Categoría: Libros recomendados

  • Crónica el espejo del pluralismo.  Tomo 2

    Crónica el espejo del pluralismo. Tomo 2

    Está es la parte dos del estudio sobre medios alternativos y la de verdad parece una novela.  Es la historia de los medios alternativos y como ha sido el problema de siempre de ellos con la financiación desde los años 60 y 70.

    Son historias de sobrevivencia y de siempre andar buscando la forma de sobrevivir.

    Este estudio lo generó info presidencia con el presi (nuestros héroes Gustavo Petro, la ministra increible de carina Murcia.  El héroe de Andrés Andrés López. (Antes de irse a la campaña de nuestro ex candidato Iván cepeda y Miguel Gamboa. Asesor del viceministro de transformación digital. También tenemos los héroes que han estudiado este fenomeno del periodismo fab lap con fabiola León posada y Carlos pardo viña y por último la investigación periodística. Camilo alzate. Todos son los héroes de los periodistas al mostrar está novela y entregarnos este estudio.  Para todos nuestros respetos.  )

    Cómo este estudio es para nosotros sería bueno que toda la población lo conociera en nuestra página: medios en red.  Vayan y veanla.

    Si uds quieren también pueden leer nuestras investigaciones que se encuentra en la pestaña de mira Lee.

    Así que disfruten de esta novela!

  • Autor de presidencia.  Quien está detrás de los medios alternativos en colombia? Parte 1.

    Autor de presidencia. Quien está detrás de los medios alternativos en colombia? Parte 1.

    Este estudio es obra de la Presidencia de la República, el MinTIC y el Centro Nacional de Consultoría, que salieron a territorio para caracterizar más de 600 experiencias de comunicación popular y además son admirables en la forma que desarrollaron el texto.

    El informe revela un ecosistema digital en auge (52 % son portales web), pero con profundas heridas: el 61 % vive con menos de un salario mínimo y el 94 % de sus líderes no cubre sus gastos básicos.

    Hay concentración en Antioquia, Cundinamarca y Valle, y una brecha de género evidente (81 % de representantes son hombres).

    A pesar del 93 % de acceso a internet, la conectividad sigue siendo desigual. Su urgencia número uno es el apoyo financiero. Más que medios, son motores de participación ciudadana y resistencia cultural. La comunicación popular no es un lujo: es democracia en acción.

    Quisimos mostrar estos estudios para que sepa que estuvieron estudiando todos estos años la presidencia de la república.  Esperanos en el tomo 2 por qué es más largo que este y parece una novela de corazón.

  • Edición especial congreso culturas vivas cómo aprender a desarrollar derechos culturales en Latinoamérica con cultura viva.

    Edición especial congreso culturas vivas cómo aprender a desarrollar derechos culturales en Latinoamérica con cultura viva.

    El Programa IberCultura Viva, integrado hoy por 14 países iberoamericanos, acaba de lanzar hace poco una publicación fundamental para pensar el futuro de las políticas culturales comunitarias en la región.

     

    El libro, presentado en el VII Congreso Latinoamericano de Culturas Vivas Comunitarias en Medellín, es mucho más que un balance de una década: es una cartografía viva que recorre trayectorias, retos y modos de organización de la cultura de base comunitaria, con especial énfasis en el protagonismo de la sociedad civil y experiencias como los Puntos de Cultura.

     

    📝 ¿Quiénes lo hicieron posible?.  

    La obra ha sido coordinada por Márcia Rollemberg (presidenta del Consejo Intergubernamental), Flor Minici (Secretaría Técnica) y Diego Benhabib. El prólogo está firmado por Santiago Silva Jaramillo, Secretario de Cultura Ciudadana de Medellín, quien describe la cultura viva comunitaria como algo que «brota desde abajo como agua subterránea», desde los barrios y territorios. La publicación culmina con un texto del antropólogo Néstor García Canclini sobre los desafíos entre instituciones y plataformas digitales.

     

    🌎 ¿Qué encontrarás en sus 348 páginas?

    Democracia cultural, participación social, educación, inteligencia artificial, justicia climática y derechos culturales, siempre desde las experiencias concretas de los territorios.

     

    🔗 Descarga gratuita disponible en iberculturaviva.org

  • Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    Desde las resistencias: como aprender a comunicar.

    No fue un grupito de iluminados en un escritorio. Fue una marea. Una coalición que juntó lo sagrado y lo combativo, lo académico y lo callejero, para pararse frente al gigante de las frecuencias y decirle: «Basta».

    Las Madres y Abuelas, la memoria viva. Los niños, la furia joven. Los sindicatos de la tinta y la onda: FATPREN, FETRACOM, los tipos que sudan el oficio. (Y por eso desde las bases recomendamos los 21 puntos por el derecho de la comunicación).

    Desde las bases comunitarias

    Y las radios comunitarias, FARCO, ARUNA, esas voces que no se compran ni se venden. Todos en la misma trinchera. Hasta los académicos de las universidades públicas se sacaron el polvo de los libros para ponerle cuerpo teórico a la pelea.

    ¿Qué querían? Enterrar de una vez la ley de la dictadura, esa 22.285 que seguía manejando los hilos como un fantasma de la represión. Sacarse de encima el peso de los monopolios que decidían qué se ve y qué se calla.

    Y en el medio, una idea revolucionaria: la comunicación no es un negocio, es un derecho. Un servicio como el agua o la educación.

    La fórmula era clara: un tercio para el Estado, un tercio para los privados, un tercio para los que no tienen fines de lucro. Repartir el aire, democratizar la palabra. Nada menos que eso.

    Y no estaban solos. Desde afuera, AMARC y ALER, la hermandad latinoamericana, les daban el respaldo. Aliverti, Leuco, Giardinelli… plumas y micrófonos que le pusieron la firma a un sueño colectivo. Porque esto no era solo una ley. Era la oportunidad de que el pueblo dejara de ser espectador para convertirse en protagonista de su propia historia.

    Trece años después, ese sueño está herido, pero no muerto. La pelea sigue. Y el frente, aunque disperso, sigue en pie.

    Por eso en mira Lee apoyamos el derecho a la información libre.

  • La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    Durante décadas, los despachos oficiales de la administración pública han funcionado bajo una premisa tan cómoda como perversa: entender la cultura como un inventario de eventos y un catálogo de espectáculos dóciles.

    Una burocracia gris, adicta a las jerarquías rígidas y a las planificaciones de oficina, se ha dedicado a gestionar la inercia. Para estos administradores de la vieja escuela, el ciudadano es un simple consumidor pasivo, un número en una estadística de asistencia a un teatro o a un festival de fin de semana.

    El funcionario firma el presupuesto, el artista ejecuta su obra en un escenario distante y el público aplaude desde la sombra. Todos a casa; la inercia continúa intacta.

    Sin embargo, este engranaje obsoleto ha comenzado a crujir. En las arterias de las ciudades globalizadas, allí donde la diversidad se vive de manera descarnada y vibrante, la realidad exige un derrumbe absoluto del viejo modelo piramidal.

    La cultura no se puede seguir confinando en un compartimento estanco, aislado de la economía, de la sanidad o del urbanismo.

    Cuando la política cultural se aísla de la estructura social, se marchita y se convierte en mera ornamentación estatal, un decorado costoso para simular un bienestar que no existe.

    Fortalecer el tejido simbólico de una comunidad no es diseñar una agenda de ocio; es, en su sentido más puro y combativo, construir ciudadanía.

    La transformación que hoy se respira en los márgenes de la gestión pública no es una simple reforma técnica, sino una revolución de actitud y de estructuras.

    Es necesario transitar con urgencia del burócrata tradicional al mediador relacional. Este cambio de paradigma implica sustituir la vieja verticalidad por una horizontalidad radical que potencie el capital intelectual y que asuma la inmersión en el territorio como la única vía posible de supervivencia.

    Los equipos multidisciplinares y los canales de comunicación abierta ya no son una opción vanguardista ni un capricho de intelectuales; son un escudo imprescindible frente a una sociedad cambiante que se mueve a una velocidad que los ministerios rígidos son incapaces de procesar.

    La cultura no se genera en la pulcritud de los escritorios gubernamentales; se vive, se padece y se transforma en la rugosidad de las calles, en las redes de interacción diaria y en el conflicto creativo.

    Por ello, adoptar una hoja de ruta seria, como la inspirada en los principios de la Agenda 21 de la Cultura, obliga a los gobiernos locales a asumir un compromiso ético y político ineludible.

    Este pacto estructural exige una gobernanza donde lo cultural sea el eje transversal de toda acción pública.

    Significa entender la diversidad no como un folclorismo exótico para turistas, sino como un ecosistema vivo e indispensable, tan crucial para nuestra supervivencia social como lo es la biodiversidad para el planeta Tierra.

    El acceso al universo simbólico no puede seguir siendo un privilegio de clase o un bien de lujo regulado por el poder adquisitivo; debe ser defendido como un derecho fundamental que sostiene la dignidad humana en tiempos de crisis.

    En este escenario de transformación, la frontera digital se presenta a menudo como la gran panacea del progreso contemporáneo, aunque con frecuencia se reduce a una trampa de conectividad vacía y pantallas brillantes.

    No basta con dotar de ordenadores a las periferias o, como se suele denunciar con lucidez, con «informatizar la pobreza».

    El verdadero reto radica en una dinamización cibercultural profunda, capaz de sembrar el pensamiento crítico y de estructurar redes sólidas de creación colectiva.

    La tecnología, desprovista de una actitud comunitaria y de un sentido político, solo sirve para automatizar el aislamiento y domesticar las mentes bajo la ilusión de la hiperconexión.

    El mercado, por su parte, observa este sector con una voracidad predecible, intentando reducir los bienes simbólicos a mercancías de intercambio rápido y obsolescencia programada.

    Si bien es innegable que la cultura genera riqueza y empleo, los gobiernos locales tienen la obligación histórica de blindar su valor intrínseco.

    El fin último de una política cultural digna de ese nombre no es fabricar clientes complacientes para las industrias del entretenimiento masivo, sino forjar creadores conscientes con un compromiso activo en su propio entorno.

    Aquellas ciudades que insistan en mantener la vieja administración burocrática e inmóvil quedarán reducidas a museos inertes, a postales nostálgicas o a parques temáticos sin alma.

    Solo las comunidades que se atrevan a transitar hacia un modelo de gestión relacional, dinámico e integrado, serán capaces de alumbrar una ecología cultural viva.

    Una ecología que deje de ser el gasto suntuario de los domingos para convertirse, finalmente, en el motor invisible y real de nuestro porvenir colectivo.

    Empezamos nuestro especial de investigación de cultura viva comunitaria con este texto y podríamos ayudar con este texto.  Por eso le doy 5 en este ensayo.

  • Reseña crónica marejada feliz de la revista gaceta.

    Reseña crónica marejada feliz de la revista gaceta.

    La crítica literaria institucional suele engominarse el flequillo para hablar de las periferias, abordándolas con esa distancia higiénica y condescendiente tan propia de los salones universitarios.

    Sin embargo, cuando el documento social se ensucia las manos con el aceite quemado de la realidad, el panorama cambia.

    El reciente texto de Liberman Arango Quintero, *»Marejada feliz»*, no es una pieza de vitrina para el consumo de la culpa burguesa; es una autopsia poética e incómoda de esa Medellín que el relato oficial del «milagro urbano» intenta sepultar bajo el cemento de los parques del río.

    El relato documental se centra en la figura de Jhon Fredy Espinosa Alzate, a quien el celuloide de Víctor Gaviria inmortalizó en 1998 como «Choco» en *La vendedora de rosas*.

    Pero el texto de Arango Quintero opera en una temporalidad distinta, lejos del destello efímero de la pantalla del festival de cine. Nos traslada a los años 2015 y 2016, situándonos frente a un hombre confinado a una silla de ruedas en las entrañas de Barrio Triste.

    Aquí, la crónica de lectura revela su mayor virtud: no utiliza la marginalidad como decorado exótico, sino que la habita desde la memoria afectiva del autor, un hombre criado entre chatarrerías que aprendió a buscar oro donde la sociedad solo ve descarte.

    El reverso del milagro paisa Barrio Triste —cuyo nombre oficial, Barrio del Sagrado Corazón, suena a ironía clerical— es diseccionado en el texto a través de una dualidad desgarradora.

    Por un lado, la peste de la tuberculosis que devora los pulmones de los nadies sin que las estadísticas oficiales se den por enteradas; por el otro, la mitología popular que lo rebautiza como el «Barrio de las Estrellas».

    Esa imagen de los trozos de metal incrustados en el pavimento que brillan bajo el aguacero de Medellín es, quizás, la metáfora más potente de la obra.

    No es romanticismo de la miseria; es la constatación de que la belleza en el subproletariado urbano es un acto de resistencia mecánica frente a la hostilidad del entorno.

    El cine allí no es distracción; es el espejo donde las identidades rotas se reconocen y se otorgan la dignidad que el Estado les niega.

    El texto nos introduce en la trastienda de un documental inédito y en la utopía de un cineclub improvisado por personajes como Javier «Rivas» Quintero y «Papá Giovanny».

    Ver cine entre mecánicos, actores naturales caídos en desgracia y habitantes de calle no es un ejercicio de cinefilia pretenciosa, sino la configuración de un refugio comunitario.

    La ola que se lleva los cuerpos La muerte de Choco en febrero de 2026 convierte a «Marejada feliz» en una urgencia fúnebre y política. El título, extraído de la salsa de Roberto Roena que musicalizaba los delirios de la calle, funciona como el epitafio de una generación de actores naturales que el cine de los noventa utilizó para su catarsis estética y que luego la realidad abandonó a su suerte.

    El texto de Arango Quintero no busca la redención del lector ni ofrece respuestas complacientes. Funciona como una advertencia explícita sobre cómo el desarrollo urbano y la gentrificación higienista borran los rastros de la memoria popular.

    Al final, esta reseña nos obliga a mirar el suelo húmedo de nuestras propias ciudades. Es una invitación a entender que la memoria de los desposeídos no necesita la validación del monumento estatal, sino la mirada atenta de una cámara o de una pluma que, al igual que la lluvia sobre el metal oxidado, sea capaz de hacerlos brillar antes de que la noche los cubra por completo.

    Es increíble el texto y por eso le damos un 5.

  • Reseña Camilo torres homo políticus. Revista gaceta.

    Reseña Camilo torres homo políticus. Revista gaceta.

    La literatura militante y la reseña cultural contemporánea suelen padecer de una misma miopía crónica: la urgencia de canonizar o de enterrar bajo el peso de una etiqueta.

    En el archipiélago de las redes, un texto sobre Camilo Torres Restrepo suele activar los automatismos de la polarización banal.

    O el santo con fusil o el subversivo con sotana. Sin embargo, el reciente ejercicio crítico que circula en la comunidad lectora digital bajo el título «Camilo Torres: El rigor radical de un hombre político» propone un viraje metodológico que merece ser examinado con bisturí.

    La reseña en cuestión no es un panegírico, sino una demolición controlada del mito folclórico. El acierto del texto reseñado —y de la lectura que de él se hace— radica en una operación de rescate epistemológico:

    despojar a Torres de la iconografía sangrienta del ELN para devolverlo al territorio donde verdaderamente se fundó su peligro para el establishment: la academia rigurosa, la estadística y la sociología centífica.

    El «Amor Eficaz»: De la metafísica al dato duro.

    – La crónica de esta lectura nos confronta con un Camilo incómodo para la derecha clerical y para la izquierda dogmática.

    El concepto clave, el que articula el análisis, es el amor eficaz. En la reseña se lee una traducción precisa de este término que la historia oficial ha intentado mistificar: la caridad no es un asunto de limosnas domingueras, sino de estructuras. Para Torres, la teología debía subordinarse al diagnóstico de la realidad.

    La reseña acierta al subrayar este perfil. El verdadero peligro de Camilo Torres no era su capacidad de disparar un arma —disciplina en la que, paradójicamente, fue un novato trágico

    sino su capacidad de leer la pobreza urbana de Bogotá con los ojos de un científico social. Su fe no era una abstracción mística; era una urgencia sociológica respaldada por datos, mapas de tugurios y análisis de clases.

    El texto rescata al Camilo que se formó en la Universidad de Lovaina, el hombre que caminó París junto a los curas obreros y que regresó a una Colombia premoderna no a predicar el dogma, sino a fundar la primera Facultad de Sociología del país junto a Orlando Fals Borda.

    La Herejía contra el Caudillismo.

    Uno de los puntos más agudos de la reseña destaca la aversión de Torres al mesianismo político. En un continente enfermo de caudillos y de cultos a la personalidad, el documento del Frente Unido de 1965 se presenta como una anomalía democrática radical: la revolución pertenece a un programa, no a un hombre.

    Este análisis desmitifica la idea del líder carismático que arrastra a las masas hacia el abismo. Al contrario, la plataforma de Camilo exigía la tecnificación de la política popular.

    La reseña desglosa las propuestas del Frente Unido con la lucidez de quien sabe que está leyendo el mapa de una Colombia que aún no ha sucedido:

    Una reforma agraria estructural.

    El fortalecimiento de la Acción Comunal como autogobierno local.

    La tipificación de los «delitos sociales», una categoría que hoy, en la era de la posverdad y la especulación financiera, adquiere un tono profético.

    El Veredicto de la Memoria

    El veredicto de cinco estrellas de la reseña no es un aplauso al mártir, sino una exigencia al presente. Sostener que a Camilo hay que «discutirlo con rigor» y «actualizarlo, no solo conmemorarlo» es una bofetada a la nostalgia estéril de la izquierda de cafetín.

    La crónica de esta lectura nos deja una certeza incómoda: el sistema prefirió el cadáver de Camilo en una fosa clandestina antes que sus tesis sociológicas en las universidades y los sindicatos.

    Al final, la reseña nos invita a entender que el fusil no fue la culminación de su pensamiento, sino el trágico secuestro de su inteligencia por parte de la violencia estructural de la época.

    Para que su pensamiento viva, concluye el texto de manera implícita, hay que arrebatarle a Camilo a los iconoclastas de la guerra y devolverlo al debate de las ideas urgentes.

     

  • Reseña libro comunicación para el desarrollo de Unicef.

    Reseña libro comunicación para el desarrollo de Unicef.

    Este texto lo leímos debido a que queríamos hacer una propuesta para la política pública del congreso de culturas vivas comunitarias realizado en cali en el mes de abril.  (Estaremos detallando sobre el congreso de cultura viva comunitaria y hacer una investigación pequeña).

    Hay textos que no se leen, se auscultan. Lo que tenemos entre manos no es un manual técnico de la burocracia internacional, sino un manifiesto sobre el arma más subestimada de la emancipación: la comunicación.

    Bajo el título La comunicación: El motor olvidado del desarrollo humano sostenible, se esconde una crítica frontal a la vieja escuela del asistencialismo que ve a los pueblos como receptores pasivos de migajas y no como arquitectos de su propio destino.

    Desde la trinchera de la Comunicación para el Desarrollo (CPD),  este libro nos arroja una verdad incómoda para los tecnócratas: no basta con enviar suministros si no se ha escuchado el pulso de la comunidad.

    Aquí, la comunicación se despoja de su traje de gala corporativo —ese que solo busca vender imágenes impecables y logos de colores— para ponerse las botas y caminar el barro.

    El Diálogo como Herramienta de Demolición.  

    El núcleo de la obra desarticula la falacia de que comunicar es «difundir información». Si algo nos enseña este recorrido por las estrategias de la ONU es que la información sin participación es solo propaganda.

    La CPD se presenta como un proceso social basado en el diálogo, una estructura donde el poder no fluye en una sola dirección (de arriba hacia abajo), sino que circula, choca y se transforma.

    El texto nos guía a través de cuatro ejes que son, en esencia, actos de resistencia:

    – Cambio de comportamiento: No como manipulación, sino como salud y prevención.

    – Cambio social: El diálogo comunitario frente a la parálisis del aislamiento.

    – Incidencia: El asalto a los despachos donde se toman las decisiones para que los recursos dejen de ser un privilegio y pasen a ser un derecho.

    – Entornos de medios: La urgencia de voces que no respondan al capital, sino a la ciudadanía.

    La Radiografía de la Dignidad.  

    Lo que fascina de esta crónica es cómo aterriza la teoría en el suelo firme de la realidad. Cuando el libro menciona las radios comunitarias en Nepal o los tableros de información en Nigeria, no está citando anécdotas, está documentando la recuperación de la voz.

    En esos espacios, la comunicación deja de ser un «accesorio» para convertirse en el sistema nervioso de la comunidad.

    La obra es implacable al señalar que, sin un enfoque basado en los derechos humanos y la igualdad de género, cualquier intento de desarrollo es solo maquillaje.

    La comunicación es el único puente capaz de cruzar el abismo de la marginación. Si las personas vulnerables no influyen en las decisiones que marcan su vida, no hay desarrollo; hay ocupación.

    Una Lectura para nosotros.  

    Este no es un libro para quienes buscan soluciones rápidas de oficina. Es para quienes entienden que el empoderamiento no es una palabra de moda en un folleto, sino la redistribución radical de la palabra.

    La crítica que subyace en estas páginas es clara: el olvido de la comunicación ha sido, a menudo, una estrategia de control. Recuperar ese motor es, por tanto, un acto de soberanía.

    En conclusión, esta obra nos recuerda que el desarrollo será centrado en las personas o no será nada.

    La comunicación es el latido que mantiene viva la esperanza de un mundo donde el silencio deje de ser el idioma de los oprimidos.

    Una pieza imprescindible para entender que, antes que el pan, a veces lo que más urge es el derecho a decir «aquí estamos».

     

  • El Veto de las Estanterías: Cuando el Relato quema en la Piloto.

    El Veto de las Estanterías: Cuando el Relato quema en la Piloto.

    Hay silencios que gritan más que cualquier estruendo en las laderas de Medellín. En la ciudad que se jacta de su innovación y su empuje, el fantasma de la censura ha decidido pasearse por los pasillos de uno de sus templos más sagrados: la Biblioteca Pública Piloto.

    Lo que debía ser una jornada de letras, debate y memoria sobre el tránsito del M-19 de la guerra a la política, terminó convertido en un portazo administrativo que resuena con un eco autoritario.

    El libro estaba listo, los ponentes preparados y el público convocado. Sin embargo, en un giro que recuerda las épocas más oscuras de la persecución ideológica, la orden llegó desde los despachos del poder local.

    El evento fue cancelado. No hubo fallas técnicas ni problemas de agenda; lo que hubo fue un voto de censura envuelto en el frío celofán de la burocracia. A pesar de todo lograron hacer el lanzamiento del libro.

    La Memoria bajo Llave. 

    La cancelación en la Piloto no es un hecho aislado, es un síntoma. Medellín atraviesa una etapa donde la narrativa oficial intenta imponer un relato único, uno donde las cicatrices del conflicto se maquillan o, peor aún, se esconden bajo la alfombra de la institucionalidad.

    Al frenar la presentación de un libro sobre el «Eme», la Alcaldía no solo silencia a los autores; le arrebata a la ciudadanía el derecho fundamental de confrontar su pasado para entender su presente, pero se logró mostrar una investigacuon académica bastante ajustada a las expectativas de los asistentes del evento, dónde se mostró un punto de vista diferente del m 19.

    «Una biblioteca que teme a los libros es una biblioteca que ha dejado de ser piloto para convertirse en un ancla del pensamiento».

    El argumento implícito detrás de este veto es el miedo. El miedo a que la historia, con todos sus grises y sus contradicciones, sea discutida en el espacio público.

    Al cancelar un evento sobre el paso de la insurgencia a la democracia, quienes hoy ostentan el poder parecen ignorar que la paz no se construye olvidando los capítulos incómodos, sino leyéndolos en voz alta para que no se repitan e incluso volverla parte de la academia para que recordemos parte de la historia.

    La Ciudad que no se deja Leer. 

    ¿A qué le temen los que mandan? ¿A que el debate sobre la desmovilización del M-19 ponga espejos frente a las actuales formas de hacer política?

    Medellín es una ciudad que se ha reconstruido sobre sus propios escombros, pero esa reconstrucción es frágil si se basa en la exclusión de las voces disidentes.

    La Biblioteca Pública Piloto, históricamente un faro de libertad intelectual, hoy luce una sombra que no le pertenece: la de la intervención administrativa que decide qué se puede leer y qué debe permanecer en el sótano del olvido.

    La polémica ha encendido las redes y los cafés culturales. No se trata solo de un grupo guerrillero que dejó las armas hace décadas; se trata de la autonomía de nuestras instituciones y que estamos enseñando a la siguiente generacion.

    Si la cultura depende del humor o del sesgo ideológico del gobernante de turno, entonces no estamos ante una política cultural, sino ante una comisaría del pensamiento o censura estructural estilo 1984.

    El Retorno del Índice.  

    El mensaje enviado desde el edificio de la Alpujarra es claro: hay temas prohibidos. Pero en la Medellín de hoy, esa estrategia suele ser contraproducente.

    Entre más se intenta enterrar una historia, más fuerza cobra en la periferia. El libro del M-19, ahora envuelto en el aura de lo prohibido, encontrará otros espacios: universidades, parques, plazas o la clandestinidad digital y aumentará el interés de la obra.  Nunca hay publicidad buena o mala, solo publicidad.

    Cerramos esta crónica con una certeza amarga. El intento en la Piloto es una derrota para la democracia local.

    Cuando la política utiliza la censura como herramienta de gestión, lo que está admitiendo es su incapacidad para el diálogo, análisis e investigación profunda desde los libros.

    Medellín merece bibliotecas que abran puertas, no funcionarios que pongan candados. Porque al final del día, los libros siempre encuentran la forma de ser leídos, pero las manchas de la censura son mucho más difíciles de borrar de la historia de un gobernante.

    Pueden buscar el libro en la biblioteca online e independiente del periódico desde abajo.  Allí van a tener posibilidades de como esta historia merece ser contada.

  • Crónica de un Siglo en el Diván: Cali bajo la Lupa de Vásquez Benítez.

    Crónica de un Siglo en el Diván: Cali bajo la Lupa de Vásquez Benítez.

    No es un libro de historia cualquiera; es la biografía no autorizada de una ciudad que se olvidó de cómo mirarse al espejo.

    Edgar Vásquez Benítez no escribe, disecciona. En su obra sobre la Cali del siglo XX, nos entrega una radiografía donde los huesos son el cemento y la sangre es el flujo migratorio que transformó una aldea de encomenderos en la «Capital del Cielo» (o en su intento más caótico).

    La Metamorfosis del Barro al Asfalto. 

    Vásquez Benítez nos lleva de la mano por esa Cali que, a principios de 1900, todavía olía a trapiche y bosta de mula.

    Pero ojo, que aquí no hay romanticismo barato. El autor desmenuza cómo la llegada del Ferrocarril del Pacífico no solo trajo mercancías, sino que descarriló la vieja estructura social, obligando a la élite local a entender que el mundo era más grande que su hacienda.

    También la construcción de ciertos barrios como granada, el parque de diversiones luna park y muchos barrios en la zona norte.

    También muestra sobre los movimientos sociales que se estuvieron desarrollando con la llegada de María cano a la ciudad y el movimiento de los trabajadores.

    El hito de los Juegos Panamericanos del 71:

    No lo cuenta como la fiesta deportiva que nos vendieron, sino como el catalizador urbano que nos dejó una infraestructura de lujo y una deuda social de sótano.

    La industrialización: Un proceso que, según el texto, fue tan ambicioso como segregador, dibujando esas fronteras invisibles que hoy todavía nos duelen en el mapa.

    Por qué leerlo (y por qué te va a doler). 

    Este libro es una cachetada de realidad para el que cree que el civismo caleño nació por generación espontánea.

    Vásquez Benítez rastrea el origen de nuestras crisis actuales en las decisiones (o falta de ellas) de hace setenta años y porque está llena de contradicciones.

    Está reseña la decidimos hacer porque tenemos una sorpresa para uds dentro de un mes y medio que tiene que ver mucho con el desarrollo de nuestra ciudad y un cambio.  Así que esperen esto.