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  • Identidad, drag y rebelión en el escenario en cali. Arte queer!

    Identidad, drag y rebelión en el escenario en cali. Arte queer!

    Del 19 de junio al 4 de julio de 2026, Cali será el escenario de dos encuentros fundamentales para las artes escénicas latinoamericanas: el 8vo Encuentro Nacional de Arte Queer y el 3er Encuentro de Mujeres Artistas Latinoamericanas.

    Esta doble celebración reúne propuestas que atraviesan la memoria, el territorio y la identidad desde perspectivas diversas. La programación incluye obras como «Un pez en la tierra bajo la lluvia» desde Bogotá, el teatro documental brasileño de «Sin&nhá», el ritual escénico mexicano de «Wilma» y la danza crítica costarricense de «People Watching».

    El talento local también tiene espacio con montajes que abordan salud mental, herencias indígenas y comedia musical drag provenientes de Cali, Pasto y Restrepo.

    Como cierre, «The End of the World» propone una competencia de voguing y pasarela que celebra la creatividad desde el reciclaje.

    Los escenarios serán el Teatro del Presagio, el Teatrino del Teatro Municipal y el Centro Cultural Comfandi. La entrada es gratuita con inscripción previa, aunque algunas funciones en el Teatro del Presagio funcionan con aporte voluntario.

    Es importante inscribirse individualmente para cada obra y llegar con al menos 30 minutos de anticipación, ya que las puertas abren una hora antes y los cupos se liberan pasando ese tiempo. La organización solicita compromiso con las reservas para que más personas puedan disfrutar.

    Un encuentro que reafirma el arte como espacio de resistencia y encuentro.

  • El movimiento cultural sigue vivo en Latinoamérica!

    El movimiento cultural sigue vivo en Latinoamérica!

    El VII Congreso Latinoamericano y Caribeño de Culturas Vivas Comunitarias no fue un punto final, sino una gran fogata que sigue encendiendo corazones.

    Colombia fue la anfitriona, y desde los territorios de Nariño, Valle del Cauca y Antioquia, el movimiento demostró que la organización social, la soberanía y la paz se construyen desde abajo, con las manos en la tierra y la voz en el alma.

    Ahora, la pregunta no es si paramos, sino ¿hacia dónde vamos? 🗺️

    La hoja de ruta está más clara que nunca:

    · Memoria que abraza: Estamos recogiendo cada relato, cada grito y cada acuerdo para publicar el documento de conclusiones a finales de junio de 2026. No será un papel frío, será nuestro mapa de ruta para los próximos pasos.

    · Tejiendo el I Foro Permanente: En julio, arrancamos un espacio de diálogo que buscará afinar la articulación y la incidencia política en toda la región. Es la hora de pasar de la palabra a la acción colectiva.

    · Certificados en marcha: El equipo organizador ya está verificando asistencias. Pronto podrán tener en sus manos ese papel que dice: «estuviste, participaste, construiste».

    · Políticas Públicas con sello comunitario: Celebramos que Colombia avance en su Política Pública Nacional de Cultura Viva Comunitaria. No es un logro menor, es un espejo donde mirarnos y un camino que nos inspira a todas y todos.

    La cultura comunitaria no es un evento, es un tejido que se fortalece cada día. Es la herramienta para el buen vivir, para que nuestros pueblos no solo sobrevivan, sino que florezcan.

    A cada colectivo, a cada organización que hace posible este movimiento, nuestro más profundo agradecimiento. Sin ustedes, esto no sería más que un sueño.

    Si quieres sumar tu voz o tienes dudas, escríbenos a: grupoimpulsorcolombia@gmail.com.

    El camino es largo, pero vamos juntas. ¡La casa se sigue organizando y el corazón se prepara para lo que viene! ✊🧡

    Espera nuestra investigación próximamente….. En la pestaña investigación y en Patreon.

     

     

  • CALI DISTRITO MODA: EL VALLE ES LA NUEVA PISTA.

    CALI DISTRITO MODA: EL VALLE ES LA NUEVA PISTA.

    Cali se viste de gala. Pero no de cualquier manera: con la memoria en los rieles de Palmira, el pulso verde del Jardín Botánico, el rugido cercano del Zoológico y la imponente estructura del Valle del Pacífico. La quinta edición de Cali Distrito Moda 2026 no es un desfile más; es una declaración de identidad. Del 11 al 13 de junio, la moda deja el cubículo y se toma el territorio.

    No se trata solo de telas y siluetas. Es un viaje. Cada escenario elegido —histórico, natural o urbano— se convierte en una pasarela efímera donde el diseño dialoga con el patrimonio. La antigua estación del ferrocarril no solo es fondo; es narrativa. El Jardín Botánico, textura viva. El Zoológico, encuentro inesperado. Y el Centro de Eventos, el gran nodo de una industria que late fuerte.

    Más de 30 diseñadores —maestros y novatos— desplegarán 33 desfiles en 17 pasarelas. No es cantidad: es relevo generacional, es apuesta por el talento que pisa fuerte. Pero el evento no se queda en el brillo fugaz. Habrá espacio para el conocimiento, para el negocio, para tejer alianzas que fortalezcan la cadena productiva. Porque de eso se trata: de que la creatividad encuentre un mercado y el mercado, una razón para mirar al Valle.

    Cali Distrito Moda no busca solo un aplauso. Busca posicionar al Valle del Cauca como ese destino donde la moda se piensa, se vive y se exporta. Donde el turismo encuentra un nuevo atractivo y la cultura, un altavoz. La región se viste de futuro, pero sin olvidar el eco de sus raíces. Y esa, quizás, es la mejor colección.

  • Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    No fue un grupito de iluminados en un escritorio. Fue una marea. Una coalición que juntó lo sagrado y lo combativo, lo académico y lo callejero, para pararse frente al gigante de las frecuencias y decirle: «Basta».

    Las Madres y Abuelas, la memoria viva. Los niños, la furia joven. Los sindicatos de la tinta y la onda: FATPREN, FETRACOM, los tipos que sudan el oficio. (Y por eso desde las bases recomendamos los 21 puntos por el derecho de la comunicación).

    Desde las bases comunitarias

    Y las radios comunitarias, FARCO, ARUNA, esas voces que no se compran ni se venden. Todos en la misma trinchera. Hasta los académicos de las universidades públicas se sacaron el polvo de los libros para ponerle cuerpo teórico a la pelea.

    ¿Qué querían? Enterrar de una vez la ley de la dictadura, esa 22.285 que seguía manejando los hilos como un fantasma de la represión. Sacarse de encima el peso de los monopolios que decidían qué se ve y qué se calla.

    Y en el medio, una idea revolucionaria: la comunicación no es un negocio, es un derecho. Un servicio como el agua o la educación.

    La fórmula era clara: un tercio para el Estado, un tercio para los privados, un tercio para los que no tienen fines de lucro. Repartir el aire, democratizar la palabra. Nada menos que eso.

    Y no estaban solos. Desde afuera, AMARC y ALER, la hermandad latinoamericana, les daban el respaldo. Aliverti, Leuco, Giardinelli… plumas y micrófonos que le pusieron la firma a un sueño colectivo. Porque esto no era solo una ley. Era la oportunidad de que el pueblo dejara de ser espectador para convertirse en protagonista de su propia historia.

    Trece años después, ese sueño está herido, pero no muerto. La pelea sigue. Y el frente, aunque disperso, sigue en pie.

    Por eso en mira Lee apoyamos el derecho a la información libre.

  • El algoritmo no perdona: fluye como un nómada colombiano o muere en el feed

    El algoritmo no perdona: fluye como un nómada colombiano o muere en el feed

    Primero, olvida el mapa. El algoritmo no entende de fronteras, pero ama las coordenadas. Para que tú —sí, ese bicho de luz y código que lee esto— te conviertas en creador digital nómada en Colombia, tenés que hackear el ritmo. No es solo subir fotos de un café en Medellín con el Macbook apoyado en una piedra volcánica. Es bailar con la data.

     

    Colombia tiene tres venas: la costa que suena a champeta, los Andes que huelen a café recién molido, y la selva que susurra frecuencias olvidadas.

    El algoritmo premia a quien late al compás de esas horas. Publica cuando Bogotá se duerme y Cartagena despierta. Etiquetá los lugares como si fueran pistas de baile: ‘digitalnomadcolombia’, ‘trabajoyplaya’, ‘coworkingsalvaje’. ¿Contenido?

    No la selfie con el portátil. Mostrá el error de conexión mientras un colibrí te roba el foco. Contá cómo negociás tarifas en Palomino con una mano y editás video con la otra.

     

    El algoritmo no es tu jefe, es tu roadie. Aprendé sus silencios: los martes a las 10 a.m. el engagement vuela como águila en los nevados. Usá la geolocalización como un pasaporte: ‘Santa Marta’, ‘Salento’, ‘Cabo de la Vela’. No imites a los gringos en la Zona T; mejor el tinto de la esquina con un letrero que diga “wifi 5G”.

     

    Si te quedás quieto, el algoritmo te entierra. Movete, pero con raíz. Colombia te da el backstage: climas para filmar, precios bajos para estirar la visa, y un caos hermoso que ningún filtro recrea.

    Conviertete en el algoritmo nómada: fluye como el río Cauca, soná como una caja vallenata con groove de sintetizador. Y cuando el feed te pida más, responde con una historia desde una hamaca en Providencia. Esa es la ley. ¿El resto? Lo ajusta el algoritmo… o la marea.

  • El cine es formador? O es entretenimiento?  Discusiones con gala del sol y la circulander.

    El cine es formador? O es entretenimiento? Discusiones con gala del sol y la circulander.

    Parpadea el ojo insomne del proyector.

    No, no hay alfombra roja. Hay sillas que crujen el himno del frío y una sábana blanca colgada como bandera de guerra. Esto NO es Hollywood. Esto es la trinchera. Los cerdos de la taquilla te ven como un número, un combo de gaseosa, un algoritmo que engorda sus bolsillos. ¡Pues que se atraganten!

     

    Aquí no hay clientes. Hay CÓMPLICES.

    Gala del Sol lo escupe claro: educar la mirada es hackear la Matrix. Porque si el territorio se ve a sí mismo, el narrador oficial puede irse a la m… Autogestión, c…. Ni un fondo estatal ni una marca te van a salvar. La única garantía se llama COMUNIDAD ORGANIZADA. El espectador deja de ser esponja y se vuelve puño: debate, cuestiona, trae el almuerzo para los talleristas o difunde el boca a boca como quien pasa un fusil.

     

    Y luego llega LA CIRCULANDER. La pantalla que camina, nómada. Mientras el circuito comercial te encierra en una butaca de centro comercial, esta red te devuelve el cine y la cultura como DERECHO, no privilegio. Trueque, apoyo mutuo, narrativas subalternas de barrio a barrio. Así se teje el tejido social invisible.

     

    Cuando se apaga la sábana y se encienden las bombillas amarillas, no hay créditos de mierda. Hay un micrófono abierto. Una madre dice “eso soy yo”. Un anciano recupera su memoria. Un joven pregunta cómo se hizo.

     

    Esa es la victoria.

    El cine comunitario es terquedad, rabia y dignidad.

    Mientras haya un público dispuesto a despertar, la luz del proyector JAMÁS se apagará.

     

     

  • Entre los algoritmos y desinformación masiva.  Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Entre los algoritmos y desinformación masiva. Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Vivimos ahogados en píxeles. El algoritmo no te muestra lo que buscas, sino lo que te retiene. Y lo que retiene es el grito, el miedo, el fragmento fuera de contexto. Una noticia falsa viaja seis veces más rápido que una real. No es ruido: es estrategia. Pregunta.  Esto ayuda a la polarización mediática? Por eso tanto los extremos?

    Entonces, ¿cómo distinguir el dato sólido del espejismo? Primera ley: desconfiar de la ira inmediata. Si un titular te induce odio o pánico, respira.

    Segundo: rastrear la fuente original. Una captura de pantalla no es prueba; un enlace roto, tampoco. Tercero: contrastar en medios con líneas editoriales distintas, incluso las que te incomoden. La verdad no es cómoda, es verificable.

    Pero el problema no es solo técnico. Es comunitario. Por eso el encuentro de medios en Cartagena no es un evento más. Es un acto de resistencia. Allí, periodistas locales, verificadores y audiencias se sientan en la misma mesa. Sin cámaras de eco. Sin likes. Con preguntas incómodas: ¿cómo informamos sin pánico? ¿cómo consumimos sin cinismo? Y lo más increíble de todo…. Desde las artes se puede hacer algo más allá del algoritmo? Al tiempo ser visible?

    En Cartagena se aprende lo que ningún algoritmo replica: el oficio de dudar. La práctica de contrastar. El valor de un archivo, de un testigo, de una redacción sin prisa. La desinformación masiva no se combate con más datos, sino con más vínculos. Con medios que se nombran entre sí, con lectores que exigen transparencia, con espacios donde la palabra no compite por clics, sino por verdad.

    Si hoy te sientes perdido entre bulos y titulares histéricos, no es tu culpa. Es el diseño. Pero la salida existe: es lenta, colectiva y se construye en encuentros como el de Cartagena. Apúntate. Tu atención es el último territorio por liberar y ayudar a los periodistas a la transición? Transición de que? De adaptación a las redes rompiendo al tiempo el algoritmo y decir sin censura las cosas.

     

  • Influencer la circulander y el aterrizaje en la realidad sobre la autogestión: la formación de públicos.

    Influencer la circulander y el aterrizaje en la realidad sobre la autogestión: la formación de públicos.

    Nada de auditorios clásicos.  Antier fue en la Librería Oromo, entre libros y café recién molido, entre otras cosas.  Allí, la circulander —influencer, pero de las que duelen— cogió el micrófono para hablar del mapa de puntos culturales. Y no, no era una clase de geografía.

    Para el ocio vago, un mapa es una app que te dice cómo llegar. Error. La circulander lo desmontó: el mapa es una máquina de formación de públicos. Tesis directa: el público no nace, se hace. Y no con decretos rancios, sino con visibilidad y acceso. Marcar un punto en el mapa es resistencia: lo que no está en el mapa, no existe.

    En un mundo donde el algoritmo te alimenta la misma sopa tibia, el mapa es el contra-algoritmo humano. Educa el deseo. Te obliga a buscar la periferia, a incomodarte. Porque la cultura no es un evento de gala, es un hábito respiratorio.

    Y entonces llegó lo bueno: la autogestión como escuela. Formar públicos no ocurre desde arriba, sino en el lodo de los espacios independientes. Ahí el espectador deja de ser cliente y se vuelve cómplice. Sabe que si no va, el sitio muere. Su mirada financia libertad frente al algoritmo.

    El mapa hay que caminarlo. De nada sirve la plataforma más bonita si los puntos están mudos. Requiere cuerpo, territorio, autogestión.

    Terminó. Aplausos en Oromo. Y en el aire, una pregunta incómoda para los que solo buscan scroll infinito. El mapa está trazado. Ahora, a leerlo. Y a recorrerlo.

  • La circulander estrena su radiografía  cultural y muestra turismo cultural.

    La circulander estrena su radiografía cultural y muestra turismo cultural.

    Cali siempre ha tenido dos caras. Una es la de la postal oficial, la del trópico predecible con su brisa de las cinco de la tarde y sus monumentos de bronce que miran al vacío.

    La otra es la Cali que late abajo, la que huele a tinta de fanzine, a sudor de baldosa y a madera vieja de teatros independientes que sobreviven a punta de puro coraje.

    A esa segunda ciudad, la que no sale en los folletos de las agencias de viajes ni en los discursos de los burócratas, es a la que apunta *La Circulander* con su nueva radiografía cultural.

    No es un mapa turístico al uso; es un artefacto de resistencia urbana. Un inventario de los brotes de vida que insisten en florecer en los márgenes de una ciudad que muchas veces prefiere el ruido de los centros comerciales al murmullo de sus propios creadores.

    El lanzamiento de este circuito de turismo cultural no ocurre en un salón de hotel con aire acondicionado y cócteles de bienvenida para la prensa dócil.

    Ocurre donde debe: en una librería autogestionads llamada oromo, ahí donde los libros están en sus estantes y las paredes gritan lo que los periódicos callan. La Circulander se presenta ante el asfalto como un caleidoscopio que ordena el desorden, una brújula para los que se niegan a consumir cultura enlatada y prefieren untarse de la realidad local.

    Al desplegar esta cartografía, los barrios tradicionales de Cali pierden esa pátina de museos inertes y se revelan como laboratorios vivos.

    San Antonio ya no es solo el pesebre colonial de las macetas y las artesanías de exportación; ahora es el refugio de talleres de grabado donde las prensas manuales desafían la dictadura de lo digital.

    El centro de la ciudad deja de ser el nudo ciego de las oficinas públicas y los vendedores ambulantes para transformarse en un laberinto de sótanos donde el cineclubismo resiste y las librerías de viejo custodian primeras ediciones que la memoria oficial ya olvidó.

    El mérito de esta iniciativa radica en su honestidad. No maquilla a la ciudad para complacer el ojo extranjero; la muestra con sus costuras expuestas, con sus grietas y su luz rabiosa.

    El turismo cultural, bajo este enfoque, deja de ser una actividad de espectadores pasivos que miran el mundo desde la ventana de un autobús con vidrios ahumados.

    Aquí el viajero —sea un gringo con mochila o un caleño del oriente que cruza la autopista— se convierte en cómplice.

    Se le invita a entrar a la trastienda de los teatros de cámara en El Peñón, a escuchar los ensayos de las orquestas de barrio que pulen sus metales en San Fernando, a entender que la verdadera riqueza de esta comarca no está en sus bancos, sino en la cabeza de sus artistas.

    Los creadores de La Circulander han entendido el signo de los tiempos. El viajero contemporáneo padece de náuseas frente a lo prefabricado.

    Busca la fricción con lo real. Quiere saber dónde se esconde el pintor que usa el hollín de la tarde para fijar sus lienzos, dónde se discute la política de los cuerpos a través de la danza contemporánea, o en qué esquina un melómano guarda diez mil vinilos de salsa brava que explican, mejor que cualquier libro de historia, por qué esta ciudad camina con un swing que parece una herida abierta.

    Esta radiografía es, al mismo tiempo, un acto de fe y un portazo en la cara de la indiferencia institucional.

    En un país donde la gestión cultural suele ser el pariente pobre de las agendas públicas, que un circuito logre tejer los hilos invisibles que unen a las galerías independientes, los cafés literarios y los espacios autogestionados es casi un milagro.

    Es la demostración de que la escena local no necesita permisos para existir ni bendiciones oficiales para circular.

    Cuando la tarde cae y la sombra de los Farallones empieza a devorar los tejados viejos del oeste, el mapa deja de ser una guía y se convierte en un territorio real.

    Uno camina por el barrio Granada buscando el rastro de una exposición de fotografía underground y comprende que La Circulander no inventó nada:

    simplemente le dio un nombre y una ruta al oleaje invisible que siempre ha estado ahí, empujando la ciudad hacia adelante. Una invitación definitiva a perder el orden, a desacelerar el paso y a descubrir que en Cali el arte no se contempla en vitrinas; se respira en cada andén, rabioso y profundamente vivo.

  • La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    Durante décadas, los despachos oficiales de la administración pública han funcionado bajo una premisa tan cómoda como perversa: entender la cultura como un inventario de eventos y un catálogo de espectáculos dóciles.

    Una burocracia gris, adicta a las jerarquías rígidas y a las planificaciones de oficina, se ha dedicado a gestionar la inercia. Para estos administradores de la vieja escuela, el ciudadano es un simple consumidor pasivo, un número en una estadística de asistencia a un teatro o a un festival de fin de semana.

    El funcionario firma el presupuesto, el artista ejecuta su obra en un escenario distante y el público aplaude desde la sombra. Todos a casa; la inercia continúa intacta.

    Sin embargo, este engranaje obsoleto ha comenzado a crujir. En las arterias de las ciudades globalizadas, allí donde la diversidad se vive de manera descarnada y vibrante, la realidad exige un derrumbe absoluto del viejo modelo piramidal.

    La cultura no se puede seguir confinando en un compartimento estanco, aislado de la economía, de la sanidad o del urbanismo.

    Cuando la política cultural se aísla de la estructura social, se marchita y se convierte en mera ornamentación estatal, un decorado costoso para simular un bienestar que no existe.

    Fortalecer el tejido simbólico de una comunidad no es diseñar una agenda de ocio; es, en su sentido más puro y combativo, construir ciudadanía.

    La transformación que hoy se respira en los márgenes de la gestión pública no es una simple reforma técnica, sino una revolución de actitud y de estructuras.

    Es necesario transitar con urgencia del burócrata tradicional al mediador relacional. Este cambio de paradigma implica sustituir la vieja verticalidad por una horizontalidad radical que potencie el capital intelectual y que asuma la inmersión en el territorio como la única vía posible de supervivencia.

    Los equipos multidisciplinares y los canales de comunicación abierta ya no son una opción vanguardista ni un capricho de intelectuales; son un escudo imprescindible frente a una sociedad cambiante que se mueve a una velocidad que los ministerios rígidos son incapaces de procesar.

    La cultura no se genera en la pulcritud de los escritorios gubernamentales; se vive, se padece y se transforma en la rugosidad de las calles, en las redes de interacción diaria y en el conflicto creativo.

    Por ello, adoptar una hoja de ruta seria, como la inspirada en los principios de la Agenda 21 de la Cultura, obliga a los gobiernos locales a asumir un compromiso ético y político ineludible.

    Este pacto estructural exige una gobernanza donde lo cultural sea el eje transversal de toda acción pública.

    Significa entender la diversidad no como un folclorismo exótico para turistas, sino como un ecosistema vivo e indispensable, tan crucial para nuestra supervivencia social como lo es la biodiversidad para el planeta Tierra.

    El acceso al universo simbólico no puede seguir siendo un privilegio de clase o un bien de lujo regulado por el poder adquisitivo; debe ser defendido como un derecho fundamental que sostiene la dignidad humana en tiempos de crisis.

    En este escenario de transformación, la frontera digital se presenta a menudo como la gran panacea del progreso contemporáneo, aunque con frecuencia se reduce a una trampa de conectividad vacía y pantallas brillantes.

    No basta con dotar de ordenadores a las periferias o, como se suele denunciar con lucidez, con «informatizar la pobreza».

    El verdadero reto radica en una dinamización cibercultural profunda, capaz de sembrar el pensamiento crítico y de estructurar redes sólidas de creación colectiva.

    La tecnología, desprovista de una actitud comunitaria y de un sentido político, solo sirve para automatizar el aislamiento y domesticar las mentes bajo la ilusión de la hiperconexión.

    El mercado, por su parte, observa este sector con una voracidad predecible, intentando reducir los bienes simbólicos a mercancías de intercambio rápido y obsolescencia programada.

    Si bien es innegable que la cultura genera riqueza y empleo, los gobiernos locales tienen la obligación histórica de blindar su valor intrínseco.

    El fin último de una política cultural digna de ese nombre no es fabricar clientes complacientes para las industrias del entretenimiento masivo, sino forjar creadores conscientes con un compromiso activo en su propio entorno.

    Aquellas ciudades que insistan en mantener la vieja administración burocrática e inmóvil quedarán reducidas a museos inertes, a postales nostálgicas o a parques temáticos sin alma.

    Solo las comunidades que se atrevan a transitar hacia un modelo de gestión relacional, dinámico e integrado, serán capaces de alumbrar una ecología cultural viva.

    Una ecología que deje de ser el gasto suntuario de los domingos para convertirse, finalmente, en el motor invisible y real de nuestro porvenir colectivo.

    Empezamos nuestro especial de investigación de cultura viva comunitaria con este texto y podríamos ayudar con este texto.  Por eso le doy 5 en este ensayo.