Hay ciudades que se visitan y ciudades que se habitan. Cartagena es de las segundas, un organismo vivo donde la historia no reposa en los libros sino en el acento de quienes caminan sus calles amuralladas. Suena a salsa en Getsemaní, huele a mar y a coco, y sabe a memoria.
La gastronomía es su lengua materna. No es casualidad que el arroz con coco y el sancocho de pescado sean la gramática básica de una ciudad que ha convertido el fogón en altavoz cultural.
En el Restaurante Interno, mujeres privadas de la libertad cocinan su segunda oportunidad. En Marea By Rausch, los hermanos Rausch elevan el producto local a la categoría de arte con un 80% de su carta dedicada a pescados y mariscos. Y es que Cartagena ya no solo es destino de playa: es epicentro del turismo gastronómico de lujo en América Latina, con eventos como el festival SUMAQ 2026 y la visita de estrellas Michelin como la familia Marcon. La tradición ancestral y la alta cocina internacional se dan la mano sin perder el norte: el patrimonio afrocolombiano.
Pero la cultura no solo se degusta, también se transmite. Y en eso, la recién llegada Inravisión —el histórico sistema de medios públicos que ha recuperado su nombre— ha plantado bandera en la Torre del Reloj.
Su nueva sede, con más de 170 metros cuadrados y un centro cultural abierto a la ciudadanía, no es un edificio: es una declaración de intenciones. Aquí, en la frecuencia 91.1 de Radio Nacional, se amplificarán las historias, los acentos y las tradiciones del Caribe. Porque Cartagena no se cuenta, se escucha. Y ahora, también se ve.









