Categoría: Periodismo alternativo

  • Entre los algoritmos y desinformación masiva.  Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Entre los algoritmos y desinformación masiva. Como encontrar información creíble? Encuentro de medios en cartagena.

    Vivimos ahogados en píxeles. El algoritmo no te muestra lo que buscas, sino lo que te retiene. Y lo que retiene es el grito, el miedo, el fragmento fuera de contexto. Una noticia falsa viaja seis veces más rápido que una real. No es ruido: es estrategia. Pregunta.  Esto ayuda a la polarización mediática? Por eso tanto los extremos?

    Entonces, ¿cómo distinguir el dato sólido del espejismo? Primera ley: desconfiar de la ira inmediata. Si un titular te induce odio o pánico, respira.

    Segundo: rastrear la fuente original. Una captura de pantalla no es prueba; un enlace roto, tampoco. Tercero: contrastar en medios con líneas editoriales distintas, incluso las que te incomoden. La verdad no es cómoda, es verificable.

    Pero el problema no es solo técnico. Es comunitario. Por eso el encuentro de medios en Cartagena no es un evento más. Es un acto de resistencia. Allí, periodistas locales, verificadores y audiencias se sientan en la misma mesa. Sin cámaras de eco. Sin likes. Con preguntas incómodas: ¿cómo informamos sin pánico? ¿cómo consumimos sin cinismo? Y lo más increíble de todo…. Desde las artes se puede hacer algo más allá del algoritmo? Al tiempo ser visible?

    En Cartagena se aprende lo que ningún algoritmo replica: el oficio de dudar. La práctica de contrastar. El valor de un archivo, de un testigo, de una redacción sin prisa. La desinformación masiva no se combate con más datos, sino con más vínculos. Con medios que se nombran entre sí, con lectores que exigen transparencia, con espacios donde la palabra no compite por clics, sino por verdad.

    Si hoy te sientes perdido entre bulos y titulares histéricos, no es tu culpa. Es el diseño. Pero la salida existe: es lenta, colectiva y se construye en encuentros como el de Cartagena. Apúntate. Tu atención es el último territorio por liberar y ayudar a los periodistas a la transición? Transición de que? De adaptación a las redes rompiendo al tiempo el algoritmo y decir sin censura las cosas.

     

  • Influencer la circulander y el aterrizaje en la realidad sobre la autogestión: la formación de públicos.

    Influencer la circulander y el aterrizaje en la realidad sobre la autogestión: la formación de públicos.

    Nada de auditorios clásicos.  Antier fue en la Librería Oromo, entre libros y café recién molido, entre otras cosas.  Allí, la circulander —influencer, pero de las que duelen— cogió el micrófono para hablar del mapa de puntos culturales. Y no, no era una clase de geografía.

    Para el ocio vago, un mapa es una app que te dice cómo llegar. Error. La circulander lo desmontó: el mapa es una máquina de formación de públicos. Tesis directa: el público no nace, se hace. Y no con decretos rancios, sino con visibilidad y acceso. Marcar un punto en el mapa es resistencia: lo que no está en el mapa, no existe.

    En un mundo donde el algoritmo te alimenta la misma sopa tibia, el mapa es el contra-algoritmo humano. Educa el deseo. Te obliga a buscar la periferia, a incomodarte. Porque la cultura no es un evento de gala, es un hábito respiratorio.

    Y entonces llegó lo bueno: la autogestión como escuela. Formar públicos no ocurre desde arriba, sino en el lodo de los espacios independientes. Ahí el espectador deja de ser cliente y se vuelve cómplice. Sabe que si no va, el sitio muere. Su mirada financia libertad frente al algoritmo.

    El mapa hay que caminarlo. De nada sirve la plataforma más bonita si los puntos están mudos. Requiere cuerpo, territorio, autogestión.

    Terminó. Aplausos en Oromo. Y en el aire, una pregunta incómoda para los que solo buscan scroll infinito. El mapa está trazado. Ahora, a leerlo. Y a recorrerlo.

  • La circulander estrena su radiografía  cultural y muestra turismo cultural.

    La circulander estrena su radiografía cultural y muestra turismo cultural.

    Cali siempre ha tenido dos caras. Una es la de la postal oficial, la del trópico predecible con su brisa de las cinco de la tarde y sus monumentos de bronce que miran al vacío.

    La otra es la Cali que late abajo, la que huele a tinta de fanzine, a sudor de baldosa y a madera vieja de teatros independientes que sobreviven a punta de puro coraje.

    A esa segunda ciudad, la que no sale en los folletos de las agencias de viajes ni en los discursos de los burócratas, es a la que apunta *La Circulander* con su nueva radiografía cultural.

    No es un mapa turístico al uso; es un artefacto de resistencia urbana. Un inventario de los brotes de vida que insisten en florecer en los márgenes de una ciudad que muchas veces prefiere el ruido de los centros comerciales al murmullo de sus propios creadores.

    El lanzamiento de este circuito de turismo cultural no ocurre en un salón de hotel con aire acondicionado y cócteles de bienvenida para la prensa dócil.

    Ocurre donde debe: en una librería autogestionads llamada oromo, ahí donde los libros están en sus estantes y las paredes gritan lo que los periódicos callan. La Circulander se presenta ante el asfalto como un caleidoscopio que ordena el desorden, una brújula para los que se niegan a consumir cultura enlatada y prefieren untarse de la realidad local.

    Al desplegar esta cartografía, los barrios tradicionales de Cali pierden esa pátina de museos inertes y se revelan como laboratorios vivos.

    San Antonio ya no es solo el pesebre colonial de las macetas y las artesanías de exportación; ahora es el refugio de talleres de grabado donde las prensas manuales desafían la dictadura de lo digital.

    El centro de la ciudad deja de ser el nudo ciego de las oficinas públicas y los vendedores ambulantes para transformarse en un laberinto de sótanos donde el cineclubismo resiste y las librerías de viejo custodian primeras ediciones que la memoria oficial ya olvidó.

    El mérito de esta iniciativa radica en su honestidad. No maquilla a la ciudad para complacer el ojo extranjero; la muestra con sus costuras expuestas, con sus grietas y su luz rabiosa.

    El turismo cultural, bajo este enfoque, deja de ser una actividad de espectadores pasivos que miran el mundo desde la ventana de un autobús con vidrios ahumados.

    Aquí el viajero —sea un gringo con mochila o un caleño del oriente que cruza la autopista— se convierte en cómplice.

    Se le invita a entrar a la trastienda de los teatros de cámara en El Peñón, a escuchar los ensayos de las orquestas de barrio que pulen sus metales en San Fernando, a entender que la verdadera riqueza de esta comarca no está en sus bancos, sino en la cabeza de sus artistas.

    Los creadores de La Circulander han entendido el signo de los tiempos. El viajero contemporáneo padece de náuseas frente a lo prefabricado.

    Busca la fricción con lo real. Quiere saber dónde se esconde el pintor que usa el hollín de la tarde para fijar sus lienzos, dónde se discute la política de los cuerpos a través de la danza contemporánea, o en qué esquina un melómano guarda diez mil vinilos de salsa brava que explican, mejor que cualquier libro de historia, por qué esta ciudad camina con un swing que parece una herida abierta.

    Esta radiografía es, al mismo tiempo, un acto de fe y un portazo en la cara de la indiferencia institucional.

    En un país donde la gestión cultural suele ser el pariente pobre de las agendas públicas, que un circuito logre tejer los hilos invisibles que unen a las galerías independientes, los cafés literarios y los espacios autogestionados es casi un milagro.

    Es la demostración de que la escena local no necesita permisos para existir ni bendiciones oficiales para circular.

    Cuando la tarde cae y la sombra de los Farallones empieza a devorar los tejados viejos del oeste, el mapa deja de ser una guía y se convierte en un territorio real.

    Uno camina por el barrio Granada buscando el rastro de una exposición de fotografía underground y comprende que La Circulander no inventó nada:

    simplemente le dio un nombre y una ruta al oleaje invisible que siempre ha estado ahí, empujando la ciudad hacia adelante. Una invitación definitiva a perder el orden, a desacelerar el paso y a descubrir que en Cali el arte no se contempla en vitrinas; se respira en cada andén, rabioso y profundamente vivo.

  • La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    La cultura como motor del desarrollo: reseña ensayo especial culturas vivas.

    Durante décadas, los despachos oficiales de la administración pública han funcionado bajo una premisa tan cómoda como perversa: entender la cultura como un inventario de eventos y un catálogo de espectáculos dóciles.

    Una burocracia gris, adicta a las jerarquías rígidas y a las planificaciones de oficina, se ha dedicado a gestionar la inercia. Para estos administradores de la vieja escuela, el ciudadano es un simple consumidor pasivo, un número en una estadística de asistencia a un teatro o a un festival de fin de semana.

    El funcionario firma el presupuesto, el artista ejecuta su obra en un escenario distante y el público aplaude desde la sombra. Todos a casa; la inercia continúa intacta.

    Sin embargo, este engranaje obsoleto ha comenzado a crujir. En las arterias de las ciudades globalizadas, allí donde la diversidad se vive de manera descarnada y vibrante, la realidad exige un derrumbe absoluto del viejo modelo piramidal.

    La cultura no se puede seguir confinando en un compartimento estanco, aislado de la economía, de la sanidad o del urbanismo.

    Cuando la política cultural se aísla de la estructura social, se marchita y se convierte en mera ornamentación estatal, un decorado costoso para simular un bienestar que no existe.

    Fortalecer el tejido simbólico de una comunidad no es diseñar una agenda de ocio; es, en su sentido más puro y combativo, construir ciudadanía.

    La transformación que hoy se respira en los márgenes de la gestión pública no es una simple reforma técnica, sino una revolución de actitud y de estructuras.

    Es necesario transitar con urgencia del burócrata tradicional al mediador relacional. Este cambio de paradigma implica sustituir la vieja verticalidad por una horizontalidad radical que potencie el capital intelectual y que asuma la inmersión en el territorio como la única vía posible de supervivencia.

    Los equipos multidisciplinares y los canales de comunicación abierta ya no son una opción vanguardista ni un capricho de intelectuales; son un escudo imprescindible frente a una sociedad cambiante que se mueve a una velocidad que los ministerios rígidos son incapaces de procesar.

    La cultura no se genera en la pulcritud de los escritorios gubernamentales; se vive, se padece y se transforma en la rugosidad de las calles, en las redes de interacción diaria y en el conflicto creativo.

    Por ello, adoptar una hoja de ruta seria, como la inspirada en los principios de la Agenda 21 de la Cultura, obliga a los gobiernos locales a asumir un compromiso ético y político ineludible.

    Este pacto estructural exige una gobernanza donde lo cultural sea el eje transversal de toda acción pública.

    Significa entender la diversidad no como un folclorismo exótico para turistas, sino como un ecosistema vivo e indispensable, tan crucial para nuestra supervivencia social como lo es la biodiversidad para el planeta Tierra.

    El acceso al universo simbólico no puede seguir siendo un privilegio de clase o un bien de lujo regulado por el poder adquisitivo; debe ser defendido como un derecho fundamental que sostiene la dignidad humana en tiempos de crisis.

    En este escenario de transformación, la frontera digital se presenta a menudo como la gran panacea del progreso contemporáneo, aunque con frecuencia se reduce a una trampa de conectividad vacía y pantallas brillantes.

    No basta con dotar de ordenadores a las periferias o, como se suele denunciar con lucidez, con «informatizar la pobreza».

    El verdadero reto radica en una dinamización cibercultural profunda, capaz de sembrar el pensamiento crítico y de estructurar redes sólidas de creación colectiva.

    La tecnología, desprovista de una actitud comunitaria y de un sentido político, solo sirve para automatizar el aislamiento y domesticar las mentes bajo la ilusión de la hiperconexión.

    El mercado, por su parte, observa este sector con una voracidad predecible, intentando reducir los bienes simbólicos a mercancías de intercambio rápido y obsolescencia programada.

    Si bien es innegable que la cultura genera riqueza y empleo, los gobiernos locales tienen la obligación histórica de blindar su valor intrínseco.

    El fin último de una política cultural digna de ese nombre no es fabricar clientes complacientes para las industrias del entretenimiento masivo, sino forjar creadores conscientes con un compromiso activo en su propio entorno.

    Aquellas ciudades que insistan en mantener la vieja administración burocrática e inmóvil quedarán reducidas a museos inertes, a postales nostálgicas o a parques temáticos sin alma.

    Solo las comunidades que se atrevan a transitar hacia un modelo de gestión relacional, dinámico e integrado, serán capaces de alumbrar una ecología cultural viva.

    Una ecología que deje de ser el gasto suntuario de los domingos para convertirse, finalmente, en el motor invisible y real de nuestro porvenir colectivo.

    Empezamos nuestro especial de investigación de cultura viva comunitaria con este texto y podríamos ayudar con este texto.  Por eso le doy 5 en este ensayo.

  • La IA se toma las aulas educativas: así fue el lanzamiento del Programa Cali Avanza 2026.

    La IA se toma las aulas educativas: así fue el lanzamiento del Programa Cali Avanza 2026.

    El libreto está escrito con tinta de marketing gubernamental y se repite de administración en administración.

    Esta vez el escenario fue el lanzamiento de ‘Cali Avanza 2026’, un programa que promete meter a la fuerza la inteligencia artificial y el pensamiento lógico en el ADN de diez instituciones educativas oficiales de la ciudad.

    Con la fanfarria propia de los convenios público-privados —esta vez de la mano con la academia en línea Crack The Code—, la Alcaldía de Alejandro Eder saca pecho anunciando que beneficiará a cerca de 3.500 estudiantes.

    Sin embargo, detrás del brillo de las pantallas nuevas y los discursos sobre «cerrar brechas», la realidad de la educación pública en las periferias y zonas rurales de Cali suele tener un cableado mucho más complejo y menos idílico.

    La danza de las cifras y los fierros. 

    La Secretaría de Educación Distrital, liderada por Sara Mercedes Rodas, materializó el entusiasmo con la entrega de 260 equipos tecnológicos.

    La matemática oficial divide los recursos con precisión quirúrgica por cada colegio: 24 computadores para la infraestructura general, dos para los docentes y un parlante para ambientar las clases.

    A primera vista, la distribución suena a justicia social digital. Instituciones emblemáticas y golpeadas por los contextos sociales como el Eustaquio Palacios, El Diamante, el Técnico Industrial Carlos Holguín Mallarino, y escuelas de la ruralidad profunda como La Leonera y Villacarmelo, recibieron sus respectivos paquetes de hardware.

    El gran interrogante que queda flotando en los pasillos de estas instituciones no es si los computadores llegaron, sino cuánto durarán encendidos, si habrá conectividad real y estable para operarlos, y si las redes eléctricas de los planteles soportarán la nueva carga sin que se caigan los tacos.

    La historia reciente de la ciudad está plagada de salas de sistemas que terminan convertidas en cementerios de tecnología obsoleta por falta de mantenimiento o de planes de internet sostenibles en el tiempo.

    Entre avatares de IA y la dura realidad. 

    El evento estuvo aderezado con la presentación de *Pixie*, un personaje de inteligencia artificial diseñado para acercar a los jóvenes a la programación y la innovación ética en su vida cotidiana.

    Los estudiantes jugaron, compitieron y se llevaron a casa audífonos inalámbricos y tarjetas de Netflix o Spotify como incentivos de un ecosistema que premia el consumo digital inmediato.

    Pero la verdadera innovación, esa que nace del asfalto y de la resistencia cultural, se vio en proyectos como ‘Raíces y Rizos’, ideado por las estudiantes Shery Nícol Naranjo y Eilyn Sofía Palacios, de la Institución Educativa Cristóbal Colón.

    Ellas lograron cruzar la botánica del Pacífico con la IA para crear un centro de experiencia capilar enfocado en el cuidado del cabello afro y la identidad étnica.

    Este tipo de iniciativas demuestra que el talento y el hambre de futuro en la juventud caleña están intactos; el problema radica en si la estructura estatal es capaz de sostener ese impulso más allá del corte de cinta y de la foto oficial del convenio BP-26005487.

    ¿Transformación estructural o pañitos de agua tibia?. 

    Apostarle a la alfabetización digital y a la inteligencia artificial generativa en pleno 2026 no es un lujo, es una obligación básica.

    El punto crítico es si ‘Cali Avanza’ es una estrategia de transformación pedagógica a largo plazo o simplemente una entrega de «fierros» para cumplir metas de un plan de desarrollo.

    Gobernar una ciudad con las urgencias sociales de Cali requiere que la tecnología no sea un espectáculo de luces de un solo día, sino una herramienta integrada a techos que no se lluevan, comedores escolares dignos y docentes bien remunerados.

    El tiempo y el estado de esos 260 computadores dirán si la administración de Eder realmente sembró futuro o si solo financió un costoso y temporal espejismo digital.

    ¿Qué opinas del impacto real de estos programas de tecnología en los colegios públicos de tu comuna?

  • Suba tiene universidad pública: un sueño de más de 15 años que se hace realidad.

    Suba tiene universidad pública: un sueño de más de 15 años que se hace realidad.

    Después de más de 15 años de exigencias de las comunidades, líderes juveniles y organizaciones locales, Suba —la localidad más poblada de Bogotá— por fin cuenta con educación superior pública propia.

    El Multicampus Universitario de Suba es ya una realidad tangible: la obra avanza, las inscripciones están abiertas y las clases iniciarán el 3 de agosto de 2026.

    Esta iniciativa del Gobierno del Cambio responde a una histórica brecha territorial, permitiendo que cientos de jóvenes estudien gratis y cerca de sus hogares, sin tener que desplazarse a otras zonas de la ciudad.

    El proceso se construyó con una inédita participación ciudadana. En febrero de 2026, el Ministerio de Educación lideró mesas de trabajo en las que jóvenes, familias y líderes locales definieron colectivamente los ocho programas académicos iniciales, priorizados según las necesidades reales de Suba en temas sociales, ambientales, educativos y productivos.

    El 20 de marzo se formalizó la entrega de predios en la Calle 145 con Carrera 115 a la Universidad Pedagógica Nacional, iniciando la estructuración del proyecto a cargo de la Financiera de Desarrollo Nacional.

    La primera fase de construcción, ejecutada por la Agencia Nacional Inmobiliaria Virgilio Barco (ANIM), incluye 64 módulos que suman más de 5.600 metros cuadrados con aulas, laboratorios, biblioteca y espacios de bienestar, con capacidad inicial para 920 estudiantes.

    La inversión en esta etapa modular supera los $23.000 millones (el doble de lo inicialmente previsto). Las clases arrancarán en el Lote 1 (3.700 m² operativos), mientras se preparan ampliaciones en el Lote 2. La fase definitiva, en el Lote 3, superará los $200.000 millones entre 2026 y 2028.

    Las inscripciones están abiertas hasta el 3 de junio de 2026 con una convocatoria centralizada que prioriza a jóvenes de la localidad. Los programas iniciales incluyen ofertas de la Universidad Distrital, Colegio Mayor de Cundinamarca, Universidad Pedagógica Nacional e Instituto Técnico Central, con proyección a más carreras.

    Todos los admitidos gozarán de gratuidad nacional y un programa compartido de bienestar. El respaldo financiero está garantizado por el CONPES 4181 ($215.700 millones para 2026-2028), asegurando continuidad más allá de ciclos políticos.

    Este Multicampus reafirma el compromiso con una educación superior pública, gratuita y de calidad en los territorios.

  • Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    En el vertiginoso mercado de la atención, donde la comunicación suele reducirse a un ruido blanco de algoritmos y métricas vacías, existe un refugio en Bogotá que opera bajo una lógica distinta.

    No es una oficina, aunque allí se trabaje con la precisión de un relojero; no es una fábrica de contenido, aunque sus productos circulen por las venas de la cultura continental.

    Se trata de Casa ARC, un colectivo donde se han unido saberes que, tras dos décadas de existencia y consolidada este año, ha logrado lo que parece imposible en la era de la obsolescencia programada: construir un legado basado en el rigor y la honestidad.

    Fundada en 2005, pero consolidada este año, Casa ARC no nació para seguir tendencias, sino para fundar desde una ética del acompañamiento.

    Mientras el mundo se obsesionaba con lo efímero, el equipo liderado por Nicolás Acosta Alarcón, Litza Alarcón Romero y Samuel Acosta Alarcón decidió que la comunicación estratégica debía ser.

    ante todo, un acto de fe compartido además de un saber compartido entre comunicación, publicidad y producción audiovisual dónde todas las formas de saberes son bienvenidas.

    Su premisa es tan simple como radical: *»El legado no se hereda, se construye»*. (En este caso es generacional: las historias que están construyendo Lizbeth con sus hijos) lo han hecho ladrillo a ladrillo, habitando ese espacio gris —y a menudo ignorado— entre la intención de una marca y la sensibilidad de su audiencia.

    Entrar en la narrativa de Casa ARC es recorrer una arquitectura de «Portones». No son secciones departamentales en el sentido burocrático, sino habitaciones especializadas donde los proyectos respiran. El Portón de Cine quizás su faceta más romántica y a la vez técnica, ha sido el útero de más de cien películas.

    En un país como Colombia, donde hacer cine es un acto de heroísmo cotidiano, Casa ARC se ha erigido como el aliado silencioso que sabe transformar un guion en un fenómeno cultural.

    No se limitan a «vender» una película; la habitan, comprenden su pulso y la traducen para un público que busca algo más que entretenimiento.

    Pero el santuario no se queda en la oscuridad de la sala de proyección. Se expande hacia el Turismo y la Cultura, entendiendo que viajar y crear son formas gemelas de la curiosidad humana.

    Aquí, la comunicación abandona el tono transaccional para convertirse en un relato de identidad. Y en su Sala de Prensa el ejercicio periodístico recupera su sello editorial, ese criterio que se ha perdido en la carrera por el clic fácil.

    Hay una elegancia casi anacrónica en su forma de gestionar la información: prefieren la claridad al estruendo, la esencia al artificio.

    Lo que hace a Casa ARC un fenómeno digno de análisis no es solo su longevidad, sino su capacidad para mantenerse como un «Santuario» en medio del caos corporativo. Es una anomalía saludable en el ecosistema bogotano.

    En sus oficinas, el concepto de «cocreación» no es una palabra de moda en un PowerPoint, sino una metodología donde el cliente deja de ser un emisor para convertirse en parte de un ecosistema vivo.

    Al final, la trayectoria de estos veinte años nos deja una lección sobre la sostenibilidad del pensamiento crítico aplicado a la empresa.

    Casa ARC demuestra que la comunicación, cuando se ejerce con criterio y alma, es capaz de sobrevivir a las crisis de modelo y a las mutaciones digitales. No solo han gestionado marcas; han custodiado historias.

    Y en un mundo que parece haber olvidado cómo escucharse, tener un lugar donde el ruido se transforma en claridad es, posiblemente, el mayor acto de vanguardia que podemos presenciar.

    ¿Es posible comunicar sin traicionar la esencia? En Bogotá, detrás de unos portones que miran al futuro con la calma de quien sabe lo que ha construido, la respuesta es un rotundo y creativo sí.

  • Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali está en los premios iberoamericanos dti en rio de Janeiro por turismo indígena.

    Cali no solo baila; ahora, se piensa y se proyecta desde la entraña. Mientras el mundo observa a las grandes metrópolis de concreto y cristal, la capital del Valle ha decidido apostar por lo que nadie más tiene:

    la sangre y el barrio. Esta apuesta, arriesgada y genuina, la tiene hoy sentada en la mesa de los finalistas de los Premios Iberoamericanos de Turismo Inteligente, cuya gala final hará vibrar a Río de Janeiro este 27 de abril.

    No es una nominación de oficina ni un galardón de escritorio. Es el reconocimiento a una ciudad que ha entendido que la «inteligencia» en el turismo no es solo tener Wi-Fi en las plazas, sino saber leer el ADN de su gente.

    El susurro de los ancestros en el asfalto.  

    En la categoría de Inclusión Social, Cali compite con un proyecto que rompe cualquier molde convencional: ‘Territorios Ancestrales’.

    Es, en esencia, la reivindicación del turismo indígena urbano. ¿Quién dijo que lo ancestral solo vive en la selva o la montaña?

    En las calles caleñas laten ocho comunidades que han decidido abrir sus puertas bajo un modelo de gobernanza real, basado en el consentimiento y el respeto.

    Con 35 emprendimientos validados y el eco de siete idiomas nativos resonando entre el ruido del tráfico, Cali le está diciendo a Iberoamérica que la inclusión no es un favor, sino una estrategia de mercado consciente.

    Es turismo con rostro, con historia y con una metodología que pone la dignidad de la comunidad por encima de la foto del visitante.

    El Obrero: Donde el patrimonio se suda y se baila. 

    Por otro lado, en la categoría de Patrimonio, la ciudad ha puesto sus fichas en un nombre que es pura mística: el Barrio Obrero.

    Aquí, la salsa no es un disco que suena de fondo; es un patrimonio vivo que respira en cada esquina. El proyecto nominado es una oda a la renovación urbana que no busca desplazar, sino potenciar.

    Con una inversión que roza los $20.000 millones y más de 9.000 metros cuadrados intervenidos, el Obrero se ha convertido en un museo a cielo abierto donde la economía local se dinamiza al ritmo del timbal.

    Se trata de proteger el alma de la ciudad para que el turista no solo vea, sino que entienda por qué Cali es la capital mundial de este género. Los 39 emprendimientos locales fortalecidos son la prueba de que la cultura, cuando se gestiona con inteligencia, es el motor económico más potente que existe.

    Un sello de validación internacional.  

    La presencia de Cali en el Foro Iberoamericano de Destinos Turísticos Inteligentes (FIDI) no es casualidad.

    Bajo la directriz del alcalde Alejandro Eder y la ejecución de la Secretaría de Turismo y casa ternario la ciudad está validando un modelo que mezcla la innovación con la raíz.

    Como bien dice María Fernanda Campuzano, secretaria de Turismo, se trata de demostrar que el turismo inteligente se construye desde las comunidades.

    Cali llega a Brasil no como una invitada más, sino como una referente de sostenibilidad e inclusión. Estas dos nominaciones son un mensaje claro para la Red Iberoamericana: el futuro del turismo no está en replicar modelos europeos, sino en profundizar en la identidad propia.

    Cali está demostrando que el turismo inteligente también se construye desde las comunidades y desde el patrimonio vivo que nos identifica ante el mundo.

    El próximo 27 de abril, en el corazón de Río, se sabrá si estos proyectos se traen el oro. Pero, más allá del metal del trofeo, Cali ya ganó.

    Ganó el respeto de sus pares y, sobre todo, reafirmó que su mayor riqueza no está en las vitrinas, sino en la fuerza de su gente indígena y el repique de sus barrios populares. Cali está lista para el mundo, pero bajo sus propios términos.

  • El marketing digital es una forma de tener trabajo remoto?

    El marketing digital es una forma de tener trabajo remoto?

    Bogotá amanece bajo una nube gris de hollín y bocinas, pero en un apartamento del barrio El Chicó —o quizás en una hamaca en Palomino—, la realidad es otra.

    No hay fichaje de entrada, solo el sonido de una MacBook que se abre y el aroma a café recién filtrado.

    Para miles de colombianos en este 2026, el marketing digital ya no es un departamento en una multinacional de la calle 72; es el pasaporte a una autonomía que antes parecía ciencia ficción.

    La ruptura del cordón umbilical corporativo. 

    Hubo un tiempo en que «hacer marketing» significaba reuniones presenciales infinitas y tableros llenos de post-its.

    Hoy, esa estructura ha colapsado. La democratización de herramientas de IA y la madurez de la economía freelance han permitido que un Trafficker en Medellín gestione campañas para una marca de moda en Madrid, mientras un Copywriter en Manizales redacta estrategias para Silicon Valley.

    Libertad geográfica: El 70% de las vacantes digitales en el país ya se ofertan como «100% remoto» o «home office».

    Arbitraje salarial: Ganar en dólares o euros viviendo con el costo de vida local es el nuevo «sueño colombiano».

    Especialización extrema: Ya no se busca al «todero»; se busca al experto en nichos (SEO para e-commerce, automatización de funnels, analistas de datos).

    El reverso de la moneda: Entre el slack y el burnout.  

    Pero no todo es estética minimalista y nómadas digitales. El trabajo remoto en marketing ha traído consigo una nueva forma de esclavitud: la hiperconectividad.

    El grupo de WhatsApp que nunca duerme, las métricas que exigen atención en tiempo real y la difusa línea entre la sala de la casa y la sala de juntas.

    «Mi oficina es mi mochila, pero mi jefe es un algoritmo que no entiende de domingos», comenta un estratega de contenido que prefirió el anonimato.

    La paradoja es clara. Colombia se ha convertido en una cantera de talento digital para el mundo por dos razones: nuestra creatividad visceral y una tasa de cambio que nos hace competitivos.

    Sin embargo, la salud mental se ha vuelto la moneda de cambio en este mercado de clics y conversiones.

    El veredicto: ¿Oportunidad o espejismo?

    El marketing digital en Colombia no es solo una forma de trabajo remoto; es la punta de lanza de una revolución laboral.

    Ha demostrado que el talento no necesita un escritorio fijo para ser brillante. Mientras el Estado intenta regular el teletrabajo y las empresas tradicionales luchan por el regreso a la oficina, el ecosistema digital ya se mudó a la nube.

    La pregunta que queda flotando en el aire no es si se puede trabajar desde casa, sino si estamos listos para la responsabilidad de ser nuestros propios directores de orquesta en un mundo que nunca deja de scrollear.

  • Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    En un país donde la pantalla grande ha sido, por décadas, un club privado de estéticas importadas y relatos de «clase media alta en crisis existencial», surge una pregunta que pica como el sol del Chocó a mediodía:

    ¿Si tuviéramos otras imágenes, qué pensaríamos de nosotros? No es una duda retórica; es un desafío estructural.

    Durante años, la representación de las comunidades étnicas en Colombia ha oscilado entre el folclorismo condescendiente o el retrato crudo de la carencia.

    Pero el guion está cambiando, y esta vez, quienes sostienen la cámara no piden permiso para entrar en el encuadre.

    La llegada de la segunda convocatoria de ERA FUTURO, el Fondo Audiovisual para la Equidad Racial de Manos Visibles, no es solo una noticia administrativa; es un acto de soberanía narrativa.

    Estamos hablando de un fondo que entiende que la equidad no es un adorno en los créditos finales, sino una base sólida desde la producción.

    La regla es clara y contundente: empresas cinematográficas con al menos un 40% de participación de personas indígenas o afrodescendientes. Aquí no se trata de «incluir», se trata de pertenecer.

    La Anatomía de la Nueva Imagen. 

    La convocatoria busca largometrajes, ya sean de ficción o documental, que tengan la potencia estética de una marea alta. No buscan contenidos ligeros; buscan cinematografías que miren de frente los problemas urgentes de nuestro tiempo. Es una apuesta por el cine que no solo se ve, sino que se siente en los huesos.

    ¿Qué se necesita?

    Identidad en el ADN: La cuota del 40% asegura que la mirada étnica sea parte de la toma de decisiones, no solo un decorado frente a la lente.

    Madurez Creativa: Proyectos en etapa avanzada de desarrollo, producción, posproducción o incluso listos para el gran estreno.

    Visión Artística: Menos clichés, más riesgo. Se premia la estética que rompe el molde tradicional del «cine colombiano de exportación».

    El Reloj Corre: La Ruta Hacia el Pitch.  

    El calendario cinematográfico de este 2026 ya tiene marcadas sus fechas de oro. Quienes tengan historias que queman en el pecho tienen hasta el 21 de mayo para cerrar sus carpetas y enviar ese formulario que podría cambiar el rumbo de su productora.

    Después, vendrá el suspenso: el 12 de junio se conocerán los aceptados, y entre el 2 y 3 de julio, los seleccionados tendrán que defender su visión en un pitch que promete ser más intenso que un clímax de suspenso.

    Finalmente, el 9 de julio, el país conocerá a los nuevos guardianes de nuestras imágenes.
    «No estamos pidiendo un espacio en su historia; estamos construyendo la nuestra.»

    La verdadera transformación no ocurre en la alfombra roja, ocurre en el presupuesto, en la financiación y en la libertad de contar quiénes somos sin filtros coloniales.

    Manos Visibles, a través de ERA FUTURO, está poniendo los recursos donde antes solo había promesas.

    Si tienes el guion, si tienes la empresa con el alma diversa y si tienes la rabia o la ternura necesaria para capturar nuestra realidad, el correo audiovisual@manosvisibles.org es tu puerta de entrada.

    Porque si cambiamos las imágenes, cambiamos el pensamiento. Y si cambiamos lo que pensamos de nosotros, el futuro deja de ser una incertidumbre para convertirse en una película que, por fin, nos representa con dignidad y belleza.
    Corten. Cámara. ¡Acción por la equidad!