasca en el fango de la tramitología.

    Si este mercado se convierte en un flujo continuo y transparente, el cine y la televisión colombiana podrían dejar de ser un ejercicio de supervivencia para convertirse en una industria sostenible.

    Pero el diablo está en los detalles normativos. Por ello, la revisión de la Resolución 3556 de 2024 se presenta como el gran hito técnico. El gremio ha exigido que los recursos del FUTIC no se queden en el aire, sino que garanticen condiciones laborales justas.

    A esto se suma el compromiso de los canales regionales para respetar los tiempos de ley en las convocatorias.

    Parece un tecnicismo, pero para un creativo que debe presentar un proyecto sólido, el tiempo es el único capital que no se puede reponer.

    A pesar de las sonrisas para la foto oficial, el ambiente que queda es de una «vigilancia armada» de argumentos.

    El gremio sabe que los cambios de gobierno suelen ser los verdugos de los acuerdos previos. Reconocen la apertura al diálogo, pero el mensaje es contundente: no bajarán la guardia. La unidad lograda no es un evento fugaz, sino una nueva forma de articulación política.

    La crónica de este sector ya no se escribe solo en los guiones de ficción; se está escribiendo en las actas de compromiso.

    El 14 de abril fue el primer plano de una nueva escena donde los trabajadores del audiovisual colombiano han decidido que, por fin, ellos también tienen el control del montaje final.

  • La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La semana pasada estuvimos viendo el estreno de la peli llueve sobre Babel.  Antes de dar nuestra reseña sobre la peli queremos detallar 3 cosas importantes sobre la película.

    La primera es como sin tantos recursos técnicos (pues sin tanto cgi o algo sobre desarrollo de tecnología en la película) el desarrollo del guión y de la creatividad de la directora fueron clave.

    La construcción del relato no fue un ejercicio de caligrafía mansa, sino un forcejeo constante contra el silencio de una ciudad que se fragmenta.

    El guión se gestó en el centro de un torbellino donde la palabra no busca adornar, sino morder la realidad; se trató de capturar el eco de las voces que se pierden entre el cemento y la desidia, transformando el caos cotidiano en una estructura sólida de tensión y significado.

    Cada línea fue depurada con la obsesión de quien sabe que la verdad solo aparece cuando se despoja al lenguaje de sus máscaras habituales.

    La creatividad, por su parte, emergió como un acto de resistencia frente a los moldes predecibles del cine convencional.

    No hubo espacio para la complacencia visual, sino para una estética del desgarro que obligó a reinventar la forma de mirar el conflicto.

    Fue un proceso de alquimia urbana donde el desencanto se convirtió en potencia narrativa, logrando que el guión no solo contara una historia, sino que funcionara como un espejo incómodo, devolviendo una imagen cruda y vibrante de un mundo que se deshace bajo su propio peso.

    La creatividad de la historia misma, más el desarrollo del guión y desarrollo de personajes fue muy importante, fue una forma única de desarrollar la historia de cada uno de los personajes.

    La estética retrofutirista también logro un equilibrio junto con la historia tanto de los personajes como del guión.  El vestuario es un complemento potente sobre la estética retrofutirista también y personajes como María (la lagartija) fueron también dignos de mostrar con la estética.

    Por último los personajes y sus historias se fueron desarrollando de forma orgánica a la historia.

    Lo dejamos así para que si te gustan las historias bien contadas, con un guión atrapante (como dicen alguna de las reseñas), una estética única y desarrollo de personajes sin igual…. Vayan a verla que está en la cinemateca la tertulia, Unicentro y Chipichape.

  • El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    En un ecosistema musical saturado de campañas de marketing diseñadas en laboratorios y estribillos fabricados para morir en una semana, lo que está sucediendo en las costas de Alicante tiene un aroma distinto.

    No huele a oficina de discográfica multinacional ni a contrato leonino firmado en un rascacielos de Madrid.

    Huele a calle, a complicidad y a esa verdad que solo se encuentra cuando se apagan los focos de la industria: la de la autenticidad.
    Marya no pidió permiso para entrar. No esperó a que un ejecutivo con traje le diera el visto bueno a su propuesta.

    Simplemente soltó un cable, conectó su guitarra y dejó que Mis Supernenas hiciera el resto. Hoy, las cifras lanzan un mensaje que retumba en los despachos de los puristas: más de 100.000 reproducciones en Spotify conseguidas a pulso, de forma orgánica, sin el dopaje financiero que suele inflar las listas de éxitos.

    La canción no es solo una pieza de pop-rock con ecos que nos recuerdan la honestidad melódica de bandas como Morat; es una declaración de principios sobre la amistad femenina.

    Marya ha tomado el icono pop de las famosas heroínas animadas para darle la vuelta y aterrizarlo en el asfalto de lo cotidiano.

    Aquí no hay rayos láser ni superpoderes cósmicos, sino algo mucho más potente: el vínculo que sirve de refugio cuando el mundo de afuera se vuelve demasiado ruidoso.

    «Mis Supernenas» es el hogar que se construye entre cañas, confesiones a medianoche y la certeza de que, pase lo que pase, hay una red de seguridad emocional que no te va a dejar caer.

    Es, en esencia, un himno para una generación que está cansada de la estética de plástico y busca canciones que se parezcan a sus domingos por la tarde.

    Lo que ha ocurrido en TikTok con este tema es el ejemplo perfecto de que el público ya no consume lo que le imponen, sino lo que siente como propio.

    La viralidad de Marya no es un accidente algorítmico, sino una respuesta alérgica a la sobreproducción.

    Mientras la industria se empeña en pulir cada nota hasta quitarle el alma, ella ha apostado por la imperfección brillante de lo humano.

    Esta artista alicantina representa la vanguardia de una nueva ola de música independiente. Una generación que ha entendido que la verdadera libertad no es sonar en todas las radios, sino que 100.000 personas decidan, por voluntad propia y sin anuncios de por medio, que tu voz es la banda sonora de sus vidas.

    Ver el crecimiento de Marya es asistir a la demolición de las viejas fórmulas industriales. Su éxito nos dice que todavía hay espacio para el pop con alma, para las guitarras que acompañan historias reales y para los artistas que priorizan su identidad por encima de las métricas vacías.

    Al final del día, «Mis Supernenas» es más que una canción; es un recordatorio de que la música independiente sigue viva, sana y, sobre todo, indomable.

    Marya ha demostrado que para romper esquemas no hace falta gritar más fuerte, sino tener algo que decir que valga la pena escuchar.

    Si buscas la próxima gran voz del pop español, deja de mirar las portadas de las revistas de moda y asómate a lo que está pasando en los auriculares de quienes valoran la verdad. La revolución, una vez más, ha empezado desde abajo.

  • El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El asfalto todavía guarda el calor de los aplausos y las tablas de los teatros parecen vibrar con un eco que no se apaga.

    Si usted ha caminado por estos días entre la multitud, habrá notado que algo cambió: la ciudad dejó de ser un mapa de afanes para convertirse en un organismo que respira, grita y baila.

    El Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) no es solo un evento; es un asalto a la cotidianidad que nos recuerda que estamos vivos, aunque a veces se nos olvide entre tanto trámite y semáforo.
    Hasta este 12 de abril, el país se ha transformado en un epicentro de lo que llaman «artes vivas». ¿Y qué es eso?

    Para los puristas, una amalgama de teatro, danza, performance y circo. Para el que pasa por la plaza y se queda con la boca abierta, es simplemente la magia de lo irrepetible.

    Porque a diferencia del cine o de la pantalla del celular que nos tiene hipnotizados, aquí el error es parte del arte y el sudor del actor se siente desde la primera fila.

    Crónica de un rito colectivo.  

    La descentralización ha sido la gran protagonista. No se trata solo de las grandes salas con terciopelo rojo; el arte se ha filtrado por las grietas de 15 territorios, desde el Teatro Santander en Bucaramanga hasta los rincones de Quibdó y las calles de Riohacha.  Hemos visto de todo:
    Espectáculos de gran formato:

    Esas estructuras gigantes que desafían la gravedad y que hacen que hasta el más escéptico mire al cielo con asombro.

    La fuerza de lo local: Agrupaciones nacionales como el *Matacandelas* o *El Colegio del Cuerpo* demostrando que aquí la creatividad sobra, aunque a veces falte el presupuesto.

    El diálogo global: Compañías de China, Nueva Zelanda y Ruanda que, sin hablar nuestro idioma, nos han contado historias que entendemos perfectamente porque el dolor, la alegría y la resistencia son lenguajes universales.

    ¿Por qué importa quedarse hasta el último aplauso?

    En un mundo que parece desmoronarse en fragmentos digitales, el FIAV propone el encuentro físico.

    Es la política del cuerpo presente. La ministra lo ha dicho y el público lo confirma: la cultura no es un lujo de pocos, es un derecho de todos.

    Estos «Circuitos Vivos» han demostrado que el arte es el mejor antídoto contra la indiferencia.
    Si usted no ha ido, le quedan las últimas funciones para ser testigo de cómo una calle se convierte en un ring de boxeo poético o cómo un teatro patrimonial recupera su alma con una obra contemporánea.

    No busque el festival en los libros de texto; búsquelo en el brillo de los ojos de la gente que sale de una función sintiéndose un poco menos sola.

    El 12 de abril se cerrará el telón, las luces se apagarán y los artistas empacarán sus bártulos. Pero el rastro de lo que vimos se queda. Porque cuando el arte es «vivo», no muere cuando se acaba la función; se queda a vivir en la memoria de los que se atrevieron a mirar de frente.

    Mirá, leé y, sobre todo, viví. Que para eso es la vida, y para eso es el festival.

  • El Lienzo de la Tiza y el Tambor: Una Revolución en el Aula.

    El Lienzo de la Tiza y el Tambor: Una Revolución en el Aula.

    El eco de los pupitres arrastrados sobre el cemento frío de las escuelas rurales solía ser el único ritmo permitido.

    Durante décadas, el tablero fue un dictador de fórmulas y gramática rígida, un espacio donde la imaginación debía guardarse en el morral antes de entrar.

    Pero algo cambió este diciembre. La Ley 2555 no es solo un papel firmado con sellos oficiales; es, en esencia, la apertura de las ventanas para que el aire del Caribe, el Pacífico y los Andes entre finalmente a las aulas.

    Imaginemos a un niño en el Chocó. Antes, su realidad quedaba fuera del aula de matemáticas. Hoy, con la estrategia «Artes al Aula», el currículo se dobla y se transforma como una pieza de origami.

    Ese mismo niño podrá entender la física a través del golpe del tambor o la geometría en el tejido de una mochila.

    Ya no se trata de «perder el tiempo» dibujando; se trata de utilizar el pincel como una herramienta de sanación y entendimiento socioemocional.

    La Identidad como Brújula. 

    La gran apuesta de esta legislación es el arraigo. En un país que a menudo olvida sus raíces bajo el peso de la modernidad genérica, la ley prioriza los territorios donde el acceso siempre fue un privilegio de pocos.

    La educación ahora tiene la obligación de ser un espejo. Los saberes ancestrales, las lenguas que se resisten a morir y las tradiciones de los pueblos afro e indígenas dejan de ser «anexos» culturales para convertirse en el corazón de la enseñanza.

    El Reto de los Maestros. 

    Sin embargo, ninguna revolución educativa funciona si el docente se queda atrás. La ley autoriza un despliegue sin precedentes para que los maestros dejen de ser solo transmisores de datos y se conviertan en facilitadores de la creatividad.

    No se busca que cada niño sea un Picasso, sino que cada estudiante sea capaz de gestionar su frustración, de trabajar en equipo y de reconocerse en el otro a través de la lúdica.

    La política nacional que ahora se gesta no viene de un escritorio frío en la capital. Nace de la construcción participativa, de la voz del actor de teatro callejero, de la cantaora y del profesor de artes plásticas que, a pulso, mantuvo viva la chispa en los años del olvido.

    Colombia ha decidido que su mayor riqueza no está en el subsuelo, sino en la capacidad de sus niños para crear nuevos mundos.

    El aula ya no es una caja; ahora es un escenario, un estudio y un lienzo donde se empieza a pintar, por fin, una formación verdaderamente integral.

     

  • Apertura de inscripciones nacionales y cupos para el 7° Congreso CVC Colombia 2026.

    Apertura de inscripciones nacionales y cupos para el 7° Congreso CVC Colombia 2026.

    Desde el Grupo Impulsor “PENSAR COLOMBIA”, espacio de articulación voluntaria que teje los sentires de la Plataforma Puente CVC Medellín-Valle de Aburrá, los Nodos Bogotá y Suroccidente (Nariño, Putumayo, Valle, Cauca), la Red Colombiana de Teatro en Comunidad y más de 300 organizaciones hermanas, les extendemos un abrazo fraterno.

    Nos preparamos para recibir TODAS LAS VOCES en el marco del 7° Congreso Latinoamericano y Caribeño de las Culturas Vivas Comunitarias, a realizarse en nuestro país del 17 al 26 de abril de 2026.

    Este Congreso no es solo un evento; es una «minga de saberes y afectos» que recorrerá Colombia de manera itinerante a través de tres sedes fundamentales:

    ● Sede Nariño: Caravana Morada al Sur.

    ● Sede Valle y Cauca: Seminario del CaminAndar.

    ● Sede Antioquia (Medellín): Círculos de la Palabra, Asamblea de Países y Encuentro de Gobiernos.

    Nuestra misión como anfitriones es asegurar un encuentro que fortalezca el tejido comunitario. Sumado a la presencia de las delegaciones internacionales (cada país tendrá un cupo entre 10 a 35 congresales), nuestro país contará con 100 cupos propios para organizaciones y colectivos nacionales.

    Esta convocatoria busca abrazar la pluralidad de nuestros territorios, integrando saberes que van desde el arte y la educación popular hasta la agroecología y la comunicación comunitaria.

    Para el proceso de selección de los 100 cupos propios invitamos a las organizaciones interesadas a la reunión de socialización el día jueves 12 de marzo de 7:00 a 8:00 p.m. a través del canal de youtube: https://www.youtube.com/@GrupoImpulsorColombiaPensarCol.

    Donde conocerán con más detalles, los criterios para la selección y postulación antes del 16 de marzo de 2026, a través del siguiente enlace: https://congresocvc2026.xyz/.

    Los invitamos Fieles al principio de que «la solidaridad es la ternura de los pueblos», hemos establecido un aporte solidario único de quinientos mil pesos ($500.000 COP).

    Este aporte es la energía necesaria para sostener el fuego de nuestra minga y asegurar condiciones dignas para todos los seres sentipensantes que nos daremos cita en este encuentro histórico y es fundamental para la autogestión del Congreso e independiente del lugar donde se inicie el recorrido.

    La contribución incluye: alimentación, alojamiento y traslados internos en Colombia (desde el punto de inicio Pasto y hasta el punto de cierre del Congreso Medellín).

    Los resultados de los 100 seleccionados por Colombia, así como los datos para realizar el aporte solidario se notificará el sábado 21 de marzo de 2026.

    Agradecemos su compromiso con esta construcción colectiva. ¡Nos vemos en el camino para seguir abonando la cultura que nace de la raíz!

    Cultura Viva Comunitaria: ¡Vivir Bien, Corazonar la Vida!

    Este canal de comunicación estará abierto para resolver dudas, compartir preguntas y seguir sumando aportes: grupoimpulsorcolombia@gmail.com.