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  • El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    El BIFF convoca a productores de largometraje en desarrollo.

    Hay festivales que son vitrinas de vanidades, pasarelas de alfombra roja donde el cine se consume como si fuera comida rápida.

    Y luego están las trincheras. Esas esquinas del mapa donde hacer una película no es una cuestión de ego, sino un acto de pura supervivencia cultural.

    En este 2026 de pantallas saturadas y algoritmos dictando qué debemos ver, el Bogotá International Film Festival (BIFF) acaba de activar sus motores para su duodécima edición.

    Pero no lo hace con fuegos artificiales vacíos. Lo hace con una declaración de intenciones que huele a asfalto, a oficina, a café trasnochado y a la búsqueda obsesiva de la próxima gran historia iberoamericana.

    La metamorfosis ha comenzado: el viejo *BIFF LAB* ha muerto. En su lugar, emerge el BIFF Producers Club.

    El cambio de nombre no es un mero capricho de marketing; es un giro estratégico hacia el corazón del problema. En el cine, el guion es el mapa, pero el productor es el que consigue la gasolina.

    La letra chica del talento: Un filtro para sobrevivientes.  

    Bogotá no está buscando soñadores ingenuos; está buscando cirujanos del celuloide. La convocatoria, abierta desde el 25 de mayo hasta el 20 de junio, no es apta para aficionados.

    Las reglas del juego son claras, estrictas y transparentes, como debe ser cualquier convocatoria pública que se respete:

    – Trayectoria real: Empresas productoras con mínimo tres años de constitución legal.

    – Espalda financiera: Demostrar un portafolio de al menos tres largometrajes ya estrenados.

    – Proyectos sólidos: Ficciones de mínimo 70 minutos, con un guion maduro (mínimo en tercera versión) y el 10% de la financiación ya amarrada.

    – El criterio del jurado: Aquí no se premian las buenas intenciones. Un comité riguroso evaluará la originalidad del tratamiento visual, la coherencia del desarrollo y una viabilidad financiera que garantice que la película sea una realidad en un plazo máximo de tres años. Cine posible, no promesas rotas.

    Este blindaje institucional no es un esfuerzo aislado. Detrás del blindaje del *Producers Club* se teje una red donde se encuentran la Secretaría de Cultura, el Macrosector de Industrias Creativas de la Cámara de Comercio y la Comisión Fílmica de Bogotá (Idartes). Cooperación pública y privada real, lejos de la burocracia paralizante.

    Tres días de octubre en el epicentro del caos creativo.  

    Quienes logren pasar el filtro no irán a Bogotá a pasear. En octubre, bajo el ala del Bogotá Creative Connect, los seleccionados se encerrarán durante tres días en una maratón de supervivencia profesional.

    No habrá conferencias aburridas de manual. La agenda está diseñada como un campo de entrenamiento de alto nivel: Think Tanks para repensar el negocio, paneles de discusión sectorial, Fam Trips para entender la ciudad como un set vivo, y las siempre cruciales reuniones One-to-one.

    Citas a ciegas pero con inversores, distribuidores y expertos del audiovisual mundial programadas al milímetro.

    El objetivo colateral es claro: consolidar a Bogotá no solo como una locación bonita, sino como el verdadero cerebro creativo de la región.

    El reloj ya corre. Hay tres semanas para postular, para demostrar que el cine iberoamericano tiene los dientes afilados y que las historias de este lado del mundo no necesitan pedir permiso para ser universales. Las bases están en la web del festival; la suerte, para los que se atrevan, ya está echada.

  • Día internacional de los museos.  Cuáles son las implicaciones de este día?

    Día internacional de los museos. Cuáles son las implicaciones de este día?

    El guardia de la entrada bosteza con la parsimonia de quien custodia siglos de polvo, pero adentro, el aire quema.

    No es el aire acondicionado; es la reverberación de una ciudad que se niega a ser un cementerio de objetos bellos.

    Durante décadas, nos vendieron la falsa premisa de que el museo era un templo de la pureza, un mausoleo para el deleite de las élites que podían descifrar el misterio de un lienzo abstracto mientras el mundo exterior se caía a pedazos. Qué soberbio error. Hoy, los muros han dejado de contener la respiración.

    El desarrollo cultural de una comunidad no se mide por el grosor del lomo de sus enciclopedias, sino por la porosidad de sus instituciones.

    Cuando un museo decide romper el cristal de su vitrina y mezclarse con el barro de la calle, deja de ser un depósito de nostalgia para convertirse en un motor de transformación irreversible.

    El quiebre del espejo sagrado.  

    Caminar por la sala principal de este recinto ya no se siente como una procesión silenciosa. En la esquina derecha, un grupo de jóvenes de la periferia discute sobre una instalación de arte contemporáneo que utiliza restos de chatarra industrial.

    No buscan la aprobación académica; buscan su propio reflejo. Uno de ellos señala un engranaje oxidado y dice: Eso estaba en el taller de mi viejo. En ese preciso instante, el arte cumple su verdadera función política: validar la existencia de los invisibles.

    El verdadero desarrollo cultural ocurre cuando el ciudadano común no va al museo a admirar el pasado de otros, sino a construir la dignidad de su propio presente.

    Cuando los museos asumen este rol, las implicaciones sociales se disparan como esquirlas. Ya no son meros atractivos turísticos para llenar estadísticas gubernamentales o folletos de agencias de viajes.

    Se transforman en laboratorios de resistencia simbólica. Al democratizar el acceso a la belleza y al pensamiento crítico, estas instituciones liman las asperezas de la desigualdad más violenta: la desigualdad del saber y del sentir.

    La memoria como trinchera. 

    Un pueblo sin museos vivos es un pueblo con amnesia programada, listo para ser moldeado por el consumo rápido y la amargura del olvido.

    Pero el desarrollo cultural a través de estos espacios no es un proceso pacífico ni complaciente.

    Es incómodo. Implica que el guion curatorial ya no lo escriben tres intelectuales encerrados en una oficina con olor a naftalina; ahora lo tensiona la comunidad, que exige ver sus dolores, sus revueltas y sus utopías colgadas en las paredes principales.

    El museo moderno, si quiere sobrevivir a la irrelevancia, debe ser impuro. Debe oler a asfalto, a debate, a contradicción.

    Debe ser el lugar donde las infancias descubren que la historia no es un libro cerrado con candado, sino una arcilla blanda que ellos también tienen derecho a moldear.

    Al caer la tarde, la luz se cuela de soslayo por los ventanales, tiñendo de oro las esculturas y los rostros de los visitantes que se resisten a marchar.

    El valor real de este espacio no se calcula en el precio de sus pólizas de seguro, sino en las conversaciones incómodas que la gente se lleva anotadas en los ojos al salir a la calle.

    Mientras el portón pesado se cierra lentamente, queda claro que la cultura no se desarrolla guardando las cenizas en vasijas sagradas, sino manteniendo el fuego encendido en medio de la tormenta. Y aquí dentro, por fortuna, todavía hay madera para arder.

  • Balance Educativo en la Región Pacífico: Inversión Histórica para Cerrar Brechas.

    Balance Educativo en la Región Pacífico: Inversión Histórica para Cerrar Brechas.

    El aire de Cali pesa, pero no por el calor, sino por el ritmo. En los callejones del Distrito de Aguablanca, el eco de una marimba de chonta no es solo folklore; es resistencia pura, una respuesta directa a décadas de silencio institucional.

    El Pacífico colombiano —ese territorio de manglares hondos, lluvias torrenciales y una dignidad inquebrantable que abraza al Valle, Cauca, Nariño y Chocó— está viviendo una mutación silenciosa. No viene de las armas, sino de los pupitres.

    Por años, la narrativa oficial confinó a esta región a las páginas de la marginalidad o al exotismo de vitrina cultural. Hoy, sin embargo, el relato se escribe con tinta de inversión y desparpajo juvenil.

    Los datos duros, esos que la burocracia suele congelar en archivadores, vibran en la calle: más de $12,7 billones destinados a la educación en el Valle del Cauca.

    Una cifra histórica que suena abstracta hasta que uno camina por los campus de la Universidad del Valle y descubre que el 93% de los estudiantes de pregrado ya no pagan un solo peso por su matrícula.

    Estudiar gratis en el rincón más vibrante y golpeado de Colombia ya no es una utopía de pancarta; es una realidad cotidiana.

    Pero la educación sin cultura es solo instrucción, un esqueleto sin carne. En el Pacífico, el saber entra por el cuerpo.

    Las 232 intervenciones en colegios públicos y el mobiliario nuevo no solo sostienen cuadernos; sostienen identidades. En municipios del litoral como Timbiquí, Caldono o Tumaco, donde el programa «Gobierno con el Pueblo» dejó casi tres mil computadores, la tecnología se cruza de frente con el arte ancestral.

    Los jóvenes usan las pantallas para programar, sí, pero también para registrar los cantos de las cantadoras de río, para producir beats de *salsa choke* o para editar cortometrajes que narran el racismo estructural que el propio Estado ahora reconoce en sus documentos oficiales.

    El nuevo CONPES para el Desarrollo Integral del Pacífico proyecta $12,35 billones a diez años. Una hoja de ruta ambiciosa que busca extirpar la exclusión étnico-racial.

    Sin embargo, los poetas locales y los colectivos artísticos de las barriadas miran las cifras con una saludable sospecha, una lucidez heredada de la calle.

    Saben que el papel lo aguanta todo, pero que el verdadero cambio ocurre cuando el presupuesto de alimentación escolar pasa de $70.000 millones a más de $120.000 millones en este 2026. Un estómago vacío no aprende, pero tampoco crea, ni baila, ni subvierte.

    El desafío real no está en el asfalto de las capitales, sino en la ruralidad profunda, donde el 92% de los recursos educativos aún se evaporan en el mero funcionamiento del sistema, dejando apenas un 8% para inversión real.

    Es allí, entre la manigua y el mar, donde la urgencia de una «pertinencia cultural» se vuelve vital.

    La escuela del Pacífico no puede ser un calco centralista; debe ser el espacio donde los saberes de los mayores, la partería, la pesca artesanal y la literatura afrocolombiana se gradúen con honores.

    Más de 6.000 muchachos saltan hoy del bachillerato directo a la universidad gracias a programas de articulación.

    Se están formando los nuevos cineastas, los ensayistas, los científicos y los líderes que ya no miran a Bogotá como el único norte posible.

    El Pacífico está educando a su propia vanguardia. Las aulas ya no son cárceles de tiza y tablero; son los nuevos escenarios de una contracultura que aprendió que la dignidad se financia, se defiende y se baila hasta el amanecer.

  • El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El pasado 14 de abril no fue un domingo cualquiera en el calendario de la burocracia estatal colombiana.

    Mientras las cámaras en los sets de rodaje descansaban, una pulsión distinta se cocinaba en las oficinas del Ministerio TIC.

    Allí, donde las frecuencias se reparten y los presupuestos se firman con la frialdad de quien nunca ha cargado un trípode bajo el sol del mediodía, se gestó un encuentro que muchos han tildado de histórico.

    No fue una reunión de cortesía, fue un careo necesario entre quienes crean la identidad visual del país y quienes administran sus recursos.

    La ministra Carina Murcia Yela y los gerentes de la televisión pública —esa red que va desde RTVC hasta los rincones de Telecafé, Canal Trece, Capital y Telecaribe— se sentaron a la mesa.

    Al otro lado, no había solo delegados; había el peso de más de 400 firmas. Cuatrocientas rúbricas que representan a directores, técnicos, guionistas y productores que, cansados de ser el eslabón más débil de la cadena, decidieron que el silencio ya no era una opción narrativa válida.

    El detonante es una verdad que se sabe a voces en los pasillos de las productoras: la crisis de financiación y la precarización laboral han dejado al sector audiovisual en un estado de anemia creativa.

    Durante años, el «talento colombiano» ha sido el eslogan favorito de los gobiernos, pero detrás del brillo de los premios y las alfombras rojas, se esconde un gremio que lucha contra contratos leoninos y presupuestos que se desvanecen antes de llegar a la etapa de postproducción.

    Sin embargo, el encuentro arrojó luces de esperanza, o al menos, una hoja de ruta que parece menos abstracta que las promesas de antaño.

    El acuerdo principal se traduce en la creación de dos Mesas Técnicas que prometen ser el campo de batalla de las ideas.

    La primera, denominada «ABRE CÁMARA», tiene una misión casi de urgencia médica: proteger, restaurar y aumentar el presupuesto.

    No se trata solo de dinero, se trata de dignidad. La premisa es clara: no puede haber cultura robusta si el trabajador que la produce vive en la incertidumbre.

    La segunda mesa apunta al corazón de la industria: RTVC y el Mercado de Coproducción. Aquí se busca reactivar un mecanismo que debería ser el motor del fomento público, pero que a menudo se atasca en el fango de la tramitología.

    Si este mercado se convierte en un flujo continuo y transparente, el cine y la televisión colombiana podrían dejar de ser un ejercicio de supervivencia para convertirse en una industria sostenible.

    Pero el diablo está en los detalles normativos. Por ello, la revisión de la Resolución 3556 de 2024 se presenta como el gran hito técnico. El gremio ha exigido que los recursos del FUTIC no se queden en el aire, sino que garanticen condiciones laborales justas.

    A esto se suma el compromiso de los canales regionales para respetar los tiempos de ley en las convocatorias.

    Parece un tecnicismo, pero para un creativo que debe presentar un proyecto sólido, el tiempo es el único capital que no se puede reponer.

    A pesar de las sonrisas para la foto oficial, el ambiente que queda es de una «vigilancia armada» de argumentos.

    El gremio sabe que los cambios de gobierno suelen ser los verdugos de los acuerdos previos. Reconocen la apertura al diálogo, pero el mensaje es contundente: no bajarán la guardia. La unidad lograda no es un evento fugaz, sino una nueva forma de articulación política.

    La crónica de este sector ya no se escribe solo en los guiones de ficción; se está escribiendo en las actas de compromiso.

    El 14 de abril fue el primer plano de una nueva escena donde los trabajadores del audiovisual colombiano han decidido que, por fin, ellos también tienen el control del montaje final.

  • La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La reseña de llueve sobre Babel película de gala del sol.

    La semana pasada estuvimos viendo el estreno de la peli llueve sobre Babel.  Antes de dar nuestra reseña sobre la peli queremos detallar 3 cosas importantes sobre la película.

    La primera es como sin tantos recursos técnicos (pues sin tanto cgi o algo sobre desarrollo de tecnología en la película) el desarrollo del guión y de la creatividad de la directora fueron clave.

    La construcción del relato no fue un ejercicio de caligrafía mansa, sino un forcejeo constante contra el silencio de una ciudad que se fragmenta.

    El guión se gestó en el centro de un torbellino donde la palabra no busca adornar, sino morder la realidad; se trató de capturar el eco de las voces que se pierden entre el cemento y la desidia, transformando el caos cotidiano en una estructura sólida de tensión y significado.

    Cada línea fue depurada con la obsesión de quien sabe que la verdad solo aparece cuando se despoja al lenguaje de sus máscaras habituales.

    La creatividad, por su parte, emergió como un acto de resistencia frente a los moldes predecibles del cine convencional.

    No hubo espacio para la complacencia visual, sino para una estética del desgarro que obligó a reinventar la forma de mirar el conflicto.

    Fue un proceso de alquimia urbana donde el desencanto se convirtió en potencia narrativa, logrando que el guión no solo contara una historia, sino que funcionara como un espejo incómodo, devolviendo una imagen cruda y vibrante de un mundo que se deshace bajo su propio peso.

    La creatividad de la historia misma, más el desarrollo del guión y desarrollo de personajes fue muy importante, fue una forma única de desarrollar la historia de cada uno de los personajes.

    La estética retrofutirista también logro un equilibrio junto con la historia tanto de los personajes como del guión.  El vestuario es un complemento potente sobre la estética retrofutirista también y personajes como María (la lagartija) fueron también dignos de mostrar con la estética.

    Por último los personajes y sus historias se fueron desarrollando de forma orgánica a la historia.

    Lo dejamos así para que si te gustan las historias bien contadas, con un guión atrapante (como dicen alguna de las reseñas), una estética única y desarrollo de personajes sin igual…. Vayan a verla que está en la cinemateca la tertulia, Unicentro y Chipichape.

  • El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    En un ecosistema musical saturado de campañas de marketing diseñadas en laboratorios y estribillos fabricados para morir en una semana, lo que está sucediendo en las costas de Alicante tiene un aroma distinto.

    No huele a oficina de discográfica multinacional ni a contrato leonino firmado en un rascacielos de Madrid.

    Huele a calle, a complicidad y a esa verdad que solo se encuentra cuando se apagan los focos de la industria: la de la autenticidad.
    Marya no pidió permiso para entrar. No esperó a que un ejecutivo con traje le diera el visto bueno a su propuesta.

    Simplemente soltó un cable, conectó su guitarra y dejó que Mis Supernenas hiciera el resto. Hoy, las cifras lanzan un mensaje que retumba en los despachos de los puristas: más de 100.000 reproducciones en Spotify conseguidas a pulso, de forma orgánica, sin el dopaje financiero que suele inflar las listas de éxitos.

    La canción no es solo una pieza de pop-rock con ecos que nos recuerdan la honestidad melódica de bandas como Morat; es una declaración de principios sobre la amistad femenina.

    Marya ha tomado el icono pop de las famosas heroínas animadas para darle la vuelta y aterrizarlo en el asfalto de lo cotidiano.

    Aquí no hay rayos láser ni superpoderes cósmicos, sino algo mucho más potente: el vínculo que sirve de refugio cuando el mundo de afuera se vuelve demasiado ruidoso.

    «Mis Supernenas» es el hogar que se construye entre cañas, confesiones a medianoche y la certeza de que, pase lo que pase, hay una red de seguridad emocional que no te va a dejar caer.

    Es, en esencia, un himno para una generación que está cansada de la estética de plástico y busca canciones que se parezcan a sus domingos por la tarde.

    Lo que ha ocurrido en TikTok con este tema es el ejemplo perfecto de que el público ya no consume lo que le imponen, sino lo que siente como propio.

    La viralidad de Marya no es un accidente algorítmico, sino una respuesta alérgica a la sobreproducción.

    Mientras la industria se empeña en pulir cada nota hasta quitarle el alma, ella ha apostado por la imperfección brillante de lo humano.

    Esta artista alicantina representa la vanguardia de una nueva ola de música independiente. Una generación que ha entendido que la verdadera libertad no es sonar en todas las radios, sino que 100.000 personas decidan, por voluntad propia y sin anuncios de por medio, que tu voz es la banda sonora de sus vidas.

    Ver el crecimiento de Marya es asistir a la demolición de las viejas fórmulas industriales. Su éxito nos dice que todavía hay espacio para el pop con alma, para las guitarras que acompañan historias reales y para los artistas que priorizan su identidad por encima de las métricas vacías.

    Al final del día, «Mis Supernenas» es más que una canción; es un recordatorio de que la música independiente sigue viva, sana y, sobre todo, indomable.

    Marya ha demostrado que para romper esquemas no hace falta gritar más fuerte, sino tener algo que decir que valga la pena escuchar.

    Si buscas la próxima gran voz del pop español, deja de mirar las portadas de las revistas de moda y asómate a lo que está pasando en los auriculares de quienes valoran la verdad. La revolución, una vez más, ha empezado desde abajo.

  • El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El asfalto todavía guarda el calor de los aplausos y las tablas de los teatros parecen vibrar con un eco que no se apaga.

    Si usted ha caminado por estos días entre la multitud, habrá notado que algo cambió: la ciudad dejó de ser un mapa de afanes para convertirse en un organismo que respira, grita y baila.

    El Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) no es solo un evento; es un asalto a la cotidianidad que nos recuerda que estamos vivos, aunque a veces se nos olvide entre tanto trámite y semáforo.
    Hasta este 12 de abril, el país se ha transformado en un epicentro de lo que llaman «artes vivas». ¿Y qué es eso?

    Para los puristas, una amalgama de teatro, danza, performance y circo. Para el que pasa por la plaza y se queda con la boca abierta, es simplemente la magia de lo irrepetible.

    Porque a diferencia del cine o de la pantalla del celular que nos tiene hipnotizados, aquí el error es parte del arte y el sudor del actor se siente desde la primera fila.

    Crónica de un rito colectivo.  

    La descentralización ha sido la gran protagonista. No se trata solo de las grandes salas con terciopelo rojo; el arte se ha filtrado por las grietas de 15 territorios, desde el Teatro Santander en Bucaramanga hasta los rincones de Quibdó y las calles de Riohacha.  Hemos visto de todo:
    Espectáculos de gran formato:

    Esas estructuras gigantes que desafían la gravedad y que hacen que hasta el más escéptico mire al cielo con asombro.

    La fuerza de lo local: Agrupaciones nacionales como el *Matacandelas* o *El Colegio del Cuerpo* demostrando que aquí la creatividad sobra, aunque a veces falte el presupuesto.

    El diálogo global: Compañías de China, Nueva Zelanda y Ruanda que, sin hablar nuestro idioma, nos han contado historias que entendemos perfectamente porque el dolor, la alegría y la resistencia son lenguajes universales.

    ¿Por qué importa quedarse hasta el último aplauso?

    En un mundo que parece desmoronarse en fragmentos digitales, el FIAV propone el encuentro físico.

    Es la política del cuerpo presente. La ministra lo ha dicho y el público lo confirma: la cultura no es un lujo de pocos, es un derecho de todos.

    Estos «Circuitos Vivos» han demostrado que el arte es el mejor antídoto contra la indiferencia.
    Si usted no ha ido, le quedan las últimas funciones para ser testigo de cómo una calle se convierte en un ring de boxeo poético o cómo un teatro patrimonial recupera su alma con una obra contemporánea.

    No busque el festival en los libros de texto; búsquelo en el brillo de los ojos de la gente que sale de una función sintiéndose un poco menos sola.

    El 12 de abril se cerrará el telón, las luces se apagarán y los artistas empacarán sus bártulos. Pero el rastro de lo que vimos se queda. Porque cuando el arte es «vivo», no muere cuando se acaba la función; se queda a vivir en la memoria de los que se atrevieron a mirar de frente.

    Mirá, leé y, sobre todo, viví. Que para eso es la vida, y para eso es el festival.

  • El murmullo de la clorofila: Cuando la coca recupera su nombre.

    El murmullo de la clorofila: Cuando la coca recupera su nombre.

    En el asfalto bogotano, donde el tiempo se mide en semáforos y prisa, existe un refugio de resistencia visual en la Carrera 14 con 75. No es solo una galería; es un portal de cincuenta años llamado Sextante.

    Allí, el aire ha dejado de oler a ciudad para impregnarse del aroma denso y sagrado de la selva. La culpa, o más bien la gracia, la tiene Fernando Urbina Rangel.

    Urbina no es un turista de la imagen. Es un rastreador que ha pasado seis décadas escuchando lo que el hombre blanco suele ignorar. Su exposición no es una muestra de arte al uso; es una ceremonia de restitución.

    En un país que ha estigmatizado la hoja hasta convertirla en sinónimo de guerra, Urbina y el Taller Arte Dos Gráfico proponen un retorno al origen: la coca como palabra-hoja, como el pegamento que sostiene el tejido del cosmos.

    La noche que habla.  

    Al entrar, la frase de los pueblos Muinane y Uitoto te golpea con la suavidad de un remo en el agua: «En la noche todo es una inmensa conversación».

    Las fotografías analógicas, con ese grano que parece polvo de selva, nos devuelven una mirada que no invade, sino que acompaña.

    No vemos «objetos de estudio», vemos sujetos de sabiduría. Vemos al Abuelo Sabedor, cuyo rostro es un mapa de petroglifos vivientes, recordándonos que la planta es el centro del mambeadero, el lugar donde la palabra se vuelve dulce y la ley se hace vida.

    La curaduría de Jorge Giraldo Canal logra algo difícil en la era de lo digital: la inmersión táctil. Los frottages de petroglifos, esas huellas de piedra sobre papel, parecen latir bajo la luz de la galería.

    Son crónicas de piedra que Urbina ha rescatado del olvido institucional para ponerlas a dialogar con poemas que no se leen, se respiran.

    Resignificar el verde.  

    Lo que sucede en Sextante es un acto político desde la estética. Mientras el mundo exterior debate sobre hectáreas y glifosato, aquí la Erythroxylum coca recupera su estatus de memoria viva.

    Cada pieza es un recordatorio de que cuidar el mundo empieza por cuidar el lenguaje con el que lo nombramos.

    Si llamamos a la hoja «veneno», cosechamos muerte; si la llamamos «palabra sagrada», recuperamos el territorio.

    La exposición es un viaje de ida sin retorno hacia la Amazonia profunda, esa que no sale en los folletos turísticos pero que sostiene el oxígeno emocional de la nación.

    Es, en esencia, una invitación a callar el ruido moderno para escuchar el susurro de la tradición.
    No es una visita, es un encuentro. Si usted cree que lo sabe todo sobre la coca, vaya a la Galería Sextante.

    Deje que las fotos de Urbina le desarmen los prejuicios y que la sabiduría Uitoto le devuelva la capacidad de asombro.

    Al final, como dicen en la selva, todos somos parte de la misma conversación. Solo hace falta aprender a escuchar.

  • Inversión histórica en la cultura de Cali: $13.000 millones para el primer semestre de 2026.

    Inversión histórica en la cultura de Cali: $13.000 millones para el primer semestre de 2026.

    El 30 de enero de 2026 marca un punto de inflexión para el sector artístico de Santiago de Cali. La Secretaría de Cultura ha oficializado el lanzamiento del portafolio Cali Distrito Cultural 2026, el cual dispone de una cifra récord de $13.000 millones de pesos.

    Estos recursos tienen como destino directo el apoyo a la creación, formación, circulación e investigación cultural durante los primeros seis meses del año.

    Distribución y enfoque de los recursos.  

    La estrategia presupuestal busca optimizar la llegada del capital a los artistas mediante procesos administrativos eficientes.

    La inversión no se limita a un solo sector, sino que se distribuye en diversas líneas de acción:

    * Concertación y Formación: Esta es la partida más significativa, con una asignación superior a los $7.200 millones.

    El objetivo es dar sostenibilidad a organizaciones culturales, fortalecer las salas de teatro independientes y fomentar la profesionalización de los agentes del sector.

    * Estímulos y Circulación: Se destinan inicialmente más de $1.496 millones para convocatorias de Ventanilla Abierta, Banco de Jurados y apoyos para que los artistas caleños presenten sus obras en escenarios nacionales e internacionales.

    * Eventos de Ciudad: El presupuesto garantiza la realización de hitos culturales como el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, el Festival Internacional de Teatro y el Encuentro de Danzas Folclóricas Mercedes Montaño.

    * Patrimonio y Oficios: El programa Litoral activará el Banco de Artesanos para proteger los saberes tradicionales y los oficios artesanales de la región.

    Objetivos de la administración. 

    La secretaria de Cultura, Leydi Higidio, ha definido esta inversión como un mecanismo para garantizar que la cultura funcione como un motor de desarrollo económico y social.

    La meta para 2026 es que los recursos se entreguen de manera oportuna, reduciendo las barreras de acceso y ofreciendo acompañamiento técnico a los postulantes.

    A diferencia de años anteriores, se busca que el impacto de los proyectos seleccionados sea medible en términos de resultados reales para la ciudad.

    Esto incluye la mejora en la visibilidad de Cali como referente cultural y la consolidación de procesos creativos en los territorios.

    Acceso a las convocatorias. 

    Desde el 30 de enero, los interesados pueden consultar los requisitos para cada una de las líneas de apoyo. El proceso se gestiona de manera digital a través del portal oficial. http://www.culturaenlineacali.com.

    La Secretaría de Cultura también ha programado jornadas de socialización progresivas para explicar los términos de referencia y asegurar que las organizaciones de todas las comunas y corregimientos puedan participar en igualdad de condiciones.

    Esta inversión representa el desembolso más alto realizado por la administración distrital en un solo semestre para el sector cultural, estableciendo un estándar de apoyo institucional para los artistas y gestores de la capital del Valle del Cauca.

  • Colombia se prepara para el 7° Congreso Latinoamericano y Caribeño de las Culturas Vivas Comunitarias: ¡Todas las Voces!

    Desde las tierras colombianas surge un llamado fraterno para tejer humanidades y fortalecer la semilla de la Cultura Viva Comunitaria (CVC) en todo el continente.

    Bajo el lema «Todas las Voces», se ha anunciado oficialmente el 7° Congreso Latinoamericano y Caribeño de las Culturas Vivas Comunitarias, el cual se llevará a cabo del 17 al 26 de abril de 2026.

    Este evento no es solo un encuentro, sino una apuesta por la vida y la paz a través de lo que los organizadores denominan «acupunturas por la vida.

    El Congreso propone un recorrido itinerante por tres territorios clave de Colombia, reconociendo la inmensa diversidad de sus procesos comunitarios:

    1. Nariño (17 al 19 de abril): Iniciará con la «Caravana de la Morada al Sur», propiciando Círculos de la Palabra y encuentros entre delegaciones de todo el continente.

    2. Cali (20 al 21 de abril): Se centrará en el Seminario de Políticas Públicas, Gobernanza y artes para la transformación social un espacio vital para el intercambio de saberes técnicos y vivenciales.

    3. Medellín (22 al 26 de abril): Culminará con la Asamblea General del Movimiento y diálogos directos con gobiernos desde la perspectiva comunitaria.

    El proceso actual se define como un ejercicio de organizar la casa donde el grupo impulsor colombiano busca fortalecer lo local y nacional antes de la gran cita continental.

    Este esfuerzo incluye diálogos con el Ministerio de las Culturas y organismos como Ibercultura Viva para asegurar una movilidad amplia que incluya a delegados de países como Argentina, Brasil, México, España y muchos otros de la región.

    Se espera la participación de aproximadamente 500 congresales de diversas naciones.

    Un llamado a la acción colectiva. 

    El camino hacia el 2026 requiere un trabajo mancomunado. Por ello, se invita a cada país a realizar asambleas o encuentros nacionales durante enero y febrero de 2026.

    Estos espacios servirán para reflexionar sobre los ejes temáticos propuestos por Colombia: gobernanza, políticas públicas y el arte como eje de transformación social.

    Además, de estas asambleas deberán surgir las vocerías representativas que llevarán la voz de sus comunidades al congreso.

    Un aspecto fundamental de este 7° Congreso es su enfoque en el legado.  Se busca que los niños, niñas y jóvenes no sean solo espectadores, sino protagonistas activos que aprendan de los maestros y aporten sus propios enfoques para el futuro del movimiento.

    Este escenario, que contará con caravanas, talleres, ferias y muestras artísticas, invita a todos los creadores, gestores y promotores culturales a sumarse a una construcción colectiva basada en la confianza y el cuidado mutuo.

    Para más información o para sumarse a este tejido, el grupo impulsor ha habilitado el correo: grupoimpulsorcolombia@gmail.com.