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  • Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    Casa arc: laboratorio del cine comunitario nacional.

    En el vertiginoso mercado de la atención, donde la comunicación suele reducirse a un ruido blanco de algoritmos y métricas vacías, existe un refugio en Bogotá que opera bajo una lógica distinta.

    No es una oficina, aunque allí se trabaje con la precisión de un relojero; no es una fábrica de contenido, aunque sus productos circulen por las venas de la cultura continental.

    Se trata de Casa ARC, un colectivo donde se han unido saberes que, tras dos décadas de existencia y consolidada este año, ha logrado lo que parece imposible en la era de la obsolescencia programada: construir un legado basado en el rigor y la honestidad.

    Fundada en 2005, pero consolidada este año, Casa ARC no nació para seguir tendencias, sino para fundar desde una ética del acompañamiento.

    Mientras el mundo se obsesionaba con lo efímero, el equipo liderado por Nicolás Acosta Alarcón, Litza Alarcón Romero y Samuel Acosta Alarcón decidió que la comunicación estratégica debía ser.

    ante todo, un acto de fe compartido además de un saber compartido entre comunicación, publicidad y producción audiovisual dónde todas las formas de saberes son bienvenidas.

    Su premisa es tan simple como radical: *»El legado no se hereda, se construye»*. (En este caso es generacional: las historias que están construyendo Lizbeth con sus hijos) lo han hecho ladrillo a ladrillo, habitando ese espacio gris —y a menudo ignorado— entre la intención de una marca y la sensibilidad de su audiencia.

    Entrar en la narrativa de Casa ARC es recorrer una arquitectura de «Portones». No son secciones departamentales en el sentido burocrático, sino habitaciones especializadas donde los proyectos respiran. El Portón de Cine quizás su faceta más romántica y a la vez técnica, ha sido el útero de más de cien películas.

    En un país como Colombia, donde hacer cine es un acto de heroísmo cotidiano, Casa ARC se ha erigido como el aliado silencioso que sabe transformar un guion en un fenómeno cultural.

    No se limitan a «vender» una película; la habitan, comprenden su pulso y la traducen para un público que busca algo más que entretenimiento.

    Pero el santuario no se queda en la oscuridad de la sala de proyección. Se expande hacia el Turismo y la Cultura, entendiendo que viajar y crear son formas gemelas de la curiosidad humana.

    Aquí, la comunicación abandona el tono transaccional para convertirse en un relato de identidad. Y en su Sala de Prensa el ejercicio periodístico recupera su sello editorial, ese criterio que se ha perdido en la carrera por el clic fácil.

    Hay una elegancia casi anacrónica en su forma de gestionar la información: prefieren la claridad al estruendo, la esencia al artificio.

    Lo que hace a Casa ARC un fenómeno digno de análisis no es solo su longevidad, sino su capacidad para mantenerse como un «Santuario» en medio del caos corporativo. Es una anomalía saludable en el ecosistema bogotano.

    En sus oficinas, el concepto de «cocreación» no es una palabra de moda en un PowerPoint, sino una metodología donde el cliente deja de ser un emisor para convertirse en parte de un ecosistema vivo.

    Al final, la trayectoria de estos veinte años nos deja una lección sobre la sostenibilidad del pensamiento crítico aplicado a la empresa.

    Casa ARC demuestra que la comunicación, cuando se ejerce con criterio y alma, es capaz de sobrevivir a las crisis de modelo y a las mutaciones digitales. No solo han gestionado marcas; han custodiado historias.

    Y en un mundo que parece haber olvidado cómo escucharse, tener un lugar donde el ruido se transforma en claridad es, posiblemente, el mayor acto de vanguardia que podemos presenciar.

    ¿Es posible comunicar sin traicionar la esencia? En Bogotá, detrás de unos portones que miran al futuro con la calma de quien sabe lo que ha construido, la respuesta es un rotundo y creativo sí.

  • De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    De 800 profesores a 86 caminantes: la marcha que cambió la educación pública en Colombia llega al cine.

    Hay historias que el poder prefiere mantener bajo el polvo del olvido, pero hay memorias que tienen la mala costumbre de no callarse nunca.

    En 1966, mientras el país miraba hacia otro lado, 800 quijotes con tiza en mano decidieron que ya no aguantaban más el hambre, el desprecio y el olvido institucional. No pedían lujos; pedían lo elemental: dignidad para enseñar.

    El rugido de los estómagos vacíos.  

    Imagina la escena: Santa Marta, un calor que quema hasta las ideas y un grupo de docentes que no han recibido su sueldo en nueve meses.

    La respuesta del Estado, como suele ser costumbre, fue el silencio. Entonces, la indignación se transformó en asfalto.

    Lo que comenzó como una protesta local se convirtió en La Marcha del Hambre, una epopeya de 1.600 kilómetros que atravesó la geografía de un país que históricamente le ha dado la espalda a sus aulas.

    No fue un camino de rosas. Fue un calvario de ampollas, sed y persecución. De los 800 que salieron, solo 86 valientes lograron pisar la fría Bogotá para mirar a los ojos al presidente Carlos Lleras Restrepo.

    Esos 86 no solo llevaban sus cuerpos agotados; cargaban con la esperanza de todo un gremio que entendió que, si el Gobierno no escucha las razones, tendrá que escuchar el eco de los pasos en la calle.

    La pantalla como trinchera de memoria. 

    Hoy, sesenta años después, esa gesta no se queda en los libros de historia que nadie lee. La directora y docente Sorany Marín Trejos ha decidido que el cine es la mejor herramienta para desenterrar la verdad.

    Su documental, *La Marcha del Hambre*, no es solo una película; es un acto de reparación.
    «Esta obra es el espejo de una lucha que aún no termina. Es justicia poética para quienes sembraron las bases del Estatuto Docente con el sudor de su frente.»

    La cinta ya está haciendo ruido en el exterior, cosechando premios en festivales de Uruguay, demostrando que la lucha por la educación pública es un lenguaje universal.

    Mientras algunos se empeñan en romantizar la precariedad, este documental nos recuerda que los derechos no se mendigan, se conquistan.

    ¿Por qué esta historia nos quema las manos hoy?

    Ver este documental no es un ejercicio de nostalgia. Es una bofetada de realidad para entender de dónde venimos:

    – El origen de la carrera: Sin esos kilómetros recorridos, el Estatuto Docente que hoy protege a miles de maestros sería una fantasía.

    – La unión como músculo: Demuestra que cuando el magisterio se une, no hay distancia ni frío que lo detenga.

    La deuda eterna: Nos recuerda que el Estado colombiano sigue teniendo una cuenta pendiente con la educación rural y la dignidad de quienes forman el futuro. (Aunque ahora con este gobierno se está subsanando).

    El veredicto de la calle
    Desde este 14 de mayo, las salas de cine se convierten en aulas de resistencia. No es solo cine para maestros; es cine para cualquier colombiano que crea que la educación es el único camino real hacia la libertad.

    No permitamos que el sacrificio de esos 86 héroes se pierda en el ruido de la política barata de siempre.

    Que se llenen las salas, que se incomoden los de arriba y que se escuche fuerte el grito que todavía resuena desde 1966: ¡Dignidad para el maestro, educación para el pueblo!

    La memoria es el único antídoto contra la repetición de las injusticias. Nos vemos en el cine, porque un pueblo que olvida sus marchas está condenado a caminar en círculos.
    ¡Hasta la victoria de la inteligencia! ✊📽️

    Puedes ver el trailer aquí.   https://youtu.be/X5ZrTn-5QG4?si=XE_8JxI8qBuvIBO5

     

  • Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    Convocatoria era futuro: el fondo audiovisual para la equidad racial ya se encuentra aquí.

    En un país donde la pantalla grande ha sido, por décadas, un club privado de estéticas importadas y relatos de «clase media alta en crisis existencial», surge una pregunta que pica como el sol del Chocó a mediodía:

    ¿Si tuviéramos otras imágenes, qué pensaríamos de nosotros? No es una duda retórica; es un desafío estructural.

    Durante años, la representación de las comunidades étnicas en Colombia ha oscilado entre el folclorismo condescendiente o el retrato crudo de la carencia.

    Pero el guion está cambiando, y esta vez, quienes sostienen la cámara no piden permiso para entrar en el encuadre.

    La llegada de la segunda convocatoria de ERA FUTURO, el Fondo Audiovisual para la Equidad Racial de Manos Visibles, no es solo una noticia administrativa; es un acto de soberanía narrativa.

    Estamos hablando de un fondo que entiende que la equidad no es un adorno en los créditos finales, sino una base sólida desde la producción.

    La regla es clara y contundente: empresas cinematográficas con al menos un 40% de participación de personas indígenas o afrodescendientes. Aquí no se trata de «incluir», se trata de pertenecer.

    La Anatomía de la Nueva Imagen. 

    La convocatoria busca largometrajes, ya sean de ficción o documental, que tengan la potencia estética de una marea alta. No buscan contenidos ligeros; buscan cinematografías que miren de frente los problemas urgentes de nuestro tiempo. Es una apuesta por el cine que no solo se ve, sino que se siente en los huesos.

    ¿Qué se necesita?

    Identidad en el ADN: La cuota del 40% asegura que la mirada étnica sea parte de la toma de decisiones, no solo un decorado frente a la lente.

    Madurez Creativa: Proyectos en etapa avanzada de desarrollo, producción, posproducción o incluso listos para el gran estreno.

    Visión Artística: Menos clichés, más riesgo. Se premia la estética que rompe el molde tradicional del «cine colombiano de exportación».

    El Reloj Corre: La Ruta Hacia el Pitch.  

    El calendario cinematográfico de este 2026 ya tiene marcadas sus fechas de oro. Quienes tengan historias que queman en el pecho tienen hasta el 21 de mayo para cerrar sus carpetas y enviar ese formulario que podría cambiar el rumbo de su productora.

    Después, vendrá el suspenso: el 12 de junio se conocerán los aceptados, y entre el 2 y 3 de julio, los seleccionados tendrán que defender su visión en un pitch que promete ser más intenso que un clímax de suspenso.

    Finalmente, el 9 de julio, el país conocerá a los nuevos guardianes de nuestras imágenes.
    «No estamos pidiendo un espacio en su historia; estamos construyendo la nuestra.»

    La verdadera transformación no ocurre en la alfombra roja, ocurre en el presupuesto, en la financiación y en la libertad de contar quiénes somos sin filtros coloniales.

    Manos Visibles, a través de ERA FUTURO, está poniendo los recursos donde antes solo había promesas.

    Si tienes el guion, si tienes la empresa con el alma diversa y si tienes la rabia o la ternura necesaria para capturar nuestra realidad, el correo audiovisual@manosvisibles.org es tu puerta de entrada.

    Porque si cambiamos las imágenes, cambiamos el pensamiento. Y si cambiamos lo que pensamos de nosotros, el futuro deja de ser una incertidumbre para convertirse en una película que, por fin, nos representa con dignidad y belleza.
    Corten. Cámara. ¡Acción por la equidad!

  • El ocaso de las pasarelas de papel: Miranda Priestly en la era del clic.

    El ocaso de las pasarelas de papel: Miranda Priestly en la era del clic.

    El eco de los tacones de aguja sobre el mármol de Elias-Clarke ya no suena a poder, sino a nostalgia. En la secuela que nadie pidió pero que la realidad nos impuso, *El diablo viste a la moda* ha dejado de ser un manifiesto sobre el azul cerúleo para convertirse en la autopsia de una industria que se desangra entre algoritmos y muros de pago.

    Miranda Priestly no está luchando contra una nueva diseñadora de vanguardia; está luchando contra un adolescente en TikTok que tiene más relevancia que una portada de setecientas páginas.

    El prestigio no paga el servidor. 

    La premisa es cruda. Aquella redacción blindada, donde una mirada de Miranda podía hundir una colección entera, ha sido invadida por la tiranía de las métricas en tiempo real.

    El periodismo, ese que se cocía a fuego lento entre contactos exclusivos y fuentes de alto nivel, ha sido desplazado por el engagement.

    En esta nueva crónica de supervivencia, el conflicto central no es si Andy Sachs puede encontrar un manuscrito inédito de Harry Potter, sino si puede salvar una cabecera histórica de convertirse en una granja de contenido. La moda es el decorado; el verdadero villano es la obsolescencia del intermediario.

    Las nuevas reglas del juego informativo.  

    Lo que esta historia nos susurra al oído es que el periodismo ya no se dicta desde un despacho en la Quinta Avenida.

    Se ha democratizado hasta la anarquía. Veamos cómo han cambiado las fuerzas:

    – Del Gran Editor al Influencer: Antes, Miranda filtraba la realidad para las masas. Hoy, las masas eligen su propia realidad a través de nichos. La autoridad ha sido sustituida por la afinidad.

    – La Dictadura del Clic: Ya no importa la profundidad de la crítica, sino la velocidad del titular. Si no genera un impacto en los primeros tres segundos, no existe.

    – Contenido vs. Información: La línea se ha borrado. El periodismo de moda ahora compite con el lifestyle patrocinado, donde la ética se negocia por un código de descuento.

    «En mis tiempos, nosotros decidíamos qué era importante. Ahora, un logaritmo decide qué es verdad.» — Una Miranda Priestly enfrentada a su tablero de Google Analytics.

    La rebelión de las sombras. 

    Andy Sachs ya no es la joven ingenua que despreciaba el sector. Ahora es la profesional que entiende que el periodismo de calidad es un lujo que pocos pueden costear.

    Su lucha representa la de miles de cronistas que intentan mantener el rigor en un mar de fake news y contenido efímero.

    La película nos plantea una pregunta incómoda: ¿Qué queda de la verdad cuando la estética es lo único que vende? La respuesta no está en las pasarelas, sino en la capacidad de adaptación. El nuevo periodismo no es solo informar; es curar el caos.

    El veredicto de la redacción. 

    El cierre de esta crónica no es un «adiós», sino un «actualizar página». La moda pasará, las revistas físicas terminarán como objetos de colección en mesas de café pretenciosas, pero la necesidad de contar historias seguirá ahí.

    Miranda Priestly, con su cabello plateado y su voluntad de hierro, se da cuenta de que para seguir siendo la reina, tiene que aprender a hablar el lenguaje de los datos sin perder el alma de la narrativa.

    Porque al final del día, no importa si vistes de Prada o de una tienda de segunda mano; lo que importa es si lo que tienes que decir es capaz de detener el *scroll* infinito de una sociedad anestesiada.

    El diablo ya no viste a la moda. El diablo ahora gestiona tu flujo de información, y si no tienes cuidado, te hará creer que el ruido es música. Eso es todo.

    Porque decidimos hacer esto? Por qué el buen periodismo es una trinchera de calidad frente al click constante.  Si logras un buen contenido y más si es de calidad, te das cuenta que vas creando un manifiesto, con tus reglas.

    Y eso es lo que mantenemos aquí.  Los valores y las reglas que compartimos tanto nosotros como uds como comunidad.

    Esto es lo que nos mantiene.  Tener la calidad que la cantidad constante.

  • El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El guion de la resistencia: Cuando el sector audiovisual dejó de rodar para hacerse oír.

    El pasado 14 de abril no fue un domingo cualquiera en el calendario de la burocracia estatal colombiana.

    Mientras las cámaras en los sets de rodaje descansaban, una pulsión distinta se cocinaba en las oficinas del Ministerio TIC.

    Allí, donde las frecuencias se reparten y los presupuestos se firman con la frialdad de quien nunca ha cargado un trípode bajo el sol del mediodía, se gestó un encuentro que muchos han tildado de histórico.

    No fue una reunión de cortesía, fue un careo necesario entre quienes crean la identidad visual del país y quienes administran sus recursos.

    La ministra Carina Murcia Yela y los gerentes de la televisión pública —esa red que va desde RTVC hasta los rincones de Telecafé, Canal Trece, Capital y Telecaribe— se sentaron a la mesa.

    Al otro lado, no había solo delegados; había el peso de más de 400 firmas. Cuatrocientas rúbricas que representan a directores, técnicos, guionistas y productores que, cansados de ser el eslabón más débil de la cadena, decidieron que el silencio ya no era una opción narrativa válida.

    El detonante es una verdad que se sabe a voces en los pasillos de las productoras: la crisis de financiación y la precarización laboral han dejado al sector audiovisual en un estado de anemia creativa.

    Durante años, el «talento colombiano» ha sido el eslogan favorito de los gobiernos, pero detrás del brillo de los premios y las alfombras rojas, se esconde un gremio que lucha contra contratos leoninos y presupuestos que se desvanecen antes de llegar a la etapa de postproducción.

    Sin embargo, el encuentro arrojó luces de esperanza, o al menos, una hoja de ruta que parece menos abstracta que las promesas de antaño.

    El acuerdo principal se traduce en la creación de dos Mesas Técnicas que prometen ser el campo de batalla de las ideas.

    La primera, denominada «ABRE CÁMARA», tiene una misión casi de urgencia médica: proteger, restaurar y aumentar el presupuesto.

    No se trata solo de dinero, se trata de dignidad. La premisa es clara: no puede haber cultura robusta si el trabajador que la produce vive en la incertidumbre.

    La segunda mesa apunta al corazón de la industria: RTVC y el Mercado de Coproducción. Aquí se busca reactivar un mecanismo que debería ser el motor del fomento público, pero que a menudo se atasca en el fango de la tramitología.

    Si este mercado se convierte en un flujo continuo y transparente, el cine y la televisión colombiana podrían dejar de ser un ejercicio de supervivencia para convertirse en una industria sostenible.

    Pero el diablo está en los detalles normativos. Por ello, la revisión de la Resolución 3556 de 2024 se presenta como el gran hito técnico. El gremio ha exigido que los recursos del FUTIC no se queden en el aire, sino que garanticen condiciones laborales justas.

    A esto se suma el compromiso de los canales regionales para respetar los tiempos de ley en las convocatorias.

    Parece un tecnicismo, pero para un creativo que debe presentar un proyecto sólido, el tiempo es el único capital que no se puede reponer.

    A pesar de las sonrisas para la foto oficial, el ambiente que queda es de una «vigilancia armada» de argumentos.

    El gremio sabe que los cambios de gobierno suelen ser los verdugos de los acuerdos previos. Reconocen la apertura al diálogo, pero el mensaje es contundente: no bajarán la guardia. La unidad lograda no es un evento fugaz, sino una nueva forma de articulación política.

    La crónica de este sector ya no se escribe solo en los guiones de ficción; se está escribiendo en las actas de compromiso.

    El 14 de abril fue el primer plano de una nueva escena donde los trabajadores del audiovisual colombiano han decidido que, por fin, ellos también tienen el control del montaje final.

  • El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    El Algoritmo de la Amistad: Marya y la Rebelión del Pop Orgánico.

    En un ecosistema musical saturado de campañas de marketing diseñadas en laboratorios y estribillos fabricados para morir en una semana, lo que está sucediendo en las costas de Alicante tiene un aroma distinto.

    No huele a oficina de discográfica multinacional ni a contrato leonino firmado en un rascacielos de Madrid.

    Huele a calle, a complicidad y a esa verdad que solo se encuentra cuando se apagan los focos de la industria: la de la autenticidad.
    Marya no pidió permiso para entrar. No esperó a que un ejecutivo con traje le diera el visto bueno a su propuesta.

    Simplemente soltó un cable, conectó su guitarra y dejó que Mis Supernenas hiciera el resto. Hoy, las cifras lanzan un mensaje que retumba en los despachos de los puristas: más de 100.000 reproducciones en Spotify conseguidas a pulso, de forma orgánica, sin el dopaje financiero que suele inflar las listas de éxitos.

    La canción no es solo una pieza de pop-rock con ecos que nos recuerdan la honestidad melódica de bandas como Morat; es una declaración de principios sobre la amistad femenina.

    Marya ha tomado el icono pop de las famosas heroínas animadas para darle la vuelta y aterrizarlo en el asfalto de lo cotidiano.

    Aquí no hay rayos láser ni superpoderes cósmicos, sino algo mucho más potente: el vínculo que sirve de refugio cuando el mundo de afuera se vuelve demasiado ruidoso.

    «Mis Supernenas» es el hogar que se construye entre cañas, confesiones a medianoche y la certeza de que, pase lo que pase, hay una red de seguridad emocional que no te va a dejar caer.

    Es, en esencia, un himno para una generación que está cansada de la estética de plástico y busca canciones que se parezcan a sus domingos por la tarde.

    Lo que ha ocurrido en TikTok con este tema es el ejemplo perfecto de que el público ya no consume lo que le imponen, sino lo que siente como propio.

    La viralidad de Marya no es un accidente algorítmico, sino una respuesta alérgica a la sobreproducción.

    Mientras la industria se empeña en pulir cada nota hasta quitarle el alma, ella ha apostado por la imperfección brillante de lo humano.

    Esta artista alicantina representa la vanguardia de una nueva ola de música independiente. Una generación que ha entendido que la verdadera libertad no es sonar en todas las radios, sino que 100.000 personas decidan, por voluntad propia y sin anuncios de por medio, que tu voz es la banda sonora de sus vidas.

    Ver el crecimiento de Marya es asistir a la demolición de las viejas fórmulas industriales. Su éxito nos dice que todavía hay espacio para el pop con alma, para las guitarras que acompañan historias reales y para los artistas que priorizan su identidad por encima de las métricas vacías.

    Al final del día, «Mis Supernenas» es más que una canción; es un recordatorio de que la música independiente sigue viva, sana y, sobre todo, indomable.

    Marya ha demostrado que para romper esquemas no hace falta gritar más fuerte, sino tener algo que decir que valga la pena escuchar.

    Si buscas la próxima gran voz del pop español, deja de mirar las portadas de las revistas de moda y asómate a lo que está pasando en los auriculares de quienes valoran la verdad. La revolución, una vez más, ha empezado desde abajo.

  • El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El Escenario es el Mundo (y la calle también).

    El asfalto todavía guarda el calor de los aplausos y las tablas de los teatros parecen vibrar con un eco que no se apaga.

    Si usted ha caminado por estos días entre la multitud, habrá notado que algo cambió: la ciudad dejó de ser un mapa de afanes para convertirse en un organismo que respira, grita y baila.

    El Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV) no es solo un evento; es un asalto a la cotidianidad que nos recuerda que estamos vivos, aunque a veces se nos olvide entre tanto trámite y semáforo.
    Hasta este 12 de abril, el país se ha transformado en un epicentro de lo que llaman «artes vivas». ¿Y qué es eso?

    Para los puristas, una amalgama de teatro, danza, performance y circo. Para el que pasa por la plaza y se queda con la boca abierta, es simplemente la magia de lo irrepetible.

    Porque a diferencia del cine o de la pantalla del celular que nos tiene hipnotizados, aquí el error es parte del arte y el sudor del actor se siente desde la primera fila.

    Crónica de un rito colectivo.  

    La descentralización ha sido la gran protagonista. No se trata solo de las grandes salas con terciopelo rojo; el arte se ha filtrado por las grietas de 15 territorios, desde el Teatro Santander en Bucaramanga hasta los rincones de Quibdó y las calles de Riohacha.  Hemos visto de todo:
    Espectáculos de gran formato:

    Esas estructuras gigantes que desafían la gravedad y que hacen que hasta el más escéptico mire al cielo con asombro.

    La fuerza de lo local: Agrupaciones nacionales como el *Matacandelas* o *El Colegio del Cuerpo* demostrando que aquí la creatividad sobra, aunque a veces falte el presupuesto.

    El diálogo global: Compañías de China, Nueva Zelanda y Ruanda que, sin hablar nuestro idioma, nos han contado historias que entendemos perfectamente porque el dolor, la alegría y la resistencia son lenguajes universales.

    ¿Por qué importa quedarse hasta el último aplauso?

    En un mundo que parece desmoronarse en fragmentos digitales, el FIAV propone el encuentro físico.

    Es la política del cuerpo presente. La ministra lo ha dicho y el público lo confirma: la cultura no es un lujo de pocos, es un derecho de todos.

    Estos «Circuitos Vivos» han demostrado que el arte es el mejor antídoto contra la indiferencia.
    Si usted no ha ido, le quedan las últimas funciones para ser testigo de cómo una calle se convierte en un ring de boxeo poético o cómo un teatro patrimonial recupera su alma con una obra contemporánea.

    No busque el festival en los libros de texto; búsquelo en el brillo de los ojos de la gente que sale de una función sintiéndose un poco menos sola.

    El 12 de abril se cerrará el telón, las luces se apagarán y los artistas empacarán sus bártulos. Pero el rastro de lo que vimos se queda. Porque cuando el arte es «vivo», no muere cuando se acaba la función; se queda a vivir en la memoria de los que se atrevieron a mirar de frente.

    Mirá, leé y, sobre todo, viví. Que para eso es la vida, y para eso es el festival.

  • El murmullo de la clorofila: Cuando la coca recupera su nombre.

    El murmullo de la clorofila: Cuando la coca recupera su nombre.

    En el asfalto bogotano, donde el tiempo se mide en semáforos y prisa, existe un refugio de resistencia visual en la Carrera 14 con 75. No es solo una galería; es un portal de cincuenta años llamado Sextante.

    Allí, el aire ha dejado de oler a ciudad para impregnarse del aroma denso y sagrado de la selva. La culpa, o más bien la gracia, la tiene Fernando Urbina Rangel.

    Urbina no es un turista de la imagen. Es un rastreador que ha pasado seis décadas escuchando lo que el hombre blanco suele ignorar. Su exposición no es una muestra de arte al uso; es una ceremonia de restitución.

    En un país que ha estigmatizado la hoja hasta convertirla en sinónimo de guerra, Urbina y el Taller Arte Dos Gráfico proponen un retorno al origen: la coca como palabra-hoja, como el pegamento que sostiene el tejido del cosmos.

    La noche que habla.  

    Al entrar, la frase de los pueblos Muinane y Uitoto te golpea con la suavidad de un remo en el agua: «En la noche todo es una inmensa conversación».

    Las fotografías analógicas, con ese grano que parece polvo de selva, nos devuelven una mirada que no invade, sino que acompaña.

    No vemos «objetos de estudio», vemos sujetos de sabiduría. Vemos al Abuelo Sabedor, cuyo rostro es un mapa de petroglifos vivientes, recordándonos que la planta es el centro del mambeadero, el lugar donde la palabra se vuelve dulce y la ley se hace vida.

    La curaduría de Jorge Giraldo Canal logra algo difícil en la era de lo digital: la inmersión táctil. Los frottages de petroglifos, esas huellas de piedra sobre papel, parecen latir bajo la luz de la galería.

    Son crónicas de piedra que Urbina ha rescatado del olvido institucional para ponerlas a dialogar con poemas que no se leen, se respiran.

    Resignificar el verde.  

    Lo que sucede en Sextante es un acto político desde la estética. Mientras el mundo exterior debate sobre hectáreas y glifosato, aquí la Erythroxylum coca recupera su estatus de memoria viva.

    Cada pieza es un recordatorio de que cuidar el mundo empieza por cuidar el lenguaje con el que lo nombramos.

    Si llamamos a la hoja «veneno», cosechamos muerte; si la llamamos «palabra sagrada», recuperamos el territorio.

    La exposición es un viaje de ida sin retorno hacia la Amazonia profunda, esa que no sale en los folletos turísticos pero que sostiene el oxígeno emocional de la nación.

    Es, en esencia, una invitación a callar el ruido moderno para escuchar el susurro de la tradición.
    No es una visita, es un encuentro. Si usted cree que lo sabe todo sobre la coca, vaya a la Galería Sextante.

    Deje que las fotos de Urbina le desarmen los prejuicios y que la sabiduría Uitoto le devuelva la capacidad de asombro.

    Al final, como dicen en la selva, todos somos parte de la misma conversación. Solo hace falta aprender a escuchar.

  • El Grito de la Isla en el Teatro de Cristal.

    El Grito de la Isla en el Teatro de Cristal.

    El estadio es una cápsula de helio y millones de dólares. Luces LED, cámaras que cuestan lo que un hospital de barrio y el rugido de una multitud que, en su mayoría, no entiende que lo que está escuchando es una sentencia de desalojo.

    Allí, bajo el foco, la voz no solo canta; denuncia. «Quieren quitarme el río y también la playa…». Es el eco de Puerto Rico, pero también el de la Condesa en CDMX, el de Palermo en Buenos Aires y el de Getsemaní en Cartagena junto con el cerro de la popa, el poblado en medellín y cali va en camino con san Antonio…..

    La gentrificación es el colonialismo con filtro de Instagram y café de especialidad.

    Vimos la coreografía perfecta, el brillo de la piel y el orgullo de la bandera. Pero detrás del espectáculo, la realidad de América Latina es un plano secuencia de camiones de mudanza y abuelas llorando frente a una notificación judicial.

    La «Ley 60» y sus primas hermanas en toda la región han convertido nuestras costas en el patio de recreo de evasores de impuestos que compran el paraíso, pero desprecian al paraíso.

    Quieren el barrio, pero sin los vecinos. Quieren la estética del «mural colorido», pero no al artista que lo pintó cuando la zona era «peligrosa».

    Es la paradoja del nómada digital: busca lo «auténtico» hasta que su propia presencia lo destruye, convirtiendo calles con historia en pasillos genéricos de Airbnb donde nadie se saluda por las mañanas.

    «Nos dicen que ‘el progreso ha llegado’, pero el progreso que no te incluye es, sencillamente, una invasión elegante.»

    El verso sobre Hawaii no es una metáfora, es una advertencia histórica. Es el espejo de un futuro donde los nativos son solo decorado para el turismo de lujo, sirviendo tragos en la tierra que antes les pertenecía.

    Cuando Ricky y Benito soltaron el «letolai» frente al mundo, estaban marcando una línea en la arena.

    No es solo música; es la resistencia de una identidad que se niega a ser empaquetada y vendida como un souvenir barato.

    sabemos que el brillo del Super Bowl se apaga, pero la lucha por el territorio es diaria. Gentrificar es intentar borrar la memoria con una capa de pintura blanca minimalista.

    Pero la memoria, como el río y la playa, tiene fuerza propia. No soltamos la bandera, porque si perdemos el barrio, perdemos el derecho a decir quiénes somos.

    El show terminó, los fuegos artificiales se disolvieron, pero el grito quedó flotando en el aire: el barrio no se vende, se defiende.

     

  • Inversión histórica en la cultura de Cali: $13.000 millones para el primer semestre de 2026.

    Inversión histórica en la cultura de Cali: $13.000 millones para el primer semestre de 2026.

    El 30 de enero de 2026 marca un punto de inflexión para el sector artístico de Santiago de Cali. La Secretaría de Cultura ha oficializado el lanzamiento del portafolio Cali Distrito Cultural 2026, el cual dispone de una cifra récord de $13.000 millones de pesos.

    Estos recursos tienen como destino directo el apoyo a la creación, formación, circulación e investigación cultural durante los primeros seis meses del año.

    Distribución y enfoque de los recursos.  

    La estrategia presupuestal busca optimizar la llegada del capital a los artistas mediante procesos administrativos eficientes.

    La inversión no se limita a un solo sector, sino que se distribuye en diversas líneas de acción:

    * Concertación y Formación: Esta es la partida más significativa, con una asignación superior a los $7.200 millones.

    El objetivo es dar sostenibilidad a organizaciones culturales, fortalecer las salas de teatro independientes y fomentar la profesionalización de los agentes del sector.

    * Estímulos y Circulación: Se destinan inicialmente más de $1.496 millones para convocatorias de Ventanilla Abierta, Banco de Jurados y apoyos para que los artistas caleños presenten sus obras en escenarios nacionales e internacionales.

    * Eventos de Ciudad: El presupuesto garantiza la realización de hitos culturales como el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, el Festival Internacional de Teatro y el Encuentro de Danzas Folclóricas Mercedes Montaño.

    * Patrimonio y Oficios: El programa Litoral activará el Banco de Artesanos para proteger los saberes tradicionales y los oficios artesanales de la región.

    Objetivos de la administración. 

    La secretaria de Cultura, Leydi Higidio, ha definido esta inversión como un mecanismo para garantizar que la cultura funcione como un motor de desarrollo económico y social.

    La meta para 2026 es que los recursos se entreguen de manera oportuna, reduciendo las barreras de acceso y ofreciendo acompañamiento técnico a los postulantes.

    A diferencia de años anteriores, se busca que el impacto de los proyectos seleccionados sea medible en términos de resultados reales para la ciudad.

    Esto incluye la mejora en la visibilidad de Cali como referente cultural y la consolidación de procesos creativos en los territorios.

    Acceso a las convocatorias. 

    Desde el 30 de enero, los interesados pueden consultar los requisitos para cada una de las líneas de apoyo. El proceso se gestiona de manera digital a través del portal oficial. http://www.culturaenlineacali.com.

    La Secretaría de Cultura también ha programado jornadas de socialización progresivas para explicar los términos de referencia y asegurar que las organizaciones de todas las comunas y corregimientos puedan participar en igualdad de condiciones.

    Esta inversión representa el desembolso más alto realizado por la administración distrital en un solo semestre para el sector cultural, estableciendo un estándar de apoyo institucional para los artistas y gestores de la capital del Valle del Cauca.