Etiqueta: noticias arte Colombia

  • La dignidad cultural también es un derecho!

    La dignidad cultural también es un derecho!

    Se escuchan rumores a lo lejos? O muy cerca?  Se escucha un rumor…. No de cosas negativas, sino de música en una cancha de fútbol…. Ancianos que reciben una pensión después de años en la oscuridad, las piezas arqueológicas que vuelven después que desaparecieron de sus lugares originales…

     

    Todo esto lo creo un ministerio importante para todos: minculturas y fue el informe que nos dieron a todos…. Cuatro años (nada mal después del sufrimiento que hemos sufrido a lo largo de nuestra formación como nación, pero desde los 50s estuvimos sufriendo el doble) pero empezó a sentirse la esperanza la esperanza que se puede construir proyectos culturalesArtes para la paz, talleres de  música en zonas apartadas, festival de danza de la guajira, el galeón San José, las redes que se fueron creando, las comunidades y los públicos que se fueron formando estos cuatro años….

    El plan nacional de cultura 2034 – 2038 y estuvimos al pendiente de el (les dejo el link de las observaciones que hicimos en tiktok) es solo el comienzo de todo lo que hicimos todo este tiempo y que nos dió autoconfianza de decir que también somos un medio digital y cultural. Nos dió una dignidad que nunca habíamos tenido.

    Y seguimos contando historias de cultura, colaboración y comunidad! Gracias por siempre estar allí.

  • Graba de forma auténtica.

    Graba de forma auténtica.

    Tienes una cámara, una causa y sesenta segundos para que Latinoamérica te preste atención. Mongabay y Ladera Sur acaban de soltar una beca que es básicamente un desafío: agarra tu mejor historia ambiental y conviértela en una bomba vertical de imágenes.

    Hablamos de fauna, caos climático, soluciones comunitarias o hasta ese cruce entre ecología y arte callejero. Si es urgente y visual, ellos lo quieren. Y ponen la plata donde está la boca: 1000 USD por pieza seleccionada. Sin ataduras. Solo súbelo en español e inglés y deja que el mundo lo vea.

    ¿Quiénes entran? Cineastas, periodistas, animadores, cuentacuentos: mayores de 18, con residencia en LATAM o credibilidad regional seria. No necesitas presupuesto de blockbuster; necesitas un brief afilado (500 palabras), un mood board que grite estilo y un plan de producción que demuestre que puedes hacerlo sin estrellarte.

    El plazo aprieta: 8 de julio, 23:59 (GMT-4). Los elegidos se sabrán en agosto.

    Así que menos scroll, más disparos (de cámara). Esta es tu oportunidad de hacer ruido donde importa: desde el Amazonas hasta los Andes y más allá.

    Postula aquí: https://form.jotform.com/Mongabay_Network/video (elige español y dale).

  • Vuelve el siembra fest! Y te está esperando a ti!

    Vuelve el siembra fest! Y te está esperando a ti!

    El cine no se hace en las nubes. Nace entre raíces, barro y manos callosas.

     

    Por eso el SiembraFest vuelve. Onceava edición. Del 9 al 18 de septiembre de 2026, Sasaima y Villeta (Cundinamarca) dejan de ser mapas para convertirse en pantallas. Plazas, polideportivos, veredas. El campo se toma el cine y el cine se deja untar de tierra.

     

    Este año, con un extra: 2026 es el Año Internacional de la Mujer Agricultora (la FAO lo dice, pero nosotras lo vivimos). La Muestra Central se llama Mujeres que sostienen la vida. No es metáfora. Son ellas —las que siembran maíz, tejen memoria, crían hijos y resisten sequías— las que protagonizan el relato. El festival les devuelve la mirada. Sin exotismos. Con afecto y verdades.

     

    Durante diez días, el audiovisual colombiano se desempolva. Sale de las salas de estreno, se sienta en el pasto, comparte tamal y conversa con quien nunca había visto su historia en una película. Porque el cine también es convite, taller, risa de niños y silencio de ancianos.

     

    ¿Y si tienes una historia que contar? La convocatoria oficial está abierta. Cortos, largos, ficción, docu, animación. Lo que dialogue con el territorio, las emociones, las formas de habitar este país tan atravesado. Fecha límite: 30 de junio de 2026.

     

    El SiembraFest no busca espectadores. Busca cómplices. Gente que entienda que una película, cuando se proyecta en el campo, no termina en los créditos. Sigue creciendo.

     

    Entrega tu obra. Que florezca donde importa.

  • Identidad, drag y rebelión en el escenario en cali. Arte queer!

    Identidad, drag y rebelión en el escenario en cali. Arte queer!

    Del 19 de junio al 4 de julio de 2026, Cali será el escenario de dos encuentros fundamentales para las artes escénicas latinoamericanas: el 8vo Encuentro Nacional de Arte Queer y el 3er Encuentro de Mujeres Artistas Latinoamericanas.

    Esta doble celebración reúne propuestas que atraviesan la memoria, el territorio y la identidad desde perspectivas diversas. La programación incluye obras como «Un pez en la tierra bajo la lluvia» desde Bogotá, el teatro documental brasileño de «Sin&nhá», el ritual escénico mexicano de «Wilma» y la danza crítica costarricense de «People Watching».

    El talento local también tiene espacio con montajes que abordan salud mental, herencias indígenas y comedia musical drag provenientes de Cali, Pasto y Restrepo.

    Como cierre, «The End of the World» propone una competencia de voguing y pasarela que celebra la creatividad desde el reciclaje.

    Los escenarios serán el Teatro del Presagio, el Teatrino del Teatro Municipal y el Centro Cultural Comfandi. La entrada es gratuita con inscripción previa, aunque algunas funciones en el Teatro del Presagio funcionan con aporte voluntario.

    Es importante inscribirse individualmente para cada obra y llegar con al menos 30 minutos de anticipación, ya que las puertas abren una hora antes y los cupos se liberan pasando ese tiempo. La organización solicita compromiso con las reservas para que más personas puedan disfrutar.

    Un encuentro que reafirma el arte como espacio de resistencia y encuentro.

  • Vuela alto, Viejo Gus: Adiós a un maestro del arte caleño.

    Vuela alto, Viejo Gus: Adiós a un maestro del arte caleño.

    Cali despide con cariño a Gustavo Hincapié Reyes, el querido “Viejo Gus”, artista plástico y declamador que nos dejó físicamente estos días la velación fue  el 7 y las exequias el 8 de junio en el Campo Santo Metropolitano del Sur.

    Nacido en 1944, dedicó más de 50 años al arte espontáneo con tinta china y tintas de color, plasmando rincones, personajes y el alma cotidiana de nuestra ciudad. Sus ilustraciones forman parte de la memoria colectiva de miles de caleños.

    Desde Mirá Leé el recuerdo es personal. Hace más de 22 años tuve el privilegio de conocerlo y compartir largas charlas sobre arte que marcaron mi camino.

    Lo consideré un amigo: un conversador generoso, lleno de sabiduría callejera y una pasión contagiosa por la creación que transmitía en cada encuentro.

    Hoy la comunidad artística lo honra con mensajes como “Vuela alto, Viejo Gus” y “Gracias por tus mariposas”.

    Que su legado nos inspire a seguir amando y pintando Cali con el mismo corazón. Gracias por las charlas y por recordarnos que el arte es un acto de amor por nuestra tierra.

    Que vuelves alto maestro Gus!

  • Opinión.  El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Opinión. El Indio Solari: el último aullido de la bestia.

    Por Óscar Alberto García.  

    Hoy, 5 de junio de 2026, se apagó la voz que durante medio siglo supo traducir la rabia, la ternura y la lucidez de toda una generación.

    Carlos Alberto “El Indio” Solari partió de este mundo a los 77 años en su refugio de Parque Leloir, dejando un vacío que duele en el pecho de millones que crecimos cantando sus metáforas como oraciones laicas.

    No se fue un cantante más: se fue el artífice de un universo propio donde el rock dejó de ser mero entretenimiento para convertirse en refugio, espejo y arma contra la mediocridad.

    Su partida nos obliga a mirar de frente lo que siempre nos enseñó: que la verdadera rebeldía es la de seguir siendo uno mismo en un mundo que premia la obediencia.

    Solari construyó con Los Redonditos de Ricota y luego con sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado una obra que trasciende géneros y fronteras.

    Sus letras, densas de literatura beat, simbolismo y crítica filosa, fueron banda sonora de dictaduras, crisis y resistencias cotidianas. “Jijiji”, “La Bestia Pop”, “Un Ángel para tu Soledad” no eran solo canciones: eran himnos que nos daban permiso para sentir rabia, para soñar y para no arrodillarnos.

    En un continente que a veces se olvida de sus propios poetas, el Indio nos recordó que la música puede ser territorio de dignidad y belleza salvaje.

    Su retiro por la enfermedad de Parkinson no lo silenció del todo. Siguió creando, honrando su compromiso con la autonomía creativa lejos de las lógicas del mercado.

    El Doctor Honoris Causa que le otorgó la Universidad de Buenos Aires en mayo pasado fue apenas el reconocimiento tardío de una academia que, por fin, se inclinó ante quien nunca necesitó sus diplomas.

    Ese gesto, como sus recitales multitudinarios que se convertían en misas ricoteras, confirma que su legado no está en los charts ni en las listas de éxitos, sino en la forma en que miles de personas encontraron en sus versos las palabras que ellos mismos no lograban pronunciar.

    Hoy, mientras el Río Cali sigue corriendo como testigo silencioso de nuestras propias luchas, desde Mirá Leé rendimos homenaje al Indio con gratitud profunda.

    Su partida nos deja la responsabilidad de seguir cuidando esa llama contracultural que él alimentó con maestría. Gracias, Carlos Alberto. Gracias por enseñarnos que la poesía puede ser rock, que la rebeldía puede ser amor y que, incluso cuando la bestia parece dormida, siempre queda un último aullido capaz de despertar conciencias. Que tu vuelo sea liviano, maestro. La ricota sigue rodando.

     

  • El festival de teatro callejero de mesitas del colegio ya está aquí!

    El festival de teatro callejero de mesitas del colegio ya está aquí!

    El viento que baja de la montaña trae un eco distinto. Ya no es el murmullo de la rutina provincial, sino el estruendo de los cueros que empiezan a templarse.

    Del 5 al 8 de junio, Mesitas del Colegio deja de ser solo un mapa de fin de semana para convertirse en el epicentro de una insurrección pacífica, poética y necesaria.

    Llega el XXI Festival de Teatro Callejero, y con él, una certeza: la calle no le pertenece a los escritorios ni a los decretos; la calle es de quien la camina, la sueña y la actúa.

    El arte no pide permiso, recupera su derecho.  

    Mesitas se prepara para una metamorfosis. No es un festival más en el calendario burocrático de la cultura oficial.

    No hay palcos VIP, ni cintas de seguridad que alejen al espectador del actor. Aquí, el escenario es el andén, la plaza pública, la esquina olvidada del barrio.

    Durante cuatro días, más de 39 agrupaciones teatrales y artísticas, llegadas de distintas geografías de Colombia y del mundo, transformarán el cemento en un lienzo vivo de comparsas, zancos, tambores y máscaras.

    El teatro callejero no es un espectáculo que se consume pasivamente; es un encuentro cara a cara, una interpelación directa al alma de la comunidad.

    Esta vigesimoprimera edición llega con una carga simbólica profunda. No nace de los grandes presupuestos estatales ni de los patrocinios corporativos que lavan conciencias.

    Nace de abajo. Es la respuesta digna, estética y contundente a la infamia institucional.
    La respuesta al prejuicio: autogestión y memoria.  

    La memoria es el arma de los pueblos libres. En diciembre, el alcalde Diego López lanzó un dardo envenenado desde la comodidad de su cargo, pretendiendo reducir este patrimonio colectivo a un burdo espacio de «consumo de sustancias».

    La infamia, sin embargo, en lugar de apagar el fuego, avivó las brasas de la dignidad comunitaria. El prejuicio oficial se estrelló contra la muralla de la organización popular.

    ¿Cómo se financia la resistencia cultural cuando el poder le da la espalda? Con las uñas, con el corazón y con la mística del barrio. Este festival es un milagro de la autogestión:

    * Se sostiene a punta de «viejo teca».
    * Se levanta con el sudor de las «coca-colas bailables».
    * Se financia con la venta de bonos solidarios.
    * Se alimenta gracias al banco de alimentos que los mismos vecinos y comerciantes han levantado.

    El pueblo se ha unido para abrazar a los artistas que, en un acto de generosidad inmensa, han donado su trabajo.

    Aquí nadie viene a hacerse rico; se viene a enriquecer el espíritu colectivo. Frente al intento de criminalizar el arte callejero, Mesitas responde con solidaridad, ollas comunitarias y hospitalidad popular.

    El artista no es un peligro; es el espejo donde la sociedad se mira y se reconoce.

    El asfalto como trinchera del diálogo. 

    En tiempos donde los territorios colombianos cargan con las cicatrices del conflicto y el aislamiento, el espacio público necesita desesperadamente imaginación, diálogo y encuentro humano.

    El teatro en la calle es la antítesis del miedo. Cuando un zanquero se eleva sobre la multitud o cuando un payaso arranca la risa de un niño descalzo, se fractura el orden impuesto.

    Las más de 39 agrupaciones que se darán cita en el municipio no solo traen técnicas escénicas; traen memoria y resistencia. Los desfiles, talleres y funciones programadas son un grito de libertad en un espacio que le pertenece legítimamente a la ciudadanía.

    La dignidad no se negocia.  

    La invitación que hoy se lanza desde Mesitas del Colegio es un llamado a la defensa activa de lo público.

    No se trata solo de aplaudir un espectáculo; se trata de defender la calle como un territorio de paz, libre de la censura moralista del gobernante de turno.

    El XXI Festival de Teatro Callejero ya es una victoria antes de que caiga el primer telón imaginario.

    Es la demostración de que el arte hecho desde los territorios es indestructible cuando el pueblo lo asume como propio.

    Mientras las calles se llenen de tambores y las miradas se crucen sin intermediarios, la dignidad seguirá marchando firme sobre el asfalto. ¡Que rujan los tambores y que viva el teatro callejero!

  • El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    Hay festivales que son vitrinas de vanidades, pasarelas de alfombra roja donde el cine se consume como si fuera comida rápida.

    Y luego están las trincheras. Esas esquinas del mapa donde hacer una película no es una cuestión de ego, sino un acto de pura supervivencia cultural.

    En este 2026 de pantallas saturadas y algoritmos dictando qué debemos ver, el Bogotá International Film Festival (BIFF) acaba de activar sus motores para su duodécima edición.

    Pero no lo hace con fuegos artificiales vacíos. Lo hace con una declaración de intenciones que huele a asfalto, a oficina, a café trasnochado y a la búsqueda obsesiva de la próxima gran historia iberoamericana.

    La metamorfosis ha comenzado: el viejo *BIFF LAB* ha muerto. En su lugar, emerge el BIFF Producers Club.

    El cambio de nombre no es un mero capricho de marketing; es un giro estratégico hacia el corazón del problema. En el cine, el guion es el mapa, pero el productor es el que consigue la gasolina.

    La letra chica del talento: Un filtro para sobrevivientes.  

    Bogotá no está buscando soñadores ingenuos; está buscando cirujanos del celuloide. La convocatoria, abierta desde el 25 de mayo hasta el 20 de junio, no es apta para aficionados.

    Las reglas del juego son claras, estrictas y transparentes, como debe ser cualquier convocatoria pública que se respete:

    – Trayectoria real: Empresas productoras con mínimo tres años de constitución legal.

    – Espalda financiera: Demostrar un portafolio de al menos tres largometrajes ya estrenados.

    – Proyectos sólidos: Ficciones de mínimo 70 minutos, con un guion maduro (mínimo en tercera versión) y el 10% de la financiación ya amarrada.

    – El criterio del jurado: Aquí no se premian las buenas intenciones. Un comité riguroso evaluará la originalidad del tratamiento visual, la coherencia del desarrollo y una viabilidad financiera que garantice que la película sea una realidad en un plazo máximo de tres años. Cine posible, no promesas rotas.

    Este blindaje institucional no es un esfuerzo aislado. Detrás del blindaje del *Producers Club* se teje una red donde se encuentran la Secretaría de Cultura, el Macrosector de Industrias Creativas de la Cámara de Comercio y la Comisión Fílmica de Bogotá (Idartes). Cooperación pública y privada real, lejos de la burocracia paralizante.

    Tres días de octubre en el epicentro del caos creativo.  

    Quienes logren pasar el filtro no irán a Bogotá a pasear. En octubre, bajo el ala del Bogotá Creative Connect, los seleccionados se encerrarán durante tres días en una maratón de supervivencia profesional.

    No habrá conferencias aburridas de manual. La agenda está diseñada como un campo de entrenamiento de alto nivel: Think Tanks para repensar el negocio, paneles de discusión sectorial, Fam Trips para entender la ciudad como un set vivo, y las siempre cruciales reuniones One-to-one.

    Citas a ciegas pero con inversores, distribuidores y expertos del audiovisual mundial programadas al milímetro.

    El objetivo colateral es claro: consolidar a Bogotá no solo como una locación bonita, sino como el verdadero cerebro creativo de la región.

    El reloj ya corre. Hay tres semanas para postular, para demostrar que el cine iberoamericano tiene los dientes afilados y que las historias de este lado del mundo no necesitan pedir permiso para ser universales. Las bases están en la web del festival; la suerte, para los que se atrevan, ya está echada.

  • Día internacional de los museos.  Cuáles son las implicaciones de este día?

    Día internacional de los museos. Cuáles son las implicaciones de este día?

    El guardia de la entrada bosteza con la parsimonia de quien custodia siglos de polvo, pero adentro, el aire quema.

    No es el aire acondicionado; es la reverberación de una ciudad que se niega a ser un cementerio de objetos bellos.

    Durante décadas, nos vendieron la falsa premisa de que el museo era un templo de la pureza, un mausoleo para el deleite de las élites que podían descifrar el misterio de un lienzo abstracto mientras el mundo exterior se caía a pedazos. Qué soberbio error. Hoy, los muros han dejado de contener la respiración.

    El desarrollo cultural de una comunidad no se mide por el grosor del lomo de sus enciclopedias, sino por la porosidad de sus instituciones.

    Cuando un museo decide romper el cristal de su vitrina y mezclarse con el barro de la calle, deja de ser un depósito de nostalgia para convertirse en un motor de transformación irreversible.

    El quiebre del espejo sagrado.  

    Caminar por la sala principal de este recinto ya no se siente como una procesión silenciosa. En la esquina derecha, un grupo de jóvenes de la periferia discute sobre una instalación de arte contemporáneo que utiliza restos de chatarra industrial.

    No buscan la aprobación académica; buscan su propio reflejo. Uno de ellos señala un engranaje oxidado y dice: Eso estaba en el taller de mi viejo. En ese preciso instante, el arte cumple su verdadera función política: validar la existencia de los invisibles.

    El verdadero desarrollo cultural ocurre cuando el ciudadano común no va al museo a admirar el pasado de otros, sino a construir la dignidad de su propio presente.

    Cuando los museos asumen este rol, las implicaciones sociales se disparan como esquirlas. Ya no son meros atractivos turísticos para llenar estadísticas gubernamentales o folletos de agencias de viajes.

    Se transforman en laboratorios de resistencia simbólica. Al democratizar el acceso a la belleza y al pensamiento crítico, estas instituciones liman las asperezas de la desigualdad más violenta: la desigualdad del saber y del sentir.

    La memoria como trinchera. 

    Un pueblo sin museos vivos es un pueblo con amnesia programada, listo para ser moldeado por el consumo rápido y la amargura del olvido.

    Pero el desarrollo cultural a través de estos espacios no es un proceso pacífico ni complaciente.

    Es incómodo. Implica que el guion curatorial ya no lo escriben tres intelectuales encerrados en una oficina con olor a naftalina; ahora lo tensiona la comunidad, que exige ver sus dolores, sus revueltas y sus utopías colgadas en las paredes principales.

    El museo moderno, si quiere sobrevivir a la irrelevancia, debe ser impuro. Debe oler a asfalto, a debate, a contradicción.

    Debe ser el lugar donde las infancias descubren que la historia no es un libro cerrado con candado, sino una arcilla blanda que ellos también tienen derecho a moldear.

    Al caer la tarde, la luz se cuela de soslayo por los ventanales, tiñendo de oro las esculturas y los rostros de los visitantes que se resisten a marchar.

    El valor real de este espacio no se calcula en el precio de sus pólizas de seguro, sino en las conversaciones incómodas que la gente se lleva anotadas en los ojos al salir a la calle.

    Mientras el portón pesado se cierra lentamente, queda claro que la cultura no se desarrolla guardando las cenizas en vasijas sagradas, sino manteniendo el fuego encendido en medio de la tormenta. Y aquí dentro, por fortuna, todavía hay madera para arder.

  • Balance Educativo en la Región Pacífico: Inversión Histórica para Cerrar Brechas.

    Balance Educativo en la Región Pacífico: Inversión Histórica para Cerrar Brechas.

    El aire de Cali pesa, pero no por el calor, sino por el ritmo. En los callejones del Distrito de Aguablanca, el eco de una marimba de chonta no es solo folklore; es resistencia pura, una respuesta directa a décadas de silencio institucional.

    El Pacífico colombiano —ese territorio de manglares hondos, lluvias torrenciales y una dignidad inquebrantable que abraza al Valle, Cauca, Nariño y Chocó— está viviendo una mutación silenciosa. No viene de las armas, sino de los pupitres.

    Por años, la narrativa oficial confinó a esta región a las páginas de la marginalidad o al exotismo de vitrina cultural. Hoy, sin embargo, el relato se escribe con tinta de inversión y desparpajo juvenil.

    Los datos duros, esos que la burocracia suele congelar en archivadores, vibran en la calle: más de $12,7 billones destinados a la educación en el Valle del Cauca.

    Una cifra histórica que suena abstracta hasta que uno camina por los campus de la Universidad del Valle y descubre que el 93% de los estudiantes de pregrado ya no pagan un solo peso por su matrícula.

    Estudiar gratis en el rincón más vibrante y golpeado de Colombia ya no es una utopía de pancarta; es una realidad cotidiana.

    Pero la educación sin cultura es solo instrucción, un esqueleto sin carne. En el Pacífico, el saber entra por el cuerpo.

    Las 232 intervenciones en colegios públicos y el mobiliario nuevo no solo sostienen cuadernos; sostienen identidades. En municipios del litoral como Timbiquí, Caldono o Tumaco, donde el programa «Gobierno con el Pueblo» dejó casi tres mil computadores, la tecnología se cruza de frente con el arte ancestral.

    Los jóvenes usan las pantallas para programar, sí, pero también para registrar los cantos de las cantadoras de río, para producir beats de *salsa choke* o para editar cortometrajes que narran el racismo estructural que el propio Estado ahora reconoce en sus documentos oficiales.

    El nuevo CONPES para el Desarrollo Integral del Pacífico proyecta $12,35 billones a diez años. Una hoja de ruta ambiciosa que busca extirpar la exclusión étnico-racial.

    Sin embargo, los poetas locales y los colectivos artísticos de las barriadas miran las cifras con una saludable sospecha, una lucidez heredada de la calle.

    Saben que el papel lo aguanta todo, pero que el verdadero cambio ocurre cuando el presupuesto de alimentación escolar pasa de $70.000 millones a más de $120.000 millones en este 2026. Un estómago vacío no aprende, pero tampoco crea, ni baila, ni subvierte.

    El desafío real no está en el asfalto de las capitales, sino en la ruralidad profunda, donde el 92% de los recursos educativos aún se evaporan en el mero funcionamiento del sistema, dejando apenas un 8% para inversión real.

    Es allí, entre la manigua y el mar, donde la urgencia de una «pertinencia cultural» se vuelve vital.

    La escuela del Pacífico no puede ser un calco centralista; debe ser el espacio donde los saberes de los mayores, la partería, la pesca artesanal y la literatura afrocolombiana se gradúen con honores.

    Más de 6.000 muchachos saltan hoy del bachillerato directo a la universidad gracias a programas de articulación.

    Se están formando los nuevos cineastas, los ensayistas, los científicos y los líderes que ya no miran a Bogotá como el único norte posible.

    El Pacífico está educando a su propia vanguardia. Las aulas ya no son cárceles de tiza y tablero; son los nuevos escenarios de una contracultura que aprendió que la dignidad se financia, se defiende y se baila hasta el amanecer.