​Trazos en la Herida: Cuando el Margen se Vuelve Memoria.

En los pasillos de la exposición «Hay futuro si hay verdad», el aire se siente distinto. No es el silencio gélido de un museo convencional, sino un murmullo vibrante que emana de las paredes, de los retazos de tela y de las miradas de quienes recorren el legado de la Comisión de la Verdad.

En este espacio de memoria viva, el arte no es un adorno, sino una herramienta de disección social, una forma de nombrar lo que por décadas fue silenciado por el ruido de la guerra.

Caminar por esta muestra es enfrentarse a la «Colombia herida», pero también a la «Colombia posible».

Entre instalaciones que reconstruyen el tejido social roto, emerge la voz de un colectivo que ha sabido transformar el margen en el centro del relato.

Como bien se refleja en su bitácora digital en @marginarios, su apuesta no es la de la complacencia estética, sino la de la resistencia creativa.

Allí, en la periferia de los discursos oficiales, se gesta una estética de lo comunitario, donde el dibujo, el fanzine y la intervención directa se convierten en armas contra el olvido.

La crónica de este grupo en la exposición es la de un encuentro necesario. Se les ve moviéndose entre las estructuras de madera y los testimonios audiovisuales, no como meros espectadores, sino como mediadores de una realidad que les pertenece.

Su trabajo en @marginarios es un espejo de esta búsqueda: rescatar las historias de los barrios, de los rostros anónimos que sostienen la vida en medio de la precariedad.

En la exposición, esa sensibilidad se traduce en una pedagogía del afecto y la confrontación.
No hay verdades absolutas aquí, solo piezas de un rompecabezas que intentamos armar como nación.

El colectivo aporta la mirada de quienes saben que la verdad no solo está en los grandes informes, sino en el trazo de un mural o en la organización popular de una biblioteca de barrio.

Al recorrer sus propuestas, se entiende que la memoria es un acto cotidiano, un ejercicio de honestidad frente a nuestro propio dolor.

Al final del recorrido, queda una sensación de urgencia. La exposición nos recuerda que el futuro depende de nuestra capacidad para escuchar las voces que habitan en los márgenes.

Este colectivo, con su presencia en «Hay futuro si hay verdad» y su incansable labor en redes, nos invita a no apartar la vista.

Porque en ese rincón donde el arte abraza la memoria, es donde finalmente empezamos a sanar, entendiendo que la verdad, por más dura que sea, es el único suelo firme sobre el cual podemos construir lo que viene.

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