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  • ACTA DE LA COMISIÓN INTERMINISTERIAL PARA LA RECONSTRUCCIÓN DE SANTA MARTA (Y OTRAS YERBAS).

    Señores: la reconstrucción de Santa Marta avanza a un ritmo alegremente geométrico. El Intercambiador Vial La Piragua, con sus $68.360 millones, promete reducir la congestión en un 70 %. El otro 30 % se distribuirá democráticamente entre el tráfico, la brisa y un señor que vende mango.

    Paralelamente, la playa de Cabo Tortuga —que había desaparecido por erosión, como un calcetín en la lavadora— será restaurada con 14.000 metros cúbicos de sedimento.

    La draga llegará entre el noviembre y diciembre. Si llega el 5, no se preocupen: habrá una draga suplente tocando el bolarmonio.

    En cuanto a las alianzas de marketing con operadores turísticos, Cotelco Magdalena celebró un Fam Trip con diez agencias minoristas y la búsqueda de community managers para trabajar juntos y no se sienta el hueco de lo que ha pasado durante estos últimos meses.

    Los operadores recorrieron hoteles, el Centro Histórico y Taganga, y quedaron tan maravillados que prometieron volver… con sus familias y sus comisiones pero el problema ahora es que se encuentran vacíos.

    Se esperan 2.000 citas comerciales y alianzas estratégicas entre mayoristas, minoristas y operadores para poder ver de nuevo como Santa Marta llega al esplendor cuando fue el país de la belleza.

    Es decir: un matrimonio por conveniencia donde todos firman, nadie lee y el testigo es un catamarán.

    La lógica es impecable: se reconstruye la playa para que los turistas tengan dónde no meter los pies, y se reconstruye la vía para que lleguen más rápido a no meter los pies.

    Mientras tanto, la draga, ese instrumento informal de 14.000 metros cúbicos, ejecutará un solo de sedimentos en clave de sol.

    Queda aprobado. Se ruega a los asistentes no confundir el box culvert con un dactilófono y lograr la autosuficiencia de la región.

  • LORENZO BRENTE: EL GRAN REGRESO DEL BOXEADOR PROFESIONAL — FSB MANAGEMENT, GEORGES NGAY-KATALAY, BXGP BOXING GRAND PRIX Y MATT BUSER DE BUSER LEGAL A SU LADO

    Una nueva etapa comienza en la carrera de Lorenzo Brente. Con un equipo ahora estructurado en torno a su regreso al ring, el boxeador busca desarrollar su trayectoria en el escenario internacional.

    Gestión, promoción y asesoramiento jurídico: varios actores clave se unen a esta nueva dinámica.

    UN REGRESO PROFESIONAL Y NUEVAS AMBICIONES.  

    Después de una primera experiencia sobre los cuadriláteros marcada por ocho victorias, Lorenzo Brente regresa como boxeador profesional de boxeo inglés.

    Este regreso representa una etapa importante en su trayectoria. Desde los 16 años, el boxeo ha ocupado un lugar central en su historia personal. Disciplina, determinación y fortaleza mental constituyen los pilares de su compromiso deportivo.

    Hoy, busca dar una nueva dimensión a esta experiencia, con una ambición internacional y una estructura adaptada a sus objetivos.

    FSB MANAGEMENT — GEORGES NGAY-KATALAY AL FRENTE DE SU REPRESENTACIÓN DEPORTIVA.  

    Con sede en Inglaterra, FSB Management asume oficialmente la representación y la gestión deportiva de Lorenzo Brente.

    Dirigida por Georges Ngay-Katalay, la estructura acompañará el desarrollo de su carrera, su representación y sus oportunidades en diferentes mercados del boxeo internacional.

    Esta colaboración constituye un elemento fundamental de su nueva organización. El objetivo es construir una trayectoria deportiva estructurada, identificar oportunidades de competición y desarrollar su presencia más allá de las fronteras.

    BXGP BOXING GRAND PRIX — UN NUEVO ESCENARIO PARA SU REGRESO.  

    Lorenzo Brente también participará en próximos eventos en el marco del BXGP Boxing Grand Prix.

    Esta colaboración con la promotora representa una nueva perspectiva competitiva y una oportunidad para regresar al ring en un entorno orientado al desarrollo del boxeo.

    El BXGP Boxing Grand Prix se incorpora así a las próximas etapas de su regreso deportivo.

    MATT BUSER — ABOGADO PERSONAL Y MANAGER, BUSER LEGAL.  

    Lorenzo Brente también cuenta con el acompañamiento de Matt Buser, de Buser Legal, con quien ha firmado un acuerdo.

    Matt Buser interviene tanto en calidad de abogado personal como de manager. Acompaña a Lorenzo Brente en los aspectos jurídicos, estratégicos y de gestión de su carrera.

    Su función consiste, entre otras responsabilidades, en proteger sus intereses profesionales, supervisar sus compromisos contractuales y participar en las decisiones estratégicas relacionadas con su desarrollo.

    Esta colaboración aporta una dimensión adicional a la estructura establecida en torno a su trayectoria.

    ISLA MAURICIO, EN EL CORAZÓN DE SU IDENTIDAD INTERNACIONAL.  

    Nacido en Isla Mauricio, Lorenzo Brente desea convertir sus orígenes en una parte esencial de su trayectoria deportiva.

    Su intención es representar su herencia mauriciana en el escenario internacional y dar visibilidad a esta identidad a través de sus próximas experiencias deportivas.

    Para él, regresar al ring también representa un compromiso personal: reconectar con sus raíces, defender sus ambiciones y construir una trayectoria que trascienda las fronteras.

    UN PERFIL MULTIDISCIPLINAR Y UNA AMBICIÓN DEPORTIVA.  

    Artista, pintor, empresario y consultor estratégico en los universos del arte y la moda, Lorenzo Brente posee una trayectoria que va mucho más allá del ámbito deportivo.

    Esta diversidad enriquece su visión de la competición. La disciplina del boxeo, la creatividad y la visión empresarial representan diferentes facetas de una misma personalidad.

    Su regreso responde a la voluntad de hacer convivir estos universos, otorgando al mismo tiempo un lugar central al desarrollo de su carrera deportiva.

    UN EQUIPO UNIDO EN TORNO A UN NUEVO CAPÍTULO.  

    Con FSB Management y Georges Ngay-Katalay al frente de su representación deportiva, el BXGP Boxing Grand Prix como plataforma para sus próximos eventos y Matt Buser, de Buser Legal, a cargo de su acompañamiento jurídico y de gestión, Lorenzo Brente afronta esta nueva etapa con una estructura claramente definida.

    Cada colaborador aporta una función específica en la construcción de su trayectoria.

    Los próximos compromisos deportivos serán determinantes para materializar esta nueva dinámica y dar forma a sus ambiciones internacionales.

    Lorenzo Brente — Professional Boxer. International Ambition. The Return Is Personal.

  • Cali 2026: El terremoto que sacó los colores (y las vergüenzas) del sistema.

     

    45 días después de que el suelo se abriera en el Valle, la audiencia pública en Cali no fue un acto protocolario: fue un grito rockero en plena cara del establishment.

    Mientras la clase política se acomoda en sus sillas, el pueblo se organizó solo, rescató a sus vecinos y ahora exige respuestas. Porque si algo demostró este sismo de casi dos minutos, es que la solidaridad popular es el único plan de emergencia que funcionó.

    Las cifras son un puñetazo en el estómago: 335 muertos, 105 desaparecidos, más de 778.000 damnificados.

    En Argelia, el 76% de los hogares quedó destruido.  En Calima, un colegio que ya pedía a gritos intervención se llevó la vida de 4 niños.

    ¿Y la respuesta del Estado? Un recorte presupuestal del 6,7% para el Valle en 2027. Ahí está el verdadero temblor: el de la indolencia.

    Las voces del territorio fueron la mejor banda sonora de la jornada: censos duplicados en el RUD, proselitismo político en la entrega de ayudas, especulación con los arriendos y damnificados en hoteles con la amenaza de desalojo en la puerta.

    Mientras tanto, 10 entidades gubernamentales dejaron la silla vacía.   Ni siquiera tuvieron el feeling de dar la cara.

    La representante Isabel Vera lo dijo sin anestesia: no hay un plan integral de reconstrucción. Lo que sí hay son anuncios de acciones jurídicas y control político para que la plata no se pierda en el mismo hueco de siempre. La exigencia es clara: un nuevo POT que ponga en el centro el agua y la vida, no los negocios inmobiliarios.

    La postal de Cali 2026: un pueblo que se levantó entre escombros, un Estado que llegó tarde, y una audiencia que dejó claro que la reconstrucción no se hace con discursos vacíos, sino con actitud, fiscalización y memoria. 🎸🔥 Esto es parte de las memorias de lo que pasó en el terremoto de agosto de 2026.

  • La memoria no se empaca bajo la lluvia: lo que el desmontaje de la Biblioteca de la Cancillería nos debería alertar

     

    En la noche del 29 de octubre, mientras Bogotá se inundaba bajo una lluvia torrencial, en el Palacio de San Carlos no solo se mojaban cajas: se estaba vulnerando la memoria diplomática, jurídica e histórica de Colombia.

    La Biblioteca Marco Fidel Suárez, sede de la Cancillería, pasó de un “cierre temporal” a un desmontaje precipitado: más de 21.000 libros, tratados internacionales, mapas y cartas originales de Simón Bolívar salieron en camiones sin claridad pública sobre su destino, protocolos de conservación o garantías de acceso futuro.

    No son “trastos viejos”. Son el cerebro de la nación. Documentos que requieren condiciones especiales de humedad, temperatura y custodia.

    Tratarlos como una mudanza cualquiera es decirle al país que su memoria no merece respeto. ¿Dónde los llevan? ¿Quién garantiza su integridad? ¿Se asegurará el acceso público? Preguntas urgentes que exigen respuesta oficial.

    Pero este hecho no es aislado: es la punta del iceberg. Lo que hoy pasa en la Cancillería, mañana puede pasar en tu barrio.

    Un país que debilita sus bibliotecas públicas, desfinancia sus programas y desconoce el trabajo de sus comunidades no está “ahorrando recursos”: está poniendo en riesgo espacios vitales de encuentro, formación, construcción de paz y acceso a la cultura.

    Las bibliotecas públicas, rurales, comunitarias, indígenas y afrocolombianas no son un gasto recortable en un Excel.

    Son trincheras de resistencia donde las infancias descubren otros mundos, las personas mayores comparten saberes y la lectura y la oralidad se convierten en herramientas para ejercer derechos.

    Una biblioteca no es solo un edificio lleno de libros: es el lugar donde una comunidad construye memoria. Cuando se cierra, se desmonta o se debilita, también se afectan las posibilidades de encuentro y construcción colectiva.

    La cultura no es un lujo; es el oxígeno de la democracia. Como ciudadanos, comunicadores y habitantes del territorio tenemos la obligación de vigilar que no nos la quiten en silencio, bajo la lluvia y en la oscuridad.

    ¿Qué opinas de este desmontaje? ¿Cómo podemos proteger nuestra memoria local y las bibliotecas de nuestros territorios? Te leo en los comentarios.

    📌 Nota: este análisis se basa en la investigación y alerta ciudadana publicada por @mediopanyunlibro4 en Instagram. El periodismo colaborativo es esencial para defender nuestro patrimonio.

     

  • El silencio turístico en Santa Marta y Taganga no es paz: es abandono.

    Caminar hoy por calles que antes vibraban con visitantes es presenciar el colapso de un ecosistema económico y social.

    No se trata solo de hoteles vacíos o restaurantes cerrados. Se trata de pescadores, vendedores, artesanos y familias enteras que ven evaporarse su sustento.

    Cuando el turismo se ausenta, no se va solo el dinero. Se rompe el tejido social, se profundiza la desigualdad y queda en evidencia, una vez más, la ausencia estructural del Estado.

    Taganga y Santa Marta no son solo postales para el Caribe colombiano: son territorios vivos, habitados por gente que sostiene paraísos con esfuerzo diario.

    La reactivación no puede reducirse a discursos de oficina ni a promesas de temporada. Necesita acompañamiento real, rutas de empleo, apoyo al comercio local y políticas que entiendan que el turismo, para estas comunidades, no es un lujo: es oxígeno económico y social.

    Como profesionales, periodistas o ciudadanos, tenemos la responsabilidad de mirar más allá de las cifras frías.

    Documentar, denunciar y proponer también es construir país. Porque un territorio que olvida a su gente termina olvidando su propia alma.

    ¿Qué estamos haciendo realmente por quienes sostienen estos destinos? Los leo. 👇y por favor:  consuman local.

     

  • CRÓNICA DE FERIA: CALI LEE NO ES UN PLAN TRANQUILO

    Entramos al Cali Lee y salimos con libros, posters y una crisis existencial bien editada. Esto no es solo una feria: es un acto de resistencia con olor a papel nuevo.

    1. BIBLIO GHETTO: ARTE Y PALABRAS
    “Biblioteca y tienda literaria”. Benedetti, Borges y Clarice Lispector en posters que piden pared propia. Ilustraciones hermosas, atención amable y un peligro real para la billeterajk.

    2. MARIO MENDOZA: NOIR TROPICAL
    Estantería completa para los que leen la ciudad como un thriller oscuro: Satanás, Buda Blues, Apocalipsis. Imposible salir sin uno. Solo que necesitamos más autores locales como Raúl España.

    3. PAREDES QUE GRITAN.

    Bell Hooks: “El feminismo del poder es solo otra estafa…”
    Paulo Freire: “Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer.”
    No es decoración: es programático.

    4. FCE / CARIBE: CLÁSICOS Y MAR.

    En el stand del Fondo de Cultura Económica, sello “Caribe”: Silvio Rodríguez (Diario de un trovador), Frantz Fanon y Cristina Rivera Garza. Literatura que suena a resistencia.

    ¿Ya fuiste al Cali Lee? ¿Qué te llevaste? Si no, corre: esto no se lee, se atraviesa.

     

  • La memoria no se defiende sola: por qué el periodismo cultural necesita tejer comunidad.

     

    Cuando una pieza desaparece de un museo, cuando un archivo se cierra al público, cuando una voz histórica es silenciada bajo la excusa de la «curaduría», lo que realmente está en juego no es un objeto. Es la memoria colectiva. Y la memoria, como bien sabemos, no se defiende sola.

     

    En tiempos donde la censura ya no quema libros sino que los archiva en bodegas olvidadas —o los borra de los algoritmos—, la respuesta no puede ser individual. La protección del patrimonio cultural exige colaboración, red y comunidad.

     

    1. El periodismo cultural como articulador de resistencias.

    El periodismo cultural no puede limitarse a reseñar exposiciones o entrevistar artistas. Su rol más urgente hoy es ser puente: conectar a quienes crean, a quienes investigan, a quienes documentan y a quienes denuncian.

    * Cuando un colectivo como *Arca de Juana* visibiliza archivos feministas retirados del Museo Nacional…

    * Cuando una universidad como *Uniandes* analiza qué perdemos al vaciar las salas…

    * Cuando artistas, historiadores y ciudadanos se movilizan…

     

    …ahí el periodismo cultural encuentra su verdadera función: **nombrar lo que otros quieren borrar y tejer la red que lo sostenga**.

     

    🎨 2. Las comunidades artísticas como guardianas vivas.

    Los museos pueden cerrar sus puertas, pero las comunidades no. Los artistas, los colectivos locales, los creadores independientes se convierten en archivos vivos. Ellos recuerdan, reproducen, reinterpretan y mantienen vigente aquello que las instituciones deciden ocultar.

    La colaboración entre periodismo y comunidades artísticas permite que la memoria no dependa de un solo edificio o una sola entidad. Se descentraliza. Se democratiza. Se hace indestructible.

     

    3. La creación colectiva como acto político.

    Cuando periodistas, artistas, académicos y ciudadanos crean juntos —un documental, un archivo digital, una publicación independiente, una campaña en redes—

    están haciendo algo más que producir contenido. Están construyendo contra-memoria. Están diciendo: «esto no se borra, porque somos muchos recordándolo».

    La creación colectiva es, en sí misma, un acto de resistencia contra la censura institucional.

     

    🔗 4. Tejer red es proteger el futuro (y el presente)

    La memoria cultural no es un lujo del pasado; es el cimiento del futuro. Sin ella, no hay identidad, no hay crítica, no hay democracia cultural.

    Por eso, el periodismo cultural debe abandonar la torre de marfil y salir a tejer:

    * Con las universidades que investigan.

    * Con los colectivos que denuncian.

    * Con los artistas que reinterpretan.

    * Con los ciudadanos que exigen.

     

    Solo en la colaboración está la garantía de que ninguna pieza, ninguna voz, ninguna historia será retirada en silencio.

     

    Frente al tecnofascismo, la red humana.

    Proteger la memoria cultural no es tarea de un solo periodista, de un solo museo o de un solo artista. Es una labor de comunidad. Y mientras existan redes que se nieguen a olvidar, la censura tendrá los días contados.

     

    Hoy, esa censura ha mutado. Ya no es solo física, es digital, algorítmica y sistémica. **Por eso, en nuestra última investigación, hablamos de la urgencia de crear redes sólidas para contener los avances del tecnofascismo.** Porque si la tecnología se usa para vigilar, borrar y silenciar, la única respuesta posible es una tecnología (y una humanidad) conectada por la solidaridad, la cultura y la memoria compartida.

     

    La memoria, cuando es colectiva, es imborrable.

     

  • El museo desafina: cuando borrar a Lucila Rubio es el nuevo desastre de la censura

    No, no es vandalismo. Es algo más silencioso, más de guante blanco y de pasillo alfombrado. En el Museo Nacional de Colombia le han bajado el volumen a la memoria.

    Colectivos como Arca de Juana y análisis de la Universidad de los Andes lo dejaron al descubierto: piezas clave sobre la lucha feminista y archivos de Lucila Rubio de Laverde (esos ideales de 1950 que aún retumban) fueron retirados de la sala.

    La excusa oficial: «reorganización». La traducción real: editar la historia para que ciertas voces no suenen en el relato oficial.

    Aquí no queman libros en la plaza. La censura moderna se ejerce con «olvido administrativo» y una carpetica de «estamos reordenando» pero la Alemania de weimar ante su final aplicaba la misma censura a la libertad de expresión.

    Recordemos la quema de libros de 1933 cuando estudiantes universitarios quemaron libros que el régimen consideraba prohibidos. Increíble el parecido a ahorita, no?

    Pero el efecto es el mismo: sacrifican el contexto. Una sala de museo no es un depósito de objetos bonitos; es una conversación viva.

    Si sacas la pieza que incomoda, que cuestiona la desigualdad, rompes el diálogo. Dejas el museo como un escenario decorativo, vacío de conflicto y, sobre todo, de verdad. El ejemplo más claro es sobre la desaparición de la memoria de Carlos Pizarro del museo.

    Y ojo, que el golpe es doble para el periodismo cultural. Cuando los guardianes de la memoria ocultan sus archivos, nos quedamos sin fuente primaria.

    Nos obligan a narrar el pasado con lo que el poder permite ver, no con lo que realmente pasó. Por eso, el periodismo cultural deja de ser «informativo» y se vuelve resistencia pura:

    tenemos que documentar lo que otros quieren borrar. Si no denunciamos estas retiradas, somos cómplices del borrado histórico y más cuando cierta persona nos dió a entender que éramos adoctrinadores.

    Un museo que retira las huellas de la lucha de las mujeres no está «limpiando» salas; está amputando la memoria colectiva. Nuestras abuelas y bisabuelas lucharon por esos derechos y ahora quieren quitarnos estos mismos derechos que bisabuelas y abuelas lucharon tanto.

    Exijamos que las salas se lean en conjunto, con todas sus aristas, incluso las que desafinan al poder establecido.

    Porque un afiche o un periódico viejo pueden parecer objetos del pasado, pero en ellos permanece la verdad que alguien, en algún momento, quiso callar y la memoria no se puede callar.

    Y callar a Lucila Rubio no es curaduría: es un solo de censura que no debemos aplaudir ni permitir que ocurran cosas de un siglo atrás censurando hasta la música jazz simplemente por qué era música decadente.  A ver si seguimos así.

     

  • Cali, la ciudad que suena como un disco que no quieres que termine.

    Si cierras los ojos y abres los oídos, Cali deja de ser un mapa y se convierte en una mezcla imposible: salsa, pregones, tráfico, risas y el rumor de un río que también marca compás.

    La Sucursal del Cielo no se ve: se escucha. Y su paisaje sonoro es una colección de canciones que se cruzan en la calle sin pedir permiso.

    La mañana empieza con el crack de una aguja sobre un vinilo de salsa, como si alguien pusiera a girar el día.

    Luego entra el pregón del carretillero del raspado, anunciando el calor con ritmo de pregón viejo, y el murmullo de la panadería se mezcla con el crujir del pandebono recién horneado. Ahí ya hay una intro, un ritmo de fondo, una promesa.

    El tráfico llega como percusión. Pero el corazón no está en los motores: está en las bocinas de las chivas que gritan “¡a gozar!”, en el bullicio de la Galería de Alameda, en el viento que baja de los Farallones y mueve las hojas de los mangos como maracas naturales. Es un sampleo urbano que solo Cali sabe mezclar.

    Al caer la noche, la ciudad cambia de tono. El tintinear de los vasos en San Antonio, las risas del Parque del Perro y ese bajo profundo de la salsa brava que se escapa por las ventanas y te obliga a mover los pies sin darte cuenta. No hay manera de quedarse quieto: la ciudad te lleva.

    Si todo este paisaje sonoro fuera una sola canción, sería un guaguancó: los metales serían el bullicio de la calle, el bajo el cauce del río y la clave, el latido de su gente. Cali no suena bonito: suena vivo.

    ¿Y tú? ¿Cuál es ese sonido que, al escucharlo, te transporta inmediatamente a Cali?

  • Hannibal Lecter no era un monstruo: era un fantasma con hambre.

     

    Thomas Harris hizo algo que muy pocos se atreven: agarrar al villano más icónico de la literatura y decirle al mundo “espera, no era tan simple”.

    En Hannibal: El origen del mal (2006), Harris no celebra al caníbal elegante de El silencio de los corderos. Lo desmonta. Nos muestra al niño roto, al fantasma que lo precede.

    Y ojo: aquí no hay demonios sobrenaturales. Hay fantasmas. Recuerdos que se niegan a morir. Harris usa su prosa quirúrgica para decirnos que el mal no es una entidad abstracta, sino una construcción a fuego lento de trauma, memoria y traición.

    El invierno lituano no es paisaje: es personaje. Harris te mete el frío en los huesos. Nieve, silencio, olor a humo y hierro. El colapso de la civilización al final de la Segunda Guerra Mundial. El horror siempre tiene un pie en la realidad histórica.

    ¿Mischa? El fantasma que Harris se niega a olvidar. No es un recuerdo: es una presencia activa en el “Palacio de la Memoria”.

    Un recurso psicológico descrito no como locura, sino como arquitectura mental de alta precisión. El trauma no como olvido, sino como obsesión perfectamente archivada.

    Los antagonistas (Grutas y su grupo) no son genios del mal. Son hombres hambrientos, desesperados y moralmente vacíos.

    Harris plantea una tesis aterradora: el canibalismo de Hannibal no nace de una depravación innata, sino de una respuesta simétrica a la barbarie.

    La venganza como distorsión de la justicia. Los verdaderos monstruos son los hombres comunes en tiempos de guerra.

    Lady Murasaki es el contrapeso: arte, ceremonia del té, esgrima, contención. Pero Harris deja claro que la belleza y la cultura pueden refinar a un hombre, no exorcizar a sus fantasmas.

    El origen del mal es una novela sobre la memoria. Harris no nos pide perdonar a Lecter. Nos pide entender el precio que se paga cuando el mundo devora a un niño, y cómo ese niño, al sobrevivir, decide convertirse en el depredador que el mundo se merece. Prosa elegante, fría, calculada. Idéntica a la mente de su protagonista. Rock puro.