Categoría: Turismo cultural

  • El fallecimiento de Toto la Momposina y el turismo cultural. Cuál es la relación?

    El fallecimiento de Toto la Momposina y el turismo cultural. Cuál es la relación?

    El golpe del tambor alegre tiene una memoria terca. No se diluye con el agua del río ni se silencia cuando el corazón que lo empujaba decide, finalmente, detenerse.

    Sonia Bazanta Vides, la mujer que el mundo entero conoció bajo el nombre totémico de Totó la Momposina, ha dejado este plano a los 85 años tras un silencio definitivo en tierras mexicanas.

    Con su partida el pasado 17 de mayo, no solo se apaga una garganta de fuego y lodo; se fractura el cordón umbilical que unía la herencia viva del Caribe profundo con los mapas de un turismo global que hoy, más que nunca, busca desesperadamente un pedazo de verdad.

    Nacida en Talaigua Nuevo, un punto suspendido en la depresión momposina donde el Magdalena se abre como una mano abierta, Totó entendió muy pronto que la música no era un espectáculo para el aplauso fácil de los salones burgueses.

    Era resistencia. Su voz, que arrastraba el lamento del esclavo africano y la melancolía del indígena zenú, se convirtió en el principal motor de exportación de una Colombia invisible.

    Mucho antes de que los ministerios inventaran marcas país, eslóganes sofisticados o campañas de turoperadores en Europa, ella ya recorría los escenarios del mundo con sus polleras encendidas, llevando el mapa sonoro de una nación que el relato oficial prefería ignorar.

    Aquí radica la paradoja de su muerte y su relación directa con el turismo cultural moderno. Hoy, miles de viajeros desembarcan en Cartagena, se adentran en las calles coloniales de Mompox o buscan la mística del bullerengue en San Jacinto.

    Buscan una experiencia. Pero esa experiencia que hoy se vende en agencias y hoteles boutique fue esculpida, piedra a piedra y canto a canto, por la terquedad de investigadores y artistas como Totó.

    Ella rastreó los pueblos fluviales, rescató la cantá tradicional de las lavanderas y dignificó los ritmos de la chalupa, el porro y el mapalé, transformándolos en un patrimonio vivo.

    El turismo cultural en Colombia no existiría tal como lo conocemos sin ese blindaje identitario. Los extranjeros no llegan buscando réplicas de la modernidad occidental; llegan persiguiendo la vibración de una tierra que suena a madera, a tambora y a cantos de monte.

    Totó fue la gran tejedora de ese puente. Su legado es el recordatorio de que la cultura no es un producto estático para consumir en un mostrador, sino un proceso social que respira, sufre y sobrevive a la violencia histórica.

    Su fallecimiento deja una herencia inmensa pero frágil. Mientras los hoteles se llenan y las rutas culturales se promocionan en ferias internacionales, las comunidades que dieron origen a esos sonidos siguen lidiando con el olvido estatal.

    La mejor forma de honrar a la cantadora que puso a bailar a los académicos del Premio Nobel en 1982 no es la nostalgia de mármol, sino asegurar que el flujo del turismo cultural irrigue con justicia a los herederos de su tambor.

    La candela viva que Totó encendió sigue ardiendo en cada rincón del Caribe; queda en manos de los vivos evitar que el mercado la convierta en una simple ceniza de souvenir.

  • Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali no solo baila; ahora, se piensa y se proyecta desde la entraña. Mientras el mundo observa a las grandes metrópolis de concreto y cristal, la capital del Valle ha decidido apostar por lo que nadie más tiene:

    la sangre y el barrio. Esta apuesta, arriesgada y genuina, la tiene hoy sentada en la mesa de los finalistas de los Premios Iberoamericanos de Turismo Inteligente, cuya gala final hará vibrar a Río de Janeiro este 27 de abril.

    No es una nominación de oficina ni un galardón de escritorio. Es el reconocimiento a una ciudad que ha entendido que la «inteligencia» en el turismo no es solo tener Wi-Fi en las plazas, sino saber leer el ADN de su gente.

    El susurro de los ancestros en el asfalto.  

    En la categoría de Inclusión Social, Cali compite con un proyecto que rompe cualquier molde convencional: ‘Territorios Ancestrales’.

    Es, en esencia, la reivindicación del turismo indígena urbano. ¿Quién dijo que lo ancestral solo vive en la selva o la montaña?

    En las calles caleñas laten ocho comunidades que han decidido abrir sus puertas bajo un modelo de gobernanza real, basado en el consentimiento y el respeto.

    Con 35 emprendimientos validados y el eco de siete idiomas nativos resonando entre el ruido del tráfico, Cali le está diciendo a Iberoamérica que la inclusión no es un favor, sino una estrategia de mercado consciente.

    Es turismo con rostro, con historia y con una metodología que pone la dignidad de la comunidad por encima de la foto del visitante.

    El Obrero: Donde el patrimonio se suda y se baila. 

    Por otro lado, en la categoría de Patrimonio, la ciudad ha puesto sus fichas en un nombre que es pura mística: el Barrio Obrero.

    Aquí, la salsa no es un disco que suena de fondo; es un patrimonio vivo que respira en cada esquina. El proyecto nominado es una oda a la renovación urbana que no busca desplazar, sino potenciar.

    Con una inversión que roza los $20.000 millones y más de 9.000 metros cuadrados intervenidos, el Obrero se ha convertido en un museo a cielo abierto donde la economía local se dinamiza al ritmo del timbal.

    Se trata de proteger el alma de la ciudad para que el turista no solo vea, sino que entienda por qué Cali es la capital mundial de este género. Los 39 emprendimientos locales fortalecidos son la prueba de que la cultura, cuando se gestiona con inteligencia, es el motor económico más potente que existe.

    Un sello de validación internacional.  

    La presencia de Cali en el Foro Iberoamericano de Destinos Turísticos Inteligentes (FIDI) no es casualidad.

    Bajo la directriz del alcalde Alejandro Eder y la ejecución de la Secretaría de Turismo y casa ternario la ciudad está validando un modelo que mezcla la innovación con la raíz.

    Como bien dice María Fernanda Campuzano, secretaria de Turismo, se trata de demostrar que el turismo inteligente se construye desde las comunidades.

    Cali llega a Brasil no como una invitada más, sino como una referente de sostenibilidad e inclusión. Estas dos nominaciones son un mensaje claro para la Red Iberoamericana: el futuro del turismo no está en replicar modelos europeos, sino en profundizar en la identidad propia.

    Cali está demostrando que el turismo inteligente también se construye desde las comunidades y desde el patrimonio vivo que nos identifica ante el mundo.

    El próximo 27 de abril, en el corazón de Río, se sabrá si estos proyectos se traen el oro. Pero, más allá del metal del trofeo, Cali ya ganó.

    Ganó el respeto de sus pares y, sobre todo, reafirmó que su mayor riqueza no está en las vitrinas, sino en la fuerza de su gente indígena y el repique de sus barrios populares. Cali está lista para el mundo, pero bajo sus propios términos.

  • El turismo comunitario en cali: como se está desarrollando?

    El turismo comunitario en cali: como se está desarrollando?

    La guala trepa la pendiente de la Comuna 20 con el motor rabiando, desafiando la gravedad de una Cali que durante décadas prefirió mirar hacia el plano, ignorando las lomas donde se cocinaba la verdadera resistencia cultural.

    Hoy, sin embargo, el viento de la tarde no huele a pólvora ni a miedo. Huele a café recién colado en los miradores improvisados de Siloé, a pintura fresca sobre las fachadas de la Calle Arcoíris y a la dignidad de un pueblo que decidió arrebatarle su propia narrativa a las páginas judiciales de los diarios.
    El turismo comunitario en Cali ya no es una promesa exótica ni un experimento de oenegé de oficina; es una realidad de asfalto, sudor y autogestión.

    En los laberintos de la loma, más de once colectivos locales han entendido que la memoria no se entierra, se camina.

    El visitante que llega hasta la cancha La Amistad o se asoma al Mirador 360 no busca el confort anestésico de un hotel cinco estrellas; busca la descarga eléctrica del hip-hop, los relatos de los viejos que fundaron el barrio a punta de convites y la verdad sin filtros de un territorio que sanó sus heridas a través del arte urbano.

    La paradoja de la cumbre: de la exclusión a la vitrina.  

    Mientras el centro histórico repite sus postales de siempre, la periferia de Cali se reinventa como el verdadero epicentro de la reconciliación. No es un fenómeno fortuito.

    El tejido comunitario ha sabido forzar la mano de la burocracia estatal, obligando a incubadoras de proyectos y comités locales a financiar con recursos públicos lo que los jóvenes del barrio levantaron con las uñas.

    El resultado: un corredor turístico que conecta la memoria viva de la salsa del Barrio Obrero con la resistencia ecológica de la ladera.

    Pero la transformación no es solo urbana. En las goteras de la ciudad, allá donde el cemento cede el paso a la niebla de los Farallones, el fenómeno muta.

    Corregimientos como Villacarmelo, Felidia y Pance están librando su propia batalla. Campesinos y ambientalistas han convertido el senderismo y las huertas tradicionales en una trinchera contra la expansión urbana descontrolada.

    El mensaje de los colectivos es claro: el agua, la fauna y el territorio se defienden mostrando su valor, no vendiendo la tierra al mejor postor inmobiliario.

    El reto del espejo: evitar la trampa de la postal.  

    El peligro, por supuesto, acecha en cada esquina donde un turista saca su teléfono para capturar la pobreza estética del muralismo. La línea entre la reivindicación social y la explotación de la nostalgia popular es delgada.

    Los líderes locales lo saben. Por eso insisten en que aquí no se viene a ver «cómo sobrevive el marginado», sino a consumir economía real: el bolso tejido por la vecina, el almuerzo en la fonda de la esquina, el café cultivado en la misma loma.
    «Para transformar el territorio tuvimos que sanar la rabia», se escucha decir en las asambleas comunitarias. Y es esa sanación la que se ofrece en cada recorrido.

    Cali, la ciudad que se debate siempre entre la fiesta eterna y la desigualdad profunda, parece haber encontrado en sus bases una brújula impensada.

    El turismo comunitario no va a solucionar el desempleo estructural ni la falta de oportunidades de la noche a la mañana, pero ha logrado algo más subversivo: que el habitante de la ladera mire al visitante a los ojos, de igual a igual, y le demuestre que el futuro de la sucursal ya no se decide abajo, sino que se está escribiendo allá arriba, donde el viento pega primero.

  • Cali: Cuando el barrio se vuelve mundo.

    Cali: Cuando el barrio se vuelve mundo.

    El eco de los tambores ya no solo retumba en las laderas de Siloé o en las baldosas gastadas de la novena; ahora resuena en las playas de Río de Janeiro, donde el asfalto caleño se impuso sobre la frialdad de los algoritmos.

    Cali, la ciudad que muchos insisten en narrar solo desde la herida, acaba de dar un golpe de autoridad en los Premios Iberoamericanos de Destinos Turísticos Inteligentes.

    Y no, no se trata de haber instalado más cámaras de seguridad o de llenar las calles de códigos QR. La «inteligencia» de la que hoy se habla en el FIDI 2026 tiene olor a guaguancó y raíces de ceiba.

    El Obrero: La resurrección de la esquina. 

    Hubo un tiempo en que el Barrio Obrero era visto como el rincón de los nostálgicos, un laberinto de fachadas que guardaban el secreto de la salsa que ya no se fabricaba.

    Pero el patrimonio, cuando no se embalsama en museos polvorientos, muerde. La intervención de más de 9.000 metros cuadrados de espacio urbano —una cirugía a corazón abierto con una inversión de 20.000 millones de pesos— ha transformado el sector en un «modelo de patrimonio vivo».

    En el Obrero, 39 emprendimientos han dejado de sobrevivir para empezar a liderar. Allí, la salsa no es un souvenir de plástico; es el motor que mueve la economía de barrio, dignificando al zapatero que hace el botín de baile y a la matrona que sirve el sancocho tras la descarga.

    Ganar en la categoría de Patrimonio en Brasil es el reconocimiento a una verdad local: Cali no necesita inventarse parques temáticos porque la ciudad misma es el escenario.

    El Obrero es hoy la prueba de que el turismo puede ser una herramienta de recuperación urbana sin expulsar a quienes construyeron la identidad del lugar.

    Voces de la tierra en la jungla de cemento. 

    Pero si el Obrero es el pulso, el proyecto «Territorios Ancestrales» es el alma. En un país que históricamente ha empujado a sus comunidades indígenas a los márgenes, Cali decidió integrarlas al relato del viajero.

    El primer lugar en la categoría de Inclusión no es un saludo a la bandera; es el resultado de sentar a la mesa a ocho comunidades indígenas y 35 emprendimientos que hablan siete idiomas propios.

    Aquí la metodología no fue el «marketing» agresivo, sino el consentimiento previo y la gobernanza comunitaria.

    Es turismo que respeta el silencio y la cosmogonía, que entiende que el desarrollo económico no tiene por qué pisotear el saber ancestral.

    Ver a Cali posicionarse como referente de sostenibilidad social en Iberoamérica es ver a una ciudad reconciliándose con su diversidad, entendiendo que la verdadera «competitividad» está en ser auténticos.

    El turismo como redención. 

    María Fernanda Campuzano, secretaria de Turismo, lo dice con la claridad de quien sabe que los premios son solo el síntoma: «En Cali el turismo se construye desde el desarrollo económico de los territorios».

    Es una apuesta política —en el sentido más noble de la palabra— de la administración de Alejandro Eder. El turismo aquí ya no se entiende como el conteo de extranjeros que bajan de un avión, sino como la capacidad de que ese visitante deje progreso en la comuna, en el cabildo, en la escuela de baile.

    Cali regresa de Río con dos trofeos en la maleta, pero lo que realmente trae es una hoja de ruta. Ha demostrado que se puede ser un destino «inteligente» siendo profundamente humano.

    Mientras otras ciudades venden fachadas de cristal y acero, Cali vende piel, historia y resistencia. La Red Iberoamericana de Destinos ahora mira al Valle del Cauca, no para ver cómo bailamos, sino para aprender cómo estamos transformando el territorio desde lo que siempre hemos sido: un pueblo que, ante la adversidad, siempre elige la alegría como su mayor acto de rebeldía.

  • COLOMBIA: EL TURISMO COMO ACTO DE SOBERANÍA Y VIDA 🇨🇴✊

    COLOMBIA: EL TURISMO COMO ACTO DE SOBERANÍA Y VIDA 🇨🇴✊

    Mientras las viejas élites se aferraban a la renta petrolera y al extractivismo que desangra la tierra, una nueva visión se abre paso.

    Colombia ha dejado de ser el secreto mejor guardado para convertirse en la Potencia Mundial de la Vida. Los datos no mienten: la transformación es real y es imparable.

    🚀 CIFRAS QUE ROMPEN EL RELATO DEL MIEDO.  

    En los últimos tres años, 22 millones de turistas han pisado suelo colombiano. Solo en el último año, el crecimiento fue del 7%, consolidando un aumento del 21% en materia turística bajo el actual proyecto de cambio.

    No es solo «marketing», es el reemplazo efectivo de la economía fósil por la economía de la belleza y el respeto ambiental.

    TECNOLOGÍA AL SERVICIO DE LA GENTE.  

    La soberanía también se ejerce con eficiencia. Se acabó la desidia en las fronteras:

    * De 49 máquinas Biomig en 2022, pasamos a 92 en 2026.

    * Procesos migratorios en apenas 20 segundos.
    Inversión pública en tecnología de vanguardia para que el mundo entre a Colombia sin las trabas del pasado.

    🛑 TOLERANCIA CERO: TURISMO NO ES EXPLOTACIÓN. 

    El «País de la Belleza» no es un botín. Por primera vez, hay una política de Estado clara: puertas abiertas al viajero, pero muro de hierro contra el abusador.

    * Convenios internacionales (Hellwatch) para detectar y expulsar de inmediato a ofensores sexuales.

    LiberApp: Tecnología de geolocalización contra la trata de personas.

    En Medellín, Cartagena y cada rincón del país, la dignidad de nuestros niños, niñas y adolescentes es sagrada. El turismo será digno o no será.

    🌍 UN MODELO HUMANO.  

    Frente a la criminalización del migrante que promueven las derechas globales, Colombia responde con solidaridad y regularización.

    Entendemos que somos una mezcla de genes del mundo y que la integración es el único camino hacia la seguridad real y el desarrollo.

    Colombia ya no se narra desde la guerra, sino desde sus paisajes, su cultura y su capacidad de recibir al otro. El cambio se siente en las calles, en los aeropuertos y en la economía que hoy respira vida.

  • Cali se está consolidando como un destino multifacético.

    Cali se está consolidando como un destino multifacético.

    Un destino de bienestar, cultural, comunitario, hasta de media arts….  E incluso cinematográfico (Y te estarás preguntando que es media arts y crearemos pronto una investigación de cali como un destino conematografico).

    Detengamonos un momento en este caso particular y centremonos en cali como una ciudad cultural y de media arts….. Para que puedan entender como están relacionadas.

    Cali no es solo el epicentro del ritmo; es la única ciudad en Suramérica que ostenta con orgullo el sello de Ciudad Creativa de las Artes Mediales por la UNESCO, una medalla ganada no por decreto, sino por el pulso de sus 876 empresas de medios digitales y software que hoy hackean la nostalgia para proyectar el futuro.

    En la «Sucursal del Cielo», el algoritmo se rinde ante el tambor: solo en la última edición del Sucursal Fest 2025, más de 12.000 asistentes fueron testigos de cómo 635 artistas locales y globales fusionaron el mapping y la IA con la identidad del barrio, demostrando que aquí la tecnología no es una herramienta de consumo, sino un arma de resistencia cultural.

    Este ecosistema no se detiene en la estética, sino que se blinda con una inversión histórica de $13.000 millones de pesos inyectados en 2026 para fortalecer la creación y circulación de estas nuevas narrativas.

    Con festivales que ya movilizan a más de 2.2 millones de personas al año, Cali ha dejado de ser solo una referencia geográfica para convertirse en un nodo de exportación creativa, donde obras de arte digital nacidas en la Sultana del Valle hoy conquistan escenarios en Karlsruhe y Braga.

    La ciudad no solo consume cultura; la procesa en código, la baila en 3D y la protege como el patrimonio vivo que es: un laboratorio indómito donde la memoria se pixeliza para no morir jamás.

    Está es la esencia de cali como un destino cultural y al tiempo de media arts: donde el arte, la tecnología y los algoritmos se han fusionado…. Y por eso hay una alianza con braga (en Portugal) para mostrarse como un destino de artes mediales que lo estaremos detallando por acá.

    Estos días llegó el director de FAZ cultura en braga, Portugal.  Es una organización que trabaja en el desarrollo de iniciativas culturales en el campo de las artes digitales y contemporáneas.

    Este director ha creado proyectos de braga media arts (en Portugal) como una oportunidad de ampliar vínculos entre ambas ciudades y explorar nuevas rutas de cooperación de muchos sectores culturales.

    Cali fortalece muchos lazos ente dos sectores importantes que le apuestan a la innovación, la creación y diálogo entre sectores culturales y ampliando las oportunidades para artistas y gestores.

    Así que cali se esta convirtiendo en un destino versátil para las diversas muestras culturales a nivel nacional e internacional.

     

  • Sinfonía Verde: El Turismo Ancestral como Acto de Resistencia.

    Sinfonía Verde: El Turismo Ancestral como Acto de Resistencia.

    El rugido del motor fuera de borda se apaga, y con él, muere el último vestigio de la civilización del ruido. Lo que queda es un silencio vibrante, una frecuencia verde que no se escucha con los oídos, sino con los poros.

    Estamos en el corazón del Amazonas colombiano, un territorio que por décadas fue un punto ciego en el mapa, devorado por la bruma del conflicto armado. Pero hoy, la selva ya no es un escondite; es un destino de paz.

    El turismo indígena no es aquí una puesta en escena para el extranjero con cámara al cuello. Es un acto de soberanía.

    Al bajar de la lancha en una comunidad a orillas del río Vaupés, la bienvenida no la da un recepcionista, sino el aroma del mambe y la mirada profunda de un abuelo que ha visto la selva sangrar y, ahora, la ve sanar.

    El Retorno a la Maloka. 

    Durante años, la «paz» fue un concepto abstracto que se firmaba en oficinas con aire acondicionado a miles de kilómetros de aquí.

    Para las comunidades locales, la paz tiene una forma física: la Maloka. Este espacio circular, representación del cosmos, estuvo cerrado o bajo la sombra del miedo. Hoy, es el centro neurálgico del turismo de paz.

    El intercambio es radicalmente distinto al turismo de masas:

    La Palabra de Vida: Los sabedores comparten historias sobre el origen del mundo, transformando el relato de la guerra en un tejido de mitología y respeto ambiental.

    La Gastronomía del Territorio: Probar la quinhapira (un caldo de pescado con ají) o el casabe no es solo nutrirse; es validar una economía lícita que reemplaza la sombra de los cultivos ilícitos.

    La Medicina Ancestral: El uso de plantas no es un espectáculo, sino una invitación a entender la salud como un equilibrio con el entorno.

    De la Trinchera al Sendero. 

    Lo que antes eran rutas de escape para combatientes o senderos para el tráfico de pasta de base de coca, hoy son rutas de avistamiento de aves y senderos de interpretación botánica.

    Es una alquimia geográfica. El guía, un joven que quizás en otra década habría tenido un fusil en las manos, ahora sostiene un binocular y señala con orgullo un tucán pechiblanco.

    Este «Turismo de Paz» funciona como un escudo protector. Cuando una comunidad recibe viajeros, el territorio se ilumina.

    La presencia del visitante internacional y nacional obliga al Estado a existir y a los actores remanentes a retroceder. El turismo se convierte en una vigilancia pasiva, pero poderosa.

    El Desafío de la Autenticidad.

    No todo es color de rosa en el dosel selvático. El riesgo de la «folklorización» acecha. ¿Cómo recibir al turista sin convertir la cultura en una mercancía de estante?

    La respuesta de los pueblos indígenas es la autonomía. Ellos deciden qué mostrar, hasta dónde pueden entrar los ojos extraños y qué secretos pertenecen solo a la selva.

    El destino de paz no es solo un lugar sin balas; es un lugar con dignidad. El dinero del turismo llega directamente a las manos de la guardia indígena, de las tejedoras de fibras naturales y de los pescadores, saltándose los intermediarios que históricamente han sangrado a la Amazonía.

    El Silencio Final.  

    Al caer la noche, bajo un cielo que parece desplomarse por el peso de tantas estrellas, uno comprende que el Amazonas no necesita ser «descubierto».

    Necesita ser escuchado. El turismo indígena de paz es, en última instancia, una lección de humildad para el mundo moderno.

    Caminamos por una tierra que aprendió a perdonar. La selva, densa y antigua, ha borrado las huellas de las botas de caucho para dejar espacio a las huellas de quienes vienen a aprender.

    Al final del viaje, el visitante no se lleva una artesanía; se lleva la certeza de que la paz, cuando brota de la raíz, es el árbol más alto de la selva.

  • Apertura de inscripciones nacionales y cupos para el 7° Congreso CVC Colombia 2026.

    Apertura de inscripciones nacionales y cupos para el 7° Congreso CVC Colombia 2026.

    Desde el Grupo Impulsor “PENSAR COLOMBIA”, espacio de articulación voluntaria que teje los sentires de la Plataforma Puente CVC Medellín-Valle de Aburrá, los Nodos Bogotá y Suroccidente (Nariño, Putumayo, Valle, Cauca), la Red Colombiana de Teatro en Comunidad y más de 300 organizaciones hermanas, les extendemos un abrazo fraterno.

    Nos preparamos para recibir TODAS LAS VOCES en el marco del 7° Congreso Latinoamericano y Caribeño de las Culturas Vivas Comunitarias, a realizarse en nuestro país del 17 al 26 de abril de 2026.

    Este Congreso no es solo un evento; es una «minga de saberes y afectos» que recorrerá Colombia de manera itinerante a través de tres sedes fundamentales:

    ● Sede Nariño: Caravana Morada al Sur.

    ● Sede Valle y Cauca: Seminario del CaminAndar.

    ● Sede Antioquia (Medellín): Círculos de la Palabra, Asamblea de Países y Encuentro de Gobiernos.

    Nuestra misión como anfitriones es asegurar un encuentro que fortalezca el tejido comunitario. Sumado a la presencia de las delegaciones internacionales (cada país tendrá un cupo entre 10 a 35 congresales), nuestro país contará con 100 cupos propios para organizaciones y colectivos nacionales.

    Esta convocatoria busca abrazar la pluralidad de nuestros territorios, integrando saberes que van desde el arte y la educación popular hasta la agroecología y la comunicación comunitaria.

    Para el proceso de selección de los 100 cupos propios invitamos a las organizaciones interesadas a la reunión de socialización el día jueves 12 de marzo de 7:00 a 8:00 p.m. a través del canal de youtube: https://www.youtube.com/@GrupoImpulsorColombiaPensarCol.

    Donde conocerán con más detalles, los criterios para la selección y postulación antes del 16 de marzo de 2026, a través del siguiente enlace: https://congresocvc2026.xyz/.

    Los invitamos Fieles al principio de que «la solidaridad es la ternura de los pueblos», hemos establecido un aporte solidario único de quinientos mil pesos ($500.000 COP).

    Este aporte es la energía necesaria para sostener el fuego de nuestra minga y asegurar condiciones dignas para todos los seres sentipensantes que nos daremos cita en este encuentro histórico y es fundamental para la autogestión del Congreso e independiente del lugar donde se inicie el recorrido.

    La contribución incluye: alimentación, alojamiento y traslados internos en Colombia (desde el punto de inicio Pasto y hasta el punto de cierre del Congreso Medellín).

    Los resultados de los 100 seleccionados por Colombia, así como los datos para realizar el aporte solidario se notificará el sábado 21 de marzo de 2026.

    Agradecemos su compromiso con esta construcción colectiva. ¡Nos vemos en el camino para seguir abonando la cultura que nace de la raíz!

    Cultura Viva Comunitaria: ¡Vivir Bien, Corazonar la Vida!

    Este canal de comunicación estará abierto para resolver dudas, compartir preguntas y seguir sumando aportes: grupoimpulsorcolombia@gmail.com.

     

     

  • El Retorno a la Tierra: Crónica de una Fuga Necesaria.

    El Retorno a la Tierra: Crónica de una Fuga Necesaria.

    El asfalto tiene una memoria estéril. Bajo las suelas de los zapatos citadinos, la tierra gime silenciada por el progreso que todo lo mide en cifras de consumo.

    Sin embargo, en las grietas de esa modernidad asfixiante, está brotando un susurro que no pide permiso: el buen vivir.

    No es una moda de catálogo, ni el último grito del marketing de hoteles con sábanas de hilo; es una rebelión silenciosa contra el reloj y la jerarquía del capital.

    La Geografía del Desaprendizaje.  

    Hoy, el viajero ya no busca conquistar la cima para plantar una bandera de ego. El nuevo turismo de bienestar —ese que realmente entiende el pulso de la vida— se ha convertido en una práctica de desaprendizaje.

    Al cruzar las fronteras hacia los santuarios del ecoturismo mundial, desde las selvas nubladas del Sur hasta los fiordos que aún resisten la huella humana, el objetivo es la horizontalidad.

    En estas comunidades, la relación no es de dueño y objeto, sino de apoyo mutuo. El visitante no llega a «consumir» un paisaje; llega a integrarse en un ecosistema que funciona sin patrones ni capataces.

    Aquí, el bienestar no se compra en una sesión de spa de mil dólares; se cultiva en la reciprocidad de la huerta, en la asamblea del bosque y en el silencio compartido que no necesita mediadores.

    Contra el Turismo de Vitrina.  

    El ecoturismo, despojado de sus adornos corporativos, es un acto de soberanía. Es entender que la naturaleza no es un recurso a explotar, sino un tejido del cual somos apenas un hilo más.

    En los rincones del mundo donde el buen vivir se practica como una ética de existencia, se rechaza la lógica de la acumulación.

    El bienestar real surge cuando se rompe la cadena de mando del estrés productivo y se abraza la libertad de ser, simplemente, un animal humano en armonía con su entorno.

    * Autogestión del tiempo: El reloj deja de ser un grillete.

     * Reciprocidad: Se toma solo lo necesario, se devuelve con cuidado.

    * Comunalidad: El espacio es de todos porque no es de nadie.

    El Horizonte es la Vida. 

    Mientras el sistema intenta empaquetar la «paz» en frascos de plástico, el verdadero movimiento hacia lo natural es una fuga hacia la autonomía.

    Viajar para sanar es, en última instancia, un acto político: es decidir que nuestra salud mental y la salud de la Pachamama son una sola e indivisible.

    El buen vivir es la brújula de quienes han decidido que no hay mayor riqueza que la libertad de respirar un aire que no pertenece a ninguna empresa. Es el turismo que no deja cicatrices, sino que cura las que la ciudad nos tatuó en el alma.

    Es algo importante para nosotros. Que el turismo tenga una base comunitaria sin tanto adorno, no desde lo visible, sino lo invisible.

  • Cali como destino cultural y cinematográfico.

    Cali como destino cultural y cinematográfico.

    Cali se define por su luz solar y su relación con la imagen en movimiento. No es una ciudad que se observe de forma estática; su estructura urbana y su actividad social funcionan como un mecanismo de proyección continua.

    Desde la llegada del cine a Colombia, este territorio ha servido como escenario y como centro de producción para directores que buscaron registrar la realidad local sin adornos.

    La historia cinematográfica de la ciudad tiene un punto de inflexión en la década de los setenta con el surgimiento de un grupo de creadores que transformaron la forma de narrar el entorno.

    Este colectivo aprovechó la arquitectura del barrio San Antonio y las zonas industriales para crear piezas que hoy son documentos históricos.

    El cine aquí no se limitó a las salas comerciales; se trasladó a las calles, a las casas antiguas de techos altos y a los archivos que hoy resguarda la Cinemateca del Museo La Tertulia.

    Este museo es un edificio de concreto que funciona como el núcleo del consumo de cine de autor y experimental en la región.

    Caminar por Cali como destino cultural implica reconocer espacios físicos que mantienen una función específica.

    El Teatro Jorge Isaacs, con su arquitectura neoclásica francesa, es un ejemplo de la infraestructura dedicada a las artes escénicas.

    Allí, la programación alterna entre la ópera, el ballet y los festivales de cine que atraen a visitantes interesados en la producción técnica y narrativa de América Latina.

    La cultura en Cali también se manifiesta en su infraestructura de bibliotecas y centros culturales. La Red de Bibliotecas Públicas y lugares como el Centro Cultural Comfandi operan como nodos donde se ejecutan talleres de guion, edición y apreciación cinematográfica.

    Estas instituciones no son solo depósitos de libros, sino centros de formación técnica donde se capacita a las nuevas generaciones en el uso de cámaras y software de montaje.

    El clima de la ciudad, con una temperatura promedio de 24°C, permite que la actividad cultural se extienda a los espacios abiertos.

    El Bulevar del Río es un corredor peatonal donde se realizan proyecciones al aire libre y muestras fotográficas. Es un lugar de tránsito lineal que conecta el centro administrativo con las zonas históricas, facilitando el acceso gratuito a manifestaciones artísticas sin necesidad de intermediarios.

    En cuanto a la producción actual, Cali es elegida como locación por su diversidad visual. Los directores encuentran en sus barrios una mezcla de modernidad y deterioro que resulta útil para construir estéticas realistas.

    La industria audiovisual local genera empleo y atrae inversión, consolidando a la ciudad como un destino donde el cine es una actividad económica y técnica relevante.

    Visitar Cali con un enfoque cultural permite entender cómo una sociedad utiliza las herramientas visuales para documentar su propia existencia.

    Es una ciudad que se recorre cronológicamente a través de sus teatros, sus museos de arte moderno y sus archivos fílmicos, confirmando su posición como un centro de producción y exhibición de importancia continental.