Etiqueta: Libro

  • Historias y criaturas.

    Historias y criaturas.

    Era una niña pequeña…. Seguía cosas de niña y vivía como niña (todos hemos vivido como niños)…. No podemos olvidar.

    Hemos seguido una estela.. una estela que no tuvo esa generación anterior a mi…. Y que no puedo olvidar…. Sera que olvidare esto? ….

    Al ser tan inocentes identificar esto que está en el pecho….. y me quedo congelada o me muevo como niño o niña … Allí estaba yo, recordando o no recordando…. Vivia o no vivía?

    Y me recordaba de algo que nos estamos recuperando…. Las historias.

    Esas historias que tienes en tu cerebro las recuerdas o no…. Creo que con el tiempo si vas recordando y te das cuenta que vives cada vez más siendo o perdiendo te a ti misma.

    Cuál de las dos permitiras vivir cuando creces…. La esencia o dejar que cosas que no son de ti se lleguen a tu vida?

     

     

  • Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    No fue un grupito de iluminados en un escritorio. Fue una marea. Una coalición que juntó lo sagrado y lo combativo, lo académico y lo callejero, para pararse frente al gigante de las frecuencias y decirle: «Basta».

    Las Madres y Abuelas, la memoria viva. Los niños, la furia joven. Los sindicatos de la tinta y la onda: FATPREN, FETRACOM, los tipos que sudan el oficio. (Y por eso desde las bases recomendamos los 21 puntos por el derecho de la comunicación).

    Desde las bases comunitarias

    Y las radios comunitarias, FARCO, ARUNA, esas voces que no se compran ni se venden. Todos en la misma trinchera. Hasta los académicos de las universidades públicas se sacaron el polvo de los libros para ponerle cuerpo teórico a la pelea.

    ¿Qué querían? Enterrar de una vez la ley de la dictadura, esa 22.285 que seguía manejando los hilos como un fantasma de la represión. Sacarse de encima el peso de los monopolios que decidían qué se ve y qué se calla.

    Y en el medio, una idea revolucionaria: la comunicación no es un negocio, es un derecho. Un servicio como el agua o la educación.

    La fórmula era clara: un tercio para el Estado, un tercio para los privados, un tercio para los que no tienen fines de lucro. Repartir el aire, democratizar la palabra. Nada menos que eso.

    Y no estaban solos. Desde afuera, AMARC y ALER, la hermandad latinoamericana, les daban el respaldo. Aliverti, Leuco, Giardinelli… plumas y micrófonos que le pusieron la firma a un sueño colectivo. Porque esto no era solo una ley. Era la oportunidad de que el pueblo dejara de ser espectador para convertirse en protagonista de su propia historia.

    Trece años después, ese sueño está herido, pero no muerto. La pelea sigue. Y el frente, aunque disperso, sigue en pie.

    Por eso en mira Lee apoyamos el derecho a la información libre.

  • La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    Durante décadas, los despachos oficiales de la administración pública han funcionado bajo una premisa tan cómoda como perversa: entender la cultura como un inventario de eventos y un catálogo de espectáculos dóciles.

    Una burocracia gris, adicta a las jerarquías rígidas y a las planificaciones de oficina, se ha dedicado a gestionar la inercia. Para estos administradores de la vieja escuela, el ciudadano es un simple consumidor pasivo, un número en una estadística de asistencia a un teatro o a un festival de fin de semana.

    El funcionario firma el presupuesto, el artista ejecuta su obra en un escenario distante y el público aplaude desde la sombra. Todos a casa; la inercia continúa intacta.

    Sin embargo, este engranaje obsoleto ha comenzado a crujir. En las arterias de las ciudades globalizadas, allí donde la diversidad se vive de manera descarnada y vibrante, la realidad exige un derrumbe absoluto del viejo modelo piramidal.

    La cultura no se puede seguir confinando en un compartimento estanco, aislado de la economía, de la sanidad o del urbanismo.

    Cuando la política cultural se aísla de la estructura social, se marchita y se convierte en mera ornamentación estatal, un decorado costoso para simular un bienestar que no existe.

    Fortalecer el tejido simbólico de una comunidad no es diseñar una agenda de ocio; es, en su sentido más puro y combativo, construir ciudadanía.

    La transformación que hoy se respira en los márgenes de la gestión pública no es una simple reforma técnica, sino una revolución de actitud y de estructuras.

    Es necesario transitar con urgencia del burócrata tradicional al mediador relacional. Este cambio de paradigma implica sustituir la vieja verticalidad por una horizontalidad radical que potencie el capital intelectual y que asuma la inmersión en el territorio como la única vía posible de supervivencia.

    Los equipos multidisciplinares y los canales de comunicación abierta ya no son una opción vanguardista ni un capricho de intelectuales; son un escudo imprescindible frente a una sociedad cambiante que se mueve a una velocidad que los ministerios rígidos son incapaces de procesar.

    La cultura no se genera en la pulcritud de los escritorios gubernamentales; se vive, se padece y se transforma en la rugosidad de las calles, en las redes de interacción diaria y en el conflicto creativo.

    Por ello, adoptar una hoja de ruta seria, como la inspirada en los principios de la Agenda 21 de la Cultura, obliga a los gobiernos locales a asumir un compromiso ético y político ineludible.

    Este pacto estructural exige una gobernanza donde lo cultural sea el eje transversal de toda acción pública.

    Significa entender la diversidad no como un folclorismo exótico para turistas, sino como un ecosistema vivo e indispensable, tan crucial para nuestra supervivencia social como lo es la biodiversidad para el planeta Tierra.

    El acceso al universo simbólico no puede seguir siendo un privilegio de clase o un bien de lujo regulado por el poder adquisitivo; debe ser defendido como un derecho fundamental que sostiene la dignidad humana en tiempos de crisis.

    En este escenario de transformación, la frontera digital se presenta a menudo como la gran panacea del progreso contemporáneo, aunque con frecuencia se reduce a una trampa de conectividad vacía y pantallas brillantes.

    No basta con dotar de ordenadores a las periferias o, como se suele denunciar con lucidez, con «informatizar la pobreza».

    El verdadero reto radica en una dinamización cibercultural profunda, capaz de sembrar el pensamiento crítico y de estructurar redes sólidas de creación colectiva.

    La tecnología, desprovista de una actitud comunitaria y de un sentido político, solo sirve para automatizar el aislamiento y domesticar las mentes bajo la ilusión de la hiperconexión.

    El mercado, por su parte, observa este sector con una voracidad predecible, intentando reducir los bienes simbólicos a mercancías de intercambio rápido y obsolescencia programada.

    Si bien es innegable que la cultura genera riqueza y empleo, los gobiernos locales tienen la obligación histórica de blindar su valor intrínseco.

    El fin último de una política cultural digna de ese nombre no es fabricar clientes complacientes para las industrias del entretenimiento masivo, sino forjar creadores conscientes con un compromiso activo en su propio entorno.

    Aquellas ciudades que insistan en mantener la vieja administración burocrática e inmóvil quedarán reducidas a museos inertes, a postales nostálgicas o a parques temáticos sin alma.

    Solo las comunidades que se atrevan a transitar hacia un modelo de gestión relacional, dinámico e integrado, serán capaces de alumbrar una ecología cultural viva.

    Una ecología que deje de ser el gasto suntuario de los domingos para convertirse, finalmente, en el motor invisible y real de nuestro porvenir colectivo.

    Empezamos nuestro especial de investigación de cultura viva comunitaria con este texto y podríamos ayudar con este texto.  Por eso le doy 5 en este ensayo.

  • Reseña libro comunicación para el desarrollo de Unicef.

    Reseña libro comunicación para el desarrollo de Unicef.

    Este texto lo leímos debido a que queríamos hacer una propuesta para la política pública del congreso de culturas vivas comunitarias realizado en cali en el mes de abril.  (Estaremos detallando sobre el congreso de cultura viva comunitaria y hacer una investigación pequeña).

    Hay textos que no se leen, se auscultan. Lo que tenemos entre manos no es un manual técnico de la burocracia internacional, sino un manifiesto sobre el arma más subestimada de la emancipación: la comunicación.

    Bajo el título La comunicación: El motor olvidado del desarrollo humano sostenible, se esconde una crítica frontal a la vieja escuela del asistencialismo que ve a los pueblos como receptores pasivos de migajas y no como arquitectos de su propio destino.

    Desde la trinchera de la Comunicación para el Desarrollo (CPD),  este libro nos arroja una verdad incómoda para los tecnócratas: no basta con enviar suministros si no se ha escuchado el pulso de la comunidad.

    Aquí, la comunicación se despoja de su traje de gala corporativo —ese que solo busca vender imágenes impecables y logos de colores— para ponerse las botas y caminar el barro.

    El Diálogo como Herramienta de Demolición.  

    El núcleo de la obra desarticula la falacia de que comunicar es «difundir información». Si algo nos enseña este recorrido por las estrategias de la ONU es que la información sin participación es solo propaganda.

    La CPD se presenta como un proceso social basado en el diálogo, una estructura donde el poder no fluye en una sola dirección (de arriba hacia abajo), sino que circula, choca y se transforma.

    El texto nos guía a través de cuatro ejes que son, en esencia, actos de resistencia:

    – Cambio de comportamiento: No como manipulación, sino como salud y prevención.

    – Cambio social: El diálogo comunitario frente a la parálisis del aislamiento.

    – Incidencia: El asalto a los despachos donde se toman las decisiones para que los recursos dejen de ser un privilegio y pasen a ser un derecho.

    – Entornos de medios: La urgencia de voces que no respondan al capital, sino a la ciudadanía.

    La Radiografía de la Dignidad.  

    Lo que fascina de esta crónica es cómo aterriza la teoría en el suelo firme de la realidad. Cuando el libro menciona las radios comunitarias en Nepal o los tableros de información en Nigeria, no está citando anécdotas, está documentando la recuperación de la voz.

    En esos espacios, la comunicación deja de ser un «accesorio» para convertirse en el sistema nervioso de la comunidad.

    La obra es implacable al señalar que, sin un enfoque basado en los derechos humanos y la igualdad de género, cualquier intento de desarrollo es solo maquillaje.

    La comunicación es el único puente capaz de cruzar el abismo de la marginación. Si las personas vulnerables no influyen en las decisiones que marcan su vida, no hay desarrollo; hay ocupación.

    Una Lectura para nosotros.  

    Este no es un libro para quienes buscan soluciones rápidas de oficina. Es para quienes entienden que el empoderamiento no es una palabra de moda en un folleto, sino la redistribución radical de la palabra.

    La crítica que subyace en estas páginas es clara: el olvido de la comunicación ha sido, a menudo, una estrategia de control. Recuperar ese motor es, por tanto, un acto de soberanía.

    En conclusión, esta obra nos recuerda que el desarrollo será centrado en las personas o no será nada.

    La comunicación es el latido que mantiene viva la esperanza de un mundo donde el silencio deje de ser el idioma de los oprimidos.

    Una pieza imprescindible para entender que, antes que el pan, a veces lo que más urge es el derecho a decir «aquí estamos».

     

  • ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    ​El Umbral de las Letras: Cuando el Barrio se Hace App.

    En las laderas de Siloé, en Cali, o en las calles empinadas de Ciudad Bolívar, en Bogotá, el silencio no es ausencia de ruido; es la pausa antes de que una historia sea escrita.

    Durante décadas, los autores emergentes de Colombia —esos que escriben en cuadernos de contabilidad o en las notas de un celular barato— han buscado un «lobby», una sala de espera que finalmente les abra la puerta al gran salón de la literatura.

    Hoy, esa sala de espera ha dejado de ser un espacio físico de mármol y recepcionistas distantes para convertirse en un ecosistema digital.

    Libby, más que una aplicación, ha surgido en el panorama cultural como el puente de plata para quienes no tienen apellido de linaje editorial pero sí una urgencia visceral por contar su territorio.

    El Eco de las Bibliotecas de Cuadra.  

    Mientras la tecnología avanza, en la base de la pirámide resisten los guardianes del saber: las bibliotecas comunitarias.

    Estos espacios, a menudo levantados con ladrillos de autogestión y voluntad pura, son el corazón del sistema circulatorio de la lectura en Colombia.

    No son solo depósitos de libros donados con hojas amarillentas; son laboratorios de paz. En una biblioteca comunitaria de un barrio popular, un joven no solo lee a García Márquez; ahí, gracias a la integración con plataformas digitales, descubre que sus propios versos sobre la realidad del «rebusque» y la esquina pueden ser publicados.

    «La biblioteca del barrio es el puerto, y la app es el barco que lleva nuestras voces a mares que nunca imaginamos», dice un tallerista de Quibdó mientras desliza el dedo por la pantalla de una tablet compartida.

    La Revolución de los Emergentes.  

    La magia ocurre cuando estos dos mundos colisionan. La aplicación Lobby actúa como un curador democrático.

    Permite que el autor que vive en el rincón más alejado de la Amazonía o en el bullicio de una plaza de mercado en Medellín, cargue su manuscrito, reciba feedback de una comunidad que entiende su contexto y, finalmente, conecte con lectores que buscan autenticidad por encima de marketing.

    Es una crónica de resistencia. En un país donde publicar un libro físico puede costar lo que una familia gasta en comida durante tres meses, la digitalización de la narrativa emergente es un acto de justicia poética.

    Las bibliotecas comunitarias se convierten en los nodos de esta red, ofreciendo el Wi-Fi y el café necesarios para que la inspiración no se apague por falta de datos.

    El Mañana Escrito a Mano y en Código. 

    Estamos siendo testigos de un cambio de guardia. La literatura colombiana ya no solo huele a tinta fresca en las ferias elegantes; huele a barrio, a selva y a ciudad real.

    Las bibliotecas comunitarias y las herramientas digitales como Libby están derribando los muros del clasismo literario.

    Al final del día, cuando el sol se oculta tras la cordillera, miles de autores emergentes cierran sus pestañas de navegación o sus libretas, sabiendo que su crónica ya no se quedará en un cajón.

    El lobby está lleno, la puerta está abierta y Colombia, por fin, se está leyendo a sí misma desde adentro.

     

  • La Muralla de Cristal en el Paraíso Danés.

    La Muralla de Cristal en el Paraíso Danés.

    Copenhague se vende al mundo como el epítome de la equidad, un refugio de bicicletas y bienestar donde el género parece una nota al pie de página.

    Pero tras las puertas de roble de sus facultades de ciencias sociales, el aire se vuelve denso y el lenguaje, críptico.

    Un reciente estudio, «The Silent Standpoint», ha diseccionado 77 testimonios para revelar que la meritocracia nórdica tiene un «punto ciego» del tamaño de una cátedra.

    En Dinamarca, solo el 26% de los profesores titulares en ciencias sociales son mujeres. Es una de las cifras más mediocres de la Unión Europea. ¿Cómo se explica este abismo en la tierra de la igualdad? La respuesta no está en las cifras, sino en los silencios.

    Las dos verdades de la academia.  

    Cuando las autoras del estudio —investigadoras que conocen bien el paño de la sociología y la política— enfrentaron a los catedráticos con la realidad, la brecha de percepción resultó ser un océano.

    Para las profesoras, el diagnóstico es sistémico: hablan de un «club de amigos» que se autoperpetúa, de redes masculinas cerradas y de una cultura que castiga lo que no se ajusta al molde tradicional.

    Denuncian que la evaluación de la excelencia está teñida de sesgos invisibles que las relegan a un eterno segundo plano.

    Para los profesores hombres, en cambio, la culpa es del «afuera». Sus explicaciones son una coreografía de evasivas: mencionan las responsabilidades familiares, la crianza de los hijos o, de forma más audaz, la supuesta «falta de ambición» femenina.

    Para ellos, la universidad es un templo puro; si las mujeres no llegan, es porque prefieren quedarse en la puerta.

    El «Punto de Vista Silencioso».  

    Lo más inquietante del estudio es lo que las autoras denominan el «Silent Standpoint». Durante las entrevistas, cuando se les preguntaba directamente por la competencia de sus colegas mujeres, los hombres no respondían con argumentos, sino con vacilaciones, pausas largas y gestos de incomodidad.

    Ese silencio es elocuente: es la creencia no verbalizada de que las mujeres, simplemente, están menos cualificadas.

    No lo dicen por corrección política, pero lo actúan en los comités de contratación. Es una resistencia pasiva que protege el statu quo bajo el disfraz de la meritocracia.

    «Aumentar la proporción de mujeres es visto por algunos como una amenaza a la calidad científica, una suerte de discriminación contra el talento masculino.»

    El poder de la percepción.  

    Estas no son solo opiniones de café; son las sentencias de quienes ocupan los puestos de poder.

    Estos hombres son los mentores, los evaluadores y los que deciden quién recibe los fondos de investigación.

    Si en su fuero interno consideran que la paridad es un ataque a la excelencia, la muralla de cristal seguirá intacta.

    El estudio nos deja una lección ácida: en la academia, los datos pueden decir una cosa, pero el poder sigue hablando en el idioma del silencio y la justificación.

    Mientras la desigualdad se considere un «problema biológico» o de «preferencia personal», las aulas seguirán siendo el escenario de una meritocracia simulada.

  • Reseña cartografiando almas: política de lo íntimo en la era del dato digital. Corporación uroboros.

    Reseña cartografiando almas: política de lo íntimo en la era del dato digital. Corporación uroboros.

    La era digital ha desencadenado una transformación epistemológica sin precedentes, donde la experiencia humana se traduce sistemáticamente en datos estructurados.

    Las fuentes describen este proceso como un colonialismo ontológico que reclama el territorio de la subjetividad para someterlo a la cuantificación y la extracción de valor.

    A través de una tríada de proyectos artísticos, se propone un mapa crítico para navegar la crisis de representación contemporánea, desde la alienación total hasta la resistencia poética.

    La Biblioteca de Babel de Jonathan Basile representa el sueño distópico del archivo perfecto.

    Basile construye un motor generativo que demuestra cómo el ideal del archivo total conduce necesariamente a la desmaterialización y a una paradoja de plenitud vacía.

    En este sistema, la totalidad informativa produce una ausencia de significado: cualquier verdad posible existe, pero encontrarla es estadísticamente insignificante.

    El algoritmo se convierte en un autor absoluto pero estéril, reflejando un sistema que lo sabe todo pero no comprende nada, parodiando así la ilusión de conocimiento que ofrecen los buscadores modernos.

    En conclusión, estos proyectos enseñan que la única respuesta viable ante el dato total es hacerse cargo de la propia representación.

    Se nos invita a construir una biblioteca íntima, parcial y humana, donde el valor no resida en la totalidad, sino en la selección significativa y el diálogo consciente con los otros.

    Biografía de los autores:  Yuly Andrea Durango Florez (Medellín, Colombia) es filósofa y especialista en Informática para el Aprendizaje en Red.

    Experta en pedagogía crítica y transformación educativa, se desempeña como directora de la Revista Literaria Ouroboros y ha liderado diversos proyectos culturales y de comunicación comunitaria.

    Por su parte, Luis Eduardo Cano Álvarez (Medellín, Colombia) es psicólogo por la Universidad de Antioquia, creador multimedial y poeta experimental.

    Editor web de Ouroboros, ha publicado obras de poesía, magia y ciencia ficción, y actúa como mediador multimodal en proyectos de identidad y narrativa territorial [18

    Frente a la abstracción de Babel, el proyecto I Know Where Your Cat Lives de Owen Mundy revela la extracción violenta de lo íntimo*.

    Al utilizar metadatos de fotografías para cartografiar la ubicación de gatos domésticos, Mundy expone la creación de un panóptico distribuido alimentado por nuestra participación voluntaria e inconsciente en la red.

    El gato, símbolo de la intimidad doméstica, se transforma en un indicador de vulnerabilidad, demostrando cómo el espacio privado ha sido territorializado y puesto en circulación por el poder dataficado.

    Como respuesta ética, “Dear Data” de Giorgia Lupi y Stefanie Posavec surge como una práctica de resistencia poética.

    A través del intercambio de postales dibujadas a mano con datos cualitativos —como suspiros o sonrisas—, las autoras proponen el dato como un regalo subjetivo en lugar de una mercancía extraíble.

    Esta re-apropiación ritual reivindica la lentitud, la imperfección humana y el consentimiento, demostrando que la dataficación puede ser una herramienta de atención y amplificación fenomenológica en lugar de explotación

    En conclusión, estos proyectos enseñan que la única respuesta viable ante el dato total es hacerse cargo de la propia representación.

    Se nos invita a construir una biblioteca íntima, parcial y humana, donde el valor no resida en la totalidad, sino en la selección significativa y el diálogo consciente con los otros.

    Biografía de los autores:

    Yuly Andrea Durango Florez (Medellín, Colombia) es filósofa y especialista en Informática para el Aprendizaje en Red.

    Experta en pedagogía crítica y transformación educativa, se desempeña como directora de la Revista Literaria Ouroboros y ha liderado diversos proyectos culturales y de comunicación comunitaria.

    Por su parte, Luis Eduardo Cano Álvarez (Medellín, Colombia) es psicólogo por la Universidad de Antioquia, creador multimedial.

    Editor web de Ouroboros, ha publicado obras de poesía, magia y ciencia ficción, y actúa como mediador multimodal en proyectos de identidad y narrativa territorial.

    Por qué hablaron de forma poética esta reseña le doy un 5 sobre 5.

  • Reseña ADORNO Y LA INDUSTRIA CULTURAL: De la Escuela de Frankfurt al Internet de Claudia María Maya Franco

    Reseña ADORNO Y LA INDUSTRIA CULTURAL: De la Escuela de Frankfurt al Internet de Claudia María Maya Franco

    Hola.  Hoy estamos trabajando en la reseña del ensayo adorno y la industria cultural de Claudia maya.

    Claudia María Maya Franco.  
    Licenciada en Filosofía y Letras (Universidad
    Pontificia Bolivariana), Magister en Filosofía
    (Universidad de Antioquia), Estudiante del
    Doctorado en Filosofía (Universidad Pontificia
    Bolivariana) Docente Facultad de Comunicación Universidad de Medellín. Líder del grupo de investigación COP (Comunciación organización y política).

    Dejo por acá la sinopsis del ensayo.

    La intención de este texto es, en un primer momento,  una aproximación a algunos de los enunciados a partir de los cuales Adorno y Horkheimer definen la  Industria cultural, así como al modo particular de la crítica contenida en este concepto, en contraste  con el rechazo que Adorno manifiesta respecto de los críticos culturales.

    En segundo lugar se pretende  –desde la lectura de algunos comentaristas- pensar la actitud que considera anticuadas las posturas de la Escuela de Frankfurt y, en particular, el concepto de industria cultural como instrumento de aproximación a la crítica social.

    En tercer lugar se expondrá una posición frente a dicha actitud, poniendo de relieve algunos aspectos en los que, a nuestro juicio, los planteamientos de Adorno y Horkheimer, concebidos  a propósito del cine, la radio, la televisión, la prensa escrita y los magazines, siguen teniendo validez como instrumento para pensar fenómenos de la cultura contemporánea.

    Empezamos con las siguientes frases sobre el ensayo.

    El cuestionamiento de la pertinencia del concepto de Industria cultural, a la hora de pensar los fenómenos sociales, ha acompañado este desarrollo teórico desde sus comienzos.

    Adorno, al comienzo de su célebre ensayo Resumen sobre la industria cultural (1968), muestra que con este concepto no se pretende propiamente agradar a las masas, ni por supuesto a quienes las administran, o dar gusto a la marcha de los tiempos, sino, por el contrario, erigir tanto en el plano del concepto como en el de la praxis, una conciencia crítica, mayor de edad en sentido kantiano, que esté atenta a los riesgos que, en términos de dominación y alienación de los individuos, comporta dicho modo de organización social.

    “Evitar la interpretación que agrada a los abogados de la causa: que se trata de una cultura que asciende espontáneamente desde las masas, de la figura del arte popular”

    primero, desde el punto de vista de su asimilación en la comprensión subsiguiente, es el de la división, elitista a juicio de muchos intérpretes, entre un arte superior y un arte inferior.

    – La industria cultural es abordada críticamente como el modo de ser de las sociedades modernas, es el capitalismo.

    Con lo que la motivación de las mismas, aquella en la que fundan sus intereses y posibilidades, es el beneficio económico, que tiende a colonizar todos los ámbitos de la vida bajo la forma de la utilidad económica.

    – “Toda la praxis de la industria

    cultural aplica decididamente la motivación del beneficio a los productos autónomos del espíritu.”

    – Los individuos y sus modos de vida (deseos, afectos, necesidades, elecciones) son producidos con fines económicos a partir de la administración íntegra de su espacio vital.

    – toda vez que el consumo, por ejemplo de la radio, la televisión, y la música estandarizada, requiere de una cooperación que, necesariamente implica la renuncia al sentido crítico.

    Por otra parte, la industria cultural sustenta una sociedad de la comodidad, lo cual reporta a los individuos, bajo la forma del prestigio, la clase, el divertimento y la ausencia de reflexión y compromiso, una satisfacción por la que pagan a expensas de su propio sacrificio.

    En virtud de la ideología de la industria cultural, el conformismo sustituye a la autonomía y a la conciencia; jamás el orden que surge de esto es confrontado con lo que pretende ser, o con los intereses reales de los hombres.”

    Es por esto que Adorno califica de Anti-aufklärung el efecto de la hegemonía de la industria cultural, como un movimiento que, contrario a favorecer la conciencia crítica y a fomentar la mayoría de edad, avanza hacia una total opresión de la conciencia que amenaza, finalmente, las posibilidades del pensamiento.

    Adicionalmente, el en sí que la Industria Cultural fomenta como modo de ser exclusivo de la realidad, hace que no se conciba un mundo posible fuera de esta arcadia virtual de las máquinas informáticas que, dicho sea de paso, están tan incardinadas en la vida de los individuos conectados, que constituyen una realidad casi sin afuera.

    En el libro “Rethinking Frankfurt School”, encontramos diversas posiciones: la necesidad de volver sobre los postulados de la Teoría Crítica, si bien a partir de una actualización, tanto de sus conceptos como del ensamblaje de los mismos con el decurso de la historia y las prácticas sociales.

    Que las películas proporcionen esquemas de modos colectivos de comportamiento no se lo exige adicionalmente la ideología, sino que la colectividad se introduce hastadentro de la película.

    Los movimientos que el cine expone son impulsos miméticos que, antes que todo contenido y todo concepto, animan a los espectadores ya los oyentes a sumarse al movimiento.

    esperanzas depositadas en una democratización de la cultura, derivada de un acceso más amplio a la información- se traduce actualmente, incluso en las élites privilegiadas, en desconocimiento, pasividad, indiferencia y automatismo.

    Poniéndonos a pensar sobre este tema decidimos que le damos un 5 por todo lo que se trabaja y los conceptos de la industria cultural.

     

  • Reseña halloween: los pequeños macabros de Edward gorey.

    Reseña halloween: los pequeños macabros de Edward gorey.

    Hola.  Hoy tenemos una reseña sobre el libro los pequeños macabros de Edward gorey.

    Edward Gorey (1925-2000) fue un escritor, artista y diseñador estadounidense conocido por sus ilustraciones y libros de un estilo macabro, gótico y con humor negro, ambientado a menudo en la época victoriana y con muertes de niños como tema recurrente.
    Ganador de un premio Tony por su trabajo en la obra Drácula, Gorey creó más de cien libros, diseñó vestuarios y escenografías para teatro, y su legado continúa inspirando a otros artistas, según Britannica. 
    Infancia y Primeros Años

    Nació en Chicago en 1925 y fue un niño precoz, que aprendió a leer a los tres años y medio y devoró obras como Frankenstein a los siete años.

    Su pasión por el dibujo comenzó desde muy pequeño, y en la escuela se le animó a exponer sus obras. 

    Carrera y Estilo Artístico

    Gorey se dedicó principalmente a la ilustración, creando sus propios libros y también trabajando en portadas e ilustraciones para otros escritores.

    Su estilo se caracteriza por el uso de la plumilla en blanco y negro, que le daba un toque siniestro y anticuado, similar a los grabados antiguos.

    Sus obras, que a menudo incluyen humor negro y una narrativa enigmática, son descritas como macabras, góticas y excéntricas.

    Además de libros, diseñó vestuarios y escenografías para obras de teatro, y fue el creador de la secuencia de títulos para la serie de televisión Mystery de PBS. 

    Legado y Actividad

    Legó su fortuna a organizaciones benéficas para el bienestar animal, una causa que le importaba desde su infancia.

    Su casa en Cape Cod, Massachusetts, se convirtió en la Edward Gorey House, un museo que apoya la alfabetización y los derechos de los animales.

    Su obra ha sido adaptada al teatro y al cine, y es admirado por otros artistas como Tim Burton y el autor de los libros de Lemony Snicket, Daniel Handler, según Lambiek.net. 

    Dejamos la sinopsis de los pequeños macabros por acá:

    Asfixiados por alfombras, engullidos por el fango, atacados por osos o consumidos por las llamas, veintiséis niños inocentes descubren, sin tiempo para sorprenderse, el extremo riesgo de vivir.

    Celebrada como la obra maestra de Edward Gorey, Los pequeños macabros, muestrario alfabético de destinos trágicos, alumbra el lado más transgresor y visionario de un artista excepcional.

    Bueno, que les puedo decir….  Yo como fan del género noir y oscuro me parece original las pequeñas frases que acompañan al libro y el toque inquietante de los dibujos y las muertes de cada niño.

    Solo colocaré algunas para que sepan cómo se fusiona el dibujo con las frases que dicen muchísimo.

    * A es de Amy, que rodó por las escaleras. (A is for Amy who fell down the stairs.)

    * B es de Basil, atacado por unos osos. (B is for Basil assaulted by bears.)

    * H es de Héctor, liquidado por un asesino. (H is for Hector done in by a thug.)

    * M es de Maude, arrastrada por el mar. (M is for Maud who was swept out to sea.)

    * N es de Nevil, que murió de hastío. (N is for Neville who died of ennui.)

    * T es de Titus, que saltó en pedazos. (T is for Titus who flew into bits.)

    Ahora se dan cuenta que las historias o frases junto con los dibujos son un complemento?

    Por todo lo que se mezcla, le doy un 5 sobre 5.  Y comienzo de octubre!

     

  • La verdadera batalla de la saga «Guerra»: El terror psicológico y la salud mental.

    La verdadera batalla de la saga «Guerra»: El terror psicológico y la salud mental.

    Cuando pensamos en el género de la guerra, lo primero que nos viene a la mente son explosiones, batallas épicas y actos de heroísmo.

    Sin embargo, en la saga «Guerra», decidimos sumergirnos en un terreno mucho más oscuro y desafiante: el terror psicológico y el devastador impacto en la salud mental.

    Nuestro objetivo no era glorificar el combate, sino explorar la fragilidad humana cuando se enfrenta al horror más profundo.

    Desde el primer libro, «nuevos comienzos, sobre las luchas mentales de Anna Madeleine con su familia.  anna lucho para poder tener ese nuevo comienzo de mi vida.  La guerra se convierte en un personaje más: una entidad omnipresente que retuerce las mentes y desdibuja la línea entre la realidad y la pesadilla.

    A lo largo de la saga, vemos a los personajes desmoronarse poco a poco y tener la resiliencia para poder avanzar además del amor que intentaron detener.

    En la saga «Guerra», la figura de Anna Madeleine se erige como un desgarrador testimonio del terror psicológico que proviene del hogar.

    Mientras que otros personajes luchan contra el enemigo externo, la verdadera guerra de Anna se libra en dos frentes: el veneno sutil de su familia tóxica.

    Desde el principio, Anna es una heroína atípica. Su mente, ya frágil por años de manipulación y desprecio familiar, es el blanco perfecto para las sombras de la guerra.

    Su familia, lejos de ser un refugio, actúa como un constante recordatorio de su falta de valía, sembrando dudas y miedos.

    Las cartas de su madre, llenas de culpas y expectativas imposibles.

    Esta dinámica tóxica tiene un impacto devastador en la salud mental de Anna, manifestándose en ataques de pánico, ansiedad y una profunda dificultad para confiar en los demás.

    Pero quizás el aspecto más cruel de su lucha interna es la incapacidad de quitarles el amor verdadero.

    Cada vez que una conexión genuina parece florecer, la voz de su familia resuena en su cabeza, recordándole que no es digna, que el amor es una debilidad o que está destinada a la soledad.

    Anna lucha en contra de su familia, empujando a quienes se preocupan por ella, convencida de que así evita un dolor mayor.

    La saga «Guerra» utiliza la experiencia de Anna para explorar cómo el trauma familiar puede ser  incapacitante.

    Su viaje no es solo para sobrevivir al conflicto, sino para liberarse de las cadenas invisibles que su familia le ha impuesto y, quizás algún día, permitirse la posibilidad de amar y ser amada.

    La batalla más dura de Anna no es contra un enemigo visible, sino contra los fantasmas de su pasado que le impiden construir un futuro.