La IA se toma las aulas educativas: así fue el lanzamiento del Programa Cali Avanza 2026.

El libreto está escrito con tinta de marketing gubernamental y se repite de administración en administración.

Esta vez el escenario fue el lanzamiento de ‘Cali Avanza 2026’, un programa que promete meter a la fuerza la inteligencia artificial y el pensamiento lógico en el ADN de diez instituciones educativas oficiales de la ciudad.

Con la fanfarria propia de los convenios público-privados —esta vez de la mano con la academia en línea Crack The Code—, la Alcaldía de Alejandro Eder saca pecho anunciando que beneficiará a cerca de 3.500 estudiantes.

Sin embargo, detrás del brillo de las pantallas nuevas y los discursos sobre «cerrar brechas», la realidad de la educación pública en las periferias y zonas rurales de Cali suele tener un cableado mucho más complejo y menos idílico.

La danza de las cifras y los fierros. 

La Secretaría de Educación Distrital, liderada por Sara Mercedes Rodas, materializó el entusiasmo con la entrega de 260 equipos tecnológicos.

La matemática oficial divide los recursos con precisión quirúrgica por cada colegio: 24 computadores para la infraestructura general, dos para los docentes y un parlante para ambientar las clases.

A primera vista, la distribución suena a justicia social digital. Instituciones emblemáticas y golpeadas por los contextos sociales como el Eustaquio Palacios, El Diamante, el Técnico Industrial Carlos Holguín Mallarino, y escuelas de la ruralidad profunda como La Leonera y Villacarmelo, recibieron sus respectivos paquetes de hardware.

El gran interrogante que queda flotando en los pasillos de estas instituciones no es si los computadores llegaron, sino cuánto durarán encendidos, si habrá conectividad real y estable para operarlos, y si las redes eléctricas de los planteles soportarán la nueva carga sin que se caigan los tacos.

La historia reciente de la ciudad está plagada de salas de sistemas que terminan convertidas en cementerios de tecnología obsoleta por falta de mantenimiento o de planes de internet sostenibles en el tiempo.

Entre avatares de IA y la dura realidad. 

El evento estuvo aderezado con la presentación de *Pixie*, un personaje de inteligencia artificial diseñado para acercar a los jóvenes a la programación y la innovación ética en su vida cotidiana.

Los estudiantes jugaron, compitieron y se llevaron a casa audífonos inalámbricos y tarjetas de Netflix o Spotify como incentivos de un ecosistema que premia el consumo digital inmediato.

Pero la verdadera innovación, esa que nace del asfalto y de la resistencia cultural, se vio en proyectos como ‘Raíces y Rizos’, ideado por las estudiantes Shery Nícol Naranjo y Eilyn Sofía Palacios, de la Institución Educativa Cristóbal Colón.

Ellas lograron cruzar la botánica del Pacífico con la IA para crear un centro de experiencia capilar enfocado en el cuidado del cabello afro y la identidad étnica.

Este tipo de iniciativas demuestra que el talento y el hambre de futuro en la juventud caleña están intactos; el problema radica en si la estructura estatal es capaz de sostener ese impulso más allá del corte de cinta y de la foto oficial del convenio BP-26005487.

¿Transformación estructural o pañitos de agua tibia?. 

Apostarle a la alfabetización digital y a la inteligencia artificial generativa en pleno 2026 no es un lujo, es una obligación básica.

El punto crítico es si ‘Cali Avanza’ es una estrategia de transformación pedagógica a largo plazo o simplemente una entrega de «fierros» para cumplir metas de un plan de desarrollo.

Gobernar una ciudad con las urgencias sociales de Cali requiere que la tecnología no sea un espectáculo de luces de un solo día, sino una herramienta integrada a techos que no se lluevan, comedores escolares dignos y docentes bien remunerados.

El tiempo y el estado de esos 260 computadores dirán si la administración de Eder realmente sembró futuro o si solo financió un costoso y temporal espejismo digital.

¿Qué opinas del impacto real de estos programas de tecnología en los colegios públicos de tu comuna?

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