A inicios del año 2026, llevamos a cabo un recorrido por una ruta de senderismo, una actividad que consistió en el desplazamiento físico a través de un entorno natural preservado.
Este evento ocurrió en una zona geográfica próxima a los límites urbanos, lo cual permitió un contraste inmediato entre la infraestructura construida por el ser humano y los sistemas biológicos originales.
La experiencia resultó de gran interés porque confirmó una inclinación personal hacia el desplazamiento pedestre, la observación directa de la flora y fauna, y la elección de trayectos que no coinciden con las rutas turísticas estandarizadas por la industria global.
Desde una perspectiva filosófica, el acto de caminar por la naturaleza se vincula con la necesidad de confrontar la realidad sin los filtros de la tecnología o la comodidad doméstica.
Al elegir viajes poco convencionales, se rechaza la estructura predecible de la vida cotidiana para entrar en contacto con la incertidumbre del entorno natural.
Esta elección es una herramienta para abandonar la zona de confort, que puede definirse como el conjunto de hábitos y entornos donde el individuo no experimenta retos a su capacidad de adaptación.
Salir de la zona de confort mediante el ecoturismo y las prácticas de bienestar es una acción que busca la expansión de la consciencia sobre el propio cuerpo y el entorno.
En este contexto, el bienestar no se entiende como una búsqueda de placer pasivo, sino como un estado de equilibrio dinámico que se alcanza al superar las resistencias físicas del terreno.
La zona de confort suele ser un espacio de estancamiento donde el pensamiento se vuelve circular y repetitivo debido a la falta de estímulos externos variables.
Por el contrario, el ecoturismo obliga al individuo a observar leyes biológicas y climáticas que no puede controlar, lo que genera una comprensión más profunda de la posición humana en el ecosistema.
La filosofía del bienestar en la naturaleza propone que la salud mental se fortalece cuando el individuo reconoce su interdependencia con el medio ambiente.
Al caminar por senderos no urbanizados, se produce una desconexión de las presiones sociales temporales y se conecta con procesos naturales de largo plazo.
Este tipo de viaje es poco convencional porque no busca el consumo de servicios, sino la interacción directa con el espacio físico.
La salida de la zona de confort es necesaria en este caso para evitar la atrofia de las capacidades de asombro y de resolución de problemas.
En conclusión, el senderismo a principios de este año representó una decisión voluntaria de enfrentar la complejidad del mundo natural para obtener una claridad mental y una fortaleza física que no se encuentran en la seguridad de lo conocido.
Por eso quisimos hacer esta reflexión sobre como vas creando claridad y además vas creando un bienestar emocional y físico.










