
A las 11:00 a.m. del lunes 21 de septiembre, frente al Ministerio de las Culturas, Las Artes y los Saberes, en la Carrera 8 #8-55, Bogotá, se respiró un aire de expectativa y de mora. La convocatoria no era un comunicado cualquiera: era una movilización con tipografía rojo y negro. Rojo de rabia, negro de deuda.
El afiche lo anunciaba todo: exigir el reconocimiento y respeto al trabajo de los artistas y gestores culturales, y proclamar la dignificación de su oficio. Pero el reclamo central era uno: el cumplimiento en el pago de los desembolsos de los proyectos ganadores del año 2026. Sí, 2026. Los ganadores ya ganaron, pero el dinero sigue en el limbo.
La escena era digna de Les Luthiers. Un artista plástico sostenía un cartel con la consigna «El arte y la cultura no viven de milagros». A su lado, una gestora cultural coreaba «Sin artistas no hay cultura».
Y un músico, con un instrumento informal, entonaba: “Desembolso, desembolso, por qué no me desembolsas…” La multitud respondía: “¡Porque no hay plata!”. Otro, con voz de tenor desafinado, añadía: “La mora es un estado del alma, pero también es un estado de cuenta”.
De pronto, un funcionario asomó por una ventana del Ministerio. Los manifestantes contuvieron la respiración. El funcionario dijo: “Vuelvan en 2027”. Y cerró la ventana. Entonces, el coro de gestores, en tono de zarzuela, cantó:
“El arte no vive de milagros, pero los milagros tampoco viven del arte”. La tipografía roja y negra, mientras tanto, seguía ahí, llamativa, como recordando que la mora en la entrega de estímulos económicos asignados al sector cultural en Bogotá no es una abstracción: es un drama con fechas y nombres.
La crónica se escribe sola: a las 11:00 a.m., en Bogotá, los artistas y gestores culturales recordaron al gobierno que sin artistas no hay cultura, y que la cultura no se financia con buenas intenciones.
Se necesita desembolso. Y mientras el Ministerio de las Culturas, Las Artes y los Saberes no pague, la movilización seguirá. Porque el arte puede ser abstracto, pero el arriendo no. Y el mercado no acepta milagros como moneda.
Así terminó la jornada: con pancartas rojas y negras, consignas, y la certeza de que el lunes 21 de septiembre quedará en la historia no por el pago, sino por la mora. Como decía un gestor cultural: “Nos deben desde 2026. A este paso, nos van a pagar en 3026”. Y no era un chiste. Era una crónica.









