Etiqueta: CINE

  • La música y el cine. Complementos?

    La música y el cine. Complementos?

    No hace falta una orquesta. Basta con el gemido de una slide guitar sobre un paisaje que duele. Wim Wenders filma el desierto de Texas como si filmara el interior de un hombre que ha olvidado hablar. Sus planos son largos, como los silencios que dejamos en las habitaciones vacías. Pero el cine, por sí solo, es un espejo mudo. Necesita la grieta. Ahí aparece ry.

    Su guitarra no acompaña; desnuda. Cada nota es una vértebra que se quiebra. Cuando Travis (Harry) camina sin rumbo en París, Texas, la música de Cooder no dice «tristeza»; dice la textura de la ausencia. Esa cuerda de acero que llora como un hombre que ha olvidado cómo hacerlo.

    La escena cumbre, aquella donde Travis ve la grabación en súper-8 de su mujer perdida, se sostiene gracias a esa alquimia a dos bandas. La imagen es polvo y luz. La música es la sangre que late bajo ese polvo. No hay diálogo que valga. El sentimiento no se articula con palabras… Wenders te da el marco: el coche chamuscado, la carretera infinita, el teléfono sin usar. Cooder te da el alma: ese slide que rasga el silencio como un bisturí.

    Juntos demuestran que la emoción no está en el grito, sino en el espacio entre el fotograma y la nota. El cine te muestra la soledad; la música te la pone en los huesos..

    Que no se te olvide que cuando escuchas una canción, se puede escuchar también las historias.

  • La caminata que cambio colombia.  La marcha del hambre.

    La caminata que cambio colombia. La marcha del hambre.

    Θ¿Te imaginas caminar 1.600 kilómetros con el estómago vacío, sin agua, sin nada, solo por dignidad?

     

    En 1966, 800 profesores colombianos lo hicieron. Desde Santa Marta hasta Bogotá. A puro pulmón. A pura rabia. A pura esperanza. Solo 86 llegaron. El resto quedó en el camino, derrotado por el hambre, el cansancio o el olvido.

     

    Pero esos 86 lograron lo imposible: sentarse frente al presidente y arrancarle el Estatuto Docente. Las bases de la educación pública que hoy damos por sentado.

     

    «Por Colombia, por la educación… ¡Hasta la muerte!» — esa arenga no era poesía, era la única verdad que tenían.

     

    Ahora, La Marcha del Hambre llega al cine desde el 14 de mayo y todavía sigue en cines.  Y no es un documental cualquiera. Es una road movie emocional donde su directora, Sorany Marín Trejos —docente y cineasta— reconstruye ese camino con las voces de los sobrevivientes, con los pasos de los que ya no están y con la memoria que se negó a morir.

     

    Esta película no es para mirar distraído. Es para entender que lo público se defiende con el cuerpo. Es para agradecer a quienes sembraron la carrera docente que hoy disfrutamos. Es para recordar que la educación no es un gasto, es una conquista.

     

    60 años después, la historia vuelve a caminar. Esta vez en pantalla grande.

     

    No la dejes pasar. Porque marchar es el real poder de estar juntos. Y porque el cine, cuando duele, también transforma.

     

    Estreno: 14 de mayo en cines de Colombia.

     

    ¿Vas a perderte la marcha que no termina?

     

    🎥 Trailer: https://youtu.be/X5ZrTn-5QG4?si=XE_8JxI8qBuvIBO5

  • Vuelve el siembra fest! Y te está esperando a ti!

    Vuelve el siembra fest! Y te está esperando a ti!

    El cine no se hace en las nubes. Nace entre raíces, barro y manos callosas.

     

    Por eso el SiembraFest vuelve. Onceava edición. Del 9 al 18 de septiembre de 2026, Sasaima y Villeta (Cundinamarca) dejan de ser mapas para convertirse en pantallas. Plazas, polideportivos, veredas. El campo se toma el cine y el cine se deja untar de tierra.

     

    Este año, con un extra: 2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora (la FAO lo dice, pero nosotras lo vivimos). La Muestra Central se llama Mujeres que sostienen la vida. No es metáfora. Son ellas —las que siembran maíz, tejen memoria, crían hijos y resisten sequías— las que protagonizan el relato. El festival les devuelve la mirada. Sin exotismos. Con afecto y verdades.

     

    Durante diez días, el audiovisual colombiano se desempolva. Sale de las salas de estreno, se sienta en el pasto, comparte tamal y conversa con quien nunca había visto su historia en una película. Porque el cine también es convite, taller, risa de niños y silencio de ancianos.

     

    ¿Y si tienes una historia que contar? La convocatoria oficial está abierta. Cortos, largos, ficción, docu, animación. Lo que dialogue con el territorio, las emociones, las formas de habitar este país tan atravesado. Fecha límite: 30 de junio de 2026.

     

    El SiembraFest no busca espectadores. Busca cómplices. Gente que entienda que una película, cuando se proyecta en el campo, no termina en los créditos. Sigue creciendo.

     

    Entrega tu obra. Que florezca donde importa.

  • El cine es formador? O es entretenimiento?  Discusiones con gala del sol y la circulander.

    El cine es formador? O es entretenimiento? Discusiones con gala del sol y la circulander.

    Parpadea el ojo insomne del proyector.

    No, no hay alfombra roja. Hay sillas que crujen el himno del frío y una sábana blanca colgada como bandera de guerra. Esto NO es Hollywood. Esto es la trinchera. Los cerdos de la taquilla te ven como un número, un combo de gaseosa, un algoritmo que engorda sus bolsillos. ¡Pues que se atraganten!

     

    Aquí no hay clientes. Hay CÓMPLICES.

    Gala del Sol lo escupe claro: educar la mirada es hackear la Matrix. Porque si el territorio se ve a sí mismo, el narrador oficial puede irse a la m… Autogestión, c…. Ni un fondo estatal ni una marca te van a salvar. La única garantía se llama COMUNIDAD ORGANIZADA. El espectador deja de ser esponja y se vuelve puño: debate, cuestiona, trae el almuerzo para los talleristas o difunde el boca a boca como quien pasa un fusil.

     

    Y luego llega LA CIRCULANDER. La pantalla que camina, nómada. Mientras el circuito comercial te encierra en una butaca de centro comercial, esta red te devuelve el cine y la cultura como DERECHO, no privilegio. Trueque, apoyo mutuo, narrativas subalternas de barrio a barrio. Así se teje el tejido social invisible.

     

    Cuando se apaga la sábana y se encienden las bombillas amarillas, no hay créditos de mierda. Hay un micrófono abierto. Una madre dice “eso soy yo”. Un anciano recupera su memoria. Un joven pregunta cómo se hizo.

     

    Esa es la victoria.

    El cine comunitario es terquedad, rabia y dignidad.

    Mientras haya un público dispuesto a despertar, la luz del proyector JAMÁS se apagará.

     

     

  • Cine Sinfónico: Bandas Sonoras llega al  Teatro Municipal Enrique Buenaventura.

    Cine Sinfónico: Bandas Sonoras llega al Teatro Municipal Enrique Buenaventura.

    Hay noches en que las paredes republicanas de Cali no solo resguardan la historia, sino que se convierten en el portal hacia otros mundos.

    El Teatro Municipal Enrique Buenaventura, ese coloso de la cultura que ha visto pasar mil batallas de aplausos, se prepara para un ritual que no es simplemente un concierto: es un pasaje directo a la memoria emotiva de varias generaciones.

    El próximo viernes 10 de julio, a las siete de la noche, las luces de la sala principal se atenuarán, pero esta vez el silencio no será el preludio del drama teatral, sino el rugido de una orquesta dispuesta a hacernos flotar.

    Cine Sinfónico: Bandas Sonoras es el título de la apuesta. Suena formal, casi académico, pero detrás del nombre se esconde un artefacto de nostalgia pura.

    Imaginen la escena: la Banda Departamental del Valle del Cauca, un cuerpo de músicos que cargan en sus hombros el rigor de los clásicos, afinando sus instrumentos.

    De repente, el golpe de un timbal o el viento de un corno francés rompen el aire y, sin previo aviso, usted ya no está sentado en la luneta de un teatro del centro de Cali.

    Usted está en una galaxia muy, muy lejana; o cruzando un universo de superhéroes; o tal vez, volando en una escoba sobre un castillo medieval.

    Ese es el poder de la música de cine: te saca el corazón del pecho y te lo devuelve inflado de épica.

    Pero en esta Cali que siempre busca ir más allá de la simple contemplación, el asunto no se queda en el oído.

    La genialidad de esta velada radica en el cruce de cables, en la alianza de saberes. Mientras los músicos le dan vida a las partituras que alguna vez hicieron llorar o saltar de emoción a millones en las salas de cine, los pasillos y el proscenio del Municipal se transformarán en un lienzo vivo.

    La Facultad de Artes Visuales y Aplicadas, junto al Laboratorio de Arte y Tecnología de Bellas Artes, se han propuesto la tarea de envolver al espectador.

    No se trata de proyectar una película de fondo; se trata de hackear los sentidos mediante tecnología audiovisual interactiva, creando una atmósfera donde la luz y la imagen dancen al ritmo del contrabajo y el violín.

    Cali, tantas veces golpeada por la inmediatez y el ruido estridente de la cotidianidad, encuentra en estos eventos un oasis necesario.

    Es la democratización de la emoción. El cine, ese arte popular por excelencia que nos enseñó a soñar despiertos en pantallas de barrio, regresa aquí convertido en alta cultura, pero sin perder su esencia callejera, familiar y cercana.

    Es el espacio perfecto para que el abuelo le explique al nieto qué sintió la primera vez que escuchó aquella melodía de aventura, y para que el joven le muestre al adulto cómo la tecnología de hoy puede reimaginar los mitos del ayer.

    La preventa ya corre por los cables digitales de boletaenlinea.co, con un descuento del 20% que parece un guiño cómplice para que nadie se quede por fuera de la nave.

    Porque al final del día, ir al Teatro Municipal el 10 de julio no es solo comprar una entrada para un espectáculo; es reclamar un pedazo de la memoria colectiva, es blindar la mente contra el tedio y entregarse, aunque sea por un par de horas, a la inmersión total de un viaje sin boleto de regreso.

    Los que aman de la cultura saben que el arte sana, que la música en vivo sacude las fibras más íntimas y que una ciudad que se reúne a escuchar sus bandas sonoras es una ciudad que aún recuerda cómo emocionarse unida. Nos vemos en la fila, con los ojos abiertos y el oído listo para el despegue.

    Empezamos con nuestra sección de cine oficialmente en mira Lee colocando cada viernes sobre el cine nacional.

  • El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    Hay festivales que son vitrinas de vanidades, pasarelas de alfombra roja donde el cine se consume como si fuera comida rápida.

    Y luego están las trincheras. Esas esquinas del mapa donde hacer una película no es una cuestión de ego, sino un acto de pura supervivencia cultural.

    En este 2026 de pantallas saturadas y algoritmos dictando qué debemos ver, el Bogotá International Film Festival (BIFF) acaba de activar sus motores para su duodécima edición.

    Pero no lo hace con fuegos artificiales vacíos. Lo hace con una declaración de intenciones que huele a asfalto, a oficina, a café trasnochado y a la búsqueda obsesiva de la próxima gran historia iberoamericana.

    La metamorfosis ha comenzado: el viejo *BIFF LAB* ha muerto. En su lugar, emerge el BIFF Producers Club.

    El cambio de nombre no es un mero capricho de marketing; es un giro estratégico hacia el corazón del problema. En el cine, el guion es el mapa, pero el productor es el que consigue la gasolina.

    La letra chica del talento: Un filtro para sobrevivientes.  

    Bogotá no está buscando soñadores ingenuos; está buscando cirujanos del celuloide. La convocatoria, abierta desde el 25 de mayo hasta el 20 de junio, no es apta para aficionados.

    Las reglas del juego son claras, estrictas y transparentes, como debe ser cualquier convocatoria pública que se respete:

    – Trayectoria real: Empresas productoras con mínimo tres años de constitución legal.

    – Espalda financiera: Demostrar un portafolio de al menos tres largometrajes ya estrenados.

    – Proyectos sólidos: Ficciones de mínimo 70 minutos, con un guion maduro (mínimo en tercera versión) y el 10% de la financiación ya amarrada.

    – El criterio del jurado: Aquí no se premian las buenas intenciones. Un comité riguroso evaluará la originalidad del tratamiento visual, la coherencia del desarrollo y una viabilidad financiera que garantice que la película sea una realidad en un plazo máximo de tres años. Cine posible, no promesas rotas.

    Este blindaje institucional no es un esfuerzo aislado. Detrás del blindaje del *Producers Club* se teje una red donde se encuentran la Secretaría de Cultura, el Macrosector de Industrias Creativas de la Cámara de Comercio y la Comisión Fílmica de Bogotá (Idartes). Cooperación pública y privada real, lejos de la burocracia paralizante.

    Tres días de octubre en el epicentro del caos creativo.  

    Quienes logren pasar el filtro no irán a Bogotá a pasear. En octubre, bajo el ala del Bogotá Creative Connect, los seleccionados se encerrarán durante tres días en una maratón de supervivencia profesional.

    No habrá conferencias aburridas de manual. La agenda está diseñada como un campo de entrenamiento de alto nivel: Think Tanks para repensar el negocio, paneles de discusión sectorial, Fam Trips para entender la ciudad como un set vivo, y las siempre cruciales reuniones One-to-one.

    Citas a ciegas pero con inversores, distribuidores y expertos del audiovisual mundial programadas al milímetro.

    El objetivo colateral es claro: consolidar a Bogotá no solo como una locación bonita, sino como el verdadero cerebro creativo de la región.

    El reloj ya corre. Hay tres semanas para postular, para demostrar que el cine iberoamericano tiene los dientes afilados y que las historias de este lado del mundo no necesitan pedir permiso para ser universales. Las bases están en la web del festival; la suerte, para los que se atrevan, ya está echada.

  • Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    En el vertiginoso mercado de la atención, donde la comunicación suele reducirse a un ruido blanco de algoritmos y métricas vacías, existe un refugio en Bogotá que opera bajo una lógica distinta.

    No es una oficina, aunque allí se trabaje con la precisión de un relojero; no es una fábrica de contenido, aunque sus productos circulen por las venas de la cultura continental.

    Se trata de Casa ARC, un colectivo donde se han unido saberes que, tras dos décadas de existencia y consolidada este año, ha logrado lo que parece imposible en la era de la obsolescencia programada: construir un legado basado en el rigor y la honestidad.

    Fundada en 2005, pero consolidada este año, Casa ARC no nació para seguir tendencias, sino para fundar desde una ética del acompañamiento.

    Mientras el mundo se obsesionaba con lo efímero, el equipo liderado por Nicolás Acosta Alarcón, Litza Alarcón Romero y Samuel Acosta Alarcón decidió que la comunicación estratégica debía ser.

    ante todo, un acto de fe compartido además de un saber compartido entre comunicación, publicidad y producción audiovisual dónde todas las formas de saberes son bienvenidas.

    Su premisa es tan simple como radical: *»El legado no se hereda, se construye»*. (En este caso es generacional: las historias que están construyendo Lizbeth con sus hijos) lo han hecho ladrillo a ladrillo, habitando ese espacio gris —y a menudo ignorado— entre la intención de una marca y la sensibilidad de su audiencia.

    Entrar en la narrativa de Casa ARC es recorrer una arquitectura de «Portones». No son secciones departamentales en el sentido burocrático, sino habitaciones especializadas donde los proyectos respiran. El Portón de Cine quizás su faceta más romántica y a la vez técnica, ha sido el útero de más de cien películas.

    En un país como Colombia, donde hacer cine es un acto de heroísmo cotidiano, Casa ARC se ha erigido como el aliado silencioso que sabe transformar un guion en un fenómeno cultural.

    No se limitan a «vender» una película; la habitan, comprenden su pulso y la traducen para un público que busca algo más que entretenimiento.

    Pero el santuario no se queda en la oscuridad de la sala de proyección. Se expande hacia el Turismo y la Cultura, entendiendo que viajar y crear son formas gemelas de la curiosidad humana.

    Aquí, la comunicación abandona el tono transaccional para convertirse en un relato de identidad. Y en su Sala de Prensa el ejercicio periodístico recupera su sello editorial, ese criterio que se ha perdido en la carrera por el clic fácil.

    Hay una elegancia casi anacrónica en su forma de gestionar la información: prefieren la claridad al estruendo, la esencia al artificio.

    Lo que hace a Casa ARC un fenómeno digno de análisis no es solo su longevidad, sino su capacidad para mantenerse como un «Santuario» en medio del caos corporativo. Es una anomalía saludable en el ecosistema bogotano.

    En sus oficinas, el concepto de «cocreación» no es una palabra de moda en un PowerPoint, sino una metodología donde el cliente deja de ser un emisor para convertirse en parte de un ecosistema vivo.

    Al final, la trayectoria de estos veinte años nos deja una lección sobre la sostenibilidad del pensamiento crítico aplicado a la empresa.

    Casa ARC demuestra que la comunicación, cuando se ejerce con criterio y alma, es capaz de sobrevivir a las crisis de modelo y a las mutaciones digitales. No solo han gestionado marcas; han custodiado historias.

    Y en un mundo que parece haber olvidado cómo escucharse, tener un lugar donde el ruido se transforma en claridad es, posiblemente, el mayor acto de vanguardia que podemos presenciar.

    ¿Es posible comunicar sin traicionar la esencia? En Bogotá, detrás de unos portones que miran al futuro con la calma de quien sabe lo que ha construido, la respuesta es un rotundo y creativo sí.

  • Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    En un país donde la pantalla grande ha sido, por décadas, un club privado de estéticas importadas y relatos de «clase media alta en crisis existencial», surge una pregunta que pica como el sol del Chocó a mediodía:

    ¿Si tuviéramos otras imágenes, qué pensaríamos de nosotros? No es una duda retórica; es un desafío estructural.

    Durante años, la representación de las comunidades étnicas en Colombia ha oscilado entre el folclorismo condescendiente o el retrato crudo de la carencia.

    Pero el guion está cambiando, y esta vez, quienes sostienen la cámara no piden permiso para entrar en el encuadre.

    La llegada de la segunda convocatoria de ERA FUTURO, el Fondo Audiovisual para la Equidad Racial de Manos Visibles, no es solo una noticia administrativa; es un acto de soberanía narrativa.

    Estamos hablando de un fondo que entiende que la equidad no es un adorno en los créditos finales, sino una base sólida desde la producción.

    La regla es clara y contundente: empresas cinematográficas con al menos un 40% de participación de personas indígenas o afrodescendientes. Aquí no se trata de «incluir», se trata de pertenecer.

    La Anatomía de la Nueva Imagen. 

    La convocatoria busca largometrajes, ya sean de ficción o documental, que tengan la potencia estética de una marea alta. No buscan contenidos ligeros; buscan cinematografías que miren de frente los problemas urgentes de nuestro tiempo. Es una apuesta por el cine que no solo se ve, sino que se siente en los huesos.

    ¿Qué se necesita?

    Identidad en el ADN: La cuota del 40% asegura que la mirada étnica sea parte de la toma de decisiones, no solo un decorado frente a la lente.

    Madurez Creativa: Proyectos en etapa avanzada de desarrollo, producción, posproducción o incluso listos para el gran estreno.

    Visión Artística: Menos clichés, más riesgo. Se premia la estética que rompe el molde tradicional del «cine colombiano de exportación».

    El Reloj Corre: La Ruta Hacia el Pitch.  

    El calendario cinematográfico de este 2026 ya tiene marcadas sus fechas de oro. Quienes tengan historias que queman en el pecho tienen hasta el 21 de mayo para cerrar sus carpetas y enviar ese formulario que podría cambiar el rumbo de su productora.

    Después, vendrá el suspenso: el 12 de junio se conocerán los aceptados, y entre el 2 y 3 de julio, los seleccionados tendrán que defender su visión en un pitch que promete ser más intenso que un clímax de suspenso.

    Finalmente, el 9 de julio, el país conocerá a los nuevos guardianes de nuestras imágenes.
    «No estamos pidiendo un espacio en su historia; estamos construyendo la nuestra.»

    La verdadera transformación no ocurre en la alfombra roja, ocurre en el presupuesto, en la financiación y en la libertad de contar quiénes somos sin filtros coloniales.

    Manos Visibles, a través de ERA FUTURO, está poniendo los recursos donde antes solo había promesas.

    Si tienes el guion, si tienes la empresa con el alma diversa y si tienes la rabia o la ternura necesaria para capturar nuestra realidad, el correo audiovisual@manosvisibles.org es tu puerta de entrada.

    Porque si cambiamos las imágenes, cambiamos el pensamiento. Y si cambiamos lo que pensamos de nosotros, el futuro deja de ser una incertidumbre para convertirse en una película que, por fin, nos representa con dignidad y belleza.
    Corten. Cámara. ¡Acción por la equidad!

  • El Diluvio que nos Debían: Gala del Sol y el Bautizo de Fuego en Babel.

    El Diluvio que nos Debían: Gala del Sol y el Bautizo de Fuego en Babel.

    No busquen refugio. El estreno internacional de ”Llueve sobre Babel” no es un paraguas para protegernos de la realidad, es la inundación necesaria que venía avisando el cine latinoamericano.

    Con solo 28 años, la caleña Gala del Sol ha dejado de ser una «promesa» para convertirse en el huracán que ha despeinado a la crítica global.

    No lo decimos nosotros por patriotismo barato; lo dice The Hollywood Reporter, situándola en el Olimpo de lo mejor del 2025 mientras el resto del mundo apenas intenta procesar qué acaba de ver.

    El Purgatorio tiene Barra Libre. 

    Gala no juega a la segura. Su ópera prima es una bofetada de “realismo áspero” mezclado con una “psicodelia tropical” que marea y enamora.

    La premisa es tan demente como brillante: una reinterpretación coral del Inferno de Dante, pero donde los círculos del infierno se reducen a uno solo: Babel, un bar clandestino que exhala vapor y pecado.

    En este epicentro del delirio steampunk tropical, las almas perdidas no rezan; apuestan. Se juegan los años que les quedan de vida en una partida de cartas contra “La Flaca”, una personificación de la Muerte que camina entre mesas de madera vieja y luces de neón.

    Y si creen que el surrealismo termina ahí, esperen a que la salamandra parlante les dé lecciones de ética mientras el sudor de la pista de baile les empapa la camisa. Es la estética punk de los 90 dándose un beso de lengua con el realismo mágico más visceral.

    Una Torre de Sonido y Disidencia. 

    Lo que verdaderamente nos voló la cabeza en Sundance fue la transgresión sensorial. La banda sonora es un choque de trenes delicioso: salsa caleña, trap, flamenco y ritmos balcánicos.

    ¿Suena imposible? Quizás para oídos conservadores, pero bajo la mezcla técnica de los estudios de Sony Pictures, este ecosistema sonoro se siente como el latido de una ciudad que no sabe dormir.

    Pero bajo el maquillaje camp y la narrativa mística, late un corazón político. La película es un testimonio de resiliencia nacido en las entrañas de la pandemia.

    Es una exploración cruda de la identidad LGTBIQ+ y un grito de redención en una América Latina que suele castigar la diferencia.

    Gala del Sol nos ha entregado una carta de amor a Cali, escrita con sangre, sudor y purpurina. Es un triunfo maximalista que abraza nuestras contradicciones y nos escupe una verdad incómoda: en el caos de Babel, la única forma de salvarse es aceptando que ya estamos condenados, pero que al menos la música es excelente.

  • Encendiendo las pantallas: Un grito colectivo por la Exhibición Comunitaria 2026.

    Encendiendo las pantallas: Un grito colectivo por la Exhibición Comunitaria 2026.

    El cine no es solo una imagen proyectada en la oscuridad; es un acto de resistencia, un encuentro de voluntades y, sobre todo, una ventana abierta al mundo.

    El Manifiesto de la Exhibición Comunitaria 2026 surge como un recordatorio poderoso de que somos «exhibicionistas», pero no en el sentido tradicional, sino como accionadores y soñadores de costas, valles y montañas que trabajan incansablemente para que el cine llegue a donde todos puedan mirar.

    Este movimiento, integrado por cineclubes de barrio y plazas públicas, se define como una fuerza común que trabaja para abrir ventanas a través de la luz de las pantallas.

    La visión de este proyecto trasciende la mera proyección de películas. Se trata de una apuesta por abrir diálogos inesperados, movilizar sensibilidades y resignificar territorios.

    En un mundo donde el acceso a la cultura suele estar centralizado, la exhibición comunitaria propone que el cine es, en su esencia, un acto político.

    Creemos firmemente en el poder de la colectividad y reivindicamos el goce y el disfrute como herramientas políticas fundamentales para transformar nuestra realidad.

    A diferencia de la industria cinematográfica convencional, este manifiesto declara con orgullo que no necesitamos alfombras rojas donde no cabemos todos.

    Lo que realmente necesitamos son pantallas vivas en nuestras calles y comunidades, espacios donde el cine se cohabite, se cuide y se convierta en una experiencia compartida.

    Estas «salas abiertas» no están completas sin la alegría del encuentro, por lo que las fiestas con música para animarnos son una parte esencial de la experiencia cinematográfica comunitaria.

    La esencia de este movimiento se resume en una metáfora profundamente conmovedora: Un pueblo sin cine es una casa sin ventanas.

    El cine comunitario es ese aire fresco que entra a las comunidades, permitiendo que los habitantes se reconozcan en la pantalla y miren más allá de sus fronteras cotidianas.

    Este manifiesto no es un documento estático ni cerrado; es una construcción colectiva nacida de la colaboración entre participantes de México y Colombia integrantes del programa formativo de Ambulante y el encuentro de exhibición de NODO SUR.

    Hoy, la invitación queda abierta para todos aquellos que creen en el cine como una herramienta de transformación social.

    Este es un llamado a los trabajadores del cine, a los proyeccionistas de barrio y a cualquier persona que desee encender una pantalla en su comunidad.

    Como bien dicta el cierre de este documento: Este manifiesto lo terminas tú Es hora de seguir habitando las plazas y de asegurar que ningún pueblo se quede sin sus ventanas al mundo.